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Ultraje a la memoria de nuestro apóstol
Enviado por Redacción el 17. Mayo 2009 @ 18:05 En Cuba | Ningún comentario
Cuba/ El abuso patriotero lleva a la indiferencia ciudadana

Cubamatinal/ En los últimos años se observa un deterioro sistemático del cuidado y respeto a la memoria de José Martí, mediante el ultraje al monumento del Parque Central capitalino erigido en su honor y que para muchos, representa la estatua mejor lograda entre las muchas alegóricas a su memoria.
Por Oscar Mario González
La Habana, 17 de mayo/ SDP/ El hecho no fue denunciado por ningún exiliado cubano de Miami o de algún otro rincón del mundo, así como tampoco por la prensa independiente cubana. La denuncia partió del rotativo oficialista Granma a través de supuestos lectores del diario y de algún que otro periodista del régimen en un acto de dudosa iniciativa personal.
El lector denunciante expresa en su misiva que “el área del monumento a nuestro Apóstol ya se usa como asiento para beber, fumar, descargar e incluso para manifestaciones de cariño”. Y sigue la misiva: “Los canteros que nos recuerdan las tumbas de los 8 estudiantes de medicina vilmente asesinados por la corona española, sirven de asiento a los que pacientemente esperan la llegada de los ómnibus que tienen su parada en el lugar”.
Un periodista se pregunta en un artículo publicado el día 14 de abril en el mismo diario Granma: “¿Saben acaso esos turistas que Martí es uno de nuestros símbolos más entrañables?” Y afirma a continuación: “Tan culpables son los comisores de estos actos de barbarie como el entorno que los favorece. Todo cubano o cubana que advierta una trasgresión como la que aquí documentamos gráficamente no puede permanecer impasible. Es una cuestión de honor”.
El 11 de marzo de l949, durante la presidencia de Carlos Prío y en un clima de total libertad, el ultraje a la estatua de Martí por dos marines norteamericanos endrogados levantó un revuelo de protestas y disturbios que puso en riesgo la estabilidad pública. Hasta el embajador norteamericano de entonces se vió forzado a participar de los actos de desagravio. La propaganda totalitaria antinorteamericana le ha sacado mucha, pero mucha “lasca” al asunto.
Sesenta años, después la realidad nacional es otra. Unido a la pérdida de valores éticos y cívicos, al abuso que de los símbolos patrios ha hecho la propaganda totalitaria politizándolos a su favor y al carácter intocable de que gozan los extranjeros, el cubano, decididamente, no quiere meterse en problemas.
Ya tiene bastante fastidieta con la búsqueda incesante de los frijoles para echar a andar los calderos. El horno no está para galleticas y los tiempos sólo aconsejan un repliegue al simulacro y a la doble moral de modo que el núcleo de familia, cual nave en tiempo tormentoso, pueda capear el temporal y llegar a puerto seguro.
El hombre de abajo, ese que conforma la inmensa mayoría del pueblo cubano, piensa que la política no es cosa suya y que para arreglar al país están el gobierno, los americanos y los disidentes. O todos ellos juntos. Que lo suyo son los frijoles de los muchachos y el par de zapatos para que vayan a la escuela. Su actitud al respecto bien pudiera resumirla aquella cuarteta de los peores tiempos de la república: Yo no tumbo caña/ porque tiene cogollo/ que la tumbe el viento/con su movimiento.
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