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Cartas de amor
Enviado por Redacción el 21. Mayo 2009 @ 01:09 En Cultura | Ningún comentario
Cultura/ Liudmila Quincose

Por Katia Monteagudo
Cubamatinal/ Una poetisa cubana decidió instalar en su casa hace 15 años una singular escribanía, convertida hoy en un proyecto comunitario.
La Habana, 20 de mayo/ Bohemia/ La primera vez que la poetisa Liudmila Quincose se propuso escribir cartas de amor, asumió la idea como un reto a la incredulidad. ¿Quién podría necesitarlas en estos tiempos cuando todo anda demasiado aprisa?Pero ella, sin darle muchas vueltas al asunto, un buen día de junio de 1994, a la vista de asombrados vecinos y transeúntes, colgó un provocativo cartel en la puerta de su céntrica casa en Sancti Spíritus, una de las más viejas ciudades del centro del país. El anuncio decía: Escribanía Dollz. Se escriben cartas de amor a cualquier hora. Cartas de negocios y cartas de suicidas de 8.30 a.m. a 3.00 p.m. Y esperó pacientemente.Al mes, cuando ya casi había perdido la esperanza, llegó el primer desesperado. “Eran cerca de las 10 de la noche; entró, se acomodó en un sillón y me contó casi toda su vida. Aquello me sorprendió. Él esperaba que yo hiciera un milagro”, rememora 15 años después de haber profanado la tranquilidad de la esquina de Maceo y Avenida de los Mártires, considerada ahora entre las más famosas de la vetusta urbe espirituana.“Le hice un té y me senté a escribir aquella carta de emergencia… yo estaba tan sorprendida como él. Ya casi en la puerta me dio las gracias… Meses después volví a verlo. Todo había salido bien. Su mujer había vuelto, mi carta la convenció. Era increíble, sobre todo, porque mi primer cartel tenía un texto poco serio”, continúa recordando, en su casa rodeada de libros, esculturas y pinturas.Allí la también poetisa, narradora y periodista no cesa en su quehacer creativo junto a su mamá, esposo, el pintor Julio Neyra, y la pequeña hija de ambos, Martha Inés.
De esa primera carta hasta la más reciente, Liudmila confiesa que ha habido una evolución. Al principio parecía un chiste. Ella no sabía qué iba a pasar. Ahora cada misiva le parece sorprendente y hasta natural porque hay mucha necesidad de comunicación. La cuenta de cuántas ha escrito la perdió hace mucho tiempo.
El proceso resulta trabajoso, aunque es un buen ejercicio mental para quien tiene el don de componer estrofas y párrafos. Todas las hace a mano. Escribe a la zurda. El que se detenga a observarla, da la impresión de que le resulta trabajoso escribir, más si se sabe que posee una computadora.La Escribanía Dollz se conoce en cualquier punto de Cuba. En Banes, San Antonio de los Baños, o hasta en una lejana prisión. En cualquier parte la gente tiene fe en las cartas y escribe. Ella no ha hecho ningún convenio con el correo y vienen con solo poner en el sobre Escribanía Dollz, Sancti Spíritus. Todas llegan con mucha puntualidad, hasta de más de 20 países. Sin contar su mensajería electrónica.Pero a Liudmila le encanta escribir. Se insertó en el mundo literario desde muy joven. A los 19 años ganó el premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara. Su rico mundo interior, el misticismo de sus creaciones, constituyen una distinción de su poesía, que aparece en diversas antologías en Estados Unidos, Argentina, España, Alemania, Italia, México, así como en las revistas El Caimán Barbudo, La Gaceta de Cuba, Casa de las Américas, entre otras publicaciones cubanas y extranjeras. “Me encanta escribir y siempre me ha gustado el género epistolar, sobre todo, las novelas. Adoro las cartas de Juana Borrero y Carlos Pío Urbach. Cada vez que una persona viene, yo siento una felicidad muy grande. No es un medio de vida porque de esto yo no vivo, si tienen cinco pesos, me los pagan, pero por ejemplo, las que yo respondo, que son más que las que vendo, son totalmente gratis, por decirlo de alguna manera”, confiesa. El oficio de escribana, como ella asume el hecho de dedicarse a hacer cartas de amor por encargo, le ha aguzado lo sentidos. Se ha ido adentrando en un mundo creativo, quizás por la buena fortuna que han traído los espíritus que rondan su casa, y acumula varios textos, entre los que se incluyen: Un libro raro, Donde se cuenta la historia de un hombre, Poemas de los Viajes, Los territorios de la muerte, Poemas en el último sendero y Plaza de Jesús, en este último se detiene en la ciudad que la vio nacer en 1975.
Además de la inspiración para escribir tantas misivas, le gusta ver las caras a las personas. Como mismo hablan, escribe. “No puedes hacer una carta muy elevada para alguien medio. Hay gente muy práctica y no debes redactarle un mensaje muy poético, porque se da cuenta el que la recibe”, dice.
Las más fáciles son las que se regalan para decirle a otra persona cuánto se le quiere. Las más difíciles son cuando las parejas están peleadas, cuando ha pasado algo terrible, casi irrecuperable.Liudmila tiene que apelar a muchas cosas, ser contundente. Igual es radical con no aceptar hacer cartas anónimas. Esas nunca las escribiría. “Aquí han venido para que yo haga ese trabajo, pero eso yo no lo hago. No violo la privacidad ajena, de hecho no dejo que nadie lea las cartas que recibo y hago. Son secretas, comprometedoras.”A tres lustros del día en que se le ocurrió colocar aquel provocador cartel en la puerta de su casa, la Escribanía Dollz es mucho más que una idea retadora. Liudmila, ante todo, es poeta, y este proyecto le ha dado la posibilidad de conocer a muchas personas, crear una especie de cofradía con un grupo literario denominado Los Escribanos.Al grupo se sumó su esposo Julio Neyra, quien le propuso a Liudmila refundar la Escribanía para convertirla en un proyecto comunitario, además de las cartas de amor. Ahora tiene un carácter más abierto. Allí se hacen exposiciones de pintura, un concurso internacional de cartas de amor, se invitan personalidades para que den conferencias, lecturas, presentaciones de libros. “Ha sido importante abrir mi casa a esos espacios, uno no puede ser egoísta y si uno tiene una buena propuesta cultural debe continuarla.”
Tal rareza de oficio —en Cuba no existe otra idea semejante—, podría haber convertido a Liudmila en un ser diferente a los demás. Pero ella sigue siendo la misma muchacha menuda y sencilla de siempre, que le gusta caminar a la sombra, cocinar, cuidar de sus perros y gatos, preferir la hora de la tarde, las noches claras y leer los mismos libros y escuchar las mismas canciones. “Escribir no me hace ser una persona diferente. Soy como cualquiera”, especifica.
Liudmila es licenciada en Literatura y Español, trabaja en el Centro Provincial del Libro y la Literatura, como editora de la publicación Luminaria. Al parecer es la única escribana de cartas de amor en Cuba. En el siglo XIX los escribanos se ocupaban de asuntos legales, compras, ventas de los esclavos; no hacían cartas de amor. La última escribanía que hubo en Sancti Spíritus fue en 1899.
“Pero no soy la única escribana que hay en este país, me lo han demostrado las cartas recibidas lo mismo desde una prisión que de un niño de nueve años. Para mí una carta de amor es una necesidad para cualquier persona, cuando yo las escribo siempre pienso en quién la va a recibir, en la emoción o el alivio que va a sentir. El amor todo lo perdona, lo salva, no pone peros. De los viejos escribanos envidio el trazo de sus letras, los dibujos de sus firmas. Sus cartas eran bellas, yo solo escribo en un papel especial.”
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