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Visión critica de Humberto Calzada
Enviado por Redacción el 22. Mayo 2009 @ 10:12 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario
Cultura/ Cartas a Ofelia
Cubamatinal/ París, 4 de marzo de 2009.
Mi querida Ofelia;
¡Qué bello regalo nos hizo nuestro amigo William Navarrete! No sólo por la calidad de los escritos de las 28 personalidades que tomaron sus plumas para escribir esta monografía crítica sobre Humberto Calzada. Sino porque de esta forma, he logrado conocer a otro artista cubano del exilio.
Pero mejor de lo que yo te podría contar, te dejo leer el prólogo de William Navarrete y Jesús Rosado:
“Presentar la crítica de arte y otros ensayos inspirados durante más de tres décadas por la obra del artista Humberto Calzada posibilita, en afinidad con los propósitos de esta colección de Aduana Vieja, explorar zonas casi vírgenes del desempeño de un pintor cubano cuya vida profesional se ha desarrollado completamente fuera de la Isla.
Humberto Calzada, autodidacta en las maniobras del pincel, abandonó Cuba cuando tenía sólo dieciséis años. Desde entonces, Miami ha sido su «otra Cuba», cercana y lejana, a la vez, de La Habana natal. En esas contrastantes circunstancias, la obra de Calzada ha evolucionado en la misma medida en que la ciudad más populosa de la Florida ha ido sumando ámbitos y aconteceres culturales que en aquellas primeras dos décadas de exilio resultaban ser más que ensueños, pura utopía.
Si aplicamos una lectura cuidadosa, en orden cronológico, a los textos críticos y reseñas que contiene esta compilación, entenderemos en qué medida el panorama de las artes visuales se ha ido enriqueciendo y cobrando preponderancia en el sur floridano y, en particular, en el condado Dade.
A esa generación de artistas cubanos que llegaron muy jóvenes a Miami y que despuntaron profesionalmente en la llamada capital del exilio, el reconocido crítico de arte Giulio V Blanc la bautizó como «Generación Miami», calificativo heredado de una exposición de nueve artistas cubanos naturalizados, que fuese acogida por el Museo Cubano de Arte y Cultura de la ciudad entre el 10 de octubre de 1983 y el 15 de enero de 1984. El evento brindó a los expuestos - Mario Bencomo, María Brito-Avellana, Pablo Daniel Cano, Emilio Falero, Fernando García, Juan González, Carlos Macía, César Trasobares y el propio Humberto Calzada, la posibilidad de reivindicar de forma institucional la especificidad bicultural - cubanoamericana, en este caso- de la expresión artística que cada uno, con independencia de los restantes, había concebido. A decir del propio Blanc, en el prefacio de la citada exposición, «[ellos] trascienden tanto a su país de nacimiento como a su ciudad adoptiva (…). Son cubanos, son norteamericanos y son algo más.»
Veintitrés años después de aquel hito cultural del exilio cubano, Humberto Calzada condensó tres décadas de su creación en una muestra antológica, organizada por el Lowe Art Museum de la Universidad de Miami. En el voluminoso catálogo de esa retrospectiva, su primer cuadro data de 1972 y se titula “La primera casita”. Obra que a primera vista pudiera pasar como un elemental, pero logrado ejercicio académico de paisajismo arquitectónico. Sin embargo, el hecho de que su autor, nacido en Cuba, emigrado desde la adolescencia a Estados Unidos, educado en el sistema de enseñanza de este último país, y habiendo cursado estudios superiores en la Universidad de Miami, haya seleccionado, como tema para esa primera obra, una modesta casita armada de componentes del vernáculo insular como la teja, la persiana, el vitral de mediopunto y una palma real de trasfondo, nos coloca ipso facto en ese espacio indefinido del «algo más» que adelantó Blanc en su texto.
Ese complejo híbrido, ese «algo más», dio origen a un modo de expresión cultural que pudiéramos calificar sin prejuicios como «cubanoamericana». Su gestación y largo proceso hacia la visibilidad en el escenario del arte estadounidense se explica por la incertidumbre inicial de sus representantes, atrapados en las interrogantes de sus propios orígenes e identidad, flotando durante cierto tiempo en un limbo o línea de demarcación trazada de manera invisible entre lo autóctono de la Isla y la conciencia de exilio. Su despuntar coincide con el reconocimiento de que los procesos de transculturación continúan dando forma al sistema identitario cubano. Las grandes oleadas migratorias hacia Cuba primero, y desde Cuba -al menos en dos momentos de su historia (finales de los siglos XIX y del XX)- después, han hecho que la «dinámica» generadora de «lo cubano» no haya cesado de aportar nuevos elementos para su configuración.
Tal vez de ello derive, inconscientemente, la sensación de oquedad y carencia emocional, el vacío de las ruinas asépticas y esa cierta alienación de la presencia social manifiestas en las imágenes de Calzada. Para el artista, su ideario cubano debe reconstruirse a partir de la casa -«su» casa- y la familia, sin importar el destino peregrino de ambas. En definitiva, la casa-hogar es el argumento arquitectural que brinda al ser humano refugio y subsistencia. La familia representa el baluarte y, al mismo tiempo, el secreto que él guarda para sí. En los paisajes arquitectónicos de Calzada, Cuba se ha vaciado de sus gentes. La Isla es para el artista como un pozo sin fondo del que sólo se alcanza a ver la cantería de su brocal. Un pozo apuntalado que no devuelve imágenes, sino el rumor lejano de una piedra al precipitarse y caer en sus honduras.
Desde perspectivas personales y, por consiguiente, originales, cada autor traído a colación en este libro se ha asomado al pensamiento visual de Humberto Calzada y lo ha incluidos en “Visión crítica de Humberto Calzada”, ofrecen suficientes elementos para desentrañar en alguna medida el universo creativo del autor. A ellos hemos de agradecer las contribuciones en tinta impresa que dan cuerpo a este compendio. De la misma manera que hay que distinguirle a Carmen Kohly de Calzada, sus denuedos informáticos y el repertorio minucioso de la trayectoria del artista, que ha significado fuente de utilísimas referencias. Queda ahora, de parte del amante del arte y del público lector el acercarse a estas páginas a develar, a través del ojo laborioso de quienes han dejado constancia de sus percepciones, una de esas individualidades excepcionales del complejo caleidoscopio de la eubanidad de hoy, tan dispersa como fecunda.”
Repasar tres décadas de vida artística es el objetivo de esta recopilación de textos sobre Humberto Calzada, artista cubano de la llamada “Generación Miami”. Autodidacta v claramente influenciado por la Arquitectura, merecedor en dos ocasiones de la Beca Cintas, con amplio historial de exposiciones personales y colectivas en Norteamérica
y América Latina, el pintorvive y trabaja en ese punto intermedio y convergente de todas las Américas que es el Sur de la Florida.
En esta nueva edición de Visión Crítica, los editores han reunido críticas, entrevistas e informaciones generales que ofrecen un panorama exhaustivo de la carrera de un artista en pleno desarrollo y madurez.
*William Navarrete (Cuba, 1968). Escritor y crítico de arte. Sus últimos libros son Edad del miedo al frío y otros poemas (2005), poesía; Catalejo en lontananza (2006), que reúne sus crónicas, La canopea del Louvre (2007), mezcla de crítica y ficción; y Aldabonazo en Trocadero 162, una obra colectiva en homenaje a José Lezama Lima, los dos últimos en colaboración con Regina Ávila. Reside en París.
Te quiere siempre,
Félix José Hernández.
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