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De la Universidad de Beijing al campo de trabajo forzado
Enviado por Redacción el 25. Julio 2009 @ 07:39 En Derechos Humanos | Ningún comentario
Derechos Humanos/ China

Cubamatinal/ En julio de 2008, en Beijing reinaban los extremos, orgullo y furia, una supuesta “estabilidad política” y un descontento social encubierto.
Por Pamela Tsai
Nueva York, 24 de julio/ La Gran Época/ Jin Min pedaleaba su bicicleta camino a casa por Zhong Guan Cun –una zona concurrida y bulliciosa del distrito de Haidian, Beijing, conocida como la Silicon Valley de China. Junto a su marido vivían en una pequeña casa de la zona. Allí se encuentran las dos universidades más prestigiosas de China, la Universidad de Beijing y la Universidad de Tsinghua. Para ingresar a estas universidades, uno necesita estar entre los mejores 0,03% de los casi 10 millones de estudiantes que toman el Examen Nacional de Ingreso a la Universidad. Jin Min se graduó de la Universidad de Beijing con un título en economía. Su marido estudió ingeniería en arquitectura en la Universidad de Tsinghua.
Sus ojos estaban llenos de colores e imágenes, de pancartas gigantes, lemas, globos, íconos rojos profesando el orgullo nacional de ser sede de las Olimpíadas. Su mente estaba en un mundo diferente, más allá de la superficie del “Ascenso pacífico al estado de Gran Potencia” de China.
Por una carta sacada a escondidas del Campo de Trabajo Forzado de Xin An y comentarios del Campo de Trabajo Forzado de Tian He, Jin Min supo que algunos de sus amigos habían sido trasladados fuera de Beijing. Los campos de trabajo forzado se habían quedado sin lugar para mantener a los practicantes de Falun Gong recientemente arrestados.
Como preparativo para unas “estables” Au Yun (Olimpíadas en chino, homónimo de “mala suerte”), el partido comunista chino emitió la orden de “golpear duro a las fuerzas hostiles locales y extranjeras, tales como los separatistas étnicos… y ‘organizaciones heréticas’ como Falun Gong”.
El golpe con mano dura produjo muertes. Una de ellas fue Yu Zhou, de 42 años, un popular cantante folclórico. Yu fue arrestado con su esposa Xu Na, poeta y pintora, cuando volvían a su casa luego de una actuación. Once días después de su arresto, Yu murió bajo custodia policial.
Min estaba preocupada por sus amigos en los campos de trabajo forzado. Ella sabía que el “golpe duro” también aplicaba a los que ya estaban encarcelados, y suponía más torturas y peores tratos.
Ella lo sabía porque había sido prisionera.
Jin Min fue arrestada en junio de 2001 con su marido mientras colocaban panfletos con información sobre Falun Gong en las canastas de las bicicletas de una zona residencial del campus de la Universidad de Tsinghua. Dos policías de civil los atraparon y los llevaron a la Estación de Policía de Zhong Guan Cun. Allí les dijeron que insultaran al fundador de Falun Gong y que prometieran que no iban a practicar más. La policía les dijo que si seguían las órdenes serían liberados. Si no, serían sentenciados.
La pareja se rehusó. Ambos fueron enviados a campos de trabajo forzado.
“Practicar Falun Gong es mi derecho”, dijo Jin Min. “Quiero libertad y no quiero estar encarcelada. Pero, ¿qué tipo de libertad sería si renuncio a mis derechos inalienables?”
Min fue enviada a un campo de trabajo forzado para mujeres y su marido a otro para hombres. Más del 90% de los prisioneros en los campos de trabajos forzados eran practicantes de Falun Gong.
En su año y medio encarcelada, Jin Min experimentó y presenció varios tipos de abuso: golpizas, descargas eléctricas, trabajo esclavo, privación del sueño, lavado de cerebro violento, humillación y aislamiento completo de la familia.
Ella tenía que levantarse antes del amanecer y trabajar haciendo palitos descartables hasta la medianoche. Se servían tres comidas escasas. Generalmente consistían en un bollo al vapor con un tazón de sopa de hojas de repollo. Para obtener la comida, las prisioneras debían decir en voz alta “Mi nombre es tal y tal. Estoy detenida por mi mala conducta. Por favor, dénme algo de comer”.
Min también tejió guantes de lana de lujo. Los guardias le decían, “Ten cuidado con el trabajo. Estos son productos de lujo para exportar a Europa”.
Durante los primeros seis meses de encierro, los padres de Jin Min, doctores de medicina tradicional china, no tuvieron información alguna sobre el paradero de su hija. Todo lo que sabían era que había sido arrestada por ser practicante de Falun Gong. Al haber experimentado y presenciado la tortura y las tragedias de la Revolución Cultural, en la que millones de intelectuales fueron perseguidos hasta la muerte y la locura, los padres de Jin Min casi no lo soportan.
Les pidieron a amigos, colegas y conocidos que los ayudaran a buscar a Jin Min. Gastaron tiempo y esfuerzo para hablar con funcionarios del partido, personas que ellos creyeron que tenían el poder de decidir sobre el destino de su hija. Hablaron con un representante del Congreso del Pueblo. La respuesta fue siempre la misma: no se puede hacer nada.
“Podríamos salvar a su hija incluso si fuera una criminal sentenciada a la pena de muerte. Pero como practica Falun Gong, no podemos hacer nada. El tema de Falun Gong está más allá de nuestro control, no se siguen procesos judiciales normales. Está manejado directamente por la Oficina 610”, dijo un funcionario a los padres de Min.
Establecida por el ex líder del partido comunista chino Jiang Zemin, la Oficina 610 –así llamada por la fecha de su creación, el 10 de junio de 1999– es una fuerza policial extralegal responsable de llevar a cabo la misión de eliminar a Falun Gong.
Min fue liberada del campo de trabajo forzado el 7 de octubre de 2002.
Después de ser liberada, comenzó a rescatar a sus amigos del campo de trabajo forzado. Min contactó a Li Heping, uno de los abogados de derechos humanos más prominentes de China. Li aceptó algunos casos destacados en nombre de víctimas de violaciones de derechos humanos e hizo presión para que el partido comunista se hiciera responsable.
Después de algunas conversaciones telefónicas, ella se dio cuenta de que su teléfono estaba siendo grabado y notó que había vehículos de la policía estacionados frente a su departamento día y noche.
Supo también que el Buró de Seguridad Pública había golpeado, secuestrado y puesto bajo vigilancia a Li.
Sus padres le insistieron para que escapara del gran peligro y del riesgo que corría en China, y voló con ellos a Pittsburg, Pensilvania, EE.UU., el 23 de abril de 2009. Ahora se hospeda con su hermana, también médica. Tiene una visa de turista y piensa pedir asilo y quedarse. Allí puede practicar libremente Falun Gong, hacer los ejercicios en el parque sin temor a ser encarcelada.
La historia de Jin Min es una de las muchas que suceden a millones de ciudadanos comunes en China. Ellos quieren vivir una vida tranquila. Muchos se apartan de la política, pero igualmente se encuentran en una inevitable batalla contra el régimen más mortal y totalitario del mundo.
Cuando se le pregunta si se arrepiente de renunciar al prestigio y la prosperidad en China, parte de lo que se garantiza al graduarse de una prestigiosa universidad y pertenecer a la clase media alta de la sociedad, Jin Min dijo, “No. ¿De qué sirve tener ‘prosperidad’ cuando no se tienen los derechos humanos más básicos?”
El Dr. Frank Xie, experto en China que enseña en la Facultad de Comercio de la Universidad de Drexel, dijo, “La respuesta de Min llena una brecha crítica en la excusa de Occidente de las últimas dos décadas: que el comercio, las inversiones y el hacer negocios con el partido comunista chino brindará inevitablemente libertad y democracia al pueblo chino. Han pasado veinte años, y este resultado inevitable nunca ocurrió –el pueblo chino está pagando caro en la lucha por sus derechos. Los diez años de persecución a Falun Gong son un ejemplo perfecto”.
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