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Módena

Enviado por Redacción el 6. Agosto 2009 @ 10:35 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario

Cultura/ Cartas a Ofelia

Modena

Cubamatinal/ París, 30 de julio de 2009.

Mi querida Ofelia;

El 20 de julio lo pasamos visitando la ciudad de Módena. Siempre tuve una gran curiosidad por conocerla ya que un compañero italiano de la agencia turística del partido comunista italiano Italturist, organizaba cada año para sus militantes viajes a Cuba y yo era uno de los tres guías. A menudo el compañero me describía la belleza de su ciudad natal.

Situada a sólo 40 kilómetros de Boloña, Módena es la ciudad conocida en el mundo entero por los apasionados de los bellos coches :Ferrari, Maserati, Bugatti y Lamborghini. Pero para otros, también por la buena comida, el vinagre balsámico y el vino.

Recorrimos la grandiosa catedral romana, la cual posee impresionantes   arcos góticos. En su centro hay un puentecito que permite una vista muy bella hacia toda la iglesia. La Piazza Grande, situada frente al templo, está rodeada por bellos inmuebles históricos. Desde allí bajamos por la animada Vía Emilia hasta el Palazzo dei Musei.

Comenzamos por visitar El Museo Cívico de Arte.

Fue fundado en 1871, pertenece a la categoría de los museos locales surgidos después de la unidad nacional,  para defen­der cada autonomía cultural. El carácter heterogéneo y serial de las colecciones atestigua su origen positivista y su función didácti­ca. Al coleccionismo aristocrático local se deben pinturas, esculturas, armas, tejidos e instrumentos musicales.

La estructura expositiva histórica, que se remonta al final del siglo XIX, ha sido conservada y valorizada como rara y preciosa memoria museográfica. En 1962 la división del Museo Cívico en dos sectores dio vida al Museo Arqueológico Etnológico y al Museo de Arte. Los recorridos expositivos de los dos institutos, enlazados por una sala que documenta las etapas más relevantes del origen del museo, se pueden desarrollar en continuidad.

Las colecciones presentan una amplia gama de obras y objetos: pinturas, esculturas, instrumentos musicales, cerámicas, cristales, armas, papeles pintados, terracotas arquitectónicas, pesos y medidas procedentes, en su mayoría, de colecciones privadas.

Se destacan: la colección de tejidos de los siglos XII- XIX, donada por el conde Luigi Albedo Gandini, la Galería Campori  con pinturas de Lana, Stringa, Ceruti, Crespi y Cerano y la colección de instrumentos científicos entregada por La Universidad. Representan el arte modenese la Madonna di Piazza de Begarelli, fragmentos de frescos de los siglos XIII-XIV procedentes de la Catedral, esculturas y ajuares litúrgicos de los siglos XII-XVII, y pinturas de autores modeneses de los siglos XVI-XVIII.

La cultura figurativa de los siglos XIX-XX está representada por obras de Malatesta, Muzzioli, Cappelli, Cavazza, Bellei, Valli expuestas, en parte, en las salas de recepciones del Palacio del Ayuntamiento.

La Gipsoteca fue instituida en 1984 como resultado de la adquisición de una importante colección de obras plásticas, pictóricas y gráficas de Giuseppe Graziosi (Savignano 1879-Florencia 1942), donada al Museo por los hijos, Paolo Graziosi y Rosetta Graziosi Vespignani.

Desde 1994 la colección se encuentra en la planta baja del Palacio de los Museos. En 1998 Los herederos de Grazio­si donaron el rico archivo fotográfico del artista.

El mismo está compuesto aproximadamente por 20,000 imágenes en blanco y negro y por 10,000 fotos en color, relativas a las colecciones del museo, a monumentos y a obras de arte de la ciudad.

Se sube por una gran escalera de mármol hasta la Biblioteca Estense. Es una de la más rica de Italia. Posee 600,000 volúmenes y 15,000 manuscritos. Los más importantes están expuestos al público en una sala aparte, la cual es abierta sólo para pequeños grupos de personas por una amable señora.

Tuvimos la suerte de poder visitar esa sala en unión de cuatro holandeses. Allí estaba expuesta la espectacular Bibbia di Borso d’Este, abierta en una vitrina blindada montada sobre ruedas, delante de una gran caja fuerte con las puertas abiertas. Lista para esconder y proteger la celebérrima Biblia cuando  la biblioteca cierra. Posee 1020 páginas escritas y decoradas a mano  por artistas de Ferrara del siglo XV, entre los cuales el gran Taddeo Crivelli.

El archivo histórico conserva los documentos relativos a la vida del instituto desde el 1871 hasta el 1952.

El segundo museo que visitamos fue el Cívico Arqueológico  y Etnológico.

Éste  documenta et desarrollo histórico de la ciu­dad y del territorio modenese desde el paleolítico hasta la Edad Media. El núcleo más considerable está constituido por los materiales de las Terramare, típicas aldeas de la Edad del Bronce en la parte baja del Valle del Po, y por los testimonios significativos del neolítico, relacionados prevalentemente con las investigaciones del arqueólogo modenese Fernando Malavolti.

Entre los hallazgos de la edad etrusca destacan los abundantes ajuares de la necrópolis de Galassina de Castelvetro. De la ciudad romana de Mutina, celebrada por Cicerón, proceden numerosos testimonios de moradas patricias, entre los cuales los refinados ajuares de triclinio de una domus del final del siglo I antes de Cristo.

La sección etnológica se relaciona estrechamente con la génesis del Museo Cívico y en particular con la imposición, en la segunda mi­tad del siglo XIX, de un enfoque investigativo basado en la con­frontación entre etnología y prehistoria. Está compuesta por materiales recogidos durante viajes y exploraciones, y atestigua sobre culturas ya desaparecidas o en vías de extinción: de Nueva Guinea, América del Sur,  África y  Asia. También hay una sección precolombina con una notable colección de tejidos.

El recorrido expositivo de la ciudad romana se completa en el patio norte del Palacio de los Museos, con el Lapidario Romano que expone monumentos funerarios procedentes de las amplias necrópolis de la ciudad. Globalmente, los materiales del Lapidario Roma­no, junto con los del contiguo Lapidario Estense, atestiguan  la riqueza de la antigua Mutina y, mediante los mensajes transmiti­dos por las epígrafes, amplían el ya grande patrimonio de conoci­mientos sobre el tejido social de la Módena romana.

Almorzamos tan bien en un pequeño restaurante, terminando con un delicioso helado y un café tan sabroso, que podría provocar un orgasmo culinario en un ser cuyo espíritu sea muy sensible.

Mientras esperábamos el tren para regresar a Boloña, vimos una escena muy original, en el andén que estaba frente a nosotros, un chico sentado en el piso se hacía pelar por una  muchacha entre risas de ambos. Los que pasaban junto a ellos primero demostraban asombro y después sonrisas. ¡Juventud, divino tesoro!

Este  fue el recorrido que hicimos en uno de los ocho días que pasamos este mes en la bella Italia. Ya te iré contando poco a poco lo que vimos en los otros.
Te quiere siempre,

Félix José Hernández.


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