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Cuba, 20 años de “capitalismo leninista”

Enviado por Redacción el 20. Agosto 2009 @ 11:54 En Economía | Ningún comentario

 Economía/ Economía Política

Cubamatinal/ Las presuntas medidas «liberalizadoras» de Raúl Castro, el heredero de la dictadura cubana de su hermano Fidel, tienen un cierto sabor añejo. Suenan a viejo, a manido, al «capitalismo leninista» que preconizaba el Comandante en el IV Congreso del Partido Comunista celebrado en Santiago allá por el mes de noviembre de 1991.

Por Ángel Puerta

Madrid, 20 de agosto/ ABC/ Fidel acaba de cumplir 83 años y sigue erre que erre impartiendo la misma doctrina de siempre: la culpa de todo lo que pasa en Cuba la tiene el imperio, incluida la crisis perpetua que padece la isla, e incluida la solución: pedir más sacrifico al pueblo cubano «por patriotismo». Igualito que hace 20 años.

Las medidas de su heredero no son más que espejismos para enmascarar la crisis interna del país, donde desde la caída de la URSS el régimen no tiene para darle de comer al pueblo más que escurrajas racionadas. No ha habido cambios ni recambios, como preconizaba Fidel en aquel IV Congreso. El Comandante sigue moviendo los hilos ideológicos del «capitalismo leninista» y Raúl no es más que una prolongación de Fidel.

Vinilo rayado

Al desempolvar las cintas de casete de aquel IV Congreso, celebrado en Santiago de Cuba en 1991, apenas una semana después de la visita de Manuel Fraga, se puede comprobar que la mayoría de las ideas que ahora se están desarrollando suenan a vinilo rayado, a «la vida sigue igual» que tararea la oposición en el exilio.

En la rueda de Prensa que el Comandante ofreció en el Palacio de la Revolución a los periodistas que acompañábamos a Fraga, se le preguntó, ante la inminencia del Congreso, que hasta qué punto estaba dispuesto a hacer cambios para resolver los problemas económicos que sufría la isla. Fidel Castro respondía con contundencia: «Ningún país del mundo ha hecho más cambios que nosotros en menos tiempo». Y salió la pregunta tabú: ¿No le gustaría a usted jubilarse? Y su respuesta, a la gallega: «¿Conoce a algún científico que se jubile? Yo no. ¿Conoce a algún escritor que se jubile? Yo no. Pregunte a García Márquez o a muchos otros si piensan en jubilarse. ¿Conoce a algún artista que se jubile? No. Aman su profesión y siguen su vocación. Yo amo mi vocación. ¿Que me jubile de la política, de la revolución, de mis ideas? Seguiré hasta el final luchando por ello».

Para la oposición, el dictador va a cumplir a rajatabla su vocación hasta el final. Ahora lo que temen es que su hermano Raúl herede, también, la misma «vocación». «Fidel sigue siendo el que manda en Cuba, no hay ninguna renuncia», afirmaba recientemente Armando Pérez Roura en su programa en Radio Mambi, uno de los más escuchados en el exilio. Antes de moverse, «primero hay que ver al muerto» concluía Pérez Roura. Y el muerto sigue vivo.

De modo que casi 20 años después, el Comandante sigue sin «jubilarse», al menos del partido, en el que conserva la dirección. El único recambio ha sido dejar la revolución en herencia a Raúl, el comunista de la familia.

Lo suyo era y sigue siendo el «capitalismo leninista» que preconizaba Fidel en aquel Congreso: «Estamos abiertos a una apertura amplia en materia de capital exterior, lo cual no está reñido ni un ápice con el socialismo, el marxismo-leninismo ni con la Revolución… Incluso Lenin, cuando la revolución bolchevique, no se proponía construir de inmediato el socialismo en la Unión Soviética… Incluso elaboró la teoría del desarrollo capitalista bajo la dirección del proletariado, cosa que no pudo realizar por los problemas que se produjeron».

Las leves pinceladas liberalizadoras de Raúl, como el acceso a los hoteles, el móvil o los reproductores de CD, a precios de divisa, no son más que un muestrario descafeinado de capitalismo «leninista» que ya exhibía Fidel hace 20 años. Raúl, el heredero, vuelve a vender la apertura de los hoteles a los cubanos como una novedad «liberalizadora». Pero sólo para los que disponen del dólar. Más de lo mismo. Entonces, en 1991, Fidel los abría, con reparos, para los trabajadores buenos, o sea los del régimen, los vanguardia; Raúl los abre para todo aquel que pueda permitirse el lujo de pagarlo en la moneda del imperio.

Algo es algo, pero es tan poco que a la inmensa mayoría de los cubanos de a pie esta liberalización, como las otras, únicamente avaladas por el dólar, lo más que les produce en la práctica es una cierta urticaria en el alma «revolucionaria» y, sobre todo, en la cartilla de racionamiento.


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