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El Caso Van Jones
Enviado por Redacción el 13. Septiembre 2009 @ 12:11 En Colaboraciones | Ningún comentario
Colaboraciones/ El “negocio” ecológico

Cubamatinal/ El genio de Jones como empresario ideológico para mí es inquietud progre al venderles el numerito de los “empleos ecológicos” con el fin de reconciliar la culpa racial/clasista con el entusiasmo medioambiental. Ese es el motivo de que Jones llegase tan lejos. Ese es el motivo de que sea tamaña estrella “progresista”.
Por Charles Krauthammer
Washington, 11 de septiembre/ The Washington Post/ De manera que Van Jones, el zar del empleo ecológico de la Casa Blanca caído en desgracia, llamó en una ocasión “idiotas” a los Republicanos. Qué chorrada. Yo he dicho cosas peores de los Demócratas. He dicho cosas peores de los Republicanos. He dicho cosas peores acerca de miembros de mi familia (tú sabes a quién me refiero).
¿Tan melindres nos hemos vuelto? ¿No se nos permite saltear nuestra dieta lingüística?
Después de haber escrito en una ocasión una columna elogiando el conciso uso por parte del Vicepresidente Cheney del verbo joder — en el estrado del Senado, nada menos — voy a salir en defensa de Jones. Es cierto, la particular elección del epíteto por parte de Jones no tenía nada de la concisión monosilábica ni la sugestividad onomatopéyica del explosivo encanto de Cheney. Pero no se despide a nadie por cuestiones de estilo.
Otra de las acusaciones lanzadas era que Jones era un comunista declarado. Tampoco es que pueda sacar mucha punta a esto. En la Norteamérica actual, ser comunista es una postura que se adopta pour la galerie, no una convicción real. Tras el colapso soviético, el marxismo es una reliquia, un patético anacronismo que se limita a sus últimos reductos: Corea del Norte, Cuba y los departamentos de lengua de las universidades estadounidenses más caras.
En cualquier caso, toda administración tiene derecho a tener un par de cargos con las tuercas sueltas entre sus 8.000 funcionarios designados. Mientras no estén a cargo de la política exterior o de la Reserva Federal, ¿a quién le importa?
Otros críticos están escandalizados de que Jones acusara en una ocasión a “medioambientalistas blancos” de “esencialmente verter veneno en las comunidades de personas de color”.
De hecho, desde la perspectiva global, Jones tiene toda la razón. Los ecologistas - que mayoritariamente son blancos de clase media o alta — han impedido la realización de prospecciones mar adentro y en la Reserva Nacional de Vida Salvaje del Ártico. ¿De dónde cree usted que el mundo saca el petróleo que falta? De los pobres, los oprimidos, los pueblos envenenados del Delta de Níger, la cuenca del Amazonas y las demás regiones infinitamente menos reguladas e infinitamente más corrompidas del Tercer Mundo.
Los millonarios metidos a ecologistas están totalmente a favor de los parques eólicos, hasta que se propone construir el que podría dañar el paisajismo de un velero visto desde las enormes fincas de la costa más cara de Massachusetts. En ese momento pasa a ser energía limpia para usted, pero para mí no.
El genio de Jones como empresario ideológico para mí es inquietud progre -son muy conscientes de su propia hipocresía elitista- al venderles el numerito de los “empleos ecológicos” con el fin de reconciliar la culpa racial/clasista con el entusiasmo medioambiental, haciéndoles sentir así mejor con ellos mismos.
Ese es el motivo de que Jones llegase tan lejos. Ese es el motivo de que sea tamaña estrella “progresista”. Ese es el motivo de que, en palabras de la consejera de Obama Valerie Jarrett, “hemos estado vigilándole” y de que estuvieran tan impacientes por reclutarle para ocupar un puesto en la Casa Blanca.
Ya no está en la Casa Blanca. ¿Por qué? Se ha ido por una razón y solamente una. No se puede firmar una petición exigiendo no una, sino cuatro investigaciones de la acusación de que la administración Bush permitió deliberadamente que se perpetrara el 11 de Septiembre — es decir, que colaboró en la autoría de la peor masacre perpetrada nunca en suelo estadounidense — y ser tolerado en una sociedad educada, y mucho menos tener un puesto de alto nivel en la Casa Blanca.
A diferencia de lo demás (ver arriba), no se trata de un asunto trivial. Está más allá de radicalismos, más allá de partidismos. Nos lleva al terreno de la psicosis política, una paranoia alucinatoria que, al contrario de la adopción de posturas marxistas de cara al público, no es divertida. Es peligrosa. En América, movimientos y partidos tienen la obligación de vigilar sus márgenes ideológicos. El activista conservador Bill Buckley lo hizo con los miembros de la ultraconservadora Sociedad John Birch. Los izquierdistas tienen que hacerlo con los miembros del movimiento de la verdad del 11S.
No se puede poner a uno de ellos en la Casa Blanca mucho más de lo que se puede poner a un revisionista del Holocausto — una persona que crea una realidad alternativa alucinatoria al servicio de una maldad sin límite.
Pero la realidad no intimida a los defensores de Jones. Una fuente de la administración Obama decía a la cadena ABC que Jones no se había leído la petición del año 2004 con el suficiente detenimiento, una excusa reiterada por Howard Dean.
¿Con el suficiente detenimiento? La petición exigía la investigación de las acusaciones de que “personas dentro de la administración actual (Bush) podrían haber permitido deliberadamente que sucediera el 11 de Septiembre, como pretexto quizá para la guerra”.
¿Dónde está la letra pequeña confusa? ¿Dónde está la complejidad sintáctica? ¿Dónde está la ambigüedad desconcertante? Un estudiante de octavo podría decir exactamente lo que significa. ¿Un licenciado de la Facultad de Derecho de Yale no?
No hay necesidad de preocuparse por Jones, no obstante. Es un gran avance en su carrera. Ha pasado de lunático marginal a mártir izquierdista. Sus honorarios por conferencia acaban de duplicarse. Que llegue a tener su propio programa en la MSNBC es tan sólo cuestión de tiempo.
Pero en el octavo aniversario de los ataques del 11 de Septiembre — un día en que no hubo entre nosotros ningún miembro del movimiento de la verdad del 11S, sólo estadounidenses enmudecidos por la barbarie de lo que se había perpetrado contra conciudadanos suyos inocentes — el debido respeto a la memoria de ese día exige que a los miembros del movimiento, que lo profanaron hasta límites rayanos con la enfermedad mental, les sea mostrada amablemente la puerta. Por todo el mundo.
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