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El efecto tequila

Enviado por Redacción el 20. Septiembre 2009 @ 12:42 En Cuba | Ningún comentario

Cuba/ “Relaciones internacionales”

 tequila

Cubamatinal/ El “guaguaso” y el “telefonazo”, es solo la parte visible de lo que le puede suceder a un visitante si decide reunirse con los demócratas de la isla.

Por Julio Antonio Alega Pesant

La Habana, 20 de septiembre /PD/ Conversando en la residencia presidencial Los Pinos, Vicente Fox, recién elegido Presidente de México, y su canciller, el intelectual Jorge Castañeda, decidieron nombrar a Ricardo Pascoe Pierce como Embajador en La Habana.

Estaban ajenos a que ese filo-castrista militante del Partido de la Revolución Democrática (PRD) haría todo lo posible por agradar al tiranuelo caribeño y destruir el compromiso con la democracia internacional que pretendió llevar a cabo el entonces flamante Presidente.

Pascoe, con el fin de cautivar a la monarquía de los Castro, se enfrentó a sus líderes y casi llevó al rompimiento de las relaciones entre Cuba y México. Esas contradicciones desataron el efecto Tequila, la parálisis a la que la dictadura militar cubana llevó a la clase política latinoamericana antes que la ola populista recorriera el continente.

Ahora está de moda visitar La Habana. Sin exclusiones, presidentes de todo el mundo hacen sus maletas para pasar horas o días en el gulag caribeño. Visitantes latinoamericanos, africanos y asiáticos, presidentes elegidos democráticamente, excelsas dictaduras monopartidistas, observan el panorama interno, intentan hablar con el ex presidente F. Castro, extienden alguna línea de créditos o de comercio preferencial y se marchan. A esta caterva de trashumantes, están ajenos los líderes de la Europa vieja y democrática, los Estados Unidos, Japón, Israel y algún que otro Estado respetuoso de los derechos humanos.

Las visitas que más expectativas levantan en el seno de la sociedad civil alternativa son los presidentes del hemisferio, elegidos democráticamente y algunos hasta con un historial de trabajo por la democracia y la representatividad en sus naciones. No obstante, “estos y estas”, cuando vienen a La Habana, evitan encontrarse con la sociedad civil o las fuerzas prodemocráticas, so pena de sufrir “el efecto”. Vestigio de la majadería y la visión ética de la “dictadura del proletariado”.

Como se sabe, en el exterior se opinaba que las trasformaciones económicas desarrolladas luego del “maleconazo”, se convertirían en transformaciones políticas. En ese contexto y con esa intención, dos personalidades viajaron a La Habana, el ex presidente James Carter y el presidente Vicente Fox. Ambos sugirieron la necesidad de nuevas actitudes, reuniéndose con líderes prodemocráticos y de derechos civiles. No comprendieron la provocación del anciano y terco dictador.

El ex-presidente de los Estados Unidos cometió la sandez de comentar el Proyecto Varela durante su discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana y ante las cámaras que trasmitieron en directo el encuentro. Falto de memoria (F. Castro provocó la invasión del Mariel en 1980), Carter sirvió de vocero foráneo (yanqui por demás), al reclamo libertario de la nación cubana. La falta de imaginación del “manisero de Georgia” trajo consigo la reforma constitucional del “socialismo irrevocable” y la Primavera Negra de 2003.

En su calidad de ex presidente norteamericano, Fidel Castro no se ensañó. Se vengó ridiculizándolo, al hacerlo contestar preguntas fachosas de jóvenes talibanes universitarios como Hassan Pérez. Con su apego enfermizo a los símbolos, el Doctor Castro recibió a Carter de traje y corbata, luego se puso una Guayabera blanca (prenda nacional) y lo despidió con botas y uniforme verde olivo.

El mayor escarmiento a la clase política mundial y en especial la latinoamericana, se la dio en la figura del Presidente Fox. Con él, Castro mostró su falta de escrúpulos. El “guaguaso” y el “telefonazo”, es solo la parte visible de lo que le puede suceder a un visitante si decide reunirse con los demócratas de la isla.

El rencor se desató sobre Fox, su Secretario de Exteriores, Jorge Castañeda, y sobre toda la clase política mexicana. La maquinaria de la Dirección General de Inteligencia (DGI) y del Departamento América, despacharon a México a los funcionarios del departamento de relaciones internacionales comunista Ramiro Abreu y José Arbezú. Su misión fue montar provocaciones y malentendidos con las áreas de influencia de la izquierda violenta, que desestabilizaran la situación política interna mexicana.

La entrada violenta de un autobús con supuestos emigrantes (luego se demostró que era una operación de la policía política) en las instalaciones de la embajada mexicana en La Habana creó tensiones con la cancillería mexicana y amenazó con un nuevo éxodo como el del Mariel (que comenzó con igual incidente contra la embajada del Perú), pero esta vez sobre México.

Al poco tiempo, F. Castro hizo público en televisión una conversación telefónica con el mandatario mexicano, donde este le solicitaba no creara problemas en una conferencia internacional a celebrase en su país. La crisis que supuso no solamente el hacer publica la conversación, sino el hecho de que fuera grabada, casi provoca la renuncia del mandatario mexicano.

Las líneas de ruptura de la dictadura cubana dentro de México apoyaron los esfuerzos desestabilizadores de López Obrador con recursos económicos, organizativos de gestión de conocimiento. En el escenario internacional involucró a Venezuela en el conflicto y Hugo Chávez llamó “cachorro del imperio” al Presidente Fox. Las relaciones entre Caracas y México también estuvieron a punto de la ruptura.

El Efecto Tequila logró su objetivo. El escarmiento dura hasta hoy. Veremos que hace el Presidente Calderón cuando nos visite.


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