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Fuimos, vimos, pero no triunfamos

Enviado por Redacción el 23. Septiembre 2009 @ 12:18 En Economía | 1 comentario

Economía/ La reconstrucción de Bosnia

bosnia

Cubamatinal/ A nivel per cápita, la reconstrucción de Bosnia hizo que la reconstrucción de Alemania y Japón post Segunda Guerra Mundial pareciera modesta. Pero aunque ya no hay violencia, el experimento Bosnio ha sido un fracaso y las fuerzas centrífugas de los nacionalismos étnicos rivales, han estancado la reforma y la economía — el desempleo se sitúa en el 27 por ciento, el 25 por ciento de los bosnios vive en condiciones de pobreza, y el sector público se traga casi la mitad del PIB.

Washington, 22 de septiembre/ Diario de América/ Durante 11 días entre finales de agosto y primeros de septiembre de 1995, la fuerza aérea estadounidense y la OTAN defendieron a los musulmanes bosnios, que estaban siendo atacados por los serbios de Bosnia, que eran apoyados por los serbios de Serbia. Esto fue sólo el preludio de algo mucho más ambicioso - una gran operación de construcción de la identidad nacional concertada que comenzó cuando los acuerdos de Dayton alcanzados en diciembre de ese año calmaron las aguas de revanchismo y venganza en los Balcanes, durante un tiempo.

Pero los acuerdos, como las flores, duran lo que duran, y el desgaste de Bosnia hoy en día no es culpa de Richard Holbrooke, cuyas habilidades y tenacidad dieron lugar a la paz de Dayton. O tal vez a la pausa de Dayton. Holbrooke, cuya carrera diplomática se inició en Vietnam, sigue formando parte de la administración Obama, donde su cartera de competencias es Afganistán y Pakistán. Mientras el presidente contempla una ambiciosa misión en el primero, como medida profiláctica encaminada a estabilizar el segundo, debería leer: “La muerte de Dayton: Cómo impedir que Bosnia se fragmente,” en la revista Foreign Affairs.

Los politólogos Patrice C. McMahon y Jon Western observan que Bosnia fue “en tiempos el icono de los esfuerzos de reconstrucción internacionales” y se consideraba “prueba de que bajo las condiciones adecuadas, la comunidad internacional podía reconstruir con éxito países arrasados por el conflicto”. Ahora, sin embargo, Bosnia “está al borde del colapso”.

Entre los años 1996 y 2007, Bosnia recibió 14.000 millones de dólares en ayuda internacional salida de 17 gobiernos extranjeros, 18 agencias de las Naciones Unidas, 27 entidades intergubernamentales y unas 200 organizaciones no gubernamentales, además de la presencia de 60.000 efectivos procedentes de 36 países. Fue, afirman McMahon y Western, “posiblemente el experimento de democratización más amplio e innovador de la historia”. A nivel per cápita, la reconstrucción de Bosnia - con una población de menos de 4 millones de habitantes - “hizo que la reconstrucción de Alemania y Japón post Segunda Guerra Mundial pareciera modesta”. Los 14.000 millones de dólares se traducían en 300 dólares por cada bosnio al año. Desde 2002, los donantes internacionales han prometido 65 dólares por cada afgano al año. 

Hoy en día, las fuerzas centrífugas de los nacionalismos étnicos rivales de musulmanes de Bosnia, croatas y serbios, según explican McMahon y Western, han estancado la reforma y la economía — el desempleo se sitúa en el 27 por ciento, el 25 por ciento de los bosnios vive en condiciones de pobreza, y el sector público, con un absurdo total de 160 ministros, se traga casi la mitad del PIB. Las organizaciones internacionales, acusando la fatiga en los Balcanes e impacientes por anunciar el “misión cumplida”, se están retirando, dejando a los musulmanes aislados y vulnerables, y mientras Bosnia, dicen McMahon y Western, “deriva hacia el caos.” 

William Hague, el secretario de exteriores del Partido Conservador de Gran Bretaña que probablemente estará en el poder dentro de un año, suscribía en julio la opinión de que “Bosnia vuelve a estar en la cuerda floja”. McMahon y Western advierten: “A menos que sean controladas, las actuales tendencias hacia la fragmentación conducirán casi seguro a la reanudación de la violencia”. Y la historia sugiere que lo que sucede en Bosnia no se queda en Bosnia.

“Con las facciones de los tres grupos étnicos desafiando actualmente la estructura sentada por los acuerdos de Dayton”, McMahon y Western se muestran tajantes: “En primer lugar, es imprescindible un compromiso estadounidense”. Pero éste no es el momento oportuno para proponer eso, con Afganistán, Pakistán e Irak — y Corea del Norte, etc. — en la mente de Washington. Así que esta cuestión es relevante: Si Bosnia - situada en la plácida y próspera Europa; receptora de abundante ayuda y atención exterior de Estados Unidos, la Unión Europea, la OTAN y las Naciones Unidas - tiene una postura tan poco voluntarista hacia la construcción de la identidad nacional, ¿cuáles son las expectativas que cabe tener razonablemente de un proyecto parecido en el remoto, montañoso y tribal Afganistán?

“Odiar es humano,” escribía el difunto Samuel Huntington. Las comunidades, al igual que los individuos, anhelan identidades claras, que a veces se levantan sobre cimientos de aversiones compartidas. Éste es el caso de las comunidades de Bosnia y Afganistán. 

En 1915, el joven Walter Lippmann dijo: Teniendo en cuenta que el East Side de Manhattan es un misterio para el West Side, “el oficio de arreglar el mundo para satisfacción de la gente que lo habita puede contemplarse en proporciones parecidas a las verdaderas”. Lippmann se uniría más tarde a la tentativa post Primera Guerra Mundial de Woodrow Wilson de reorganizar el mundo, que de pronto incluía Yugoslavia, de la cual Bosnia era una provincia. 

“No quiero nada de esto de hacer progresos a cualquier precio”, decía el anciano Oliver Wendell Holmes al joven Lippmann. “Ustedes los jóvenes parecen creer que si reflexionan sobre el mundo lo bastante, llegarán a alguna conclusión desconocida. Pero se equivocan”. Holmes, que había sido herido en Antietam el 17 de septiembre de 1862, que sigue siendo el día más sangriento de la historia norteamericana, sabía por experiencia que la fuerza puede lograr grandes cosas, como la derrota de los 11 estados del Sur en la Secesión. Pero Holmes también sabía que hay límites.


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