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Sarmiento
Enviado por Redacción el 27. Septiembre 2009 @ 12:22 En Cultura | Ningún comentario
Cultura/ Historia

Cubamatinal/ Define el diccionario que el sarmiento es una rama o un vástago de la vid. La vid tiene un poder de regeneración tan extraordinario que ha sido utilizado en muchas ocasiones como ejemplo o metáfora de la capacidad que ha tenido el ser humano de volver a empezar y reconstruir la civilización desbastada muchas veces por las guerras y los trastornos sociales.
Por Frank Cosme
La Habana, 26 de septiembre /PD/ Como el sarmiento de la vid, hay hombres en nuestra América que han sido como las ramas de esta planta. Un extraordinario argentino accidentalmente se nombró Domingo Faustino Sarmiento y como este árbol, una y otra vez logró levantarse sobre el infortunio y no solo él, sino al gran país sudamericano en el cual nació.
La historia de las naciones de esta parte del continente que fueron colonias de España está cargada de dictadores y de absurdas guerras entre ellas. Como nuestro Martí, Sarmiento chocó también con los dictadores, la diferencia estriba en que todavía nuestro apóstol no había nacido.
En 1868, cuando comenzábamos de nuevo una rebelión por nuestra independencia, Sarmiento ocupó la presidencia de Argentina. Sustituyó a Bartolomé Mitre, otro grande argentino y fundador del prestigioso periódico La Nación (de Buenos Aires), donde más tarde escribiría Martí como corresponsal muchas cosas que se han olvidado con el paso del tiempo; como también parece olvidarse “Civilización y Barbarie”, la obra cumbre que Sarmiento legó a la Argentina y a todos en América.
No solo fue Sarmiento un gran político, fue un gran escritor y por sobre todo lo demás, un gran pedagogo. Conducida por su mano, la Argentina alcanzó ya en el siglo XIX un elevado nivel de educación. Fundó numerosas escuelas, un observatorio astronómico, fomentó como nunca antes las obras públicas y todo su mandato estuvo movido por un impulso hacia el progreso que de haber sido continuado, la Argentina sería aún más próspera de lo que es ahora.
Sus enemigos le acusaron de que su “manía era la educación”, a lo que él respondió: “Las manías han hecho del mundo lo que es hoy. Manía ha sido la libertad de los pueblos que la han conquistado en siglos de lucha. Solo cuando una gran aspiración se convierte en manía se logra llevarla a cabo; se convierte en conquista.”
La vida de Sarmiento no fue fácil. En 1829, perseguido por Juan M. Ortiz de Rosas, uno de los tantos dictadores que han infectado la política de nuestra América, se refugió en Chile. Trabajó en empleos muy humildes, hasta que después obtuvo resonantes triunfos pedagógicos en ese país. Ejerció el periodismo en otro prestigioso periódico de América, “El Mercurio”. Regresó a la Argentina como soldado en la guerra contra Rosas que emprendió Justo José de Urquiza, pero se disgustó con este al poco tiempo de la victoria contra el dictador, obligándole a tomar de nuevo el camino del destierro.
Gran americanista, en su presidencia terminó la guerra contra el Paraguay en la que su país, aliándose con Brasil y Uruguay, sostuvo una larga lucha cuya causa en realidad era “una cuestión de límites de territorios”.
Ya en 1874 dejó la presidencia a Nicolás Avellaneda. En solo 6 años dejó la Argentina más prospera de lo que nunca antes había estado. Después de esto, desempeñó otros cargos públicos, pero terminó retirándose a Asunción, la capital del Paraguay, precisamente el país con el que Argentina había estado en guerra. Allí dedicó sus últimos días a escribir varios libros que merecen la pena volverlos a editar por su actualidad, entre ellos; “Conflicto y armonía de las razas de América”, “Mi Defensa” y el ya mentado “Civilización y Barbarie”.
Es en esta obra donde la agudeza de sus observaciones y su concepción de la filosofía de la historia nos hacen recordar a nuestro apóstol. El paralelo con Martí no es casual, este nace en un lapso histórico influenciado por hombres con quien posteriormente tuvo analogías. Como un Simón Bolívar, padre de repúblicas, como un Abraham Lincoln que logró soldar la nación norteña y emancipar a sus esclavos y como un Domingo Faustino Sarmiento, el re-constructor de la nación argentina que transformó su pueblo mediante la educación. Todos fueron como las ramas de la vid, fueron los sarmientos de América, pero Domingo Faustino lo llevó implícito desde que nació en un simbólico apellido.
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