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Esclavos de la moda en Cuba
Enviado por Redacción el 28. Septiembre 2009 @ 19:11 En Sociedad | 1 comentario
Sociedad/ Modas y modos de escapismo

Cubamatinal/ La obsesión por las marcas entre la población de la isla choca con los planteamientos ideológicos del sistema.
La Habana, 28 de septiembre/ La Vanguardia/ Es el socialismo coquetón, el consumismo precario, el cándido y costoso engaño de las apariencias. La joven Cuba que hace una semana desbordó la plaza de la Revolución para ver a Juanes y a Bosé, la de los nietos y bisnietos de los barbudos de Sierra Maestra, esa Cuba se mata por ponerse bonita. Se entrampa hasta las cejas por vestir de marca aunque sea falsa; por ir a la moda aunque sea a deshora y sin rumbo estético claro.
La primera semana de clase en el habanero instituto Saúl Hernández, barrio del Vedado, las calles aledañas parecían una pasarela. Como los uniformes azules no estaban listos, el director había dispuesto que los quinceañeros alumnos acudieran con camisa o polo blanco, el color más fácil.
“¡Qué era aquello!”, recuerda una madre que los vio entrar. “¡Parecía un desfile de modas. Había de todo lo mejor!”. Y enumera: nikis Lacoste o similar, zapatillas Nike o Converse, mochilas Adidas… Una exhibición que en parte se repite cada día, aunque desde que llegaron los uniformes se note menos.
Claro que el Vedado es un barrio privilegiado. Pero la esclavitud de la moda es un fenómeno extendido por toda la isla. Los cubanos siempre fueron consumistas y fashion por mucho que la época soviética les impusiera una cierta sobriedad, según coinciden los expertos en el tema. Pero la creciente influencia exterior a través del turismo, el cine o las series, la música y la ropa que se importa o que se trae en maletas y rápidamente circula de mano en mano ha alentado y multiplicado esa voracidad, siempre sorprendente en una sociedad con tan bajos ingresos familiares.
La obsesión por ir guapos y a la última choca con los planteamientos ideológicos de la oficialidad. El diario Juventud Rebelde publicaba el 16 de septiembre una tribuna en la que el autor relataba con alarma la pelotera que un pequeñajo había montado a sus padres por haberle comprado unas zapatillas normalitas, de 13 CUC (10 euros), en lugar de las de marca que él “necesitaba” para estar a la altura de sus amigos.
El mismo diario y el Granma publican de vez en cuando preocupados reportajes que un día avisan de los peligros del piercing y el tatuaje, otro se interrogan sobre la conexión entre estética metrosexual y homosexualismo y otro sobre la proliferación de movimientos importados tan raros como el de los jóvenes emos…
Ir a la moda no parece una opción para los jóvenes de la urbe, sino una obligación: “¡Claro que hay que ir al día, qué tú piensas!” ¿Por qué? “Pues para lucir. Para creer en mí”, nos dice Olaysy, de 32 años, ingeniera en la corporación Informática Copextel. Ella logra todo eso a costa de ahorrar y de pagar ropa a plazos, asegura.
La coquetería del cubano del siglo XXI asombra al turista primerizo. “No esperaba ver lo mismo, estéticamente, que en el resto del Caribe”, nos dice una colombiana recién llegada: “Nada de vestimentas austeras y grises; de las faldas floridas que yo tenía en la cabeza. Veo muchos tejanos con tachuelas y complementos de marca o imitación que yo pensaba que no estaban al alcance de la gente”. La sorprendida es Ana María Mójica, de Bogotá, que recibió el primer impacto al contratar el coche de alquiler. “Le comenté a la empleada lo chévere que es venir a un país sin casi celulares. Ella me miró como con compasión y me dijo: ‘Ay mi hija, ya quisiéramos todos tener un celular. ¡Lo que pasa es casi nadie puede!’”.
Mónica Benner, una experta en moda que trabaja en un portal de “pronóstico de tendencias” (Style Side) en Nueva York y recorre la isla para estudiar sus gustos y potencial de demanda, nos da claves sobre las peculiaridades de la moda aquí. Los isleños, dice, están en la pomada “pero andan desorientados y no saben de dónde viene cada tendencia”. Así, llevan pantalones con pintura y camisetas Ed Hardy con dibujos de tatuaje, pero “ignoran su origen; sólo saben que son cool porque alguien se los trajo de fuera”.
Lázaro Dobouchet, un joven diseñador cubano que encontramos en un desfile en la calle, lo confirma: “La mayoría de la gente intenta vestir bien, pero muchos no saben conjugar ropa, horario y lugar; pueden ir con jeans a una boda, con brillos al trabajo y de negro a la playa. Hay confusión y desinformación”. Otro aspecto llamativo es la precocidad en el consumo –¿les suena?– y el esmero con que también los varones se cuidan. Muchos chicos se depilan enteros y se hacen peinados escultóricos.
Pero lo más cubano de todo es el recurso a los inventos con que los chavales redondean el ahorrativo recurso a la falsificación. Las penurias del periodo especial iniciado al acabarse la ayuda soviética estimularon en extremo el ingenio estético y cosmético del personal. La brillantina fue sustituida por cremas laxantes; la gomina, por aloe batido, agua azucarada o un mejunje inmundo con patata. Si lo guay era llevar pantalones desteñidos, cloro al canto; si se imponían estrujados, se metían arrugados en la olla a presión media hora, y listo. Y si de las patas de campana se pasaba al tubo, tijeretazo, cosido y ya.
Ahora, tras los duros años noventa, las condiciones son algo menos severas y la oferta, mayor. Las dificultades para viajar persisten, pero hay más movimiento y muchos de los que salen vuelven cargados de ropa: para ellos y para todo el barrio, la pandilla, el centro de trabajo o el gimnasio, que todo es aquí susceptible de convertirse en mercadillo a la hora del almuerzo o de salir. Venga de donde venga la ropa, cueste lo que cueste, auténtica o falsa, adecuada o errónea, el caso es lucir. En Cuba no hay otra opción, “¡qué tú crees”!
Métodos singulares para ir a la última con pocos medios
Contrabando
Los gravámenes a la ropa importada y la escasez de recursos alimentan el mercado por la izquierda
Tener o no tener móvil
El móvil, más caro que en España, es aquí un objeto de deseo. Algunos lo llevan sin cuenta, para aparentar
Boom de la cirugía estética
Gran parte de las jóvenes cubanas con posibles se hacen la cirugía estética, en hospitales públicos y pagando de tapadillo al cirujano.
‘Body care’ alternativo
En Cuba florecen los negocios privados clandestinos de masajes, manicura, pedicura…
El Che, entre la conciencia y lo “fashion”
La imagen del Che Guevara extraída de la foto que Alberto Korda le hizo en 1960 no es ya sólo, en la mayor parte del planeta, un icono revolucionario y un símbolo de rebeldía. El retrato es un objeto comercial presente no ya en camisetas, y gorras, sino en bikinis, zapatillas deportivas y hasta barras de labios. Hay una web, The Che Guevara Store, que vende todos estos fetiches bajo el asombroso eslogan Para todas tus necesidades revolucionarias. Es dudoso que todos los usuarios de estos objetos sepan gran cosa del que fue colaborador de Fidel Castro.
En Cuba es distinto. Antes de empezar sus clases, los escolares de la isla forman en el patio al grito de “Pioneros por el comunismo, seremos como el Che”. A lo largo de su formación, los chavales son instruidos sobre la figura del guerrillero argentino, a quien suelen admirar.
Esto no quiere decir que la moda Che no esté presente en Cuba. La madre de una quinceañera que asistió al concierto por la paz de Juanes y compañía, nos lo explicó así. “Mi niña y las amigas decidieron ir con camisetas del Che. Pero no porque creyeran que se fuera a defender una causa, sino porque vieron la ocasión y porque el Che es hoy fashion, aquí y en todas partes. Lo que pasa es que aquí todos saben mucho de él”.
La ropa con la esfinge de Guevara también es negocio para la isla. Junto a los habanos y el ron, nunca falta den las tiendas turísticas. “Hemos visto muy pocos cubanos con la típica camiseta. Casi todos los que la compran y llevan son turistas”, nos dijo el barcelonés Xavier Viladevall tras recorrer la isla con su familia. Ellos también descubrieron un país diferente de lo que habían pensado y visto en algún vídeo informativo. Sobran clichés sobre Cuba. Muchos se rompen al conocerla. Incluidos algunos del Che.
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