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Cuestión de cacumen y de mendó

Enviado por Redacción el 7. Octubre 2009 @ 23:21 En Cultura | Ningún comentario

Cultura/ La Jiribilla

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Cubamatinal/ Bajo el metatrancoso título de Prolegómenos para un posible estudio sobre los orígenes y el desarrollo de pensamiento burocrático la Dra. Graziella Pogolotti nos entrega en la Jiribilla 81 de 2009 (pág. 4 y 5) un análisis de nuestra realidad actual muy pertinente.

Por Rogelio Fabio Hurtado

La Habana, 7 de octubre /PD/ En su pesquisa de los antecedentes del burocratismo en Cuba, trae a colación al casi olvidado novelista cubano del XIX, Ramón Meza, con su obra Mi tío el empleado siempre preterida a favor de la rumbosa Cecilia, que constituye un cuadro veraz de la sociedad colonial, cuyas lacras –afirma- persistieron durante la República.

Concedámosle una pizca de exageración cuando afirma que “el triunfo de la Revolución barrió, entre otras cosas, con esas rémoras del pasado,” puesto que no se percata de que la palanca vino a ser sustituida por la recomendación política unilateral y excluyente. Si antes quien tenía un amigo en Cuba tenía un Central, a partir de 1959 quien contara con un pariente militante del PSP (Partido Socialista Popular) tenía el voto de confianza para cualquier aspiración.

Ese llamado Sectarismo, supuestamente condenado en la persona de Aníbal Escalante, en realidad sólo cambió de matiz, a favor ahora del llamado buen revolucionario, quien al decir de Ernesto Guevara, era preferible al buen técnico que no lo fuese. Omitía el argentino la capacidad camaleónica de simulación en la lucha por el puesto.

Falta menos disculpable es que evite toda referencia al viejo Pepe Stalin, como indiscutible padre del sangriento pantano burocrático-represivo donde se hundió el proyecto bolchevique a partir de 1924. Desconozco la prosapia ideológica de la Pogolotti, pero supongo que no es una vieja dama roja a la manera de la profesora Mirta Aguirre, pues ella, jamás merodeó las cumbres de la superestructura, así que no puedo atribuirle premeditación.

Prosigue con una descripción certera de los sucesos sociopolíticos del llamado Periodo Especial donde “las jerarquías sociales se modificaron. Subsistir con las propinas recibidas como maletero era más ventajoso que estudiar una carrera universitaria”, pero esto es sólo la introducción a su plato fuerte, como veremos enseguida.

La Pogolotti, con lucidez sorprendente, dirige su artillería contra el aparato estatal, desnudándolo en su raíz burocrática: Por encima del pequeño empleado, las instancias determinantes en el uso de bienes y recursos han generado mecanismos para el ejercicio del poder con relativa autonomía hasta socavar en la práctica principios y objetivos de la Revolución…para subsistir miraron siempre hacia arriba, ajenos a las demandas de una realidad cambiante, razón de ser de su trabajo.

Más adelante, desmonta los mecanismos de control que la burocracia estatal se aplica a sí misma: Los informes de balance y aún aquellos que se presentan en las asambleas de rendición de cuentas, responden a una retórica precisa. La avalancha de estadísticas, huérfanas del análisis crítico (que sólo podría hacerlo una instancia independiente, es decir, un partido de oposición, acoto yo)…enmascaran los hechos de la realidad. Año tras año, se acumulan arrumbados en algún archivo.

Por si fuera poco, delata las muletillas favoritas de los redactores de tales mamotretos: La retórica al uso se complementa con el empleo estereotipado del “no obstante” en el encabezamiento de los párrafos finales de cada informe. Es el paraguas sustitutivo de una auténtica autocrítica. A modo de escudo protector, “a pesar de…no estamos del todo satisfechos,” suele decirse. Pero nunca se sabe, en términos específicos, de qué. Y los problemas no se acorralan”

Creo que es la primera vez que una pluma ajena a la disidencia expresa con tanta claridad la necesidad social de una institución política independiente del Partido-Estado, capaz de funcionar como contraparte crítica de la gestión administrativa a todos los niveles. Mientras el aparato burocrático cuente con la garantía de operar por encima de todo cuestionamiento sobre una sociedad enmudecida y avasallada, perpetuará su victoriosa inercia.

El rescate efectivo de nuestros paradigmas y la revisión radical de nuestros métodos son factores esenciales para el diálogo impostergable con las nuevas generaciones. Así concluye la Pogolotti su ensayo. Me pregunto si creerá que el consejo de ancianos que hoy nos rige cuenta con el cacumen y el mendó suficiente para hacerle frente a semejante tarea histórica.


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