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Los Comités en su agonía
Enviado por Redacción el 13. Octubre 2009 @ 23:36 En Sociedad | Ningún comentario
Sociedad/ Trastienda de la punta de lanza

Cubamatinal/ El pasado 28 de septiembre, sin gloria y a duras penas, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) celebraron su 49 aniversario.
Por Oscar Mario González
La Habana, 13 de octubre /PD/ Para los que peinamos canas parece no hacer tanto tiempo desde aquella tarde de septiembre de 1960, cuando el entonces inquieto y vigoroso jefe del gobierno revolucionario, Fidel Castro, anunciaba al público congregado frente al antiguo Palacio Presidencial la creación de los Comités de Defensa de la Revolución, en medio del ruido ocasionado por la explosión de bombas y petardos. No pocos piensan que aquellas explosiones fueron autoprovocadas para adjudicarle espontaneidad e improvisación al surgimiento de los Comités.
La multitud irrumpía en aplausos. Entonces muy pocos entre aquella muchedumbre ignorante y fanatizada conocían los horrores cometidos por los Comités de Salvación Pública de la Revolución Francesa y de sus similares durante el ascenso al poder del fascismo en Italia y Alemania, así como en la Rusia de Lenin y la China de Mao Tse Tung.
Evidentemente los CDR arriban a su 49 aniversario con el cansancio de casi medio siglo de ininterrumpidos sacrificios y privaciones y con el único haber de la miseria convertida en permanente maldición y la desesperanza como fea brújula de un porvenir tan lúgubre como incierto.
Nadie mejor que los propios dirigentes para conocer las interioridades de la organización cederista.
El coordinador nacional de los CDR Juan José Rabilero, haciéndose eco de la ausencia de la guardia cederista en los barrios de Ciudad de la Habana y de otras ciudades importantes del país, declaraba un año atrás: “La razón de cierta apatía en alguna gente es porque en estos tiempos los barrios no viven en una situación de intranquilidad y amenaza como en los días iniciales de la revolución”
El pasado 25 de septiembre, en entrevista concedida al periódico Granma, el propio coordinador nacional reconocía que: “Algunos cederistas han planteado que en ciertas cuadras, por no tener alumbrado público o teléfono para localizar en caso de alguna incidencia a la policía, la guardia no es efectiva”.
En fin y por mucho que quiera disimularlo el señor Rabilero, los Comités están como la revolución que les engendró: exhaustos y comidos por la dejadez y la indiferencia. Como esos alcohólicos nada anónimos sino por el contrario, famosos en la vecindad, que en medio de la catástrofe, se muestran indiferentes, sin importarles un comino los pronósticos de muerte y destrucción.
Y ello lo pude comprobar en mi recorrido por el barrio en la noche del día 27, justo en la víspera del 49 aniversario. Sólo en dos cuadras ardía el fuego donde se cocina la habitual caldosa para la vigilia, hecha con la hervidura de una cabeza de puerco y algunas viandas y hortalizas. Muy pocas banderas, retratos y consignas. Escasa concurrencia y mucha menor permanencia en el acto conmemorativo a no ser dos o tres sujetos que, cual puntos fijos de la ocasión, aprovechan para tomar ron gratis y chacharear un poco.
Si esa fue la realidad que observé en mi barrio, zona de gente acomodada con abundancia de gerentes, directores de empresas e importantes funcionarios de organismos centrales del estado, ¿que podrá esperarse de esos barrios pobres de Centro Habana como Cayo Hueso, San Isidro, La Victoria o Colón? ¿O de esos barrios periféricos marginales como Romerillo, Fanguito o Palo Cagao?
Los CDR, como el régimen que los parió, están muertos. Pero no han sido enterrados aún pues para ello habría que emitir un certificado de defunción que anuncie el deceso. Ello, tal vez no se haga nunca por parte del gobierno pues sería como proclamar su propia muerte. Ambos, el régimen y sus comités, seguirán ahí, como el fruto seco adherido a la rama, como muertos vivos o en vida muertos.
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