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Nuestra Isla del Tesoro
Enviado por Redacción el 28. Octubre 2009 @ 22:59 En Cultura | Ningún comentario
Cultura/ Historia

Cubamatinal/ La Isla de Pinos es después de nuestra isla de Cuba la más grande de todas las que rodean nuestro archipiélago. Situada al sur de la Habana y separada por el Golfo de Batabanó y los numerosos cayos e islas del archipiélago de los Canarreos, propició junto con la isla de la Tortuga al norte de Haití, un escenario para las andanzas de numerosos piratas, bucaneros, filibusteros y contrabandistas.
Por Frank Cosme
La Habana, 27 de octubre /PD/ Quizás la Tortuga gane en fama a esta isla por los numerosos filmes en que la nombran, pero nuestra Isla del Tesoro, así nombrada también hasta los primeros años de la revolución, le gana a la Tortuga en las innumerables leyendas de tesoros enterrados, tradiciones y aún noticias documentadas.
Se conoce que desde el año 1565 había sido refugio y cuartel permanente de aventureros de toda laya de Inglaterra, Francia, Holanda y Portugal. Toda la toponimia de esta isla tiene la huella y el nombre de algún pirata o corsario famoso. Punta Francés que recuerda a Leclerc, el primer “Pata de Palo” de la historia de la piratería, Caleta de Agustín Jol por el pirata holandés del mismo nombre, la Laguna de los Bucaneros, cabo Pepe, por Pepe El Mallorquín, el Estero de los Corsarios, la Ensenada de los Barcos etc.
En 1612 piratas holandeses ocuparon diferentes zonas del litoral pinero. Otro tanto hizo el famoso Bartolomé El Portugués que fue hundido en el cayerío oriental al tratar de escapar del cerco de una escuadra Española. Otro tanto sucedió con el francés Franquesnay en 1678 y con el inglés Charles Grant en 1700. Del portugués no se sabe si aseguró sus tesoros enterrándolos en algún lugar de la isla o se hundió con ellos; con el francés y el inglés ocurrió lo mismo.
En 1596, John Hawkins y Francis Drake vararon sus naves en la Ensenada de La Siguanea para abastecerse y prepararse para una nueva expedición. En esta isla también halló refugio Henry Morgan, desde donde partió para un frustrado ataque a la Habana. Los corsarios holandeses Van Caerden y Francis Nau (El Olonés) también tuvieron aquí sus guaridas.
Como era costumbre en todos estos aventureros del mar enterrar sus tesoros en los alrededores de sus refugios, la isla está plagada de leyendas de enterramientos, muchas de las cuales tienen sus razones lógicas, ya que muchas veces por azar, en cuevas, árboles o rocas de formas peculiares y numerosos bajíos alrededor de Isla de Pinos son hallados valiosos objetos y monedas de esta época.
Pero de todas estas historias de piratas de la isla, la más pintoresca es la de un pirata cubano apodado “Pepe el Mallorquín”, quién asociado al ex pescador de la Habana Andrés González, buen conocedor de la isla, llegaron a dominar el tráfico marino de toda esta zona, aunque también sus correrías llegaban hasta La Florida.
El refugio y cuartel del Mallorquín estaba en la desembocadura del río Mal País, afluente del río Santa Fe, en Isla de Pinos. Su fama se extendió al otro lado del Atlántico cuando echó a pique a un buque de la armada inglesa. El honor herido de la poderosa Albión produjo toda una expedición punitiva contra los piratas pineros. El primer encuentro con los británicos no fue nada favorable para estos, pues salieron muy mal parados en la desembocadura del río Jaruco, donde les había preparado una encerrona el astuto Mallorquín. Pero al final la tenaz persecución de los ingleses, con la superioridad de sus medios, encontró el escondrijo del pirata en el río Mal País.
El mallorquín vio arder La Barca, su barco insignia, sus embarcaciones de abordaje y morir a la mayoría de sus hombres. Tozudo como era, siguió peleando. Tantas veces disparó su trabuco que este reventó volándole una mano. Mortalmente herido logró llegar a casa de su mujer en Cayo Monte y allí murió.
Andrés González logró escapar de la debacle y se refugió varios años en el selvático sur de Isla de Pinos. En cuanto al tesoro del Mallorquín, contó Rosa Vinagreras, su mujer, que este murió sin poderle decir donde estaba enterrado.
Es una pena que la hoy llamada “Isla de la Juventud” haya perdido todo este misterio y las leyendas ligadas a esos tiempos de aventuras y piratas. Parece ser también que nuestra industria del turismo se ha olvidado de esta isla que una vez estuvo en la mira por el potencial de atracción que tienen estas historias.
Hoy solo queda un emblemático y soñoliento Hotel Colony que apenas se menciona, cuyo logo era precisamente un pintoresco pirata, quizás inspirado por esta historia-leyenda de Pepe El Mallorquín.
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