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Los recuerdos más dulces de la cantante cubana Lucrecia

Enviado por Redacción el 31. Octubre 2009 @ 10:07 En Cultura | Ningún comentario

Cultura/ Música cubana

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Cubamatinal/ Sus trenzas de colores son inconfundibles. Y ese look desenfadado encaja perfectamente con la personalidad de Lucrecia. Responde a la llamada de AULA divertida, se ríe a carcajadas a cada frase y es muy, pero que muy dulce. Al tiempo que rememora su juventud en La Habana, está atenta a la organización del cumpleaños de su hijo, Jan, que cumple 8 años. Tremendamente orgullosa de su “machote”, habla constantemente de él.
 

Por Sara Polo

Madrid, 30 de octubre/ El Mundo/ Sin dejar de lado la alegría y las ganas de vivir que la caracterizan, Lucrecia tiene interiorizado “el rigor” que le permitió acabar con éxito la escuela y sus estudios de piano en el Instituto Superior de Arte de Cuba. “Me portaba bien pero era muy habladora”, recuerda. “Con el piano era de las mejores, en el resto aprobaba. No me gustaba arrastrar asignaturas”. Su carrera de piano fue dura: “Teníamos que estudiar el programa completo en verano y teníamos que saber cada nota de memoria”, cuenta, “por eso no me agobia hoy ayudar a mi hijo a estudiar, tuve tanta disciplina desde pequeña…”.

Pese a la dificultad de su vida escolar, recuerda su niñez con cariño. Su madre le decía: “Aprovecha la escuela, porque estos años no los olvidarás”. Y, efectivamente,  no los olvidó, aunque comenta, entre risas, que cuando acabó estaba “hasta el moño”. Rememora con especial cariño el día de la vuelta al cole y los fines de semana, que confiesa que aún le encantan: “Se escuchaba en las casas la música de las fiestas, era mágico”.

Para Lucrecia, “la risa de un niño es una bendición», y su paso por los Lunnis no hizo sino acrecentar su pasión por los más pequeños. “Hay que cuidarlos tanto, son espejitos que reflejan todo lo que ven”, dice, y en su voz se enternece.
Su trabajo la obliga a viajar constantemente, pero lo lleva, como todo, con mucha alegría: “Mi hijo siente que su mamá está trabajando para él y que siempre está pendiente de lo que necesita”. No duda en hacer una crítica a la juventud española: “A veces veo como contestan los jóvenes a las madres y a los profesores y pienso, ¡Eso, en Cuba, nunca!”. Al decirlo, se pone seria. “Hay que inculcar a los niños que los mayores son los pilares del hogar, y que lo que diga el maestro es sagrado, y eso se enseña en casa”, dice, decidida.

Es una persona muy familiar, amante de los domingos en casa, al piano y con su hijo. Reconoce que nunca pierde “la frescura”, y recomienda a los padres que aprovechen al máximo los momentos de relajación con sus hijos: “Sé que la vida es dura y hay que luchar mucho, pero tenemos que mantener esa luz; si no, nos vamos apagando poco a poco”, explica, e insiste en mantener la inocencia infantil el mayor tiempo posible: “Me indigna cuando dicen que los Lunnis son muñecos… ¡No lo son! Son unos seres que vienen de la luna lunera”, exclama. “Hay que cuidar el cascabel que tienen los pequeños dentro, es precioso”, afirma.

Esta habanera nació rodeada de grandes maestros, que la marcaron desde pequeña. Desde su niñez, comprendió que la música marcaría el ritmo de su vida. Estudió piano y canto, e ingresó en la orquesta popular cubana Anacaona. Su primer disco, Me debes un beso, salió al mercado en 1994, y lo produjo ella misma. Siete elepés después, y con una amplia carrera a sus espaldas, en la que ha cantado con los grandes de la música latina, como Chavela Vargas o Celia Cruz, acaba de presentar Álbum de Cuba, un canto a la tierra que vio nacer sus “besitos de chocolate”.


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