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La Habana llega a los 490

Enviado por Redacción el 1. Noviembre 2009 @ 12:31 En Cultura | Ningún comentario

Cultura/ Ya sin sábanas y sin balcones

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Cubamatinal/ Cristóbal Colón llegó a Cuba el sábado 27 de octubre en horas de la tarde. Pudiéramos decir que fue antes de ayer pero no es así. Ocurrió en 1492.

Por José A. Fornaris

La Habana, 29 de octubre /PD/ Dieciséis años después, en 1508, Sebastián Ocampo comenzó un bojeo porque había que averiguar que era ese nuevo territorio que el Almirante había “descubierto” para sus reyes. Durante su recorrido, Ocampo detuvo sus naves en un puerto del norte occidental para calafatearlas, y le llamaron de Carenas a aquel puerto.

Luego, en 1519, a la vera de la entrada de la bahía fue fundada la Villa San Cristóbal de La Habana. Ya la villa, que se sepa, había tenido tres asentamientos anteriores. Así, que La Habana tuvo varios puntos de enclave, como varios son los posibles orígenes de su nombre.

Una de las versiones más lógicas es que en el territorio que se extiende desde el actual puerto de El Mariel hasta la provincia Matanzas, hubo un cacicazgo taíno que los nativos llamaban Habana. El cacique de todo ese territorio se nombraba Habaguanex. Se supone que ese jefe legó su patronímico a toda la zona bajo su batuta.

Ese cacique ahora, aunque quizás no lo sepa, es propietario de toda una cadena de comercios distribuidos en toda el área de la antigua Habana intramuros que merca todos sus artículos en divisa. Habaguanex continúa siendo importante.

Pero sea cual sea el origen del nombre de la capital de la “siempre fiel isla de Cuba”(pensábamos que el canciller español, Miguel Ángel Moratinos, se iba a quedar para la efemérides), el caso es que La Habana cumplirá el próximo 16 de noviembre 490 años.

Claro, ya La Habana no es la misma de Habaguanex y Ocampo, ni siquiera es la misma de hace 50 años. Perdió la magia de lo simple y lo cándido, aunque todavía cuenta con esbeltas palmas reales y frondosas ceibas.

Ahora existen más de siete mil cuarterías donde muchas familias subsisten hacinadas. En algunas de esas ciudadelas no hay siquiera un servicio sanitario colectivo.

También cuenta con decenas de barrios insalubres donde no sería para nada dramático escribir a la entrada de esos sitios “Dejad fuera toda esperanza”.

Pero no todo es así, a la geografía habanera aún pertenecen Siboney, Atabey y Miramar, otrora barriadas de personas de solvencia económica. Lo que ha cambiado desde hace medio siglo a la fecha es que esas áreas pasaron a ser ocupadas por la vanguardia.

En esos lugares y parte del Nuevo Vedado, viven “los más altos representantes de la clase trabajadora” y sus familiares y allegados. Los condenados a estar en el poder.

Esa es la zona del mayor experimento social de La Habana. Esos sacrificados quieren conocer como vivirán los habaneros dentro de otros 490 años de continuar el actual sistema político en la isla. El Ministerio del Interior prohíbe a otras personas, seguramente para que no se vean expuestas a un experimento tan fuerte, residenciarse en esas barriadas.

Pero La Habana continúa siendo la capital de todos los cubanos. Eso bien lo saben los residentes de otras provincias, sobre todos los de la región oriental, que cuando llegan a esta ciudad y quieren quedarse sin permiso de residencia, los encierran en un hospitalario calabozo, los días o semanas que sean necesarios, y luego los montan en un tren (el pasaje no se lo cobran, dadivosa que es la policía en La Habana) y los mandan de regreso a su patria chica.

De toda la vida, pasada y presente, de La Habana seguro hablará su historiador el próximo día 16. El doctor Eusebio Leal es un hombre de amplísima cultura y verbo abarcador. Es tan abarcador, que por lo regular, no importa el tema, siempre menciona a Fidel Castro y al “General Presidente”. Debe tener algún contrato extra para los comerciales políticos.

Pero a pesar de todo, sin que importe para nada su vejez, La Habana es escorpión, y se asegura que los nacidos bajo ese signo aman con intensidad. En algún momento tendremos que ser recíprocos y devolverle su esplendor y su manto de maternal y benévola acogida para que pueda continuar siendo capaz de amar con amplitud y por infinidad de siglos.


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