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Las cuatro I

Enviado por Redacción el 5. Noviembre 2009 @ 00:28 En Sociedad | Ningún comentario

Sociedad/ Salud Pública

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Cubamatinal/ Profesional: persona que ejerce su profesión con relevante capacidad y aplicación. Queda claro el concepto general, pero cuando se trata de la salud humana, la dimensión que alcanza el termino, se extiende hasta los sentimientos mas profundos, para darle ese matiz único que solo exhibimos los médicos de verdad.
 

Por Dr. Sinué Escolarte

La Habana, 4 de noviembre/ A diario se escucha quejarse a la población cubana, tanto del trato como de la conducta terapéutica o investigativa del que “les toca en su consultorio”, creado por El Hombre Mas Bueno Del Mundo en función de proteger, vigilar y mantener sanos a sus pacientes de manera gratuita, tratándolos como seres bio-psico-sociales. Desacreditan con justificadas razones a los mismos que acuden al llamado de la revolución en misiones internacionalistas “por solidaridad”, dejando su población a merced de la suerte y el oscurantismo, a veces, mejores soluciones para ellos. El que a continuación les narro, es uno de los tantos casos que he podido comprobar del uso de las cuatro i.

Tito, es un vecino noble, afable, casi analfabeto, buscavida honrado, mestizo, de 41 años, fumador, bebedor, sedentario, sobrepeso, comilón de sal y grasas de origen animal. Buenísima gente ademas de tener una ética poco común para su clase. Sus padres hipertensos, la abuela materna y un hermano de 45 años fallecidos, eran diabéticos, con lo que asume una carga genética importante. Tito se quejaba de dolores de cabeza frecuente. Le habían diagnosticado con los rayos x de Superman, por no haber placas, una supuesta sinusitis frontal e impuesto antibióticos reiteradamente sin mejoría. Teniendo en cuenta los antecedentes familiares, le hice una toma de presión en condiciones básales, sin síntomas. El esfigmo marcó 160/110, que de repetirse en otro momento  como ocurrió, la incluía en el rango de moderada-severa, con una frecuencia cardiaca de 90 pulsaciones por minuto.

Le llené investigaciones de rutina. Algunas estaban en el limite de lo normal pero el electrocardiograma sugería un aumento  del tamaño de la cavidad ventricular izquierda del corazón. Conociendo lo mentirosos que son estos queridos trazados y lo mal realizado que en su mayoría se comprueban, lo mandé a un ex alumno cardiólogo para realizarle un ecocardiograma que también puse en duda, aunque él no encontró hallazgo patológico. En mi apreciación, Tito era un hipertenso de bastante tiempo de evolución, lo que corroboré con un fondo de ojo en el que habían daños en los vasos de su retina. Con todo esto podía fácilmente convertirse en diabético en corto plazo si continuaba con ese estilo de vida sin adecuado tratamiento.

Le expliqué los factores de riesgo a eliminar, lo que debía incorporar, cambiar y comer, en lo que se conoce como tratamiento no medicamentoso, el primer paso cuando se intenta controlar este tipo de afección. Una semana después las cifras se mantenían. Le administré una de mis tabletas de enalapril y al día siguiente se había normalizado, se sentía bien, contento, notaba la diferencia. Había adquirido, calidad de vida.

Ante la imposibilidad de seguir atendiéndolo, confeccioné un resumen de historia con todos los detalles: factores de riesgo, afectación en órgano diana, clasificación de su presión, para que asistiera a su medico de familia organizado y completo. Con la prescripción de media tableta de enalapril 20 miligramos diario, el de mejores resultados hasta hoy en ambas entidades y de primera línea en estos casos al detener e incluso invertir la progresión. Que le evolucionase la tensión, tuviera en cuenta una prueba postpandrial y, subiera la dosis del pril si lo estimaba necesario.

Mi nuevo encuentro con Tito me deparó disgusto al comprobar que su “profesional” de salud, le había dicho que no entendía nada a pesar de esmerarme por escribir legible. No revisó las investigaciones, no lo examinó ni tomó la presión, no escribió en la historia clínica y le puso dos medicamentos juntos que adquirió, sin tener en cuenta que nunca antes lo habían tratado, sin valorar que ambos pueden acelerar la proximidad del proceso progresivo a  diabético. Probablemente le molestaron las sugerencias, por eso ni siquiera tuvo en cuenta la razón ni la ciencia.

 Cuantas veces había acudido Tito a su consulta con cefalea y nunca le diagnosticaron la hipertensión? Estos pacientes pueden sufrir infartos o accidentes vasculares encefálicos “inesperados”, por descuido y negligencia profesional. 

Si no entendió lo que escribí, como pudo sin examinarlo, interrogarlo, ni ver las investigaciones, suministrarle no uno, sino dos medicamentos de una vez, que incrementan la resistencia a la acción de la insulina como son, el atenolol y la clortalidona, con los cuales sobrecarga el trabajo del páncreas, agotando sus reservas para que sume entonces las dos patologías que con mayor frecuencia dañan definitivamente los riñones: diabetes e hipertensión arterial. Algunos científicos piensan que se trata de una misma enfermedad con expresiones clínicas y metabólicas diferentes, por compartir la carga de tener de base incremento de la resistencia insulinica.

La clortalidona con un periodo posologico de hasta 72 horas, la indicó diario, como muchos otros. Este medicamento ha quedado en desuso en el mundo civilizado, debido a sus efectos negativos al elevar el azúcar en sangre, ácido urico, colesterol, triglicéridos, disminuir el sodio, fosfato, potasio y magnesio, con lo cual se hacen proclives a eritrocitosis relativa, dolores musculares, debilidad física, arritmias cardiacas y muerte súbita. Los ancianos que no beben agua por razones de olvido, degeneración del centro de la sed, falta de costumbre y ausencia de ofertas gastronomicas, cuando la usan, si se le agrega el intenso calor tropical y las perdidas de liquido por el sudor y el aliento, se mantienen próximos a la deshidratación y a veces con un vomito, o una diarrea, se desorientan por deshidratación establecida, siendo clasificados al llegar al hospital, como isquemia cerebral transitoria, con todas sus consecuencias de ingreso, mal trato, agresiones, pésima alimentación, falta de higiene, complicaciones respiratorias por encamamiento y, muerte. A pesar de estos peligros, es la clortalidona, uno de los diuréticos hipotensores más empleados en nuestro país, por sus innegables efectos reguladores de la presión, aunque el costo en salud a largo plazo, sea superior al beneficio.

Hace poco y tal vez en el mejor momento de mi carrera, decidí el retiro entre otras cosas, por no poder continuar soportando y combatir sin adaptarme, a la presencia constante de lo mal hecho por las cuatro i en la potencia medica que vendemos al mundo, que pregonamos orgullosos. Indolencia. Incapacidad. Insuficiencia e Irresponsabilidad profesional, con lo más preciado que puede tenerse en las manos. La salud y vida  del hombre. 


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