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El paternalismo imprescindible
Enviado por Redacción el 30. Noviembre 2009 @ 02:44 En Cuba | Ningún comentario
Cuba/ La realidad tras los discursos

Cubamatinal/ El Totalitarismo criollo, con su muy lépera facilidad para jugar con las palabras, pretende ahora enmascarar su paso a una economía capitalista de estado como si se tratase de una campaña “contra el paternalismo”. Para eso, definen a este como el “excesivo proteccionismo practicado por Papá Estado a favor del niño pueblo, dando por hecha la superioridad estatal y rebajando al pueblo a la condición de pichón, parásito que vive a expensas del aparato de gobierno, cuando en realidad ocurre todo lo contrario, como escribiera un conocido actor en carta reciente al Director del periódico Granma.
Por Rogelio Fabio Hurtado
La Habana, 26 de noviembre /PD/ Detrás de cada una de esas gratuidades, hay un golpe más propinado contra el oprobioso pasado capitalista, a tenor con las recomendaciones de Lenin, corregido y empeorado por el Dr. Guevara, cuya peculiar crítica del socialismo real comienza por deplorar la NEP, aplicada por el momificado líder para que los rusos tuviesen algo más substancial que un discurso que llevarse a la boca. ¡Menos mal que la polémica de 1964 la ganaron Dorticós y Carlos Rafael!
Tomemos, para empezar, los comedores obreros. En la Cuba de ayer existían tanto las fondas como los trenes de cantina, además de familias que habilitaban sitios en sus mesas para que se satisficiese esta necesidad. Esto funcionó así hasta la calamitosa ofensiva revolucionaria que en 1968 arrasó con todos esos timbiriches y chinchales donde se explotaba al pueblo. Los explotadores, vencidos una vez más, tuvieron que convertirse en empleados estatales o aprovecharse del puente Varadero-Miami. Así, dejaron casas y propiedades al generoso gobierno revolucionario, quien se complació en repartirlas entre sus partidarios, listos como cachorros para compartir la presa.
Como vemos, el estatalismo ocupó los espacios sociales vorazmente y convirtió al pueblo en un subordinado, al que en vez de servir, utiliza como elemento humano imprescindible, asalariados a quienes se les paga salarios mínimos, a la vez que se les prohibía cualquier actividad lucrativa independiente. Hasta no hace mucho, el aparato argumentaba el monto de las prestaciones sociales (las hoy llamadas gratuidades indebidas) como paliativo de los ínfimos ingresos devengados por los trabajadores. Este procedimiento elemental que evita al dinero como forma universal de pago, recuerda al que los hacendados terratenientes utilizaban mediante vales que sólo podían hacerse efectivos en la tienda del propio hacendado. Excluyo de responsabilidad al viejo Ángel, porque su hijo a quienes copió fue a Lenin y, sobre todo, a Stalin, no en balde llamado por sus adláteres Gran Padre de los Pueblos.
La asunción por parte del Estado de todas las funciones propias de la sociedad civil, centralizaría recursos y decisiones y facilitó la planificación y el empleo racional de todos los medios disponibles para dar respuesta a las necesidades colectivas. Visto así, en teoría y de lejos, parece sabio y de lo más inteligente, a medida que trata de hacerse realidad empiezan a saltar los tornillos y a reventarse las costuras. Entonces, se echa mano a las herramientas ideológicas y represivas; se exigen esfuerzos decisivos, se proclaman batallas de todo tipo, por la producción, contra el mosquito, de ideas; se recurre a todo, excepto a replantear los fundamentos del sistema, a los que están ligados los intereses vitales y concretos de la selecta minoría que timonea el cacharro estatal.
Mientras existió la URSS, a cuya sombra medraba a duras penas el llamado Bloque socialista, las catástrofes se remediaban de cierta manera, incluso los grandes líderes podían dedicarse por entero a ganar batallas reales por teléfono. El Paraíso se desinfló cuando la Madre Patria de los comunistas del mundo se desmerengó.
El resto del cuento que nos ha traído hasta aquí es bien conocido: cada oveja tuvo que buscársela por su lado cuando el Bloque se disolvió. La mayoría desechó el modelo irreal, pero nuestro liderazgo gritó ¡Socialismo o muerte! y se aferró al poder político, mientras el económico se les iba de las torpes manos, atrofiadas por tantos años de órdenes y aplausos.
Con la supresión de los comedores obreros y la inminente desaparición de la Libreta de Abastecimientos, (N del E. cartilla de racionamiento) el viaje de vuelta al modelo de economía de capitalismo monopolista de estado sería un hecho, para beneficio de la minoría políticamente solvente, que está obligada para sobrevivir a aferrarse a sus privilegios políticos, puesto que el Gran Terrateniente no les ha entregado otro tipo de vales.
Está por ver cómo nos la arreglamos las tres generaciones de hijos que, tras 50 años de obediencia al Papá, ahora quedaremos huérfanos.
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