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¿Posición Común o Convenio Cuba-UE?

Enviado por Redacción el 7. Diciembre 2009 @ 00:04 En Cuba | Ningún comentario

Cuba/ Acerca de la nueva “camancola”

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Cubamatinal/ En los últimos tiempos han circulado noticias insistentes sobre posibles cambios en la actitud asumida por la Unión Europea (UE) con respecto a Cuba. Lo más frecuente es que esas informaciones estén vinculadas con el actual gobierno de la Madre Patria y su ministro de Exteriores, señor Moratinos Cuyaubé, de cara a la ya cercana presidencia española de esa importante coalición de países del Viejo Continente.
 

Por René Gómez Manzano

La Habana, 4 de diciembre/ Pero no sólo las autoridades peninsulares abordan ese tema, pues no han faltado altos funcionarios de la Comisión Europea que han visitado recientemente nuestro país y han formulado declaraciones que básicamente apuntan en el mismo sentido.

Ese tipo de enfoques se ha basado a menudo en valoraciones que han hecho esas personalidades acerca del supuesto talante de cambios que caracteriza a la “nueva” dirección cubana que encabeza el general de ejército Raúl Castro. A fuer de sincero tengo que decir que esas evaluaciones se me antojan sacadas de una imaginativa obra literaria de ciencia-ficción, pues especular acerca de la esencia cambiante de un régimen que hasta el momento se ha distinguido justamente por su inmovilismo me parece el colmo de la falta de objetividad.

Uno de los temas recurrentes de eso que ya va adquiriendo visos de ofensiva propagandística europea es el de la conveniencia de eliminar la llamada Posición Común de la UE con respecto a Cuba, adoptada hace años; como se sabe, ese documento recoge los planteamientos esenciales que los países del Viejo Continente le hacen al nuestro con vistas a que sean eliminadas las violaciones de los derechos humanos que tienen lugar en el Archipiélago.

Como abogado, no tengo objeciones de principio que hacerle a la idea de que esa Posición Común sea sustituida por un acuerdo bilateral entre Cuba y la UE. Como se sabe, el gobierno de La Habana se ha venido negando sistemáticamente a aceptar ni un solo punto del documento europeo, alegando para ello el carácter unilateral que éste tiene. Lo último no es mentira, pero cabe objetar que la Posición Común parte de la base de otros textos que, debido a su carácter internacional y aun mundial no pueden ser tildados de unilaterales, como sucede con la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, de la que Cuba es signataria, pero que es violada sistemáticamente por el régimen castrista.

De todos modos, si las autoridades de Bruselas desean hacer un guiño a las de La Habana y darles la posibilidad de que “salven la cara”, no creo que quepa censurarlas por ello. Lo importante es otra cosa: que las justas demandas unánimes que durante lustros le ha hecho la UE al gobierno comunista cubano no queden en el camino; que la elaboración del convenio bilateral no se convierta en un pretexto para diluir por completo la posición de principios de Europa o para reemplazarla por un simple trozo de papel mojado.

Incluso se ha dado el caso de que el señor De Gucht, comisario de Cooperación y Ayuda Humanitaria del bloque comunitario, ha aludido a la conveniencia de no mantener, con respecto a Cuba, raseros que no se aplican a otros países del Tercer Mundo. Debo rechazar ese argumento, y ello por varias razones.

Ante todo, debo señalar que creo que preferible no adentrarme en los vericuetos de las relaciones de la Unión Europea con terceros países. Confieso que, en realidad, no poseo una información detallada sobre toda esa serie de estados independientes de Asia y África, e ignoro en qué medida las políticas internas de uno u otro de ellos atenten o no contra los derechos humanos y contra la postura de principio adoptada al respecto por la UE.

Pero en el caso de Cuba me parece evidente que el razonamiento del alto funcionario de Bruselas es insostenible. Nuestra Patria está en el Hemisferio Occidental, y se sabe que —felizmente— el continente americano es, desde hace años, una tierra de libertad y democracia. A pesar de algunos acontecimientos inquietantes que han tenido lugar en algunos de los países enclavados en él (especialmente en la fraterna Venezuela), en todas esas docenas de estados imperan regímenes democráticos, en los que se reconocen y en lo fundamental se respetan los derechos de los ciudadanos.

Nuestro Archipiélago es un caso aparte, totalmente diferente. La República de Cuba se ve, dentro del contexto hemisférico —y dentro del mundo occidental en general— como la clásica mosca en el vaso de leche. Obviamente, no sucede así en África o Asia, en las que, hablando a grandes rasgos, una serie de países se encuentran donde mismo estábamos muchos latinoamericanos hace veinte años: sometidos a regímenes autoritarios; a hombres, no a instituciones; sufriendo sistemáticas violaciones de los derechos humanos. Pienso que constituiría una verdadera falta de respeto —no sólo al pueblo cubano, sino también a la opinión pública de todo un continente— desconocer ese lamentable rasgo peculiar que posee nuestro país y valorar eso que constituye una verdadera anomalía como algo aceptable.

Por otra parte, pienso que si en verdad la UE ha adoptado actitudes acríticas con respecto a determinados gobiernos no democráticos de África y Asia, tal vez lo que se debía pensar en cambiar son esas posturas que se apartan de los principios, y no las que sí se ajustan a éstos, como la reflejada en la Posición Común.

Las semanas y meses venideros nos sacarán de dudas. Si se acomete la tarea de elaborar un convenio Cuba-Unión Europea —y todo parece indicar que así se hará—, deberemos estar atentos a los términos en que se redacta y —sobre todo— a la manera en que el gobierno castrista cumplirá (o violará) lo que en él se pacte.


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