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Liechtenstein

Enviado por Redacción el 19. Diciembre 2009 @ 15:47 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario

Cartas a Ofelia/ Crónicas

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Cubamatinal/ París, 9 de diciembre de 2009.

Recordada Ofelia;

Subimos al tren en Zurich y cincuenta minutos después estábamos en el pueblito de Sargan, en cuya estación de trenes tomamos el autobús por veinte minutos hasta Vaduz. El paisaje por los valles rodeados de las gigantescas montañas de los Alpes es maravilloso, te parece estar dentro de una tarjeta postal. Los bosques con los colores del otoño eran espectaculares. Sólo por admirar esta grandiosa naturaleza vale la pena el viaje hasta la capital de Liechtenstein.

Este principado situado entre Suiza y Austria de sólo 160 kilómetros cuadrados y 34 000 habitantes, es un fragmento de la antigua Confederación Germánica. Fue creado como principado por el emperador Carlos V en 1719 a favor del príncipe Jean Adam de Liechtenstein, aunque el pequeño estado logró su verdadera independencia sólo en 1806.

En lo alto de la montaña se encuentra el castillo medieval, residencia oficial de los príncipes y por tal motivo no se puede visitar. A sus pies, el burgo se extiende a lo largo de varias calles paralelas repletas de restaurantes, cafés, tiendas de lujo, bancos y sedes de empresas internacionales.

Después de visitar el interesante Museo Postal y el Kunstmuseum (Museo de Bellas Artes), del cual ya te escribí una crónica, recorrimos la calle Städtle, en cuyas aceras están colocadas numerosas esculturas en bronce de grandes artistas, entre ellas una mujer de Botero, varios caballos, el nadador, etc.

Es una ciudad inmaculadamente limpia, sin pobres, marginales ni vagabundos, en cuyas aceras abundan los hombres vestidos de traje y corbatas y las mujeres con trajes sastre, que salen o entran en los inmuebles de las grandes compañías internacionales. Es decir, ¡es una ciudad my rica!

Regresamos a Zurich y nos fuimos a cenar a la Bodega Española ( Münstergasse 15), aunque la decoración es muy castiza, los mariscos que cubrían el arroz de la paella valenciana que pedimos estaban quemados, parece que al cocinero le costó trabajo descongelarlos. Por otra parte, vimos cuando el camarero tomaba los panes ya manoseados por clientes que se habían ido, para ponerlos en las nuevas cestitas en las mesas de los nuevos clientes. En estos tiempos, esa falta de higiene no es recomendable.

Después nos fuimos a recorrer el bohemio y encantador barrio de Oberdof, en donde nos tomamos un digestivo en el Bar Papa Joe’s. Las banderas cubanas y de los U.S.A. flotaban en la fachada, mientras que en el interior del bar nos parecía estar en un bar de la calle Duval de Key West.
Un gran abrazo,

Félix José Hernández.


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