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Madrid y Alcalá de Henares, diciembre de 2009
Enviado por Redacción el 4. Marzo 2010 @ 20:44 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario
Cartas a Ofelia/ Crónicas de Madrid
Cubamatinal/ París, 3 de marzo de 2010.
Inolvidable Ofelia;
Tengo tantos apuntes tomados de los últimos seis viajes, que he decidido terminar de contarte hoy el que hicimos a la capital de nuestra querida Madre Patria durante las Navidades. Ya te escribí sobre los museos, teatros y exposiciones, ahora voy a contarte ciertas anécdotas, algunas de las cuales muy originales con su picaresca.
Estábamos el 20 de diciembre en el vetusto aeropuerto parisino de de Orly esperando el vuelo de Iberia 3409. Pasaba el tiempo y sólo al cabo de más de dos horas, al fin anunciaron la salida. Nos dirigimos hacia la puerta de embarque. La azafata que debía recoger los billetes y pasarlos por la máquina anunció que primero subirían a bordo los pasajeros que tuvieran billetes para las filas 15 a 35, pero en la pantalla del televisor que estaba sobre ella apareció “Filas 15-353”, lo cual hizo sonreír a varias personas, entre ellas nosotros. Hubiera sido el avión más grande jamás existido.
Tomé una foto de esa pantalla, lo cual desató la ira de una señora que gastaba el uniforme de Iberia.Me dijo en forma muy autoritaria: “¡está prohibido sacar fotos en el aeropuerto!” Le pregunte dónde estaba escrito, que me lo informara. Se quedó callada y su mirada fue como la que hubiera dirigido un cruzado a un sarraceno en la época medieval. Al pasar juno a ella le desee unas muy Felices Navidades, pero no me contestó.
Durante el vuelo había que pagarlo todo, desde mi asiento “ortopédico”, pues mis rodillas chocaban con el espaldar del asiento delantero, pude sólo obtener un vaso de agua, eso sí, acompañado de una bella sonrisa profesional de una agraciada azafata. Iberia no tuvo el savoir faire de brindarnos aunque fuese un vaso de zumo de frutas a manera de compensación por las dos horas y media de atraso de su vuelo París Madrid.
Al llegar al modernísimo aeropuerto de Barajas, tomamos el tren de cercanías que nos llevó al centro de la ciudad, a la Plaza Bilbao. Estuvimos hospedados durante siete días en el cómodo Hotel Ibis,cuyo personal es simpático y profesional. Tengo que destacar la gran amabilidad de Laura, la chica de la recepción, que nos dio infinitas informaciones para que nuestra estancia fuera agradable.
Encontré muy original que la publicidad del filme “Adulterios” de Woody Allen, cubriera el primer piso de un hotel.
A pesar del frío, la nieve y la lluvia, la decoración deslumbrante de luces, pesebres y árboles de Navidad, daban una belleza extraordinaria a la ciudad.
Fuimos en metro hasta la bella Estación de Atocha, tristemente célebre a causa de los atentados del M 11, que enlutaron a Madrid. En su centro se encuentra un verdadero jardín botánico. Desde allí nos dirigimos al Museo Reina Sofía, del cual ya te escribí.
Al salir de éste nos vimos una cafetería que está frente a Atocha, nos sentamos en la barra del fondo a la izquierda a merendar. Nos sirvió un camarero de unos 50 años, gordito, de bigotes. Cuando le pedí la cuenta me dijo: “25 euros 20” Le precisé que me parecía que se había equivocado. Se viró de espaldas y comenzó a sacar cuentas en un papelito con un lápiz, entonces exclamó:”tienes razón, son 20 euros 20”. No deseaba discutir, pero por mi cuenta eran 15 euros 20. Le pedí el recibo y me dijo que allí no se daba éso. Pagué, el metió el dinero en su bolsillo y… colorín colorado. Quedó todo libre de impuestos y yo timado. Pero no quise discutir. No valía la pena complicarme la vida en mi primer día en Madrid.
Al doblar de la céntrica Puerta del Sol, en la esquina de las calles Espoz y Mina, se encuentra un restaurante cubano llamado La Negra Tomasa, allí fuimos a almorzar. Se come correctamente un combinado por 8 euros cincuenta, pero si pides un tamal aparte, éste te cuesta 7 euros 50. Estuvimos hablando con varios empleados, todos son inmigrantes latinoamericanos, ninguno es cubano. Me puse a observar las paredes cubiertas de fotos y entre ellas había fotos del Ché, Fidel Castro cortando caña, niños pioneros con sus pañoletas rojas, Omara Portuondo, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y muchos otros compañeros, incluso una bandera cubana, un altar con la Virgen de la Caridad y un escaparate con objetos de los cultos sincréticos afrocubanos. Le pregunté al camarero quién era el dueño del local y me dijo que era un español. Te confieso que almorzar con una foto del Ché cerca de mí me provocó que tuviera que tomar un Malox para evitar una mala digestión.
Frente al restaurante hay una tienda llamada La Mina, cuya fachada está cubierta por grandes carteles con La Virgen de Regla, La Virgen de la Caridad, El Santuario del Cobre y los siguientes escritos: trabajos de santería, despojos, rompimientos, amarres, santería milagrosa, orishas, etc. Entramos y nos parecía que estábamos en una Botánica de Miami. Entre tantos objetos para ritos sincréticos, se encontraba el célebre libro El Monte, pero la vendedora no lo conocía. Al ver que yo lo hojeaba, se me acercó y me dijo: “es un buen libro sobre brujería.” El gran José Martí tenía razón : “la ignorancia mata a los pueblos y es preciso matar a la ignorancia.”
Al salir del espectáculo de flamenco del gran Joaquín Cortés, Calé , en el Teatro Nuevo Apolo, pasamos por un pasillo del metro donde había siete cubos en colores colocados en el piso, pensamos que sería una obra de arte contemporánea, pero no, era simplemente para recoger las gotas de agua que caían del techo.
Algo impresionante fue el cartel que vimos en una vitrina de la calle de Alcalá, se trata de la foto de un tete sobre el pavimento de una calle con el escrito: “Antes de dejarme en la calle haz una llamada. 012 Muchas familias quieren adoptarme. Comunidad de Madrid.”
En el céntrico y vetusto Cine Callao, vimos la película Avatar. Ambientado en el planeta Pandora, los terrícolas llegan a buscar minerales y a exterminar a los aborígenes. Sólo una científica (Sigourney Weaber) y un ex marine (Jake Sully) se ponen del lado de los invadidos. El 60% de las imágenes son digitales y sólo un 40% es real. De nuevo James Cameron, después de Titanic, ha logrado un éxito planetario. ¡El hombre tiene talento! Me parecía que estaba en un cine cubano como El América o El Astral, pues en París, todos esos cines de los años 40 y 50 desaparecieron con la rara excepción de Le Grand Rex. Los nuevos son en forma de anfiteatros. Una curiosidad fue que en los servicios sanitarios, sobre cada urinario hay una pieza de mármol con un cenicero en forma de concha plateada de metal.
Después del cine nos fuimos a almorzar al restaurante cubano Cuando Salí de Cuba, en el callejón Ternera, a sólo dos manzanas de El Callao. Comimos muy bien junto a un busto del gran Ernest (el de Por quién doblan las campanas y El Viejo y el mar) y en la pared una foto de Tony Curtis de cuando fue a cenar allí. Fuimos atendidos por una amable chica oriental, que estaba esperando de un momento a otro la llegada desde la Isla del Dr. Castro de su esposo y su hija. Imagino el impacto que recibiría esa niña al llegar a un Madrid que lucía en aquel momento sus mejores galas navideñas.
En el elegante Café del Círculo de Bellas Artes un antipático camarero nos exigió el pago inmediato del chocolate con churros. ¿Tendremos caras de alguien que se escapa sin pagar? Al centro del Café , bajo una bella araña, se encuentra la escultura de una mujer que trata de escapar del bloque de mármol. Está tan sucia que propongo que a ese camarero, por tratar mal al público, le pongan como penitencia que la limpie con un buen cepillo y líquido enjabonado.
Fuimos a la Misa del Gallo a la Iglesia del Carmen. Al terminar la misma, nos dirigimos a la Capilla de la Virgen de La Caridad del Cobre. Le tomé una foto y después me arrodillé a rezar, como cada vez que voy a mi querido Madrid. Pero de pronto unos dedos golpearon fuertemente mi hombro izquierdo mientras un hombre me decía:
-¡Oe aquí no se saca foto! -Mi indignación fue grande
-¿Cómo se permite usted interrumpirme mientras estoy rezando?- le dije.
-Poqué ya te dije que tú no pué sacá foto aquí, yo soy el que vigila.
-Mire señor, esa Virgen es la mía, pues soy cubano y si quiere llame al señor párroco.
-Yo tambié soy cubano y…¡ lágate de aquí y no venga ma a sacá foto!
- Qué Dios te perdone pues estamos en Navidad. –Fue lo único que se me ocurrió decirle.
¡Es la primera vez en mi vida que me expulsan de una iglesia!
En Francia el 31 de diciembre el señor que sea Presidente se dirige al pueblo y siempre termina con: ¡Viva Francia! ¡Viva la República! Pero en España no, vimos a Don Juan Carlos de Borbón y al Sr. Zapatero por la tele y no dijeron ¡Qué Viva España! Unos amigos me dijeron que eso podría recordar el ¡Arriba España! franquista, creo que es posible.
El Sr. Zapatero al dirigirse a los militares que cumplen misiones en diferentes países del mundo y al pueblo español en general les deseo ¡Felices Fiestas! Sin embargo, fue curioso, que cuando fueron pasando por la tele las respuestas de los jefes militares españoles en diferentes países todos terminaran con ¡Feliz Navidad!
El viernes 25 de diciembre, temprano en la mañana fuimos a la renovada Estación de trenes de Chamartín. Tiene una gigantesca pared en forma de cascada azul que es espectacular. Pasamos el día en Valladolid con la encantadora familia Domenech. Recordé aquellas Nochebuenas y Navidades en las casas de mis abuelos maternos y paternos con toda la familia reunida: abuelos, tíos, primos, etc. El regalo que nos hicieron Fernando y Carmen al invitarnos a pasar ese día tan señalado con ellos y su familia fue extraordinario.
Al día siguiente estuvimos en casa de Consuelo, la simpatiquísima y bella hermana de Carmen, donde merendamos con un delicioso chocolate espeso español y Roscón de Reyes.
Nuestro último día en la Madre Patria fue el 27 de diciembre. Por la mañana fueron a buscarnos al hotel nuestro gran amigo Miguel Ángel y su simpático y amable hijo. Fuimos a Alcalá de Henares a visitar la Casa Natal de Cervantes (1547-1616). Allí vivió su infancia. En este museo se muestra la forma de vida de una familia acomodada castellana de los siglos XVI y XVII. Aparte de los muebles y la decoración, en las habitaciones que dan al patio central en donde se encuentra el pozo, hay un importante fondo bibliográfico de ediciones cervantinas de diferentes épocas y en muchos idiomas.
En la acera hay un banco con una estatua de bronce de Don Quijote en un extremo y Sancho Panza en el otro. El ambiente que reinaba en la bella ciudad era de fiesta, pudimos ver un desfile de juglares y saltimbanquis con trajes medievales. Miguel Ángel nos invitó a un magnífico almuerzo en El Rodeo, taberna situada en la calle Libreros.
Posteriormente nos acompañaron hasta el aeropuerto de Barajas a la estación T4, debíamos tomar el vuelo de Iberia 3410 de las 5y 40 p.m. Llegamos casi dos horas antes, pero tuvimos una muy desagradable sorpresa. Al llegar frente a los mostradores con una fila única, presenté los billetes electrónicos a la azafata de tierra que estaba conversando con un uniformado empleado de Iberia. Ella me dijo que tenía que ir a las máquinas y allí obtendría nuestras tarjetas de embarque, escogeríamos los asientos y la tira a pegar en la maleta, que después regresáramos y sólo tendríamos que entregar la maleta en el mostrador.
Le pregunté si había alguien que pudiera ayudarme, pues nunca lo había hecho en una de esas máquinas. El hombre que hablaba con ella me dijo de una forma muy altanera: “¡si sabes leer lo puedes hacer!” Le respondí: “sé leer en: castellano, inglés, francés e italiano, pero no sé cómo funciona la máquina”. Ante lo cual con una mirada de gran desprecio me volvió a tutear y me dijo: “pues arréglatelas como puedas”. La chica se puso pálida. Nos dirigimos a las máquinas y allí había una empleada cuyo trabajo era ayudar a los pasajeros en ellas. Le conté lo sucedido y me pidió disculpas en nombre de Iberia.
Cuando volvimos a la fila, ya con nuestras tarjetas de embarque, los asientos asignados por la máquina y la etiqueta de destinación para la valija, le dije a la empleada que iba a quejarme por el maltrato a Iberia. Ella hizo un gesto de resignación sin decir una palabra.
Una señora que estaba detrás de nosotros, que escuchaba mis palabras me dijo: “señor, a usted él lo tomó por un sudaca, así nos tratan aquí.”
Es una lástima que personas como ésas den una imagen tan mala y falsa de lo que es Madrid. ¡Creo que Iberia tendría que escoger mejor a sus empleados que están en contacto directo con el público!
Un gran abrazo desde la Ciudad Luz,
Félix José Hernández.
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