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A siete años de aquella primavera

Enviado por Redacción el 22. Marzo 2010 @ 01:22 En Derechos Humanos | Ningún comentario

Derechos Humanos/ Testimonio de un preso de conciencia

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Cubamatinal/ Hoy se cumplen siete años de la fatídica Primavera Negra de 2003. Las autoridades de La Habana llevaron a prisión a 75 disidentes pacíficos. Imagen de una “prueba terrorista” aportada por las autoridades.
 

Por Pablo Pacheco Ávila

Prisión Provincial Canaletas, Ciego de Ávila, 18 de marzo /PD/ Recuerdo que dos vecinos de mi localidad, me avisaron del aparatoso operativo en la casa de mi colega Pedro Arguelles Morán. Sin perder un instante me personé en mi bicicleta en casa de Morán.

Hoy rememoro los hechos y no me explico cómo llegué hasta allí, sin que la policía política se percatara de mi presencia.

Yolanda, la esposa de Pedro, abrió la puerta. Noté el minucioso registro efectuado por más de una docena de militares. El jefe de este operativo, teniente coronel José Mariño, me salió al paso y me dijo que me fuera del lugar. Arguelles Morán, visiblemente molesto, le dijo:

-¡Usted no tiene derecho a decidir las personas que pueden visitarme! ¡Esta es mi casa!

Para evitar una confrontación, obviamente muy desigual, me marché y me escondí hasta el fin del registro para después consolar a Yolanda.

Conservo en la memoria las palabras de Morán aquella tarde-noche: -Pablito, me han informado que seré acusado y juzgado de acuerdo con la Ley 88 o mordaza, es decir, podrían ser 20 años de privación de libertad.

Tiempo después comprendí que nuestro juicio estaba predeterminado mucho antes que los registros efectuados a los disidentes implicados.

Luego, regresé para consolar a Yolanda. La encontré desolada. Apenas 17 horas después, cuando dormía abrazado a mi hijo golpearon la puerta varios militares del G2. También se personaron médicos y los testigos. Estos últimos decían estar agradecidos a mi esposa, quien los atendió en ocasiones por su condición de médico. Mintieron, aún así los perdono y no les guardo rencor. Fueron sólo piezas de una partida de ajedrez.

Fui esposado y conducido a la sede de la policía de Seguridad del Estado de Ciego de Ávila. Semanas después, mi esposa me informó sobre la conducta de los oficiales de la policía de Seguridad del Estado. Fueron implacables. No respetaron el sueño de mi niño que sólo contaba cuatro años. Ni mi esposa ni mi hijo han conseguido recuperarse de tan violento proceder.

Quizás lo más sobresaliente en esta historia es lo que la policía de Seguridad del Estado encontró como pruebas incriminatorias contra mí. Lo primero fue acusarme de ser representante de la llamada “mafia de Miami”. Nunca fui acusado de mafioso. Esto significa que las personas arrestadas en aquella Primavera Negra somos los únicos mafiosos que no poseemos ni un perdigón de escopeta de aire. A esto agréguese 563 noticias. Así dice mi sentencia. Lo más terrible es que siete años después, la prensa oficial recoge críticas al sistema aún más fuertes, que las que formulamos en aquel momento de 2003.

Otras “pruebas” encontradas por los policías del G2 fueron un radio de fabricación china marca Tecsun, una cámara fotográfica, una mini grabadora para periodistas, casetes de video, una batería, un cargador de baterías con dos pilas, un adaptador de video, un par de audífonos de radio, un cable para antena de radio, una máquina de escribir con más de cincuenta años de explotación, un aparato de fax Panasonic que compré al estado en una Tienda Recaudadora de Divisas de la provincia de Camagüey, numerosas biografías, medicamentos, sazonadores Goya, certificados del Banco Nacional y de Western Union, hojas de papel en blanco, lapiceros, libros, entre ellos ‘Cartas a Elpidio’ del padre Félix Varela, un informe de Reporteros sin Fronteras, revistas Hispano Cubana, revista ‘Encuentro con la Cultura Cubana’, Manual de Periodismo y otros documentos, revistas y libros de información abierta.

He enseñado mi sentencia a muchos presos. Primero dudan y luego se consternan ante lo que consideran un verdadero ensañamiento. Luego, de forma invariable, manifiestan su admiración por el Grupo de los 75 y por cada uno de los que desafía a un gobierno como éste, capaz de hacerlo todo por mantenerse en el poder.

La respuesta que yo y mis hermanos de lucha damos de forma invariable es: -No importa, Cuba debe ser servida en estas y aún en peores circunstancias.


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