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Los sobrevivientes
Enviado por Redacción el 30. Mayo 2010 @ 12:25 En Opinión | Ningún comentario
Opinión/ Tragicomedia del día a día

Redacción Cubamatinal/ Un viejo cuento de la supervivencia especilizada en que se ha convertido el día a día del cubano de a pie, relata; ¿Como se da la extramaunción en árabe a un cubano?, primero se le pide una última confesión (en árabe) a lo que el moribundo contesta, “¡Jamás, jamé jamón!”, entonces el clérigo responde cerrando el acto, ¡Jamás lo jamarás!.
Por Alejandro Ríos
Miami, 29 de mayo/ El Nuevo Herald/ En un precursor documental de Alberto Roldán, “Una vez en el puerto”, del año 1963, ya una familia cubana se queja del mal estado de su casa, donde del techo asoman amenazantes vigas oxidadas a punto de desprenderse. En otro testimonio esencial, el filme Havana, de Jana Bokova, que data de 1990, el vecino que vive en un segundo piso de cierto solar habanero amanece en la primera planta luego de un derrumbe.
En un audiovisual más cercano, Hogar dulce hogar, de los directores Hansel Leyva y Christian E. Torres, realizado en el 2009, sobre el estado precario en que se encuentra la arquitectura de Guanabacoa, una de las ciudades históricas más ilustres de Cuba, la persona que trata de colar café en su cocina siente que el piso cede y aparece magullado en la primera planta de la otrora distinguida Casa de las Cadenas.
Ajena a la arrogancia y distancia de los intelectuales cubanos oficiales, quienes tratan, denodadamente, de convencer a no se sabe quién que Cuba está sometida a una feroz campaña mediática con capitales en Estados Unidos y España y que cuando ceda la presión foránea todo va a regresar a los mejores años del patrocinio socialista internacional, se encuentra la mayoritaria población cubana que trata de evitar, a toda costa, que el techo le caiga encima.
Muchos de esos sobrevivientes es ahora que se enteran del desafío semanal de las Damas de Blanco y de la entereza de Guillermo Fariñas y su legendaria huelga de hambre porque la prensa oficial y otra que se filtra los ha mencionado a propósito de unas conversaciones con representantes de la Iglesia Católica que no van a variar la naturaleza incómoda y represiva del régimen.
Han estado muy ocupados en vencer el día a día y sus agudas carencias, que nunca llegan a la hambruna africana, por supuesto, pero que incapacitan para considerar la libertad como un concepto respetable y posible.
Ya olvidaron las promesas incumplidas del primer Castro y pierden las esperanzas con las tenues alternativas de cambios del segundo. No los dejan intervenir en impostergables transformaciones económicas o sociales y luego son acusados, públicamente, de ser constructores o agricultores incompetentes, esperando las cada vez más limitadas dádivas de papá-estado.
Las remesas de los que se fueron y las redes del mercado sumergido suplen necesidades perentorias, como el aceite o el jabón y hasta algún que otro gusto petulante, para la situación, como un ajuar de Dolce y Gabbana.
La ansiedad por consumir es como una olla de presión a punto de estallar luego de cincuenta años del catecismo social austero al cual nunca se atuvieron ni se atienen las clases dirigentes de primer nivel.
Hace rato que los jóvenes abjuraron del credo revolucionario donde no obtienen ningún beneficio ni espiritual ni material. La vida está en otra parte y tanto Silvio Rodríguez como Carlos Varela pertenecen al período Jurásico de la simulación, el primero para ser denostado por el exilio consecuente y el segundo para ser admirado por los emigrantes.
Puestos a escoger entre el impresentable Machado Ventura, representante de la más rancia militancia partidista, y Alexander, líder del grupo de reggaeton Gente de Zona, la opción más que nunca sigue estando en la acera del vacilón porque los jóvenes ya han perdido bastante tiempo con tanto inmovilismo, entre los mayores, y guardan la no tan secreta esperanza de que algún día serán dueños de su destino.
Los sobrevivientes hacen su murumaca de subsistencia cotidiana mientras la fijeza insufrible de un sistema comienza a dar señales de un giro dramático en esta tragicomedia costumbrista sin fin.
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