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Oposición convencional frente a un gobierno anticonvencional
Enviado por Redacción el 27. Junio 2010 @ 23:57 En Latinoamérica | Ningún comentario
Latinoamérica/ Una pelea cada vez más perdida

Cubamatinal/ Cuando Hugo Chávez apenas tenía cinco meses en el poder, suficientes para que él y sus secuaces ya hubieran mostrado indicios de la naturaleza autoritaria prototalitaria que ya se intuía en su objetivo político fundamental. Imagen: La lista completa de Hugo Chávez y sus secuaces, es la lista principal de los culpables de la actual tragedia sociopolítica de Venezuela.
Por Manuel Rodríguez Mena*
Caracas, 26 de junio/ Diario de América/ “Un memorable alerta que sucumbió entre el desaire y el desgaire. Una responsable advertencia desoída durante años y por eso estamos en la trágica situación de hoy.”
Sirvan estas palabras para presentar la publicación de nuevo, once años después, del memorable discurso –memorable de verdad verdad como lección permanente– del compatriota y conciudadano Jorge Olavarría en el Congreso Nacional, el 5 de julio de 1999, cuando Hugo Chávez apenas tenía cinco meses en el poder, suficientes para que él y sus secuaces ya hubieran mostrado indicios de la naturaleza autoritaria prototalitaria que ya se intuía en su objetivo político fundamental y la intención subversiva destructora del sistema democrático representativo que se percibía en su estrategia principal, tal como Olavarría lo dijo en su discurso:
Pero estas no son las amenazas de un reformador de lo que se niega tercamente a ser reformado. Son los anuncios de un destructor.
El discurso de Jorge Olavarría pretendió ser, con pleno derecho y cabal legitimidad, un alerta temprano sobre la amenaza despótica de esa cosa horrenda que los venezolanos hemos venido llamando “chavismo”, y que en buen romance no deberíamos llamar sino “castrochavismo”, porque es eso lo que es.
La publicación del discurso de Olavarría en vísperas del 5 de julio de este año tiene varias significaciones, pero aquí menciono sólo algunas de ellas.
La primera, la de rememorar la perspicacia intuitiva y el gesto de valentía cívica y personal de Jorge Olavarría.
La perspicacia de haber sabido prever –sobre la base de los vicios y defectos mostrados y delitos cometidos en apenas cinco meses de abusos de poder– la amenaza cierta de llegar a un régimen tiránico despótico de hegemonía absoluta y total sobre la sociedad venezolana. Y reclamar el compromiso y la acción concreta de todos los venezolanos de bien, especialmente de aquellos que en ese entonces eran o decían ser dirigentes partidistas, líderes sectoriales y analistas profesionales, a que se incorporaran a un movimiento colectivo para enfrentar el proyecto totalitario. Así lo dijo:
Mañana nadie podrá declararse eximido de responsabilidad, si hoy cada quien no asume la responsabilidad que le corresponde. Sin egoísmos. Sin cobardías.
Para las revoluciones que están revolucionando al mundo de hoy, la retórica heroica de las revoluciones de ayer, de poco vale. Esa retórica heroica no nos hace más ricos, ni más sabios, ni mejores ciudadanos. No nos consuela de lo que somos, con el recuerdo de lo que fuimos. Lo que ellos hicieron ayer, no nos exime de lo que nosotros, aquí y ahora, debemos hacer hoy.
La valentía que vale en el mundo del siglo XXI, no es la valentía del asaltante temerario. Es la valentía del saber, la valentía del trabajo, la valentía del dominio de una tecnología que ha cambiado al mundo en los últimos años, más que todos los cambios del milenio que concluye y que va a cambiar la dinámica política de las sociedades humanas a extremos que la imaginación no alcanza a imaginar.
Esa debe ser la valentía de los venezolanos que tienen que ser valientes en el siglo XXI.
Para ellos, los venezolanos que hoy y ahora tenemos alguna responsabilidad, debemos tener, hoy y ahora, el valor y la decisión que se necesitan para enfrentarse a la orgía de insensatez demencial que nos empuja hacia atrás. Que nos lleva a desandar caminos andados. Que nos induce a repetir errores cometidos.
Si los venezolanos nos dejamos alucinar por un demagogo dotado del talento de despertar odios y atizar atavismos de violencias, con un discurso embriagador de denuncia de corruptelas presentes y heroicidades pasadas, el año entrante Venezuela no entrará en el siglo XXI. Se quedará rezagada en lo peor del siglo XX. O retornará a lo peor del siglo XIX.
Valentía de verdad verdad, porque habló contra el poder desorbitado frente a frente del poder en su cúspide, desde su modesta condición de simple ciudadano, como él mismo lo dijo:
He dejado hablar al venezolano angustiado que tengo dentro. Porque no somos pocos los venezolanos que estamos angustiados por las tempestades que van a provocar los vientos de odio, de ilegalidad y de violencia sin razón ni sentido, que hoy se están sembrando. Es a esos venezolanos angustiados a los cuales les he hablado.
Quiero pedirle a todos los compatriotas cívica y moralmente decentes de nuestro país (la inmensa mayoría de no chavistas y antichavistas) que escucharon el discurso por televisión, que mientras vayan leyendo de nuevo el discurso, mantengan en la mente la imagen del simple ciudadano sin poder real ni institucional, de pie física y moralmente, desafiando la ira del tirano en inicios sentado en la silla del poder supremo. Es la imagen ejemplar más contundente que los venezolanos hayamos tenido desde febrero de 1999.
La segunda, el ingrato recuerdo de los días, semanas, meses y años posteriores al discurso. La convocatoria heroica sucumbió entre el desaire y el desgaire de los principales destinatarios. Los venezolanos vimos y aún vemos todavía, que buena parte de los dirigentes partidistas y líderes sectoriales se negaron y todavía se niegan a cambiar el estilo tradicional, individualista, burocrático y predominantemente mediático, tanto en discurso como en acción, de hacer oposición o disidencia. Así mismo, con pocas excepciones, los analistas profesionales y voceros de opinión en los medios de comunicación han mantenido hasta hoy el discurso crítico convencional exclusivamente científico-técnico-formal, once años después, sin la penetrante crudeza de Olavarría.
La tercera significación se ubica en el presente y permitirá una provechosa comparación entre los dos momentos sociopolíticos: 5 de julio de 1999 y 5 de julio de 2010.
Por los vientos que están soplando, no es una insensatez pensar que será el propio sanedrín castrochavista el que se encargará de escoger al orador de orden en la Asamblea Nacional. Poco importa que nada sepa de Historia. Lo importante es que sea la mejor de las marionetas para que diga todo lo que el poder castrochavista desea que se diga, aprovechando la coartada de la celebración patriótica. Es también importante que sea además el más incondicional de los reptiles, dispuesto a volcar sobre los venezolanos la descarga de adulación, alabanzas y lisonjas al lider de la pandilla. No se olvide que estamos en año electoral.
Esto hace importante difundir el discurso de Olavarría lo antes posible, y mantenerlo en el sitio web hasta el día 5 del próximo mes de julio. La comparación entre los dos discursos nos dará una buena noción de la degradación general que se le ha impuesto a la sociedad venezolana.
Oposición convencional frente a un gobierno anticonvencional
Una pelea cada vez más perdida
La historia de lo ocurrido entre el 5 de julio de 1999 y el presente, es bien conocida de todos los venezolanos.
Los dirigentes partidistas, los líderes sectoriales y los analistas profesionales mantuvieron su apego a los métodos y procedimientos convencionales que habían venido aplicando, algunos de ellos durante largo tiempo. En el caso de los dirigentes y líderes, quizás porque no estaban preparados para enfrentar a una novedad anticonvencional que desde el primer momento llovíó a cántaros desde el poder, temiendo quedar desguarnecidos si renunciaban a ejecutar solamente lo único que habían aprendido a ejecutar para ir a embarcarse en nuevas formas de lucha. En el caso de los analistas profesionales, la mayoría ha venido actuando en todo ese tiempo en el marco exclusivo del saber convencional, vale decir, la erudición puramente científica y/o técnica, en el contexto de una rígida neutralidad profesional que ha terminado deviniendo en inocuidad crítica.
En todos estos años han sido producidos juicios críticos sobre la acción política y la gestión gubernamental del régimen castrochavista, por parte de dirigentes partidistas, líderes sectoriales y analistas profesionales, pero con un lamentable rasgo común en la mayoría de ellos: los gravísimos efectos negativos de tales acción política y gestión gubernamental son atribuidos a errores, omisiones, equivocaciones, incapacidad, desidia, irresponsabilidad, indolencia, ignorancia, etc.
En casi todos estos años, nunca se mencionó que los enormes daños causados a la sociedad venezolana tenían como causa única la estrategia capital del régimen castrochavista: la destrucción de la democracia representativa y de su concomitante económico el sistema capitalista liberal de propiedad múltiple de los medios de producción. Estrategia cuya ejecución es condición sine qua non del logro del objetivo supremo de implantación de un régimen militarista totalitario de hegemonía absoluta y total sobre la sociedad venezolana.
Mientras dirigentes partidistas, líderes sectoriales y analistas profesionales del mayoritario lado no chavista estuvieron dedicados a las actividades propias del ajetreo electoral y/o a los juicios críticos sobre la acción política y la gestión gubernamental, ¿a qué se han dedicado Hugo Chávez y sus secuaces del régimen castrochavista?
Simplemente, por un lado, a llevar adelante, con más prisa que pausa, la ejecución de su estrategia capital de destrucción de la democracia representativa y de su concomitante el sistema económico de libre empresa con propiedad múltiple de los medios de producción, sin confrontar ninguna cortapisa sociopolítica seria de parte de lado opositor, disidente o crítico. Y por el otro lado, ir montando el andamiaje legal de su objetivo supremo, el régimen militarista totalitario, con máscaras como “leyes revolucionarias”, “leyes socialistas”, “leyes populares”, etc., mientras dirigentes partidistas, líderes sectoriales y sobre todo analistas profesionales, al criticarlas como lo que el régimen anuncia que son, las califican de “equivocadas, contraproducentes, carentes de fundamentación jurídica seria”, etc.
Por todo esto es por lo que una pequeñísima minoría de venezolanos consideramos, y así lo decimos cada vez que nos dejan, que la lista completa de Hugo Chávez y sus secuaces, es la lista principal de los culpables de la actual tragedia sociopolítica de Venezuela, pero no es la lista completa de los culpables.
También por todo ello, esta pequeñísima minoría de venezolanos venimos postulando públicamente desde el año 2006 que la única posibilidad de intentar detener el avance destructor de la estrategia capital y la construcción del andamiaje legal que soporte la implantación del régimen militarista totalitario, es la conformación orgánica y funcional de un MOVIMIENTO DE MOVIMIENTOS en la forma de una UNIÓN NACIONAL DE FRENTES SOCIALES POR LA LIBERTAD Y LA DEMOCRACIA Y CONTRA EL TOTALITARISMO, con multiplicación por miles de líderes y activistas a todos los niveles, a lo largo y a lo ancho del país, con dinámica propia y autonomía de acción, siempre que se apeguen infaliblemente a la consigna única del movimiento.
Hasta hace poco, nuestra postulación no logró sino desaire y desgaire similares a los que hicieron sucumbir el visionario y valiente alerta del compatriota Jorge Olavarría.
Con años de retraso, algunos dirigentes partidistas, líderes sectoriales y analistas profesionales, han comenzado a hablar de “la necesidad de formar un gran frente de defensa democrática” que se parece pero no es igual al Movimiento de Movimientos que nosotros hemos propuesto desde el año 2006, pues nosotros le pusimos como condicionante sine qua non la multiplicación por miles de los líderes y activistas a lo largo y ancho del país, en tanto que en la propuesta reciente en lo que se piensa es en la incorporación masiva de pueblo bajo la dirección centralizada de los dirigentes partidistas y líderes sectoriales que han venido actuando desde 1999, con resultados que hoy están a la vista de todos.
Lo demás es hacer lo mismo con distinto nombre, decir las cosas de distinta manera para terminar diciendo lo mismo y pretender ganar una guerra usando luces de bengala contra un enemigo armado con misiles.
*Economista. Miembro del personal docente y de investigación de la Universidad Central de Venezuela desde el año 1965. Ex-Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la UCV. Profesor jubilado de la UCV
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