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¿Nuevos tiempos?
Enviado por Redacción el 4. Julio 2010 @ 12:34 En Sociedad | 1 comentario
Sociedad/ ¿Nos pedirán avales del CDR para entrar a la iglesia?

Cubamatinal/ Recientemente tuvo lugar en esta capital la Semana Social Católica, con la presencia de un alto dignatario eclesial romano y de numerosos intelectuales invitados. Sin embargo, fueron excluidos de la misma dos prominentes políticos católicos cubanos, de participación muy destacada en anteriores eventos de esta índole.
Por Rogelio Fabio Hurtado
La Habana, 4 de julio /PD/ Tanto Dagoberto Valdés como Oswaldo Payá optaron en principio por guardar silencio, acaso para subrayar la injusta exclusión de la que fueron víctimas. Lamentablemente, estas prácticas de abuso de poder por parte del Sr. Cardenal Ortega no son nuevas, más bien forman parte del repertorio habitual de este prelado.
Es obvio que la ausencia de estas figuras es un “gesto” para complacer y tranquilizar al régimen respecto a la envergadura de la posición política de la jerarquía eclesial, que no ha dejado de tomar aristocráticas distancias respecto a la corajuda disidencia cubana, de la que no quiere ni puede ser “mediador”, porque no la conoce, el Sr. Cardenal. Para eso siempre le ha faltado “el acento en la incumbencia”, como decía Lezama que había dicho Unamuno.
Cuando Oswaldo Payá ganó el Premio Zajarov, quienes editábamos la Revista Espacios nos dispusimos a celebrar la noticia con un reportaje que presentase a los laicos habaneros las palabras pronunciadas por éste al recibirlo. Cuando nuestra intención llegó a oídos del Arzobispo, citó a nuestro Director, Joaquín Bello, para prohibirlo, con el peregrino argumento de que “todas las publicaciones católicas no tenían por qué reproducir esa noticia.” En su lugar, publicó en su predilecta Palabra Nueva una gélida carta, donde más que felicitarlo, lo congratulaba por no hacer partícipe a la institución de sus inquietudes políticas.
Respecto a Dagoberto Valdés, es de sobra conocida la hostilidad que despertaban en el Sr. Cardenal tanto su inolvidable Revista Vitral como el Centro de Formación Cívica que animaba este en el Obispado pinareño, con el apoyo irrestricto de ese Obispo ejemplar, hoy pasado a retiro, Monseñor José Ciro González Bacallao. Quienes tuvimos el privilegio de conocerlo en su modesto Obispado pinareño, sabemos que parecían iglesias diferentes. Si en el Palacio Arzobispal de Habana y Tejadillo sobraban el silencio y la sospecha, allá en Pinar del Río se sentía uno acogido y amparado de todo mal.

Dagoberto Valdés y Monseñor José Ciro González
Cuando, en más de una ocasión, los voceros oficiales del régimen calumniaron y amenazaron tanto a Dagoberto Valdés como al también ejemplar Obispo Meurice, cuyo viril pronunciamiento durante la histórica visita papal nunca le han perdonado, me quedé esperando que el Sr. Cardenal acudiese en su defensa. Aquello no le pareció “acoso mediático”.
La visita del Monseñor Mamberti parece un éxito de imagen pública para el régimen, a juzgar por las imágenes divulgadas por el Noticiero Nacional de TV. Todos esperan que la cifra de presos políticos liberados aumente sensiblemente, y esto será muy positivo, pero aún no será un indicio seguro de novedad, puesto que ha ocurrido antes y no ha impedido que los calabozos vuelvan a repletarse de opositores.
La garantía mínima de la autenticidad de ambas partes sería que invitasen a participar de este diálogo, a figuras representativas de la oposición, tanto residentes en Cuba como en el exilio. Para el régimen, ese sacrificio de su habitual arrogancia significaría una prueba de su disposición a reconocerle al pueblo cubano los derechos humanos y políticos que hasta la fecha ha secuestrado. Para la Iglesia, sería la certeza de obrar como Madre y Maestra de todos los cubanos y no de conspirar con la porción de ellos que cree hoy más poderosa, para obtener migajas del banquete.
A decir verdad, a lo largo de la década de los 80 un número cada vez mayor de cubanos comenzó a retornar al Templo. La conmoción social vivida durante el verano de 1980 cambió la vida no sólo de quienes emigraron, sino de otros muchos que rompieron con las apariencias y quedaron al margen de sus profesiones, marcados por la frustrada salida del país.
Estas personas acudieron casi por obligación a las comunidades católicas, donde se les acogió. Luego, con el ejemplo de Polonia, algunos dimos por seguro que también la Iglesia nos cobijaría culturalmente. Cuando comenzaron, en los primeros años del llamado Periodo Especial, a salir las primeras revistas, lo dimos por seguro. Sin embargo, este proceso no fue irreversible. Las mañas del Departamento Religioso del PCC dieron al traste con aquellos que habíamos patentizado nuestra disidencia. Entonces, la jerarquía clerical nos abandonó. Esos son los cimientos de la alianza que ahora se proyecta.
Dios quiera que el espacio de la Iglesia Católica no esté cerrándose definitivamente para los desobedientes. Pudiera ser que mañana el párroco, antes de confesarnos, nos pida el autorizo del CDR.
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