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El bailarín ruso de Montecarlo

Enviado por Redacción el 6. Julio 2010 @ 22:48 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario

Cartas a Ofelia/ Crónicas

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Cubamatinal/ París, 5 de julio de 2010.

Mi querida Ofelia;

Invitado por una universidad española, Constantino Augusto de Moreas, habanero de 60 años aterriza en España después de toda una vida en Cuba, enclaustrado en su investigación erudita sobre José Martí. De pronto, decide faltar al congreso al que está invitado en Zaragoza, quema su pasaporte cubano en el lavamanos del baño del hotel, deja su vieja maleta en un latón de basura en una esquina y decide desertar y tomar un tren para Barcelona. Sólo llevará consigo un libro Memorias de Ultratumba del gran François-René de Chateaubriand.

Estévez escribe que de pronto  “como por arte de magia me abandono la lejana e irritante sensación habanera de saberme observado.

Perseguido. Importunado. Investigado.” Al interés de conocer cómo se vive en su idolatrada Europa, Constantino une su afán de darle cierto sentido a su mortecina vida, y recobrar viejas ilusiones, viejos amores que han quedado arrumbados por el tiempo y el pudor. Se aloja en una pensión del Raval, intima con Patti-Bazán, la obesa dueña con la que irá tejiendo una relación que de invadente y casi repulsiva, se convertirá en complicidad.

Paulatinamente, descubre que la realidad es más dura de lo que sospechaba. Lejos de La Habana y de lo que fue su mundo, sólo una imagen fantasmagórica reaparece en sus recuerdos: la de un viejo compañero en una zafra azucarera, un bello bailarín clásico desnudo y empapado en sudor que en el albergue cañero, le promete, en su juventud (1969), que acabaría actuando en la celebérrima compañía creada por Diaghiliev: los Ballets Rusos de Montecarlo. ¿Es el viaje una huida, una última oportunidad que quiere concederse el protagonista, un ajuste no descifrado de su pasado, o la asunción de su final?
En la página 127 podemos leer el siguiente párrafo:

“Además no lo molesto, me oculto. Soy hábil en eso. Ya lo he dicho, durante años aprendí a ocultarme, a pasar inadvertido. Cuando uno vive en un país donde el gran ojo del Big Brother acecha hasta el más mínimo detalle, la única defensa posible es la inmaterialidad. Naturalmente con el Big Brother no hay inmaterialidad que valga. Pero al menos cierta dosis de impalpabilidad sí se puede conseguir”

En la página 132:

“Suelo pasear por la Rambla del Raval. Bajo a veces hasta la ronda Sant Antoni. Me siento en la plaza Jean Genet. Doy la vuelta por Drassanes. Subo hacia las Ramblas. De vez en cuando, me acerco al mar. Me atrae el mar. Por motivos diversos, supongo. Me encanta el mar porque me libera y porque el Apóstol lo detestaba. Con su falsedad habitual, con su pretendida humildad, decía preferir «el arroyo de la Sierra». Como ya he explicado, José Martí, el objeto de mi estudio, fue sin él quererlo (ni yo tampoco) mi gran antagonista.)”

En la página 149:

“Como declara una frase famosa y seguramente correcta, nadie duerme camino del patíbulo. Cierto que nadie dice, y debe de ser asimismo indiscutible, que resulta imposible conciliar el sueño luego de haberse salvado del patíbulo. Yo, que he huido de Cuba, puedo asegurarlo.”

La novela es bella y profunda, sin lugar a dudas Estévez es un gran escritor.

Te reproduzco las críticas aparecidas en dos grandes periódicos españoles:
“La fuerte imaginación, la excelencia verbal y la constante finura de Estévez permiten leerlo siempre con placer.” Miguel García-Posada. El País.

“Una capacidad prodigiosa para crear figuras humanas ricas y sugeridoras, definidas y evanescentes.” Santos Sanz Villanueva. El Mundo.

Abilio Estévez nació en La Habana en 1954, y en la actualidad reside en Barcelona. Se licenció en lengua y literatura hispánicas y cursó estudios de filosofía en su ciudad natal.

Ha escrito tres magníficas novelas unánimemente aclamadas por la crítica: Tuyo es el reino, merecedora del Premio de la Crítica Cubana 1999 y, en Francia, del Premio al Mejor Libro Extranjero 2000, Los palacios distantes, seleccionada por La Vanguardia como Libro del año en 2004, y El navegante dormido, que han visto la traducción en más de ocho idiomas. Es también autor de Inventario secreto de La Habana , del volumen de cuentos El horizonte y otros regresos, de las prosas poéticas Manual de las tentaciones -ganadoras del Premio Luis Cernuda 1986 y del Premio de la Crítica Cubana 1987-, y de varios textos teatrales, entre ellos los monólogos Ceremonias para actores desesperados. Con ironía, con ternura y con una creciente emoción, la novela El bailarín ruso de Montecarlo ejecuta en cinco movimientos una maravillosa pieza de cámara con la que Abilio Estévez demuestra sus dotes de gran narrador.

Te lo haré llegar con el primer amigo galo que vaya para San Cristóbal de La Habana.

Un gran abrazo desde La ciudad Luz de quien te recuerda con inmenso cariño,

Félix José Hernández.

El bailarín ruso de Montecarlo.

Abilio Estévez.

Editores Tusquets

Colección Andanzas.

194 páginas

16 euros

ISBN: 978-84-8383-239-4

Ilustración de la cubierta: diseño del vestuario de Léon Bakst para Nijinski, para la obra L’après-midi d’un faune (1912, guache sobre papel); L’art décoratif de Léon Bakst, de Arsene Alexandre y Jean Cocteau.

© The Bridgeman Art Library / Getty Images.
 


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