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En silla de guerra
Enviado por Redacción el 9. Julio 2010 @ 23:37 En Opinión | Ningún comentario
Opinión/ El viejo y la muerte

Cubamatinal/ Debo confesar que la orientación de las últimas Reflexiones del Compañero en Jefe me inquieta. Hago esto consciente de reconocerme uno de sus lectores habituales, condición que la mayoría de mis pocos lectores calificarán de masoquista. Estoy listo a admitir que vacilo el sufrimiento.
Por Rogelio Fabio Hurtado / Caricatura: Ilei Urrutia
La Habana, 8 de julio /PD/ Todo comienza por el inesperado hundimiento del barco sudcoreano. Aunque el sentido común apuntaba a un probable error técnico de los vecinos norcoreanos, nuestro experto, veterano de estas lides, dio por seguro que se trataba de un remake del Maine, urdido por esos malditos para garantizarse la permanencia de una base militar en la isla japonesa Okinawa. Aunque esa fantasiosa carambola me parece de artificio, puedo aceptarla de un taco tan afamado. Incluso un periodista desconocido se apresuró a denunciarla, si bien parece que los políticos de las naciones de más peso parecen no haberlo leído, ni al periodista ni al que reflexiona, pues persisten en culpar a los coreanos del Norte, unos buenazos de siempre.
Ya por ahí cogió el hilo: los títeres de Seúl emprenderían represalias y ya estaría encendida otra guerra calientica, al parecer con el objetivo de sabotear la Copa Mundial de Futbol. Por cierto, siendo este compañero un enemigo jurado de la pelota esclava, no entiendo cómo puede disfrutar del espectáculo más profesional del mundo, como no sea por sus afinidades con Maradona.
Días después, otro incomprendido muy amigo suyo, el presidente iraní, quien no le hace la propaganda a las navajitas Gillette, persiste en enriquecer uranio con fines pacíficos desconocidos, que los malditos y sus amigotes temen, por lo que toman acuerdos y sanciones que ni Rusia ni China vetan.
Entonces, mientras el mundo mira rodar el baloncito por la hierba, los malditos van arrimándole a la portería persa una flotilla, lista a hacerle algo más que un tiro de esquina. Gracias a Dios, la pupila insomne del Guardián está atenta. Ya llega otra guerra más, en cumplimiento de aquello de 1, 2, 3, muchos… ¡Nunca es tarde si la guerra es buena!
Ya en la última reflexión, rectifica la profecía: la cosa no empezará por la península coreana (no se sabe qué tibieza han mostrado los tigres de papel) sino por la Persia fundamentalista. Eso sí, tan pronto los israelitas empiecen a afeitarlos, el líder norcoreano no tardará ni un segundo en armarla. Entonces, el reflexivo se pone elegiaco y lo lamenta por los jóvenes y los niños cubanos, a quienes ya ve caer por cientos de miles, eso sí, aferrados a la bandera, como (no) sucedió aquella vez en la pequeña Granada.
Aquí es donde mi preocupación crece, porque no veo por ninguna parte que se tomen las precauciones bélicas más elementales. Ninguna oficina estatal o partidista ha sido abroquelada de sacos de arena. Los afiches que declaran al país en pie de guerra no aparecen en ninguna pared. La propia prensa oficial, aunque reproduce a pie juntillas las Reflexiones, no las enriquece con comentarios. Ni siquiera el simpatiquísimo comentarista Resillez, de la Televisión Cubana, se atreve a hacerlo. Tampoco se ven pasar de aquí para allá camiones rusos cargados de milicianos ni se instalan baterías cuatro-bocas en el Protestódromo, que últimamente sirve de escenario a conciertos de rock, dicen que progresivo, pero los cueros de Pello eran más criollos.
La verdad es que el hombre no cesa de anunciar la guerra, pero no le hacen caso. Incluso, uno de sus más fieles veteranos, el Dr. Armando Hart, se dice empeñado en salvar a la Humanidad con la ayuda de José Martí, en lugar de meter la cabeza en un casco.
Ya al cierre de esta nota, me entero de que el hombre acaba de anunciar que la Copa de Futbol no podrá completar ni siquiera sus Cuartos de Final, a menos que la FIFA no decida acelerar los partidos.
Ahora bien, si el 26 llega y pasa y no ha pasado nada en ninguna parte (la cuerda vida adora esa monotonía), espero que tanto el Profeta como su infiel lector nos tomemos unas muy merecidas vacaciones.
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