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Archivo para 10. Julio 2010
El largo y silencioso camino del registro
10. Julio 2010 por Redacción.
Opinión/ Derecho

Cubamatinal/ ¿Cómo se inscribe una agrupación en el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia? He aquí una pregunta que se nos ha hecho en repetidas ocasiones por muchas organizaciones pequeñas y medianas de la sociedad civil. Y siempre hemos tratado de explicar, de la mejor manera posible, a los que han acudido a nosotros con semejante interrogante.
Por Wilfredo Vallín Almeida
La Habana, 9 de julio /PD/ Pero lo anterior, que en cualquier otro lugar del mundo vendría matizado por un simple tratamiento burocrático de más o menos duración, se torna aquí largo, muy largo…y difícil, por no decir imposible.
Para ilustrar esto, haré un paralelo entre la ley y la gestión que ha realizado la Asociación Jurídica Cubana para esa inscripción. Un ejemplo gráfico y real será el mejor exponente de lo que queremos decir y a donde queremos llegar.
Lo primero que se necesita para inscribirse en el Registro de Asociaciones del Ministerio de Justicia es la asociación misma, puesto que no puede inscribirse aquello que no existe.
Lo segundo es tener la Ley que regula y explica este proceso pues sin ella no se tendría una guía que orientara los pasos necesarios a dar.
Eso fue precisamente lo primero que hizo la Asociación Jurídica Cubana (AJC): crearse…Pero ya aquí comenzaron los problemas.
A una miembro de esa asociación, la policía política le dijo que podían ser enjuiciados dado que no estaban inscritos en el registro correspondiente…o sea, que no podía existir (ni siquiera instantáneamente) una agrupación que no estuviese inscrita, en tanto que a la AJC le parecía que un niño debía primero nacer y acto seguido inscribirse su nacimiento y no a la inversa, puesto que ello sería un absurdo.
Los letrados de la Asociación que nos ocupa, consiguieron la Ley de Asociaciones del Ministerio de Justicia, Ley No. 54 de 1987, la estudiaron minuciosamente y conforme a sus especificaciones, dieron el primer paso en el camino de la inscripción, a saber, solicitaron al Ministerio correspondiente, en este caso al de Justicia, una certificación que acreditara que no existía otra asociación en el país con ese nombre o con iguales propósitos que la AJC… y aquí empezó lo que llamamos “el largo camino”.
Después de cumplirse el plazo reglamentario que señala la ley, comenzó la otra parte a la que denomino “el silencioso camino”, porque a pesar de lo que establece el artículo 63 de la Constitución de la república, a saber, “Todo ciudadano tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a recibir la atención o respuestas pertinentes y en plazo adecuado, conforme a la ley”, el resultado fue… el silencio más absoluto.
Casi un año después, el día 4 de marzo de 2010 (de nuevo el camino largo), la AJC, haciendo uso pleno del derecho constitucional mencionado antes, reiteró su solicitud, esperó una vez más y no recibió, de igual modo, ni atención ni respuesta (nuevamente el silencio).
Ante la callada administrativa que la AJC interpretó como denegación de su solicitud, el presidente de la Asociación, en representación de toda ella, interpuso un Recurso de Alzada ante la Ministra de Justicia la que, al tampoco responder en lo absoluto, puso fin a la vía administrativa e hizo imposible su continuación.
Así las cosas, no ha quedado otra alternativa posible a la Asociación Jurídica Cubana que acudir a la vía judicial, lo cual ya hizo ante la Sala Segunda de lo Civil y de lo Administrativo del Tribunal Provincial de Ciudad Habana, para intentar hacer valer su aspiración como procedería en un verdadero Estado de Derecho.
La AJC no se engaña en relación con el estado de cosas en Cuba y solo quiere agotar prudente y legalmente las vías y procedimientos internos establecidos en el país.
Es prácticamente imposible alentar ninguna fe, credibilidad o respeto a un sistema legal y judicial del cual la propia jefa de la Contraloría General dijo hace apenas unas horas (y fue publicado por el periódico Granma) que en numerosas empresas estatales sometidas a auditoría se detectaron “deficiencias y descontrol administrativo entre otras irregularidades”, siendo uno de los problemas importantes que existen en la isla “el irrespeto a las normas legales”.
Si ellos mismos lo reconocen, ¿qué es posible esperar de todo esto?
De todas maneras, nuestro consejo a toda agrupación que se crea con derecho a hacerlo es que solicite su inscripción en el Registro. Así, cuando sean llevados alguna vez ante los tribunales por “ASOCIACIÓN ILÍCITA” tendrán al menos la convicción moral de que los violadores de la ley… no lo son ellos.
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La lucrativa confrontación
10. Julio 2010 por Redacción.
Opinión/ Otras ópticas

Cubamatinal/ Ya hace más de 50 años que se prolonga el conflicto entre las autoridades cubanas, la oposición y el exilio. En la medida que este se prolonga, no son pocos los que se han instalado en sus respectivos tronos con todo lo necesario para vivir. A medida que ha trascurrido el tiempo, los han ampliado, haciéndolos cada vez más confortables. Al final, sienten pánico a la idea de que la beligerancia se acabe. Cuando algunos de los contendientes hablan de diálogo o acercamiento, rápidamente los apoltronados entran en acción para alentar la continuidad del conflicto y obstaculizan cualquier arreglo entre las partes en pugna.
Por Osmar Laffita Rojas
La Habana, 8 de julio /PD/ Esto es lo que ha ocurrido con las conversaciones entre la iglesia católica y el gobierno cubano. De igual manera, en la reacción desproporcionada, cargada de ofensas y descalificaciones contra los 74 opositores firmantes de una carta en que con todo su derecho respaldaron la suspensión de las prohibiciones de que los norteamericanos puedan visitar de manera normal a Cuba.
También ocurrió con las Damas de Blanco, cuando se intentó fragmentarlas a raíz de una desafortunada carta en que asombrosamente se les pedía a las Damas de Apoyo dejaran de acudir a las marchas dominicales, algo similar a los que las autoridades cubanas por medio de sus órganos represivos les exigían y que ellas en ningún momento aceptaron, como mismo no cedieron ante las bárbaras acciones de las turbas de porristas que las hostigaron con desproporcionado ensañamiento y crueldad.
Diversas organizaciones de la diáspora y algunas figuras representativas del exilio histórico han asumido recientemente posturas muy recalcitrantes contra aquellos que desde su propia perspectiva han decidido apoyar las iniciativas dirigidas a poner fin a las actuales barreras legales que obstaculizan las normales relaciones entre los gobiernos y pueblos de los Estados Unidos y Cuba.
Estos señores han llegado al extremo de acusar de vendidos, de peligrosos idealistas, de estar manipulados por grupos anti-embargo, a todos aquellos que abogan por el diálogo y la reconciliación. En resumen, este sector asombrosamente continúa la apuesta en contra de toda lógica por el estéril enfrentamiento. Algo que como el oxígeno para respirar, también necesitan a diario y desesperadamente, los ancianos inquilinos del fortificado bunker de La Habana.
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Historias de la diáspora VIII
10. Julio 2010 por Redacción.
Cartas a Ofelia/ El testimonio de Loly sobre su conquista de la Libertad.

La Habana 1965. Loly junto a sus padres, abuelos y hermano en
la fiesta de sus Quince.
Cubamatinal/ París, 8 de julio de 2010.
Mi querida Ofelia,
Conocí al padre de Loly cuando yo sólo tenía nueve años. Mi tío Renato trabajaba en el Café Quitana de Galiano y Concordia y era amigo de él. Durante años entré al Teatro América gratis gracias al padre de la que sería a partir de mis catorce años, una de mis amigas del alma. Loly era “el bombón” del grupo: simpática, bella y dulce. Numerosas veces entré por aquel larguísimo pasillo de la calle San Miguel, que conducía a la casa de Loly en el centro de la manzana. Muchas veces tuvimos allí fiestas y reuniones del grupo de amigos adolescentes. Recuerdo que me regaló antes de irse de Cuba dos longs-plays de Nat King Cole en español, que se quedaron en casa cuando yo me pude ir de Cuba. Ahora los tengo en CD y cuando los escucho me acuerdo de ella. También cuando voy al parisino Cine Rex, recuerdo a su padre y al América. Ambos cines poseen una sala muy similar. La familia de Loly era hospitalaria, acogedora y generosa, tenía la rara cualidad de hacerte sentir en tu propia casa.
Siempre que hemos ido a Miami Loly y Roberto nos han recibido con gran cariño y simpatía. Cuando ellos vinieron a La Ciudad Luz, tuvimos el enorme placer de pasear juntos por la ciudad durante una semana. Le pedí a Loly que me diera su testimonio y aquí te lo envío.
Loly- “Mi querido hermano escogido. Me pediste que te hiciera un recuento sobre cómo fue mi travesía y el precio que pagué para poder llegar a conseguir lo que todo ser humano tiene derecho al momento de nacer y que tantos anhelan y nunca podrán conseguir. ¡El precio que tuve que pagar para poder llegar a los Estados Unidos y poder disfrutar de la tan añorada Libertad!
Mi historia más o menos es una de las tantas de las que se ven más que repetidas en muchas familias cubanas, y sobre todo entre aquellos que tuvimos el privilegio o la desdicha de haber nacido en la década de los años cincuenta. Hemos sido partícipes de la turbulenta y engañosa Revolución, que sobre todo más ha consistido en la destrucción para la Isla de Cuba de su mayor riqueza: la familia.
Nací de una familia humilde, honesta y trabajadora, donde aprendí, el respeto al trabajo el honrar a la familia, la lealtad a los amigos, la moral y sobre todo, el amor a Dios. Mi padre mantenía dos trabajos porque como su niñez había sido tan precaria no quería que sus hijos (mi hermano y yo), careciéramos de lo que él y sus diez hermanos tuvieron que carecer. Trabajaba de día en un laboratorio que producía productos de belleza llamados “Toque Final” y en la tarde hasta altas horas de la noche como portero de unos de los mejores teatros de La Habana, el “Teatro América.” Con el fruto de estos dos trabajos ayudaba a la mantención de sus hermanos y empezaba a realizarse en una humilde y pequeña propia empresa, llamada “Tabacos Yahuco.” Bien recuerdo que todos cooperábamos y con mis pequeñas manos me gustaba ponerle los sellos a los tabacos.
Mi pobre padre lo único que hizo toda su vida desde que tenía siete años fue trabajar honestamente y eso fue lo que nos enseñó. Cuando tenía algún tiempo libre le gustaba irse al campo a la cazar de palomas, de las cuales hay unas cuantas anécdotas simpáticas que también te contaré en otra ocasión.
Mi madre desde muy pequeña aprendió de mi abuela el arte de la costura y junto a ésta, ganaban su sustento vistiendo a las elegantes grandes damas de la élite Habanera. Mi madre era una estrella en su género. Hoy en día compararía su trabajo con el gran Oscar de la Renta. Han sido muchas las veces que con nostalgia me pregunto cuál hubiese sido su futuro si hubiese podido haber logrado llegar a conseguir su tan ansiada Libertad. De ella aprendí algo a lo que sólo pude darle su justo valor, después de haber sido madre y fue, el don de la generosidad.
Vivíamos en una modesta casa en la calle San Miguel, en la cuidad de La Habana. Mi hermano y yo cursamos la primera enseñanza en un pequeño colegio privado en la zona del barrio llamado “Colegio América”, del cual guardo gratos recuerdos de mi niñez y donde también nos educaron en base a los principios de la moral, ética, honor y respeto a la sociedad. En él tuve la dicha de conocer, y puedo decir que tengo el honor de conservar, a muchos de aquellos amiguitos de infancia que hoy han pasado a ser parte de mis hermanos escogidos.
Mis padres fueron participantes de aquel “cambio” que querían los cubanos para su Isla, donde no hubiese corrupción. Soñaban con mejores derechos para los cubanos, fueron embrujados y atrapados por el “embrujo” de la Revolución. Pertenecieron al Movimiento 26 de Julio, fueron cómplices de ayudar a que se produjese el “cambio” deslumbrados por aquel Robin Hood barbudo, que ocultaba su maldad bajo un crucifijo que llevaba en el pecho. Aquel lobo con piel de oveja, El Mal bajo la sombra de Cristo.
Llegó el triunfo de la Revolución en 1959 y se formó la confusión, todo se vino abajo, todo aquello por lo que el Movimiento del 26 de Julio había supuestamente luchado. Se acabo la Libertad de expresión, todo pasó a ser propiedad del Estado. Cuba era socialista. Mi padre perdió su pequeña empresa tabacalera. Tampoco pudo ir de nuevo a cazar sus palomas, porque una noche tocaron a la puerta unos “compañeros” vestidos con el uniforme verde olivo armados con unas pequeñas ametralladores checas diciendo que venían a recoger las escopetas porque tenían que ser “donadas” a la Revolución.
Mi madre perdió sus clientas, aquellas grandes damas lo perdieron todo, algunas terminaron en la cárcel. Las que tuvieron visión del futuro corrieron al exilio. El colegio donde estudiábamos también fue expropiado. Nuestros amigos empezaron a desaparecer. Lo peor fue que las familias se dividieron en dos bandos: aquellos que creían en el fidelismo y los “gusanos” apestados. Empezó el miedo a los C.D.R. (Comités de Defensa de la Revolución), pues espiaban a los ciudadanos. Todo lo que creías que te pertenecía era del “pueblo”.
En mi familia, mi padrino fue el primero en salir de Cuba, después le siguió mi tía con mi prima después del desembarco en Bahía de Cochinos, cuando hicieron el famoso canje de los llamados “mercenarios” por la propaganda del régimen (los heroicos brigadistas que fueron hechos prisioneros), por medicinas y otros productos. Ellas pudieron salir en uno de esos barcos que habían llevado cargas a Cuba. La situación iba empeorando y ni idea de que la pesadilla terminase. Había que irse de Cuba. SE produjo el éxodo por puerto de Camarioca y después inició el Puente Aéreo de la Libertad.
Mi tía hizo la reclamación a la familia completa que constaba de mis abuelos maternos, mis padres, mi hermano y yo. Pero como mi hermano ya era mayor de quince años y no podría salir de Cuba. Mi madre tomó la decisión de que sus hijos saldrían primero. Ella no saldría sin nosotros.
Empezó el rumor de que también se implantaría la edad militar para las mujeres y en mi casa cundió el pánico. Mi pobre madre no podía pensar de que me pasara lo mismo y entonces se decidió que tendría que salir por un tercer país y que mis abuelos también lo harían.
Mi padrino dijo que haría la reclamación y los papeles solamente para mí, ya que ellos no estaban en condiciones económica (pues estaban acabados de llegar a los U.S.A.), para afrontar los gastos de los tres.
Mi padre estaba indeciso en firmar mi permiso, puesto que yo era menor de edad y le aterraba el pensar que su niña anduviese sola por el mundo. Mi madre fue más valiente y dijo que no podía a causa del miedo y el egoísmo troncharme el futuro. La decisión estaba tomada, tenía que dejarme ir.
Se presentaron los papeles para poder salir por España, ya había cumplido mis diecisiete años. En cuanto se hizo la petición de permiso de salida me hicieron el inventario. Una tenía que declarar todo lo que poseía. Al ser menor de edad y vivir en casa de mis padres ¿qué posesiones podría tener? Las pocas prendas de valor que teníamos ya hacía mucho tiempo que las habíamos escondido. Lo único que poseía era una cuenta bancaria con la cantidad de $10.00 que tuve que “donar” a la Revolución. Me dieron un papel donde me ordenaron que durante el tiempo de espera para la salida de Cuba, tenía que ir a hacer “trabajos productivos” y me tenía que presentar en determinado lugar, que de ahí me trasladarían a otro para hacerme trabajar al campo.
Terminé en Güira de Melena, en un lugar remoto y para llegar hasta allí era una odisea. Nos trasladaban en unos camiones abiertos soviéticos que usaba el ejército. Para subir a ellos había que ser trapecista de circo. Al yo ser una de las más jóvenes del grupo (las edades oscilaban entre 17 y 75 años), era la primera en trepar para poder ayudar a las personas mayores. Después me tenía que bajar para ayudar a la última para que subiese.
Al cabo de la primera semana era toda una experta. Cuando se ponía en marcha aquel mastodonte de hierro producía un ruido ensordecedor. Cuando frenaba caíamos todas unas encima de otras, ya que no teníamos donde aguantarnos para evitar las caídas. Cuando llovía era peor, pues salíamos resbalando y en ocasiones algunas salieron “volando”.
Al llegar me encontré con un albergue en medio de la nada, que se componía de dos naves, una de concreto con techo de hojalata que tenía luz eléctrica, unas letrinas (huecos en la tierra) y dos llaves de agua ; la segunda era más rústica, sin luz eléctrica, sin agua ni letrina. En tiempos anteriores a la Revolución, esta última se usaba para secar las hojas de tabaco. Por lo que percibí, aquel lugar había pertenecido a una finca tabacalera que seguramente albergaría unos cincuenta trabajadores y allí había en aquel momento unas seiscientas mujeres.
Me tocó como vivienda temporaria la choza rústica, era húmeda y mal oliente, mi primer encuentro fue con una familia de ratas que habían hecho su nido en el techo de la choza. En la noche podía divisar cuando la rata tomaba a sus pequeños por el cogote y los trasladaba de un lugar a otro balanceándose en las vigas del techo, ¿Por qué lo hacía?
Al principio sentí miedo y asco, mucho asco. Me preguntaba: Señor, ¿a dónde me has mandado? Sobre todo Señor, ¿hasta cuándo?
Me tocó dormir en una litera de hierro con una tabla de madera como “colchón”. Mi cama era la primera al lado de uno de los portones de la entrada y cuando en la noche llovía me mojaba.
Para alumbrarme allí estaba la señora Luna, testigo de mis penurias, fiel oyente de mis confesiones que siempre supo guardar mis secretos. Al principio me costaba mucho dormirme, ya después el cansancio me vencía
Mi madre me consiguió una tela fina que me sirvió como mosquitero. En mis cortos años de vida no había conocido aquellos enormes mosquitos. Padecí una infección en las picadas sobre la piel que fue horrible, sobre todo en las piernas, parecía una leprosa.
Para hacer “las necesidades” había que ir al hueco en la tierra. Había muy pocas duchas y sin ninguna privacidad. Nos turnábamos y nos cuidábamos unas a las otras sobre todo para avisar cuando venían “los compañeros”: sinvergüenzas milicianos que venían para espiarnos.
Nos despertaban a las cinco de la mañana con un grito de: ¡DE PIEEEEE! Lo primero que hacían era ponernos a la intemperie para contarnos y asegurarse que ninguna había escapado. Esa práctica era muy común, sobre todo cuando más cansadas estábamos y también cuando llovía. Bajo de fuertes lluvias y con el temor a los truenos, nos despertaban según ellos para contarnos. Podía ser a cualquier hora de la madrugada.
Supuestamente debíamos trabajar de lunes a sábado, con el domingo libre para ir a nuestras casas. Pero hay que tener en cuenta de que estábamos en medio de la nada, sin transporte. Teníamos que ingeniárnoslas para salir de aquel lugar. Mi madre se las arregló con un campesino que tenía un viejo y destartalado tractor, el que por unos pesos, me sacaba al camino más cercano para hacerme el viaje a La Habana menos difícil.
Teníamos que regresar y reportar al campamento el domingo antes de las nueve de la noche y, si por casualidad hacías algo que ellos consideraban como un “delito”, te privaban de ese pase (permiso), dominical
El desayuno constaba de un pan durísimo que teníamos que mojar
para ablandarlo un poco.
Nunca olvidare el primer día que nos llevaron a cortas yerba y a la hora del almuerzo, en aquel mismo camión ruso vinieron los “compañeros” llegaron con una enorme y sucia cazuela. Nos mandaron a hacer una fila para darnos la ración que nos tocaba para el almuerzo, que consistía en agua tibia con unos chícharos flotando junto a unos insectos que se movían aún, acompañado por un trozo de pan duro. Cuando me tocó el turno y tomé mi ración, volví la cabeza y vi una de esas imágenes que se veían en aquellas películas soviéticas que habían invadido las pantallas de todos los cines de La Habana, donde mostraban los campos de concentración nazis con aquellas mujeres prisioneras escuálidas y sucias. Dios mío, allí estaba yo, escuálida, mugrienta, mal oliente, protagonista de mi propia película. Entendí que estaba en un campo de concentración, la diferencia era que no era un campo nazista con cámaras de gases, ni estábamos los años cuarenta, sino un campo castrista de destrucción física y psicológica en el verano de 1968.
Una noche, una tras otra nos fuimos despertando por una gran intoxicación. Más de quinientas mujeres estábamos padeciendo de unas terribles diarreas. Nunca supimos lo que nos habían puesto en la comida y ellos se reían, encontraban muy simpática nuestra tragedia.
Nos querían humillar, eran déspotas, groseros y mal educados. Una vez trabajando bajo un sol ardiente en un lugar apartado teníamos una sed atroz y como no llevaron agua para nosotras, tuvimos que compartir el bebedero con unas vacas que tenían un estanque cercano. No olvido la cara de aquel déspota que nos gritaba: ‘oigan Jacquelines (por Jackie Kennedy, ellos creían ofendernos así y al contrario eso nos honraba.) si tienen sed pídanle permiso a las vacas a ver si las dejan beber.’
Cuánto aprendí en aquel verano con aquellas mujeres de todas los niveles sociales y orígenes étnicos. Muchas estaban enfermas y se desmayaban bajo aquel sol tropical. Había una señora que siempre miraba hacia el cielo e imploraba diciendo:” Cachita virgencita bonita mándanos una nubecita.”
Fueron muchas las veces que Cachita le escuchó mandándonos la nubecita. Pero a cada rato Cachita se equivocaba y nos mandaba un aguacero acompañado por truenos y no sabíamos cómo protegernos.
Todas estábamos allí por un mismo propósito, el de buscar de una manera u otra, salir vía España, México, Costa Rica o por el puente aéreo. Todas estábamos allí para lograr conseguir la Libertad.
Una tarde, como tantas veces hicieron algo sin previo aviso, nos dijeron: recojan sus cosas que van a ser trasladadas. De esa forma no daban tiempo a que alguien pudiese mandar recados a su familia para que supieran hacia adonde nos destinaban. Llego un militar vestido con aquel uniforme verde oliva y una pistola en la cintura. Nos dijo que nos iban a trasladar a una granja avícola.
Dos horas después me encontré en aquella granja. Era de noche. Todavía hoy, después de tantos años, puedo cerrar los ojos y oír el horrible murmullo de aquel lugar.
Cada vez que nos trasladaban hacíamos pequeñas notas con recados y las lanzábamos a la gente que nos tropezábamos por el camino para que nos hicieran el favor de avisar a nuestras familias, algunas veces teníamos suerte.
Me sentí indefensa, tan sola que me embargó la tristeza, ya ni siquiera tenía a la Señora Luna para escuchar mis lamentos. En aquella oscuridad me pregunté: ¿Me estaré volviendo loca? Señor ¿qué he hecho?
De pronto sentí una voz muy alta de alguien que preguntaba: ¿está aquí Dolores de la Caridad Fuentes Alba? Sí, era alguien preguntando por mí. ¿Qué sería lo que querría?
¡Era para decirme que me había llegado la salida!
Se apoderó de mi un gran sentimiento. Lloré y lloré sin consuelo. El Señor estaba dando respuesta a mis preguntas
¡Gracias Señor!
Mi hermano había ido por mí al lugar anterior y allí se encontró con una Luly triste, agradecida y llorosa cambiando su tristeza por alegría al enterarse de que me había llegado el permiso de salida. Por cierto, ¿qué habrá sido de la vida de Luly?
Al fin saldría del infierno ¿Qué me tendría destinado el futuro?
Al día siguiente tuve que presentarme para que me dieran “la baja de la agricultura” Sin ese “papelito” no me dejarían salir, ya que había que presentarlo a emigración en el aeropuerto junto al pasaporte. Era uno de los tantos requisitos del castrismo.
Este papelito lo conservé por muchos años, hasta que un día no sé por qué motivo lo hice arder.
Aún recuerdo las palabras de mi madre cuando empezó mi odisea. Me dijo: “cuando te llegue el momento de partir no mires hacia atrás, tu futuro te espera y verás que las cosas van a ser muy diferentes “
Salí de La Habana en uno de los últimos vuelos de la compañía KLM rumbo a Madrid, el día 24 de Octubre de 1968.
El vuelo hizo escala primero en Jamaica para cargar combustible, después en Trinidad y Tobago por problemas técnicos. Recuerdo haber dormir en un sofá del aeropuerto, tener sed y no poder comprarme ni un refresco ya que no tenía un centavo en los bolsillos.
Pensé: ¡qué importa que me hayan expoliado de todo,ya tengo la Libertad!
Llegué a Madrid y fui a parar a las Cooperadoras Diocesanas, gracias a las gestiones que habían hecho mis tíos.
De Madrid partí rumbo a New York el 14 de Octubre de 1969.
Pensé: al fin llegué a mi meta, ahora a luchar y a empezar mi nueva vida, a forjar mi destino. ¡Viva La Libertad!

Miami 2009. Loly y Roberto.
Un viernes del mes de Octubre de 1970 se produjo un gran cambio en mi vida, conocí al que por treinta y nueve años ha compartido mi vida. Conocí a Roberto Ortega, otro cubano que también como yo, había salido solo de Cuba a sólo catorce años, exactamente un mes antes de cumplir “la edad militar”. Salió vía México y a él también su padrino le había reclamado en 1966.
Estudiando de día y trabajando de noche y los fines de semana pudo recaudar los fondos suficientes para poder reclamar a sus padres y hermana que habían quedado en Cuba. Él también era de La Habana y logró sacarlos vía México en 1968.
Nos casamos el 12 de Junio de 1971. Nuestra hija Lolita nació en 1973 y nuestro hijo Robert en 1977.
Mi madre no logró su sueño de Libertad. Lo peor es que nunca llegó a conocer a sus nietos. Perdió su combate contra el cáncer el 29 de Enero de 1979. El 24 de Octubre de 1968 había recibido el último abrazo de ella.
Logramos sacar de Cuba, durante el éxodo del Mariel en 1980 a mi padre, mi hermano con su señora y los hijos de ésta. Roberto fue en un barco a buscarles. Pero ésa es otra odisea que te contaré en otra ocasión.
Mis hijos son mi mayor riqueza, los cuales me hacen sentir muy orgullosa como espero se sienta mi madre de mí desde el cielo. Ya ellos tienen sus propias vidas y se han labrado sus propios futuros, tuvieron la suerte de haber nacido en Libertad en este gran país.
Lolita se hizo maestra, enseñó en High School y este mes se graduó de la academia de policía del Estado de la Florida. Está casada con un anglosajón y viven en Orange Park al Norte del Estado.
Robert, es un hombre en todo el sentido de la palabra, se graduó de FIU en economía y finanzas. Trabaja en una buena empresa y tiene un lindo apartamento en el centro de Miami.

Miami 2010. Lolita y Robert.
Cada día le doy gracias a Dios, ya que sin la fe no hubiese podido lograr ser Libre. Agradezco a todos los que me ayudaron y me proporcionaron las condiciones para triunfar sobre todo a mis tíos, especialmente a mi padrino, al que guardo en un lugar muy especial de mi corazón.
A mis amigos que se han convertido en mis hermanos escogidos.
A mi madre que me enseñó que en el amor no entra el egoísmo y que a los hijos hay que ayudarles a fortalecer las alas para que puedan volar. He seguido siempre su consejo de no mirar hacia atrás.
Agradezco al país que me dio cobijo, donde aprendí la tolerancia, a respetar a los que no piensan y sienten como yo, donde puedo decir lo que siento, hacer lo que quiero sin temor a la represalia, donde mis hijos vieron por primera vez la luz, donde conocí al hombre de mi vida, padre de mis hijos y fiel compañero.
Hoy, después de tantos años me queda la nostalgia y reconozco que me siento muy americana para ser cubana y muy cubana para ser americana.
En mis oraciones también incluyo a esos verdugos que aunque no lo crean algún día tendrán que enfrentarse al tribunal divino y se hará justicia, ¿o es que se creen impunes?
¿No han aprendido nada de la historia? O es que no quieren reconocer que entre cielo y tierra no hay nada oculto antes los ojos de Dios.
Sí, tiene que haber justicia para el pueblo cubano, para que pueda surgir el perdón. Y todas las noches me sigo haciendo la misma pregunta …¿hasta cuándo?”
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz de quien te quiere siempre,
Félix José Hernández.
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La responsabilidad en esta hora
10. Julio 2010 por Redacción.
Opinión/ Cuidado con lo que pides

Cubamatinal/ Muchos han saludado de algún modo la noticia dada ayer por los medios de comunicación acerca de la liberación de los presos políticos condenados injustamente en la primavera negra del año 2003.
Por Ernesto Antonio Vera Rodríguez*
Santiago de Cuba, 10 de julio/ Según ha podido conocerse a través de un cable de la AFP , el opositor Guillermo Fariñas ha depuesto su huelga de hambre, después de 135 días.
Tanto la Secretaria de Estado Hillary Clinton como la Unión Europea ven la decisión del dictador Raúl Castro como un paso positivo aunque tardío.
Y es que la palabra tardío es el mejor calificativo que puede dársele a hechos como el anunciado ayer por los voceros del régimen.
Durante 7 años, 75 opositores pacíficos han sufrido torturas físicas y psicológicas, maltratos, calumnias de todo tipo y humillaciones. Junto a ellos, sus familiares han padecido debido al odio y ensañamiento de un régimen, que los ha obligado no solo a separarse de sus seres queridos sino a trasladarse por cientos de kilómetros para poderlos ver, con enormes dificultades.
Son conocidas las razones por la que estos nobles hijos de su Patria fueron encarcelados; pero más conocido es también el largo historial que el régimen cubano ya tiene en materia de encarcelaciones y “excarcelaciones”.
¿Cuántas veces no hemos visto la misma historia? ¿Cuántos no han sido encarcelados y excarcelados al poco o mucho tiempo según la conveniencia del dictador de turno?
Pero mejor aún debemos preguntarnos, esto que ha ocurrido en el día de ayer, es digno de aplaudir o estamos en presencia de una nueva táctica para obtener dividendos políticos y económicos.
Ningún ser humano debe ser apresado por emitir o defender sus ideas, mucho menos por agruparse en partidos opuestos al régimen imperante. Eso es lo que normalmente ocurre en cualquier sociedad democrática, y un derecho que todos los Estados democráticos o no, deben respetar, máxime si han sucrito la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El que un gobierno totalitario libere a personas que jamás debieron estar en prisión no es nada nuevo en la historia contemporánea y mucho menos en la de nuestro país.
Cada vez que ha sido conveniente hemos presenciado estos ¨nobles¨ gestos dirigidos siempre hacia un noble adversario que le otorgará o denegará un noble favor a cambio.
Así ocurrió en la década del 80, en los 90 y el nuevo siglo no ha escapado a las mismas viejas formas y métodos aplicados por la dictadura de Castro.
Lo más triste es que después que se concretan las aplaudidas excarcelaciones, llegan luego otras encarcelaciones que hacen interminable el ciclo de nuestra eterna prisión. Muy parecido a ese refrán que dice: Después de la tormenta viene la calma, solo que en el caso cubano sucede al revés.
Nuestros nobles amigos españoles no han logrado ningún cambio democrático en la isla, no han sido capaces de cooperar efectivamente con la oposición, en no pocos casos se han negado a dialogar siquiera con ella. Ahora acogerán en su país a los nuevos deportados.
Por su parte Raúl Castro ya debe dormir mucho más tranquilo ahora que se ha asegurado una victoria ante la Unión Europea, de seguro, según los cálculos del gobernante, será enterrada la Posición Común.
Cada vez que el gobierno cubano libera a un grupo de presos políticos lo hace a cambio de algo, y ahora, teniendo a la vista una votación que se llevaría a cabo por la Unión Europea en el mes de septiembre, había que trabajar ¨rápido¨, no sin antes hacer sufrir innecesariamente a varios opositores que en toda la isla nos plantamos en huelga de hambre en demanda de sus hermanos, tomados como rehenes del dictador.
¿Habría sido posible esta liberación sin las marchas heroicas de las Damas de Blanco y las huelgas de hambre que sostuvimos los opositores en apoyo a Guillermo Fariñas? Considero que no.
Ahora bien, ¿Nos pasaremos la vida realizando tales acciones para que la dictadura castrista libere a unos cuantos y encierre a otros?
¿Hasta cuándo contribuiremos, aunque sea indirectamente, a que se prolongue el ciclo de vida de la tiranía castrista?
Como cubanos nos alegramos sobremanera de que nuestros hermanos hayan salido finalmente del martirio que padecían en las mazmorras del tirano, pero siento que debemos plantearnos ya métodos de lucha superiores que nos permitan alcanzar resultados mucho más positivos y demandarle a los gobiernos democráticos del mundo que saluden acciones del régimen cubano que sean realmente positivas y democráticas.
No esperemos que todo nos venga dado, no dejemos a un lado el compromiso y la responsabilidad.
Ya el Santo Padre Juan Pablo II, en el año 1998 nos decía: “La responsabilidad forma parte de la libertad”.
Aprendamos a ganar nuevos espacios y reflexionemos seriamente si las liberaciones que se producirán son los frutos esperados del pueblo cubano.
*Ernesto Antonio Vera Rodríguez, abogado, graduado en la Universidad de Oriente en el año 2005. Ha ejercido su profesión como Asesor Jurídico en Empresas, en Bufetes Colectivos asumiendo defensas penales y laborales; también ha sido Profesor en la Universidad de Oriente y de Ciencias Médicas, siendo expulsado debido a sus opiniones políticas; por lo que realizó una huelga de hambre. Es el Director de la Biblioteca Independiente Dulce María Loynaz en Santiago de Cuba y miembro de la corriente agramontista de abogados independientes.
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El “logro”
10. Julio 2010 por Redacción.
Opinión/ Apuntes de una Periodista

Cubamatinal/ Con los engranajes de la trampas chirriando, a pesar de la grasa, los personajes de esta trama están representando a la perfección sus papeles para los que fueron contratados.
Por Angélica mora
Nueva York, 10 de julio/ Los engaños y disfraces están a la orden del día y los integrantes del reparto de esta sainete están de lo más contentos, porque a la mayoría del público ignorante le han metido el dedo a la boca como han querido.
Los periódicos y la prensa en general en todo el planeta tierra no paran en sus alabanzas y han agotado su repertorio de loas para subrayar el “logro”. Se mencionan a algunos de los personajes para candidatearlos para el Nobel de la Paz, cosa que yo no haría porque está muy desprestigiado, pero…
Con esto se cumple el plan B de los complotadores, que es elevar a la quinta potencia a los protagonistas para dejarlos luego caer, estrepitosamente al suelo.
Dentro de la trama, Moratinos presentó ante el Consejo de Ministros de España su informe de lo bien que le fue.
Ahora se apresta a llevarlo a la Unión Europea para obtener lo que siempre fue el punto central de todo: el levantamiento de las sanciones a Cuba.
Le seguirá el levantamiento del embargo de Estado Unidos, negociación que ya se está cocinando en Washington y este anuncio puede ser el condimento que le de el punto de sazón para estar listo.
El canciller Moratinos señaló que los cinco primeros presos políticos que serán liberados podrían llegar a España a principios de la próxima semana.
En su acogida colaborará la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), ONG que ya ha participado en otros procesos de acogida.
Muy pronto, cuando pase el Efecto Mariposa, quedarán estos recién llegados tan desamparados como Omar Pernet Hernández, quien en su silla de ruedas tiene que vivir de la caridad de los amigos y de los vecinos. Lo mismo Mirta Leiva y tantos otros que han pasado toda clase de penurias de ajuste y sobrevivencia.
Por otra parte, se está haciendo creer -con promesas amañadas- que los presos al salir de la Isla pueden regresar, aunque se agrega… “necesitarán la respectiva autorización” del gobierno cubano.
O sea, Nunca.
Siguen las promesas falsas de DOS de los integrantes del triunvirato Iglesia-España Raúl:
“Los familiares de los presos políticos que escojan el destierro podrán también salir de Cuba y mantendrán sus propiedades, es decir, no habrá expropiaciones”.
Me pregunto, ¿y desde cuándo los cubanos pueden ser “propietarios” de la humilde vivienda que hoy habitan y que desde hace 51 años pertenece al Estado cubano?
Esa es otra de las falacias para “los de afuera”, esperando que lo crean y traguen el queso para lograr el ansiado objetivo.
Después, que se vayan al diablo.
Mientras tanto el que puso el queso, el gobierno cubano, está mas callado que Fidel Castro.
¿Han oído que el régimen de La Habana haya anunciado que excarcelará a los 52 presos políticos apresados en el 2003?
Por supuesto que no.
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