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Embutidos S.A

Enviado por Redacción el 29. Agosto 2010 @ 12:34 En Economía | Ningún comentario

Economía/ Eufemismos del lenguaje soja podrida = picadillo enriquecido

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Cubamatinal/ Una señora se detuvo a mirar los tubos de nylon que guardan un kilogramo de picadillo de res, al precio de 2.20 pesos convertibles (más de 50 pesos en moneda nacional al cambio actual de 24×1), que se exhiben en las neveras del complejo de tiendas por departamentos “La Isla de Cuba”, en el municipio capitalino de Centro Habana. La mujer, sin más que un pase de vista, agarró por la mano a la que parecía ser su hija y le dijo: “Vámonos que está muy caro, en La Palma sacaron picadillo condimentado”.

Por Odelin Alfonso Torna

La Habana, 26 de agosto de 2010 (PD) No se puede esperar de la ganadería cubana, tanto porcina como vacuna, otra cosa que la improductividad, la escasez de insumos y fuerza laboral, que en gran medida han atentado contra el despegue en su “rentabilidad” por más de medio siglo. Aún así, la producción de alimentos derivados de la carne y su posterior comercialización en los mercados liberados en moneda nacional, oferta una serie de subproductos cárnicos de dudosa calidad y procedencia.

Francamente no tengo otra opción que ser, como tantos cubanos y cubanas, un consumidor asiduo de la jamonada, la mortadella, el salami o la masa cárnica en sus diferentes texturas, sabores, olores y precios. Sin abandonar mi escepticismo por la procedencia, el visto “bueno” en manos de los controles de calidad o la adulteración que puedan sufrir los embutidos en los diferentes escalones de distribución, admito que la oferta aún no cubre la demanda.

¿Quién garantiza que el picadillo o la croqueta sean de “pollo”, la pasta enteramente de oca o la mortadela 100% de cerdo? ¿Podemos asegurar que el agua, la harina o algún otro espesante, no sean el ingrediente adicional para el picadillo condimentado en algunos puntos de venta?

Salud Pública, dicen, es celosa en la vigilancia y prevención de la diabetes, el colesterol y los malos hábitos nutricionales. Aboga por el consumo de vegetales y hortalizas por lo que el Estado libra una ofensiva contra el marabú y los intermediarios. También los mecanismos de control de sanidad y las auditorías, si vamos a ver, son más eficaces para los cuentapropistas que venden alimentos elaborados en casa que para el propio Estado.

Me gustaría ver algunos de estos embutidos en bruto, expuestos al sol y adornados por las moscas –la carroña que consume el cubano promedio y no los personajes de arriba- en los mercados de productos en moneda convertible.

¿Por qué Salud Pública no se preocupa y examina las condiciones en que se venden estos productos sin fecha de vencimiento, picadillos inventados a base de carne, pellejo y por qué no, gandinga con hueso molido? ¿Por qué la diferencia de color y sabor en la masa cárnica o el picadillo de pollo, si se supone vienen de mismo centro de elaboración?

Desde luego, aquella señora que encontró caro el picadillo de res –de producción nacional sólo para la venta en divisas- en la tienda “La Isla de Cuba”, seguramente bailó con el más feo y barato picadillo condimentado de La Palma. Bastaría con emplear sólo diez pesos en moneda nacional por cada libra, menos de la mitad del precio del picadillo que porta embalaje, conservantes y marca su fecha de vencimiento.

Ya no vemos a un Fidel Castro ofrecer una conferencia magistral sobre la composición de la hamburguesa SAZ, el picadillo de soja, el chocolate con leche en polvo o el cereal para los abuelitos. La Unión de la Carne se esfuerza por darle estatus e imagen a sus embutidos, aún cuando pongamos en tela de juicio cada uno de sus ingredientes. Pero de eso no se habla.


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