Opinión/ Ópticas

Cubamatinal/ El Dr. Fernando Ortiz, el cubano que más estudió la afrocubanía y como otros muchos hombres blancos en mi tierra, un gustador inveterado de la hembra morena, concluyó cuan difícil resultaba estudiar la psicología del cubano.
Por Paulino Alfonso
La Habana, 16 de setiembre de 2010 (PD) Sobre esto escribió: “La apatía que nos caracteriza, se muestra así mismo en que somos intelectualmente perezosos…No reflexionamos lo suficiente acerca de los hechos y de las cosas que nos atañen, por tanto no podemos, establecer relaciones de causas y efecto entre los mismos.
Aun sabiéndolo, indigna ver el comportamiento sumiso de casi todos los cubanos, no importa donde vivan.
¿Quieren ejemplos?
El martirologio de Zapata Tamayo no impidió a 300.000 cubanos emigrantes premiar a Castro con US$600 millones al visitar la tierra que dejaron por causa del castrismo.
74 ¿opositores?, en reñida emulación con los emigrantes económicos, pidieron a Mr Obama en una carta levantar la prohibición de viajar a los norteamericanos previstos en el acta de comercio con el enemigo.
Incluso, miles de habaneritos fueron a emborracharse con los raperos drogadictos de Calle 13, que odian al país que los hizo personas tanto como a los cubanos.
Por eso, admiro a los verdaderos exilados cubanos, los que mueren de nostalgia, pero no venden su vergüenza ni la memoria de los muertos.
A casi todos los cubanos, 50 años de terror los han llevado a humillarse ante una dictadura, que aunque no les resuelve nada, los libra del pesado fardo de la iniciativa privada, el esfuerzo personal, el libre albedrío y la responsabilidad por su vida y la de los suyos. Por esto, hoy casi todos los cubanos son eunucos ideológicos. Nuestros antepasados no lo fueron, por eso hicieron de Cuba el paraíso que escogió Hemingway y donde vivíamos en paz y concordia, demócratas o comunistas y no había racismo ni persecución religiosa.
Doña Olga Guillot ejemplificó esto cuando en una entrevista con la cubana Cristina Saralegui dijo: “Me fui de Cuba porque mi hambre la administro yo, no Fidel Castro”.
Es a ese tipo de cubano a quien Castro teme. Para él son más seguros los que dicen “sálvese el que pueda”, “ese no es mi problema”,” no estoy en ná”,” yo no me meto en política”, etc.
A Castro le fascina el poder, no porque defienda valores éticos, simplemente per sé. Su respeto es para quien detenta poder, los que carecen de este, son insectos. Por eso se rodea de gente cobarde y mezquina, fáciles de dominar, humillar y desechar.
Lo malo para el anciano dictador, es que: “Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en si el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a sus pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro”.
Esto lo escribió José Martí, quien entregó su vida en el altar patrio y demostró tener de sobra lo que al anciano dictador le falta, a pesar de sus poses de atabaludo.
Hoy la dignidad de Cuba está en Orlando Zapata, Pedro Luis Boitel, los cien olvidados y dignos presos políticos, en los tristes desterrados de conciencia. En esas mujeres que marchan valientes bajo los insultos y desmanes de la canalla castrista y que sólo enarbolan sus gladiolos y en todos los que de una forma u otra han luchado.
El masoquismo escogido por casi todos los cubanos, se resume en la doble moral, que no es más que la impotencia y la cobardía de no querer cambiar el status quo.
Pasa donde quiera. En Cuba, es chivatear, desfilar, aplaudir al castrismo, para después jugar la bolita de Miami, comprar comida en el mercado negro, ver TV por cable, comprar la ropita para los 15 de la niña a precios leoninos, pagar al médico castrista de la cuadra.
En los “exilios”, es demeritar, desde un duplex en Kendall o un hostal en Valencia, a quien hace en la Patria, lo que ellos por falta de hormonas no hicieron o se cansaron de hacer.
La libertad llegará y con ella, morirá la indignidad, el prostituirse para ser escritor, actor, actriz o señora de Tal. Nacerá la vergüenza, renacerá mi pueblo y lo más importante, sin gente como esta.
















