Qué pasa con el periodismo independiente

Sociedad/ Periodismo a la cubana

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Cubamatinal/ Aunque la real intención del régimen al premiar a Carlos Serpa con el carné de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) es hacer ver que todos los que ejercen el periodismo en Cuba al margen del control oficial son tan incapaces como él, no deja de ser en cierta forma un reconocimiento por carambola a los vilipendiados periodistas independientes.

Por Luis Cino Álvarez

La Habana, 26 de marzo/ PD/ Si Serpa, literalmente un topo en todos los sentidos del término, se merece el carné de periodista y la orden “Félix Elmuza” por el ejercicio destacado de la profesión (¡!), entonces el más anodino de los periodistas independientes a los que trataba de espiar y chivatear (y digo trataba porque nadie lo tenía en cuenta si no era para burlarse o apiadarse de él por lo bruto que era) se merece por lo menos el Premio Pulitzer.

¡Cuán humillante debe ser para los periodistas de la prensa oficial, por muy trabajadores ideológicos de la revolución que proclamen ser sin ruborizarse, sentir que sus jefes los igualan con un imbécil de marca mayor como Serpa, exhibido ahora como un enano parlanchín de feria. Me imagino cómo deben sentirse Rosa Miriam Elizalde, Alina Perera Robio, Luis Sexto, Luis Báez o José Alejandro Rodríguez.

Enfrentado al periodismo al servicio del régimen, el periodismo independiente frecuentemente es cuestionado en el -exterior por ser supuestamente “hipercrítico y poco objetivo”. Pero sucede que los detractores del bastante sui géneris periodismo independiente cubano, generalmente no albergan buenas intenciones.

Los corresponsales extranjeros acreditados en Cuba, que mejor que nadie saben en qué condiciones y bajo qué reglas desempeñan a duras penas su trabajo, no debían ser tan críticos con la prensa independiente.

Las personas en la calle se muestran evasivas, tienen poco o ningún acceso a los funcionarios gubernamentales, tropiezan con leyes que garantizan el hermetismo estatal, son espiados por la policía política, los CDR, las brigadas de respuesta rápida y hasta por sus colegas de la prensa oficialista, que suelen provocarlos y tenderles zancadillas.

Hace varios domingos, en la iglesia de Santa Rita un grupo de periodistas de la TV cubana sirvieron de tropa de choque contra las Damas de Blanco. Un periodista extranjero casi se va a las manos con un periodista oficial. Cuentan que la dulce Liudmila Tarancón manoteaba y gritaba improperios con una chusmería que daba gusto.

No obstante, a los periodistas extranjeros acreditados ante el Centro Internacional de Prensa de La Habana les resulta mucho más cómodo y seguro ignorar a los periodistas independientes, citar al periódico Granma, repetir que marchan a todo tren las reformas de mercado raulista, que todos los cubanos con el cuentapropismo están felices como lombrices y repetir el acostumbrado corito que dice de “la oposición fragmentada y penetrada por la Seguridad del Estado”.

En esa misma cuerda de ningunear y difamar a los periodistas independientes se mueven ciertos periodistas de Miami como Alejandro Armengol, que se siente insuperado y con derecho a sentar cátedra sobre Cuba desde las páginas del Nuevo Herald, negado a aceptar que las víctimas de sus ataques tienen sobre él la ventaja de estar in situ y escribir sobre lo que viven, no lo que les cuentan, suponen o desean.
 

Tal vez uno de los rasgos que nos ha hecho vulnerables a los periodistas independientes es el paternalismo solidario, heredado del falso paternalismo socialista, hacia personas que lamentablemente demuestran de entrada que aunque tengan muchas ganas, nunca llegarán a ser periodistas. Solemos sacrificar cantidad con calidad y confundir el periodismo con el activismo político. Peor aún si es con exageraciones y teques al estilo de Granma pero al revés.

Tantos topos y críticos malintencionados han llevado a muchos colegas a ser demasiado suspicaces con aquellos que se inician en las lides del periodismo independiente. Dicen que cargar con improvisados a la larga puede servir para que nos desacrediten. Y en vista de que Serpa resultó ser el agente Emilio, no vale la pena correr riesgos.

He aquí un dilema digno de un análisis que no puede ser superficial porque hay mucho en juego. Cualquiera no puede ser periodista, OK, tampoco cualquiera puede ser médico. Hay que respetar la profesión. Pero tampoco podemos olvidar cómo nos iniciamos en el periodismo independiente los más veteranos. Siempre harán falta reporteros que cubran las actividades de la oposición y las violaciones de los derechos humanos.

No todo pueden ser crónicas, análisis políticos y artículos de opinión dignos de Wolfe o García Márquez. Correríamos el riesgo de convertirnos en un reducido y exclusivo club de preciosistas. Evidentemente, tal cenáculo no es lo que más necesita la lucha por la democracia y la libertad de información en Cuba.

Se trata, sin pretensiones de súper-didactismo, de ayudar a los colegas que se inician. Para ello hay que saber separar el grano de la paja. Pero sin que la paranoia nos lleve al safari contra probables infiltrados.

Es preciso prepararnos para hacer periodismo en una Cuba en democracia. Sin recurrir a las escuelas y las conferencias de alto costo represivo y los hasta ahora casi inefectivos cursos de la Florida International University en la SINA, Primavera Digital ha conseguido formar y dar asesoría a nuevos periodistas independientes, en medio de la mayor pluralidad, sin exclusiones y sin fanfarrias.

Todo tiene sus riesgos. En PD tenemos bastante experiencia acerca de las intrigas, chismes, intentos de dividirnos, puñaladas traperas y hasta amagos de chivatería que han venido no sólo del Departamento 21 de la Seguridad del Estado y sus topos. Bobos no somos. Evidentemente hay muchos intereses empeñados en desconocer y dar por liquidado al periodismo independiente.

Puede que a veces nos pongamos majaderos y demasiado susceptibles, pero es que ¡le molestamos a tanta gente! A derecha e izquierda, por inoportunos e inadecuados, creamos irritación. Al gobierno cubano, los come-candela del exilio, ciertos periodistas de Miami que se quedaron con el síndrome de Estocolmo prendido en el alma como La Bayamesa y determinados liderzuelos opositores demasiado egocéntricos.

Y a muchos personajes más que también quieren vela en el entierro. O que no haya entierro alguno. Tienen voz y voto. Y lo que es peor, dinero e influencias para tratar de tapar al periodismo independiente. Es como si acallar a la prensa independiente justamente ahora fuera lo más conveniente para casi todos.

¿No servirá a sus propósitos si nos ponemos demasiado paranoicos por casos tan lastimosos y despreciables como el de Serpa? ¿O pecamos de buena gente y legitimamos a quien no lo merece y mañana nos puede morder la mano? Como en casi todo, por el justo medio debe andar la respuesta. Mientras, el periodismo independiente sigue adelante. Pese a lo que digan y también a lo que no digan.

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