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Las nuevas familias
Enviado por Redacción el 20. Agosto 2011 @ 20:00 En Debate, Sociedad | Ningún comentario
Sociedad/ Debate socio-demográfico

Cubamatinal/ Uno de los fenómenos sociales menos tratados públicamente en Cuba es el de los cambios estructurales en las familias. Está aceptado que los miembros en las familias cubanas posean una relación piramidal con el padre, cabeza de familia, en el desempeño del papel hegemónico. No obstante su aparente vigencia, esta posición preponderante perdió realmente funcionalidad a causa de la crisis económica de los años noventa. Para ampliación de conceptos y datos abordados en el artículo: Pulse aquí. ([1] Tipos de familias PDF), ([2] Estadisticas de la composición familiar cubana PDF)
Por Lucas Garve
La Habana, 20 de agosto/ Podría afirmar casi con certeza que la década de los noventa ha sido el período en que la sociedad cubana cambió el derrotero trazado por los dirigentes cubanos en el poder desde 1959.
La crisis macroeconómica conllevó a una reestructuración de la familia, un reflejo de los cambios operados en la microeconomía familiar y como resultado de la búsqueda de estrategias de supervivencias, cuyo carácter emergente hizo estallar vínculos, relaciones y formas de dependencia.
El incremento del número de familias monoparentales aumentó considerablemente en el mencionado período. Un único cabeza de familia, mujer u hombre, padre o madre, a falta de uno de los dos componentes de los núcleos familiares tradicionales, sustituyó a la estructura tradicional.
Conspiraron contra los matrimonios, la falta de espacio en las viviendas, la carestía de la vida, la inestabilidad de las relaciones interpersonales causada por estrategias personales emergentes de supervivencia y la ausencia de una política gubernamental que contribuyera a la consolidación de proyectos de vida en parejas.
Así se incrementaron los riesgos asumidos por quienes decidieron llevar a cabo su unión matrimonial o consensual.
El papel del padre de familia tradicional se hizo añicos y surgió en el panorama socio-familiar cubano, un padre menos autoritario, más cooperativo, pero también con un menor peso compartido en las decisiones dentro del cuadro familiar y en algunos casos casi nulo.
El Dr. Julio C. González Pagés, en su libro Macho, Varón, Masculino, (Editorial de la Mujer, 2010, pág. 85) expone sobre este punto: “(…) en nuestras culturas se ha perpetuado un arquetipo para ejercer la paternidad basado en el autoritarismo, el proveer y controlar el sustento económico, la determinación de la disciplina, la imposición de los castigos, la ausencia de afectos, emociones y contactos físicos, el desconocimiento o alejamiento de cuestiones referidas a la socialización de los niños/niñas en las escuelas o círculos infantiles, así como la vigilia extrema de la correcta conducta sexual que deben asumir los hijos /hijas, principalmente los varones”.
Las mujeres, quienes tienen el rol biológico reproductivo, están más ligadas a sus hijos desde el nacimiento y, porque tradicionalmente a ellas corresponde la responsabilidad de criarlos y educarlos. En caso de divorcio, en nuestra sociedad, el derecho al cuidado de los hijos queda legalmente depositado en ellas.
El número de nuevas familias mono parentales reconforma hoy día los rasgos de muchas de las familias cubanas. Son generalmente encabezadas por la madre y otras uniones recompuestas, a las que los conyugues aportaron los hijos de uniones anteriores.
De aquí que el rol tradicional del padre de familia haya sufrido menoscabo en cuanto a autoridad y efectividad y en consecuencia, “(…) ha cambiado un poco el reflejo de las expectativas socio-culturales acerca de lo que representa ser padre” (Op. Cit. pág. 83).
A pesar de que en los hospitales pediátricos, la presencia del padre junto a sus hijos hospitalizados es más frecuente en estos tiempos; aún el rol del padre en estos casos está más ligado al de prestar apoyo logístico, para decirlo de alguna manera, porque es quien se queda al cuidado del hogar, lleva y trae alimentos a la madre y, en estos casos, vela por el resto de los niños, si es que tiene más de un hijo.
Vale examinar además, el hecho de integrar “misiones internacionalistas” a otro país, evento que incide en las familias cubanas actualmente, y sobre todo en aquellas cuyos cabezas de familia son profesionales.
“Mis hijas cambiaron tanto cuando me fui a cumplir misión que ahora casi ni hablan conmigo, sino con los novios”, me explicó una madre profesional experimentada que pasó cuatro años en África en una misión de carácter educativo.
Este puede ser el caso de miles de padres y madres que salen fuera del país a trabajar por varios años y los hijos menores quedan al cuidado de uno de los padres.
¿Se ha analizado esto en relación con la recomposición familiar y cuánto tiene en correspondencia con la baja cifra de natalidad en la población?
Otro aspecto a subrayar en cuanto a la nueva familia cubana del siglo XXI es cómo los cambios económicos planteados por el gobierno se reflejarán en el seno de las familias. Se espera que medio millón de trabajadores dejen de trabajar en el sector estatal y deberán estrenar estrategias económicas de subsistencia muy diferentes a las que estaban acostumbrados y emprender la búsqueda de soluciones emergentes.
El aspecto del envejecimiento poblacional producirá en un decenio un aumento de mujeres y hombres en la tercera edad; con necesidades que tendrán que ser atendidas por quienes formen las fuerzas productivas en ese momento.
En consecuencia, es imprescindible un nuevo enfoque de las familias cubanas a nivel de políticas de estado y en el plano familiar.
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