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¿Quien es el padre del cuatrero?
Sociedad/ Lo que va de ayer a hoy

Antes: El cliente pedía según su gusto y capacidad económica,
la parte de la res que seleccionara. Los mas pobres sólo consumían carne de “segunda”
Cubamatinal/ Con solo seis meses de fundada, la provincia de Artemisa ya reportó 700 robos de ganado. En Bahía de Malagueta, un refugio de la fauna, ya no se ven las reses silvestres.
Por Alberto Méndez Castelló*
Las Tunas, 23 de julio/ El hurto y sacrificio de unas 700 reses en los primeros seis meses de 2011 estuvo en los debates de la Asamblea del Partido Comunista de la provincia Artemisa este mes.
Con solo el 3,64% de la superficie del país, Artemisa ocupa el décimo tercer lugar en extensión entre las provincias de Cuba, con una población de 502.312 habitantes.
“Si la policía informó de 700 denuncias de hurto y sacrificio de ganado, esa cifra usted la puede multiplicar por cinco para tener una idea de las reses robadas y sacrificadas en realidad”, dijo un conocedor del tema en alusión a los animales faltantes en los rebaños cuya pérdida no es registradas como delito, pero que en realidad son reses robadas, sacrificadas, para abastecer el mercado negro.

Ahora: El “consumidor” espera la “llegada”un pseudo embutido
que en el mejor de los casos es una mezcla de soja, restos de reses
y los “aditamentos” que por el camino le van adicionando para robar el peso.
“Cuando en fecha tan temprana como la primera mitad de la década de los años sesenta el gobierno prohibió el sacrificio del ganado vacuno y la comercialización de su carne por particulares hizo surgir la plaga más devastadora que el campo cubano ha sufrido: el matarife clandestino”, dijo a DIARIO DE CUBA un sociólogo que durante años se ha dedicado al pesquisaje de la criminalidad.
Depredador, puede que armado de un silencioso rifle de calibre 22 o una escopeta de caza submarina, lazos, cuchillos, cizañas capaces de cortar cadenas o gatos neumáticos para levantar enrejados de establo, el matarife arrea con cuanto se le ponga delante, no importa si es una vaca lechera, una yunta de bueyes destinada a la labranza o el caballo de tiro con el que un cochero mantiene a su familia.
“Con todo, pocos resultan quienes no son cómplices de los cuatreros en Cuba, donde unos cuantos huevos, algunos gramos de pollo o pescado y una poco atractiva mezcla de piltrafas molidas con granos de soja constituye todo el abastecimiento de las carnicerías”, dijo el sociólogo.
“Es preciso ser un niño pequeño, un anciano muy enfermo, padecer complicadas dolencias, encontrarse hospitalizado o pertenecer a ciertos grupos de poder para conseguir un pedazo de carne de vaca”, señaló un hombre para justificar que cada vez que puede compra carne de res en el mercado negro.
“Esto es un problema político. No puede meterse presa a toda esa gente”, dijeron del nivel central del Ministerio del Interior a la jefatura en Las Tunas, a finales de la década de los ochenta.
En el otrora central Elia, dos jóvenes de apenas 17 años se habían aficionado a matar vacas lecheras de aquel poblado y del cercano Guáimaro cuando, investigando un asesinato, los de Homicidios dieron con ellos y fotografiaron con las manos en la masa a más de un centenar de sus clientes, entre los que había militantes del partido y la juventud comunista.
“No creo que exista alguien en Cuba —desde el más humilde de los ciudadanos hasta altos dirigentes— que pueda negar que al menos una vez en su vida ha comido carne obtenida de forma ilegal, ya sea de una vaca robada o de un venado cazado con abuso de poder”, afirmó el sociólogo, que pidió el anonimato.
Cuba cuenta con 253 áreas protegidas. Una de ellas, con 23.262 hectáreas dedicadas al refugio de fauna, es la Bahía de Malagueta, en Las Tunas. Allí los españoles fundaron un hato en 1595. En 1999, más de 400 años después, todavía podía verse ganado cimarrón pastando o abrevando en las aguadas del monte.
Alguna vez la ficción ha descrito cómo cazadores y tramperos bien equipados, gente encumbrada, da caza al ganado silvestre para, en camiones refrigerados, transportar la carne a La Habana. Más allá de la literatura, en una oportunidad fueron encontradas cinco reses atrapadas con delgadas pero resistentes cuerdas de acero en una aguada, en lo intricado del monte. Unas estaban ya moribundas; otras, en estado de putrefacción. Lo cierto es que hoy ya no se ve ganado silvestre en Malagueta.
Aunque el Partido Comunista y la Asamblea Nacional del Poder Popular en reiteradas ocasiones han debatido la gravedad del robo de ganado en Cuba, no han reflexionado sobre el origen del delito: la penalización de la relación comercial entre el criador, el carnicero y los clientes.
Actualmente se establecen penas de 4 a 10 años de cárcel por el sacrificio, de 3 a 8 años por la comercialización y de 3 meses a un año por la compra.
Un comunista, Oscar Pino Santos, quien fuera importante funcionario del gobierno cubano, publicó en su época de periodista en la revista Carteles el reportaje “La crisis ganadera cubana”, en el que denunciaba cómo la especulación de los intermediarios en el negocio de la carne arruinaba a los criadores para, al final, perjudicar a los clientes.
“Los cintillos de los periódicos capitalinos lo anunciaron hace apenas dos meses: ‘Paralizados los embarques de reses a La Habana. Durante varios días faltará la carne’”, escribió entonces Pino Santos. Era 1 de agosto de 1954.
Y añadía el ya fallecido colaborador de Fidel Castro: “Aunque casi esperada, la noticia no dejó de causar indignación en nuestro pueblo, para quien la carne es un alimento imprescindible en la dieta diaria. La carne de res es para nosotros los cubanos el pan nuestro de cada día”.
Huelgan los comentarios. Bastan las palabras de uno de los voceros de quienes transformaron al carnicero en ladrón, al criador en víctima y a los clientes en cómplice. En definitiva, en mendigos a todos.
*Cubamatinal pide disculpas al autor del articulo, pues aunque llegó en fecha a nuestra Redacción, por un error fue archivado sin editar. Aunque tardíamente, hoy ponemos a nuestros lectores en contacto con el magnífico análisis del autor.
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