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El nuevo escenario de Hugo el enfermito

Enviado por Redacción el 14. Septiembre 2011 @ 20:35 En Colaboraciones | Ningún comentario

Colaboraciones/ Presidente payaso ¿O payaso presidente?

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Caricatura: Ilei Urrutia

Cubamatinal/ El aciago día en que a Fidel Casiano le dio un desmayito en El Cotorro, a toda carrera y siguiendo las orientaciones precisas del hoy indigno e irreverente Felipe Pérez Roque, el también hoy desaparecido talibán Otto Rivero Torres climatizó y aisló todo el sexto piso de la Televisión Castrista para que desde allí, al resguardo de aguaceritos, videntecillos traicioneros y algún que otro irreverente dolor de barriga, pudiera dirigir la Batalla de Ideas, una más de las cientos que se ha inventado el hoy retirado y anciano dictador.

Por Paulino Alfonso Estévez

La Habana, 13 de septiembre/ PD/  Los vecinos de esa zona saben lo que significó esto, al extremo que cuando cansados de tantos registros por parte de la esbirrada, quisieron permutar sus viviendas (única forma permitida hasta hoy de cambiar de casa en Castrolandia), tenían que hacerlo con personal de toda confianza de la siempre vigilante Seguridad del Estado.
Así también ocurrió con los terrenos aledaños a la embajada norteamericana, donde muy rápidamente y esta vez con una orden directa del Coma-andante, el talibán Otto construyó un teatro al aire libre donde el dictador iba a ver a los demás talibanes y talibancitos discursar (eufemismo con el que bautizaron lo que decían aquellos infelices que solo leían lo que Fidel Casiano escribía).
Mi colega Luis Cino escribió una vez con lástima sobre un niño llamado Lazarito Castro. Por desgracia para este, no era de la sagrada familia. Era sólo uno más de los talibancitos que terminaron en manos del psicólogo, afectados seriamente por esta ocupación implacable.
Perdonen el preámbulo tan largo como necesario de la crónica. Ahora verán por qué.

Por no ser menos que su mentor, Hugo Chávez se creó una tribuna desde donde por cerca de 10 años todos los domingos martirizaba a los venezolanos con un programa llamado Aló Presidente, donde hablaba hasta 10 horas y de tantos y tan variados temas como mismo hacía llamadas telefónicas a Castro, a Evo Morales, al Pato Donald o a cualquiera que se le ocurriera llamar. Incluso desde esos micrófonos movilizó las tropas blindadas y la fuerza aérea en contra de una invasión inminente que perpetraría el malvado presidente Uribe.
Cuando gracias a las expropiaciones de tierra, la desidia y la bolsa negra del gobierno, empezaron a escasear los abastecimientos, utilizó los mismos micrófonos para arengar a los campesinos a producir más con menos para sustituir importaciones de alimentos y hacer según sus palabras a Venezuela una potencia autárquica en materia agrícola.
Como mismo pasaba con su mentor, esto se diluía en el viento y otros problemas internacionales requerían otras 10 horas de comentarios, como la inminente guerra nuclear entre Irán y EE.UU.
En aras de no abusar de su paciencia, pasaré al nuevo escenario al que se mudó el caudillo fuerte, ya que según los magníficos doctores castristas aconsejan que por “el cáncer” que lo aqueja se cuide. Si, esos mismos que Raúl Modesto tiró en la basura cuando se dio cuenta que si no contrataba al español Dr. Soubrido y su team, el fin de su hermano Fidel Casiano era inevitable.
Para seguir batallando, esta vez por los problemas más acuciantes y que le pueden costar el puesto de mandamás in eternam, la puesta en escena esta vez es el salón de reuniones presidencial del palacio de Miraflores, desde donde vemos a un maquillado caudillo tomar decisiones serias y de forma ponderada aconsejar a veces y ordenar las más por un breve espacio de tiempo.
Por desgracia para los venezolanos, esto solamente durará hasta el día después que se conozca el resultado de las elecciones del año 2012. Porque si Chávez sale electo presidente, el cáncer va a desaparecer como por arte de magia y volverán los Alos Presidente, esta vez más atorrantes que nunca.
Gracias a Dios que a nuestro dictador sustituto no le hacen mucha gracia los micrófonos, las cámaras televisivas ni los periodistas. Si algo hay que agradecerle al Sr. General -y creo que también mi pueblo comparte mis palabras- es eso.


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