Internacionales/ Conflicto árabe – israelí

Cubamatinal/ Kassan…, Kassan…, Kassan… rugen los cohetes artesanales disparados desde la Franja de Gaza para caer en territorio israelí. La última andanada cayó en uno de los kitbuz cercanos a la frontera con Egipto, sin causar víctimas. Con el modélico sistema de defensa civil que erigieron los sionistas durante más de setenta años para defenderse de belicistas árabes como Saddam Hussein, Yaser Arafat, Gamal Nasser, o Hafez al Assad, las posibilidades de crear víctimas humanas por este método de terrorismo son escasas.
Por Julio Antonio Aleaga Pesant
La Habana, 28 de septiembre/ PD/ No obstante una y otra vez caen los misiles, como provocación política más que militar. Cruzan la frontera que separa a Israel de la Franja de Gaza, un territorio gobernado por el grupo terrorista palestino Hamas, luego de enfrentamientos armados contra la Autoridad Nacional Palestina. También los blindados israelíes y los caza-bombarderos la cruzan, en sentido contrario, creando inestabilidad en ese territorio y crisis humanitarias.
Totalmente diferente es el comportamiento en la frontera israelo-palestina en Cisjordania, donde gobierna la ANP. Allí se mantienen controles fronterizos, pero los pasos están abiertos y la comunicación social y económica fluye, y cada vez se integran más las partes. No es el paraíso terrenal, pero reina la paz y la colaboración entre las partes y eso es bastante en el Medio Oriente.
No obstante, un nuevo giro está a punto de darse cuando en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, se plantee por las autoridades palestinas y un grupo de naciones amigas el reconocimiento como Estado con pleno derecho por las Naciones Unidas.
La población árabe palestina tiene el derecho y el deber de construir un Estado. Debe basarse en la asunción de las responsabilidades internas y externas del actual nivel de relaciones entre los países. No se pude construir un país sobre bases feudales de intolerancia religiosa, segregación de género y preferencia sexual como hacen los árabes. Las Naciones Unidas no pueden seguir mirando al lado, con los países gobernados por caudillos de corte mesiánico que empobrecen a sus ciudadanos y roban el erario público, como pasó con Yasser Arafat, el omnisciente líder de la Organización para la Liberación Palestina (OLP).
No se puede pretender el nacimiento de un Estado que no reconozca a sus vecinos por muy molestos que sean, porque indica que la sombra de la guerra planea y se ensaña sobre ese territorio y sus vecinos. No se debe reconocer un Estado donde una partida de forajidos terroristas asalten el poder en la Franja de Gaza y mediante políticas populistas implante su agenda a un millón de personas, como no se le permitió al narco traficante Pablo Escobar o a las guerrillas comunistas de las FARC, crear un narco estado dentro de Colombia.

Medios de prensa internacionales apuntan que el canciller palestino presentará la demanda de reconocimiento del Estado Palestino el 23 de septiembre ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Allí es probable que reciba el veto de China y Estados Unidos, con el consenso de Francia e Inglaterra. Si la demanda, por el contrario, se limita a pedir el consenso de la Asamblea General, obtendría una mayoría favorable, pero no la admisión como miembro de pleno derecho, y pasaría así a un estatus como el del Vaticano (observador sin derecho al voto).
Los palestinos tienen legítimo derecho a la creación de un Estado nacional y a su reconocimiento como miembro de pleno derecho en las Naciones Unidas. Un estado responsable y democrático que trabaje por el establecimiento de mecanismos de trabajo y cooperación en el área. Pero evidentemente los palestinos aun no están preparados para esa tarea.
El gobierno cubano debe abstenerse de alentar las decisiones unilaterales de los palestinos, que no mejoran el estado de cosas en el Medio Oriente. Deben estimular decisiones consensuadas, hijas de la mesa de negociaciones donde se sientan árabes e israelíes, junto con los países de la comunidad internacional que quieran acompañar el proceso de paz.



