Sociedad/ Aasalta un banco… y huye ¡en bicicleta!

Cubamatinal/ Un espectacular asalto, en el mejor estilo de las películas hollywoodenses del sábado, tuvo lugar el lunes 3 de octubre, en el municipio Ciro Redondo, en la provincia Ciego de Ávila. El asaltante es un joven de treinta y dos años de edad, llamado Ihosvani Valdés, vecino del reparto Pogolotti.
Por Roberto Valdivia
Ciego de Ávila, 13 de octubre/ PD/ Según testigos presenciales, Ihosvani arribó a la Agencia Bancaria de Créditos y Servicio, conocida por la sigla BANDEC, a las 9 a.m., al igual que el resto de los clientes. La diferencia fue que llevaba bigote postizo y vestimenta inusual para no ser reconocido por los vecinos de la zona.
Una vez dentro del local, dedicó más de dos horas a estudiar los movimientos de los cajeros, los agentes de seguridad y el resto de los empleados. Convencido del éxito, se proyectó contra un guardia de seguridad y le colocó una navaja en el cuello, y así logró desarmarlo. Pistola en mano, lo tomó de rehén y como todo un profesional, pronunció las clásicas palabras: “¡Esto es un asalto! Si hacen lo que les diga, nadie saldrá lastimado.”
Ante el asombro de los presentes, se dirigió a las cajeras y ordenó que le entregaran todo el dinero de la caja fuerte. Según cálculos preliminares, la cifra sobrepasaba los 300 000, desglosados en CUC, euros y dólares estadounidenses. Una vez logrado su objetivo, abandonó el lugar. Como vehículo para la fuga, empleó una bicicleta. Poco después fue atropellado por una moto tripulada por un individuo que lo siguió en la huida, quien al llegar al lugar conocido como Pozo Brujo, lo impactó y lo derribó de la bicicleta. Visiblemente golpeado, lo condujo al Policlínico de la ciudad. Allí, mientras era atendido, una multitud coreaba ofensas y amenazas. Algunos gritaban: “¡Te vas a podrir en la cárcel!”
De acuerdo con testigos, Ihosvani respondía: “Sí, asalté el banco, pero la culpa no es sólo mía. Es también del Gobierno por dejarme desempleado, por la escasez de productos y los altos precios para obtenerlos. ¡Así nadie puede mantener una familia!”
El caso ha creado muchas expectativas y grandes especulaciones. Algunos afirman que el asaltante sufre problemas psiquiátricos (“¡Hay que estar loco para saltar un banco con una navaja y una bicicleta para escapar!”) Otros, que no actuó solo. La cifra del dinero robado fue informada al instante. ¿Quién la calculó y en qué momento? Quizás se trataba de una operación de mayor envergadura y Ihosvani cargó con toda la culpa. ¿Cómo pudo mantenerse dos horas y más dentro del banco sin realizar gestión alguna y no llamar la atención del personal de seguridad? Otros afirman que el individuo está endeudado con medio pueblo, debido a peleas de gallos y otros juegos considerados ilícitos.
El robo en cualquiera de sus manifestaciones es un hecho reprobable y castigado por las leyes en el mundo entero. Por esta razón no es mi intención justificar la acción de Ihosvani, todo lo contrario. No obstante, algo quedó muy claro: la seguridad en los bancos cubanos, al menos en Ciego de Ávila, es cuestionable. Esta no es la primera vez, esperemos sea la última. Las condiciones económicas actuales en el país, recrudecidas en los últimos años, apuntan a aumentar la lista de los que esperan en el banquillo de los acusados.