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Próxima parada… ¿Siria?
Enviado por Redacción el 1. Noviembre 2011 @ 04:01 En Estados Unidos, Internacionales | Ningún comentario
Internacionales/ Siria

Bashar al-Assad ha considerado de interés mantener relaciones con EE UU
Cubamatinal/ Es obvio que las operaciones en Libia le han probado al Pentágono que es posible derrocar gobiernos de potencias medianas desde lejos.
Por Orlando Ochoa Terán
Nueva York, 31 de octubre/ Diario de América/ Pese a que la participación de EE UU fue crucial en el derrumbe del régimen de Gadafi, durante el conflicto permaneció detrás de la OTAN. La estrategia parece dirigida a aprovechar las revueltas populares para atacar indirectamente a aliados de Irán considerados blancos de menor resistencia.
Esta semana el gobierno de EE UU decidió llamar a su embajador en Damasco, Robert Ford, por amenazas a su seguridad personal, con la aclaratoria de que no había sido “retirado”, lo cual habría obligado al gobierno sirio a retirar a su embajador en Washington, Imad Moustapha. En contraste con el gobierno bolivariano, el régimen de Bashar al-Assad ha considerado de interés mantener relaciones con EE UU a pesar de la injerencia del diplomático americano en asuntos internos.
El pasado mes de julio, el embajador Ford, en desafío a la prohibición de viajar fuera de Damasco, visitó la ciudad de Hama, centro neurálgico de la rebelión que ha resultado en la muerte de más de 3.000 personas, entre ellos 187 niños. Más tarde Hama sería asaltada por tanques. El diplomático también estuvo en la provincia de Derra, otro centro de rebeldía. Ford había presentado credenciales el pasado mes de enero después de 5 años de relaciones interrumpidas por causa del asesinato del primer ministro del Líbano, Rafil al-Hariri.
La salida oficiosa del diplomático es el resultado de incitaciones públicas en medios de comunicación oficialistas que “advertían” sobre acciones de calle “espontáneas” contra su persona. En una reciente declaración pública Ford aseguró “que el tiempo estaba contra Al-Assad”.
Una nueva clase de guerra
Esta semana el New York Times sugería que de la forma como se condujo el apoyo de EE UU a los rebeldes de Libia parecería que el Pentágono encontró una nueva forma de hacer la guerra: “leading from behind”. Ya el vice presidente Joseph Biden había declarado que si bien EE UU había invertido .1 millardos en las operaciones contra el régimen de Gadafi, “no hubo una sola baja americana”. Esto le ha dado oportunidad al gobierno de Obama para reclamar el crédito de haber defenestrado a un dictador que patrocinó el terrorismo. Una necesidad de la atribulada administración demócrata en busca de logros internacionales.
Es obvio que las operaciones en Libia le han probado al Pentágono que es posible derrocar gobiernos de potencias medianas desde lejos, en sólo unos meses y sin que un soldado pise territorio enemigo. En Libia, sugieren analistas, se puso a prueba un axioma moderno de guerra que proclama que “velocidad mata”. A diferencia de los 11 meses que se tomó la OTAN en Kosovo para imponer una zona libre de vuelos, en Libia se tomó 10 días.
Preaviso
Antes de dejar el cargo, el Secretario de Defensa, Robert Gates, en tono crítico llamó la atención sobre una OTAN dividida en dos partes; miembros que pueden participar en un conflicto y los que no pueden por falta de equipos apropiados, oficiales bien entrenados y el compromiso político necesario. En la reciente experiencia libia la mayor carga de las operaciones recayó sobre los hombros de EE UU con la cooperación de Gran Bretaña y Francia.
Sin hombres en el terreno de operaciones, la inteligencia de la OTAN en Libia se redujo a aviones de reconocimiento, tripulados y no tripulados de EE UU. En estas tecnologías los americanos tienen prácticamente un monopolio. Lo mismo ocurrió con los aviones de reabastecimiento en el aire, así como los GPS combinados con un sistema guiado de precisión para bombardeos quirúrgicos que evitan daños colaterales.
Como era de esperarse, la brutal muerte de Gadafi ha tenido también repercusiones en Siria. Durante las últimas manifestaciones en este país, igualmente sangrientas, se desplegaron carteles que decían: “Se ha ido Gadafi, es tu turno Bashar”. El Consejo Nacional Sirio, que agrupa a la oposición rebelde, reunido en Estambul esta semana, decidió emular el éxito de los líderes de Libia y ha comenzado a recibir el apoyo internacional, que promueve discretamente EE UU. Obama lo necesita con urgencia en los tiempos electorales que se avecinan.
El objetivo es pues Irán y la primavera árabe ha ofrecido la oportunidad de atacar indirectamente las líneas de menor resistencia representadas en aliados como Siria. ¿Está Venezuela en la lista? Por lo pronto, como se ha dicho, en este país pareciera que hay resignados, no indignados.
En cualquier caso estas no son buenas noticias para el gobierno bolivariano cuyo líder, hace sólo dos años, con su acostumbrada euforia anunciaba en Damasco: “Siria y yo construiremos un nuevo mundo”. “Los pueblos del mundo deben saber que yo voy a cavar la tumba del imperialismo”.
“Not yet”, diría un gringo sonriente en el Pentágono mientras estudia la próxima parada… Damasco.
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