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Los aldeanos vanidosos
Enviado por Redacción el 14. Diciembre 2011 @ 21:11 En Latinoamérica | 1 comentario
Latinoamérica/ Malos como la madrastra de Blancanieves… y sin espejo mágico

Cubamatinal/ La creación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en Caracas, Venezuela, a inicios de diciembre, marca la impronta del retroceso en el dispositivo político continental.
Por Julio Antonio Aleaga Pesant
La Habana, 13 de diciembre/ PD/ Los treinta y tres presidentes reunidos (con la honrosa excepción de Costa Rica y su presidente, Laura Chinchilla), crearon una organización hemisférica que excluirá a los Estados Unidos y Canadá, no se sabe si por envidia o irresponsabilidad.
Que los dos países con los mayores índices de PIB, seguridad social, niveles económicos y democráticos, sean excluidos de una organización continental llama la atención.
Pero este es sólo un último paso, complementado con muchas otras políticas. El boicot a las Cumbres Iberoamericanas, por los dictadores Fidel Castro dando manotazos en la mesa (Panamá, 2000) y el “porqué no te callas” del Rey de España a Hugo Chávez (Santiago de Chile 2007); los continuos ataques a la Organización de Estados Americanos y la debilidad del Secretario General (José Miguel Insulza), apurada siempre en avalar las trampas de Chávez en las elecciones, y de cumplir sus ordenes en el caso de la sustitución presidencial en Honduras (2009).
La llegada de gobiernos populistas y continuistas, que a través de los mecanismos democráticos y los petrodólares del bolivarismo asaltaron las casas presidenciales de América Latina y las pequeñas islas del Caribe, crearon un escenario impensable de egolatría y caudillismo, que le hace poco favor al hemisferio.
A lo anterior se suman los ataques a las áreas de libre comercio y al ALCA, tendencia que atenta contra el libre mercado y el desarrollo económico y social de los países del área, a favor -llamativa coincidencia- de las oligarquías nacionales y de los radicales de izquierda.
Ha sido el resultado de las inmaduras democracias latinoamericanas y en muchos casos, de sus corruptos sistemas políticos, todo adobado con un “intocable” enfrentamiento de culturas, que lleva la discusión desde la empresa internacional al ejido comunal de las culturas precolombinas peruanas, bolivianas, mexicanas o guatemaltecas, por poner algunos ejemplos.
Conocedor del peso de los medios y del enigma de los protocolos, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, organizó la reunión de presidentes latinoamericanos y caribeños en la Academia Militar del Fuerte Tiuna, sede del Comando Central de las Fuerzas Armadas Venezolanas, mientras que la inauguración del evento la realizó en un teatro Teresa Carreño lleno de sus partidarios más fieles, quienes aclamaban a “la norcoreana” a su amado líder, mientras este se despojaba de cada una de sus inútiles neuronas.
Lo más sorprendente es el cinismo de los presidentes latinoamericanos, entre ellos los de Brasil, Chile, Colombia, República Dominicana, Perú y México, de quienes uno no llega a comprender si estaban ahí para enfrentar a los Estados Unidos o para asimilar al bolivarismo y disolverlo en polvo y agua.
La posición del gobierno militar cubano es en sí misma un poema mal escrito. Mientras trata de esquilmar a la comunidad cubana en los Estados Unidos a través de ofertas de Cubacel para que envíen más dinero a la isla y obliga al Consejo de iglesias de los Estados Unidos a pedir por los cinco espías presos en el país vecino, el listillo de Abelardo Moreno informó a la prensa que el objetivo de la CELAC no es desafiar ni sustituir a la OEA, sino ser un organismo de cooperación, integración y concertación, sin presencia extraregional (¿?) y con dinámicas propias.
Con su desfachatez característica, afirmó a la agencia EFE, “no tiene que ver con ninguna otra institución, ni está dirigida ni contra, ni a favor, ni en vez de, ni para complementar a nadie”. Como si olvidáramos los planteamientos de Raúl Castro, de que nunca entraría en la OEA, cuando la organización continental decidió admitir al gobierno cubano, si este lo solicitaba.
Pero independientemente de lo que diga el vicecanciller de la dictadura, para la mayoría de los especialistas y observadores, la CELAC es vista como el paso más importante para restar influencia a Estados Unidos y Canadá. Cosa difícil debido a los estrechos lazos comerciales, culturales y académicos entre Norteamérica y Latinoamérica y el Caribe, además de ser paradigmas culturales y de bienestar para decenas de millones de habitantes de los países al sur de la Florida y el Río Bravo.
El mismo Chávez se encargó de desmentir a Abelardo Moreno, cuando en el recibimiento a Dilma Rousef, presidenta de Brasil, señaló: “La OEA es lo viejo, un espacio que fue manipulado, dominado por Estados Unidos (…) mellado por los viejos”, mientras que “la CELAC nace con un espíritu nuevo, como un arma de integración política, económica y social”.
Sobre todas las cosas, lo más llamativo de la flamante organización es que sus miembros no comparten una visión del camino a seguir. La presentación de la troika coordinadora para el próximo año (Venezuela, Chile, Cuba) ya presenta la conflictividad interna, que puede llevar a la CELAC a desaparecer mucho más rápido y ser más inoperante que sus antecesores (ALADI, Pacto Andino, CARICOM, UNASUR).
De hecho, algún diplomático ya comentó en La Habana que una organización continental no puede organizarse en sí misma nada más que alrededor de un sentimiento estadounidense. Por muy vanidosos que sean sus aldeanos o sus presidentes, diría yo.
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