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Techo de vidrio: segunda temporada
Enviado por Redacción el 18. Diciembre 2011 @ 11:35 En Cultura | Ningún comentario
Cultura/ Cine en casa

Cubamatinal/ Hace varias semanas volví a ver por televisión “Techo de vidrio”, una película cubana de 1982 del director Sergio Giral, protagonizada por Susana Pérez, Samuel Claxton, Miguel Gutiérrez y Jorge Villazón.
Por Luis Cino Álvarez
La Habana, 17 de diciembre/ PD/ Giral, que al parecer se había cansado de las películas de esclavos, luego que se daba oficialmente por terminado el quinquenio gris, en techo de vidrio volvió al más puro estilo del realismo socialista para deslizar cierta crítica social (dentro de la revolución, no faltara más) respecto al fenómeno de la corrupción.
Un jefe de obra, humilde, negro y de raíces marginales, es enviado a los tribunales por desviar materiales para que un trabajador pueda reparar su casa que se cae a pedazos. El caso conmueve a la abogada de la empresa constructora, aun más cuando descubre que el arquitecto principal de la empresa robó materiales para ampliar su residencia.
Como la película tenía un final abierto, han pasado casi 30 años y la corrupción lejos de disminuir ha alcanzado proporciones astronómicas en Cuba al punto de poner en peligro de extinción al socialismo verde olivo –lo dicen sus máximos dirigentes-, se me ocurre sería interesante hacer algo así como la secuela de Techo de vidrio. O para estar a tono, una segunda temporada, como se dice ahora.
En ella, se puede retomar la historia donde se quedó o reiniciarla ahora mismo. Da igual. En Cuba, 30 años no es nada. Si no lo creen, pueden preguntarle a los fiscales…
Si acaso pasó algo, el arquitecto se cayó para arriba, lo trasladaron de empresa y siguió a todo tren con el desvío de materiales. Hoy, él y su familia viven rodeados de comodidades burguesas. Le preocupa la nueva batida contra la corrupción, pero sabe que como en otras ocasiones, sólo es cuestión de esperar que baje la marea.
Sixto, el personaje que interpretaba Samuel Claxton, pasó varios años en el Combinado del Este, donde se reencontró con sus raíces marginales y sus santos, de los que se había apartado por el materialismo marxista que nunca supo a derechas en qué consistía. Cuando salió de la cárcel, su mujer lo había dejado. Empezó a trabajar como albañil y se tiró a la bebida. Comentan sus amigos –que ya no son tantos como antes- que se ve tan mal que da grima.
La abogada de la empresa, que interpretaba Susana Pérez, aunque abrumada por la decepción, se niega a dar su brazo a torcer. Ha cogido fama de extremista y chivatona entre sus compañeros de trabajo, que la rehúyen y la apodan “la contralora Bejerano”.
El argumento da y el momento es propicio. Echarle con todos los hierros a la corrupción siempre que no se pronuncie ciertos nombres ni se llegue al fondo del asunto, es oficialmente bien visto.
Como por la televisión cubana ya pasan las películas donde aparecen actrices y actores que se fueron del país, porque si no apenas podrían exhibir cine nacional, y dicen que los mandarines están al suavizar sus leyes migratorias, no creo que haya demasiados problemas en que los papeles de la abogada y el arquitecto los vuelvan a interpretar Susana Pérez y Miguel Gutiérrez.
Vale la pena intentar la segunda temporada de “Techo de vidrio”. De cualquier modo, es sólo una sugerencia, por si a alguien le interesa.
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