Cartas a Ofelia/ Crónicas

La Adoración del nombre de Jesús o La Alegoría de la Santa Liga. Domenikos Theotokopoulus, llamado El Greco (1541-1614), hacia 1577-1579.Óleo sobre lienzo, 140 x 109,5 cm.Patrimonio Nacional, Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Madrid, inventario 10014683
Cubamatinal/ París, 29 de enero de 2012.
Querida Ofelia:
La exposición Tesoros de los Palacios Reales de España. Una historia compartida , organizada por la Galería de Palacio Nacional, Patrimonio Nacional de España y Acción Cultural Española (AC/E), con la colaboración de la Embajada de España en México, reúne más de 350 piezas –278 españolas y 94 mexicanas entre tapices, pinturas, esculturas, orfebrería, mobiliario…- con el objetivo de explicar cómo se crearon y evolucionaron las actuales colecciones reales españolas desde finales del siglo XV hasta la primera década del XIX. Esta panorámica se completa con una sección dedicada a la historia virreinal del actual Palacio Nacional de México. Con esta exposición, que reúne obras de Juan Pantoja de la Cruz, El Greco, Francisco de Goya, Tiziano y Velázquez, entre otros, la Galería de Palacio Nacional inicia un ciclo de exposiciones dedicadas a los palacios y galerías más relevantes del mundo.
Álvaro Soler y Pilar Benito son los comisarios de esta exposición que muestra cómo los Palacios Reales en España se convirtieron en receptáculos de un legado incalculable gracias al esfuerzo personal e institucional de monarcas como los Reyes Católicos, el Emperador Carlos V, Felipe II, Felipe IV o Carlos II, por crear y conservar una extraordinaria colección histórico artística enriquecida con el acervo material y cultural que aportaron los territorios que estuvieron en algún momento vinculados a España. Un patrimonio cultural al que se une el adquirido por los palacios virreinales, que emulaban a sus modelos peninsulares.
Así, los visitantes que se acerquen a la Galería de Palacio Nacional hasta el 31 de mayo de 2012 podrán admirar, por primera vez en México, algunos de los principales tesoros históricos y artísticos pertenecientes a las Casas Reales de Habsburgo y Borbón que conserva Patrimonio Nacional de España. La muestra permite, además, analizar los cambios en las colecciones españolas y virreinales a lo largo de la historia; conocer cómo se trasladaron al Palacio Virreinal de Nueva España los valores de los soberanos españoles traducidos en teorías arquitectónicas y artísticas así como en gustos cortesanos; mostrar cómo eran los interiores de los palacios españoles y novohispanos y explicar el uso que se hacía de ellos, en especial en los actos protocolarios.
La exposición se divide en nueve capítulos que abordan los periodos y circunstancias que han condicionado el legado histórico y artístico de Patrimonio Nacional desde la Baja Edad Media hasta la Guerra de la Independencia, por un lado y por otro la relación con el Palacio Virreinal de Nueva España. El límite cronológico en la primera parte, en la que se concentran las obras de Patrimonio Nacional, viene dado porque la Guerra de la Independencia en España supuso un antes y un después en el coleccionismo real y porque una parte fundamental del patrimonio mueble e inmueble conservado en las actuales Colecciones Reales es anterior a 1808. Este límite también permite ofrecer una panorámica de las colecciones con anterioridad a los procesos de independencia americanos y la convulsa situación interna española que también influyeron en la proyección de la imagen real y en su consiguiente transformación.
La corte itinerante. De la Edad Media a la Edad Moderna.
El primer capítulo llama la atención sobre la importancia del carácter itinerante de la corte desde los reinos medievales hasta el fallecimiento del emperador Carlos V. Se trataba de una corte en constante movimiento entre diferentes casas y palacios que carecía de una sede permanente del poder real. Este hecho condicionó la comisión de obras de arte y la consecución de un programa edilicio en torno a una residencia central como sucedería posteriormente. Algunos edificios Trastámaras y anteriores pertenecientes a las coronas de Castilla y Aragón fueron el germen de las residencias reales posteriores y de los monasterios vinculados a la corona, de los cuales subsisten actualmente el Real Monasterio de las Huelgas Reales de Burgos, el Monasterio de Santa Clara de Tordesillas, Los Reales Alcázares de Sevilla y el Palacio Real de la Almudaina (Palma de Mallorca), así como vestigios arquitectónicos englobados en los palacios borbónicos como el patio del Palacio de El Pardo.
El proceso de unificación territorial culminado por los Reyes Católicos y la posterior expansión territorial promovida por ellos supuso la coexistencia de diferentes corrientes artísticas desde las propiamente hispanas hasta el importante protagonismo de las formas flamencas, patente en cuadros, tapices, textiles y armas apropiados para una corte itinerante, como los paños flamencos o la pintura de Juan de Flandes. Estas obras también son un claro ejemplo del papel determinante de la Fe ligada al poder terrenal y de la utilización de las obras de arte por parte de los Reyes Católicos como instrumentos al servicio de la imagen del poder real.
La política matrimonial emprendida por Isabel y Fernando supuso la ampliación y fortalecimiento de los reinos hispanos con los restantes reinos europeos y con sus formas estéticas, ya presentes en algunos casos en la Península. La introducción de la Casa de Austria con Felipe el Hermoso y, sobre todo, con su hijo, el emperador Carlos V, supuso una continuidad en las circunstancias que rodearon a la comisión de obras de arte y un cambio en la concepción de las mismas y de las corrientes artísticas dominantes. La tapicerías y el mobiliario civil y religioso continúan condicionados por el carácter itinerante de la corte, pero ello no impide que tenga lugar un enaltecimiento de la imagen del poder real y la construcción de la imagen imperial a raíz de la muerte de Maximiliano I de Austria en 1519.
La tradición cristiana, la Antigüedad y la mentalidad caballeresca transmitida por órdenes como el Toisón de Oro son puestas al servicio de Carlos V. La Fe y las devociones consolidan un protagonismo que caracterizará en el futuro a la monarquía católica y por tanto a sus colecciones y empresas artísticas.
Felipe II y el establecimiento de la capital en Madrid.
Felipe II es la figura clave en la historia de las actuales colecciones reales debido a tresdecisiones que condicionaron su desarrollo hasta el presente. El primer epígrafe dentro de este capítulo se centra en el establecimiento de la capitalidad del reino en Madrid , que supuso la creación de una sede permanente del poder real, apoyada por una red de palacios tejida a su alrededor. Ello supuso la transformación definitiva del Alcázar como palacio real y sede de la monarquía, continuando las reformas anteriores, entre las que destacó la ampliación de Carlos V. Estos aspectos se ilustran con planos y vistas del Alcázar. La capitalidad y las necesidades decorativas de las residencias reales también permitieron un cambio en la concepción del tipo de obras encargadas para la corte. El alcázar se configuró al mismo tiempo como el centro de una red de palacios en los alrededores de Madrid aprovechando en algunos casos pabellones Trastámaras y creando nuevos edificios. Esta red estaba compuesta en un segundo nivel por palacios como El Pardo y Aranjuez (Madrid); mientras que en un tercer nivel se situaban casas de campo y pabellones para las jornadas venatorias como la Torre de la Parada (Madrid). Esta red se ilustra con vistas de dichos reales sitios, incluidos los no conservados en la actualidad.
Un segundo epígrafe trata la trascendental decisión de la construcción del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial , pieza clave para la monarquía española tanto por su planteamiento arquitectónico como por los usos a los que fue destinado. Las vistas exteriores e interiores del edificio muestran claramente su monumentalidad. Se trata su función como panteón real, como sede e imagen del poder. Como monasterio su programa iconográfico religioso ilustra las principales corrientes en boga en Europa a través de la colección de pintura que reúne a maestros flamencos, españoles o italianos. El Escorial fue también concebido como un centro del conocimiento universal gracias a su biblioteca. Este capítulo se completa resaltando a la importancia de la herencia imperial expresada en las disposiciones testamentarias de Felipe II como germen de las colecciones artísticas del Patrimonio Nacional ya que gracias a ellas se consideraron como inalienables de la corona española la Real Armería, la tapicería y la colección real de pinturas. Aquí se llama la atención del importante papel propagandístico para el prestigio dinástico jugado por la Real Armería como depositaria de las armas imperiales, de los trofeos militares y de los regalos diplomáticos.
Los palacios reales bajo los Austrias. De Felipe II a Felipe IV.
El tercer capítulo expone el ambiente en el que discurrió la vida de la familia real, así como las fundaciones religiosas de gran trascendencia hasta la actualidad. A manera de introducción se recalca la idea de la universalidad de la monarquía hispana para comprender la diversa procedencia de los objetos en los que se materializó la vida palatina a través de muebles, textiles y libros representativos. El primer epígrafe de este apartado versa sobre la vida cortesana y el coleccionismo real como un todo en lo referente a los bienes muebles creados para los palacios reales entre los siglos XVI y XVII. La decoración del Alcázar en el Renacimiento y en el Barroco ha dado lugar a una serie de colecciones creadas por un afán coleccionista propiamente dicho o por la conservación de objetos utilitarios guardados por su calidad o carácter artístico. Unos y otros ilustran las artísticas dominantes relacionadas con los territorios dependientes de la corona. Esta época constituye el Siglo de Oro del arte español bajo patronazgo real, sin que ello impida la comisión de obras e otros centros europeos ya tradicionales al servicio de la monarquía como Italia y Flandes. En este ámbito no se debe olvidar la gran importancia de los jardines en los palacios reales, representados en esta exposición por tapicerías, vistas y elementos escultóricos de gran calidad. A la red de palacios tratada con anterioridad se sumaron el Palacio de El Buen Retiro (Madrid), pieza fundamental para la imagen de Felipe IV.
Los Reales Patronatos.
El cuarto apartado de la exposición explica la creación de los Reales Patronatos en el contexto religioso de la Contrarreforma y de la vida cortesana analizando su fundación y dotación a través de sus benefactores. Los monasterios reales, como las Descalzas o la Encarnación, ambos en Madrid, constituyen actualmente tesoros artísticos, que paradójicamente custodiaban una visión universal del mundo a través de sus obras de arte desde el espacio cerrado de una clausura. En este apartado se pueden ver, entre otras obras, los tapices del Triunfo de la Eucaristía sobre cartones de Rubens así como relicarios y obras devocionales y litúrgicas y una muestra de la importancia que las galerías de retratos tenían en las clausuras por motivos familiares y dinásticos.
El cambio dinástico. El advenimiento de la dinastía borbónica.
La introducción de la Casa de Borbón supuso un cambio de gustos, bajo la preeminencia de los modelos franceses e italianos, pero, sobre todo, constituyó el momento de mayor esplendor artístico de las colecciones reales españolas en todas sus manifestaciones. Por el contrario, parte del legado Austria se perdió por la propia evolución de los Reales Sitios. El incendio del Alcázar en 1734 dio lugar a la creación de una nueva sede para la monarquía que constituiría la mayor empresa de la nueva dinastía. El epígrafe sobre el Palacio Nuevo y la legitimidad dinástica aborda la construcción del actual Palacio Real, desde los proyectos de Juvara y Sachetti a la elección de los materiales destinados a su edificación y decoración exterior. El nuevo palacio fue acompañado por la reforma de los Reales Sitios y los nuevos palacios de la Granja y Riofrío, en Segovia, ilustrados mediante diversas vistas debidas sobre todo Michel Ange Houasse. En todos ellos, los proyectos de jardinería fueron considerados desde el inicio como un parte fundamental de los mismos.
La magnificencia de la monarquía a través del refinamiento en la decoración de los Reales Sitios y de la vida cotidiana.
Los Palacios y sus jardines fueron el marco para la expresión de la magnificencia regia. Las reformas emprendidas en los Reales Sitios ampliaron su superficie y cambiaron su fisonomía, por lo que fue necesaria una ingente labor para su decoración, siempre bajo la premisa de la mayor calidad. La empresa supuso la regularización de las artes suntuarias como uno de los rasgos más destacado de la dinastía borbónica, ya que ahora se impulsan las producciones amparadas por la monarquía para su servicio directo, por medio del establecimiento de los Talleres Reales y las Reales Fábricas para decorar los nuevos edificios, a la vez que eran un instrumento de desarrollo de las comarcas en las que se asentaron estas manufacturas.
Para ilustrar este vasto programa decorativo el visitante podrá asomarse a diversos aspectos de la vida en palacio a través de la recreación de diferentes espacios como el dormitorio de Carlos III o el Salón Gasparini, ambos del Palacio Real de Madrid y la presentación de una buena muestra de elementos decorativos de diferentes artes. Con ello no sólo se ofrece una impresión de la vida palatina sino que también se traza una evolución de los gustos, formas y corrientes artísticas a lo largo del siglo XVIII, época de mayor esplendor suntuario de las residencias reales españolas. Las colecciones artísticas de Felipe V e Isabel de Farnesio, Carlos III y Calos IV se ilustran gracias a la pintura de Jan Ranc, Paret, Mengs, Meléndez o Goya. Las colecciones escultóricas comprenden desde obras maestras del Cuattrocento italiano como el relieve de Desiderio da Settignano a los retratos ecuestres de Carlos III y Carlos IV de factura italiana y francesa.
También adquiere protagonismo lo napolitano a través del Belén del Príncipe, exponente de las devociones y de la vida cotidiana que trasciende hasta la actualidad. Mención especial merecen la Real Fábrica de Tapices con una selección de obras tejidas bajo la dirección de los Vandergotten y los Stuyck, desde sus orígenes hasta las escenas costumbristas realizadas a partir de cartones de Goya. Otros talleres y fábricas no tan conocidos, pero de igual o superior importancia, fueron los de bordados y tejidos y los dedicados al mobiliario palatino, estos últimos en consonancia con los diseños de los principales adornistas y arquitectos españoles del momento así como algunas manufacturas francesas de mayor renombre. Las obras seleccionadas reivindican el trascendental papel de Bordadores como María Luisa Bergonzzini y su hijo Antonio Gasparini, ebanistas como José Canops, y adornistas como Mattia Gasparini.
Las importaciones de porcelanas de China, Sajonia y Francia están presentes mediante las vajillas de Felipe V, Carlos III y Carlos IV. La Real Fábrica de cristales de La Granja y la espléndida colección de relojes tienen igualmente su sitio en esta exposición. A la Real Capilla se debe la existencia de un importante conjunto de orfebrería de procedencia española presente en la muestra mediante los relicarios y diversos objetos litúrgicos. También se puede ver una selección de la Real Biblioteca como ejemplo del interés por el conocimiento del mundo a través de mapas, obras literarias, descripciones de reinos, libros científicos etc.
Las casas de campo. La diversión a través del arte.
Entre todas las colecciones y edificios se ha querido llamar especialmente la atención sobre Las casas de campo de Carlos IV, bien como Príncipe de Asturias, bien como Rey de España, exponentes del mayor refinamiento artístico de la dinastía. Estos palacetes de recreo y su decoración supusieron el cenit de las artes decorativas de la monarquía española, como queda reflejado en algunas de las piezas que ilustran este apartado de la exposición. Entre ellas, destacan los delicados tejidos de las mejores manufacturas españolas y francesas como las Reales Fábricas de Carlos Iranzo y Juan Antonio Miquel, establecidas ambas en Valencia, y la de Camille Pernon en Lyon así como los excepcionales muebles de ebanistas como José López y la intervención de adornistas como Pedro Cancio o Jean-Démosthène Dugourc.
El cambio de escenario. La guerra de la Independencia.
El último capítulo dedicado a las Colecciones Reales Españolas, se reduce a las dos escenas de Goya de La fabricación de pólvora , que evocan la Guerra de la Independencia, conflicto que supuso el fin del coleccionismo real. El último capítulo se centra en el impacto que supuso la Guerra de la independencia que supuso no solo un drástico cambio político, social y territorial, sino también el final del coleccionismo regio tal y cómo se había entendido hasta entonces. Para ello tan solo se exponen tres piezas: un magnífico cañón de aquella época y los dos cuadros de Francisco de Goya, “La fabricación e las balas” y “La fabricación de la pólvora”, como la mejor crónica artística de tan terribles y trágicos sucesos.
Espejo de Ultramar. El Palacio Virreinal de Nueva España.
El último apartado de la exposición enlaza las colecciones y los Reales Sitios españoles con el Palacio Virreinal de México a través de una galería de retratos de los diferentes virreyes de este periodo, así como de una variada muestra de artes decorativas que ilustran las analogías y diferencias existentes entre el arte virreinal y el desarrollado en España bajo el amparo de la corona.
TESOROS DE LOS PALACIOS REALES ESPAÑOLES. UNA HISTORIA COMPARTIDA. Organizan: Presidencia de la República de los Estados Unidos Mexicanos, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Patrimonio Nacional de España y Acción Cultural Española (AC/E). Colabora: Embajada de España en México. Comisarios: Pilar Benito García y Álvaro Soler del Campo. Sede de la exposición: Galería de Palacio Nacional, Plaza de la Constitución, Centro Histórico de México, Distrito Federal.
Con gran cariño y simpatía desde La Ciudad Luz,
Félix José Hernández.