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¿Restaurante Le Soufflé o Le Soufflet ?

Enviado por Redacción el 7. Enero 2012 @ 00:34 En Cartas a Ofelia | Ningún comentario

Cartas a Ofelia/ Crónicas de un pésimo servicio de hostelería

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Cubamatinal/ París, 31 de diciembre de 2011.


Querida Ofelia:


Anoche fuimos a cenar en unión de dos parejas de amigos italianos   que vinieron a pasar   el fin de año en La Ciudad Luz, al Restaurante Le Soufflé (abuñuelado, inflado o hinchado). Pero fuimos tan maltratados que yo propongo que se le cambien el nombre por el de Le Soufflet (bofetón, bofetada, guantazo).
Todo comenzó cuando llegamos a las 8 p.m. y el camarero que recibía en la puerta del local, en una forma agresiva nos ordenó que nos fuéramos, que la reservación era para las 9 p.m. Es posible que yo me haya equivocado cuando hice la reservación por teléfono, pero la forma de impedir que nos quedáramos en el vestíbulo, nos cerrara la puerta en las narices y   nos pusiera prácticamente “de patitas en la calle” bajo la lluvia me confirmó de nuevo, como si fuese necesario, la forma en que son tratados los turistas en algunos lugares en París. La reservación estaba hecha a nombre de nuestro gran amigo italiano y al llegar todos conversábamos en esa bella lengua.
Como en una noche de 30 de diciembre todos los restaurantes suelen estar completos, después de dar un paseo bajo la lluvia por la espléndida Place Vendôme, regresamos a las 9 p.m. Tuvimos que pedir que nos recogieran los abrigos, pues al desagradable y autoritario camarero sólo le interesaba tomar nota de los platos que pedíamos. Éste exigió que escogiéramos inmediatamente el postre. Reconozco que la cena fue de una calidad correcta. Pero a la hora de los postres le trajeron a uno de nuestros amigos un gran dulce de chocolate que él no había pedido.

El camarero insistió en que lo había pedido y exclamó… ¡Qué tenía que comérselo! ¡Algo realmente inaudito! Pedí hablar con el patrón y resulta que era él. Le dije en francés: “usted no puede obligar a un cliente a comer algo que no ha pedido, ¡Esto es insólito!” Se retiró de mala gana mientras exclamaba en voz alta: “¡Ahí se lo dejo, no se lo voy a cobrar!
La falta de savoir faire fue enorme. Creo que deberían enviarlo junto a los otros camareros a pasar un curso en la célebre Escuela de Hotelería de la ciudad suiza de Lausanne, considerada como una de las mejores del mundo.
Al fin llegó la cuenta. El patrón lanzó en voz alta en una especie de venganza: “no les cobré el dulce de chocolate”. Lo cual   hizo que llamáramos la atención del resto de los clientes. No nos trajeron los abrigos. Tuvimos que desplazarnos hasta un   pasillo que comunica con otra sala, abrir un gran armario, tomar nosotros mismos los abrigos desde altos percheros que colgaban a unos  tres metros de altura ante   los impasibles camareros.

Al salir a la calle había un taxi aparcado frente al restaurante, mi esposa se fue a dirigir al chofer, cuando el patrón se precipitó para decirle de una forma poco elegante: “éste no es para usted, yo   lo pedí para otro cliente”.
Creo que nunca más iré al Restaurante La Bofetada y además, no se lo recomiendo a nadie salvo a los masoquistas.

Un gran abrazo desde La Ciudad Luz y… Feliz Año Nuevo,
Félix José Hernández.


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