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Recodemos a Mazorra

Cuba/ Salud Pública ¿Suprema Lex?

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Fallecidos por hambre y frío en enero de 2010, pulse sobre la imagen para acceder a reportaje fotográfico.

Cubamatinal/ Hace apenas un mes se cumplieron dos años del fallecimiento por abandonos y maltratos de un número indeterminado de pacientes del Hospital Psiquiátrico de La Habana, conocido como “Mazorra” por la urbanización donde se encuentra situado. Según los reportes oficiales, los fallecidos fueron 26, según otras fuentes muchos más (con cifra que oscila alrededor de los 40 pacientes fallecidos, ya que muchos fueron trasladados y sus decesos se produjeron en otras entidades hospitalarias). Si quiere acceder a la imagen propagandística del hospital, ofrecida por su director:  Pulse sobre esta presentación en PDF.
Por Miguel A. García Puñales

Madrid, 6 de febrero/ CM/ Lo peor de todo es que en las fotos de los fallecidos, además de las aberrantes condiciones de desnutrición (una de las dos causas principales –junto al frío- de las muertes según el informe oficial) son evidentes maltratos físicos y golpizas, tanto que en la foto de la morgue de uno de los pacientes, aún muestra un corte en el arco superciliar izquierdo ¡con sangre fresca!

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Para nada se ha comentado sobre la aberrante práctica hospitalaria del uso de los “Retenes”, es decir enfermos psiquiátricos internos contratados en condición de enfermeros para “poner orden” y “calmar” al resto de los pacientes cuando se “alteran”. Este personal es el que –junto a otros enfermeros reales- reducen mediante camisas de fuerza a los pacientes fuera de control, aplicaban ¿O todavía aplican? las técnicas de electro shock, -durante años también se habló de lobotomías- y , cómo no, suministran los simpáticos baños mediante mangueras de agua a presión al amanecer de cada día, como presumiblemente haya ocurrido el día de autos.
Los conglomerados institucionales cubanos con visos de estabilidad, en breve tiempo adoptan un sistema de organización similar al de las prisiones. La afirmación no es peyorativa, existen fundamentos contrastados.
En las prisiones, además del poder absoluto de las autoridades carcelarias sobre los reclusos , son transferidas –por parte de las propias autoridades-  algunas  cuotas de poder a presos, que o bien por su fuerza, maldad o ascendencia de cualquier tipo sobre el resto de la población carcelaria “cooperan” con el fin real fundamental de cualquier prisión, es decir; garantizar que los reclusos cumplan su condena de encierro, que lo hagan de la forma más “pacífica” posible y sobre todo que no generen conflictos que puedan poner en peligro físico a los carceleros, ni complicar la carrera profesional de los directivos de dichas entidades.

Después – solo después-  se oirá hablar de “sistemas de reeducación” o de los distintos tipos de terapias conductuales más o menos efectivas –casi siempre menos- y en todos los casos los conglomerados institucionales reproducen el esquema de gobierno del cual dependen, es decir, son entidades con una forma de gobierno totalitario.

El esquema carcelario – a escala social-  está implantado en todo el país y es cada vez más rudo, en la medida que el espacio físico, capacidad de movimiento y acceso a mecanismos de protesta, sea cada vez más reducido.
Sitúe por ejemplo a 600 estudiantes habaneros de enseñanza media (7º a 10ª grado) a estudiar en calidad de internos en una Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC), en Isla de Pinos, a seis horas de viaje en barco desde la costa sur de la isla de Cuba y al menos una hora o dos de transporte terrestre  (casi inexistente) entre el embarcadero y las edificaciones escolares.

Establezca una visita a su familia en La Habana cada 35 días para una duración de 72 horas  (incluido el trayecto en barco de ida y vuelta). Con ello en principio se habrá obtenido el aislamiento de los adolescentes de sus padres de forma casi total exceptuando el período vacacional entre cursos escolares.

Añada a ello que el centro educacional, por carencia de profesores, utiliza como empleomanía en el 70 % de los casos a estudiantes con nivel escolar (y edad)  de 10º grado y sin formación alguna como docentes –se supone que inician sus estudios docentes justo cuando ya se hacen responsables de grupos escolares-, sume que en casi ningún caso se contratan empleados para cubrir puestos de servicios, tales como limpieza, auxiliar de cocina comedor etc.
Siga sumando que dichos escolares duermen en habitaciones  intercomunicadas de no menos de 20 literas por cubículo y que en dichas habitaciones no pernocta ningún adulto – ni siquiera en papel aparece la plaza de celador como empleomanía de la escuela-, que además, los estudiantes son utilizados como mano de obra laboral durante cuatro horas diarias para atender diferentes cultivos (con norma de producción incluía).

Las resultantes son evidentes; el poder de los funcionarios docentes –en este caso-  abarca desde los recursos de la institución hasta los métodos que ha de agenciarse para hacerla funcionar en la precariedad de recursos humanos –no digamos ya económicos- , por tanto ese poder es ejercido con  mayor o menor éxito en reorganizar la vida de los que se le subordinan.
En este caso concreto aparecen los “instructores”, es decir, alumnos de grados superiores que se convierten en verdaderos “mandantes” según el argot carcelario. La vida en los dormitorios pasa a ser un remedo de una “galera” carcelaria, donde impera la ley del más fuerte. Por no hacer referencia a la muy extendida práctica de la pederastia.
Calculen a partir de este ejemplo de un área que siempre se supuso muy protegida –niñez y juventud ¡Oh Dios!-  lo que puede ocurrir, y de hecho ocurre todos los días del mundo en aquellas instituciones donde los internos, o bien han sido despojados de sus ¿derechos civiles? o son considerados como algo menos que objetos parlantes.
Un artículo escrito a raíz de los hechos de Mazorra y a la firma del periodista independiente Jaime Leygonier,  puede ser consultado íntegro en formato PDF  pulsando sobre el enlace. En él se ofrecen testimonios de quién como el propio Leygonier transitaron por la salas del publicitado hospital psiquiátrico. También facilitamos el enlace a algunos videos sobre el tema:

A día de hoy y después de los juicios sobre los hechos, los grandes culpables siguen en la calle y lo que es peor, gobernando la nación y no sólo en los nuevos cargos que puedan detentar el ex director de la institución hospitalaria (Dr. Lorenzo Somarriba que a fecha de enero de 2011, -un año después de los hechos de marras-, se encontraba en Haití al frente de la brigada médica cubana, reportando a Cuba Debate) o el ex ministro de Salud (también miembro del Consejo de Estado, del que sepamos no ha sido separado), ni siquiera el secretario Municipal del PCC del Municipio Boyeros con oficina a escasos diez minutos del hospital, sino los mismos que desgobiernan desde hace más de 50 años y en cada nuevo ciclo de agarre al poder nos quieren vender como “cambios” lo que sólo es más de lo mismo.

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