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El verdadero mercado mayorista
Economía/ Ya lo hemos dicho…¡A que lo cierran!

Fotos: Osmar Lafitta
Cubamatinal/ Se encuentra en la explanada ubicada frente a la fábrica de discos compactos y componentes electrónicos “Luz Producciones” que sirvió como depósito de contenedores, de la mencionada industria, en la Avenida 114 entre calle 59 y el puente de la Autopista Nacional, en el municipio Marianao.
Por Osmar Laffita
La Habana, 8 de febrero/ PD/ En ese yermo, de lunes a sábado, antes que salga el sol y hasta horas de la tarde, se estacionan centenares de camiones de propietarios particulares provenientes de casi todas las provincias del país. Todos están cargados de los más diversos productos del agro, que los representantes de los productores comercializan de manera directa con todos aquellos que deseen comprarlos.
Antes de partir a este destino, campesinos, cooperativistas y usufructuarios de tierra negocian con los propietarios de camiones el precio definitivo del traslado de sus mercaderías hasta La Habana. Tan pronto llegan, de inmediato se inician las ventas bajo el principio de oferta y demanda sin que medie la autorización de las empresas de Acopio o las instancias comercializadoras del Ministerio de Comercio Interior.
Nicolás G. Leyva, un camionero que reside en Santa Clara, provincia de Villa Clara, refiere que hace meses no otorgaban licencias operativas y para poder vender los productos en la capital dejaba caer una buena suma de dinero por debajo de la mesa y de esta manera evitaba que le decomisaran la mercancías.
El camionero villareño viene a La Habana por que en la cabecera de provincia y pueblos cercanos se vende muy poco, porque son muchos los que ofertan mercancías. Salió con los primeros rayos del sol cargado de piñas, que oferta a 6 pesos cada una.
Explica que estas ventas empezaron hace dos meses en La Plaza de Marianao, luego la trasladaron para el desmantelado Central Toledo, a pocos metros de la CUJAE, y ahora se encuentra en este lugar, pero se rumora que se trasladará para el Parque Lenin.

Al amanecer comienzan a arribar de los diferentes puntos de la ciudad, carretilleros, coches tirados por caballos, triciclos, camionetas, motocicletas, autos particulares y centenares de personas que vienen a este atípico mercado mayorista de productos de abasto en búsqueda de los productos agrícolas más demandados.
Los que compran en mayores cantidades son los tarimeros de los mercados agropecuarios de oferta y demanda, los dueños de los puntos de ventas, carretilleros, propietarios de paladares y cafeterías, que vienen a este lugar a buscar alimentos frescos, ya sea viandas, granos, vegetales, frutas. Los adquieren luego del natural forcejeo para lograr un precio con el que se “puedan buscar algo”. Sus ventas en los 14 municipios de la capital, tienen la ventaja de que el producto que ofertan, es fresco: desde su recogida en el surco hasta que se oferta al público, no trascurren más de 48 horas.
En cuanto a los precios que ponen los camioneros, se escuchan muchas inconformidades. Elvira T. Rodríguez, dueña de un punto de venta en la Habana Vieja, es de la opinión de que la prensa debe publicar que los campesinos venden muy caros sus productos. Ante la disyuntiva del “lo tomas o lo dejas”, se ve obligada a pagar por determinados productos a 4 pesos y luego lo vende a 6, para tan siquiera ganar algo.
Esta nueva modalidad del comercio directo de productos del agro es lo que permite que por primera vez, a horas tempranas de la mañana, los habaneros que acuden a estos expendedores particulares de alimentos, puedan comprar fresco el producto que desean. El problema es que los precios por lo general no están al alcance de los bolsillos de aquellos cuyos salarios, en la mayoría de los casos, no rebasa los 18 dólares mensuales.
Estas ventas directas de productos del agro, no están legalmente autorizadas. Los productores, por el momento, evaden las infernales trabas burocráticas y el injustificado acoso policial.
La situación plantea un gran reto al Ministerio de la Agricultura, porque se da el caso que los mercados agropecuarios estatales permanecen vacíos la mayor parte del tiempo. Cuando venden algo, son productos de mala calidad y en cantidades limitadas, aunque en ellos los precios sí están al alcance de todos.
Las producciones de los cooperativistas, campesinos y usufructuarios, con menor cantidad de hectáreas de tierra, y salvando infinitas trabas, son hoy las que garantizan que los habaneros puedan comer diariamente. Aunque muchos tengan que hacer sus inventos y buscar el dinero para degustar un suculento potaje, una rica ensalada de tomates, pepinos y pimientos o hacer una caldosa con todo lo que lleva.
La población de la capital se pregunta cómo es posible, si el Estado posee las mayores extensiones de tierra y los recursos que necesita para explotarlas, que sus establecimientos permanezcan la mayor parte del tiempo vacíos, y sin embargo, los vendedores privados oferten de todo, en cantidad, variedad y calidad. Con ellos, los clientes son exigentes, porque las mercancías las pagan a muy altos precios.
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