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Los exiliados del Archipiélago
Cartas a Ofelia/ Crónicas

Cubamatinal/ París, 7 de febrero de 2012.
Querida Ofelia:
Desde el mes de septiembre se encontraba en la pila de libros que tengo en “lista de espera”, para cuando tenga tiempo irlos leyendo. Ahora que me he “bebido” en sólo cinco días sus 298 páginas, siento no haberlo leído antes.
Les exilés de l’Archipel, cuyo autor es Christophe Mory, nos cuenta la historia que comienza en un país tropical (El Archipiélago), formado por siete islas volcánicas y que es azotado regularmente por los ciclones. El país fue colonia portuguesa hasta 1885. Fidel, líder carismático que se hace llamar El Conducator, toma el poder y provoca la huída del país de los miembros del anterior gobierno, los burgueses y los miembros del clero (a pesar de haber sido educado por los jesuitas). Su secretaria-amante Valérieane, le sirve de confidente y de barrera contra los visitantes indeseables.
Cuando el cura Recogi huye para salvar su vida y el Conducator crea una terrible prisión llamada Vaderemo, se produce la desbandada.
Eduardo Barlet es un intelectual que escribe los discursos de Fidel, éste último lo envía a París a asesinar a un importante exiliado. Eduardo parte con su hermano Adolfo y traicionan al Conducator al pedir asilo político en Francia.
A partir de ese momento esta bella novela te engancha, pues la narración de la vida de los hermanos Barlet en la Ciudad Luz en los medios de la disidencia es magistral. Sus aventuras y desventuras nos recuerdan las pasadas por nosotros mismos o a exiliados conocidos. Sin lugar a dudas que Mory conoce bien los medios intelectuales de exiliados en París. Los lugares: restaurantes, plazas, bares, calles, plazas, teatros, etc., nos recuerdan a alguien o algún suceso ocurrido en ellos.
Adolfo vive intensamente su condición de gay. Es manipulado por militantes políticos extremistas como Jean-Daniel y sus camaradas; participa en manifestaciones y en actos en lugares simbólicos de la izquierda como son la Sala Wagram y sobre todo el Teatro de la Mutualité. Perseguido por los terribles recuerdos de la muerte de su madre, trata de escapar de ellos, llevando sus experiencias gays hasta un punto del cual no hay vuelta atrás.
Eduardo Barlet se dedica a escribir, también participa en programas de televisión y en actividades culturales. El monólogo del admirador que después de regresar de pasar unas magníficas vacaciones en El Archipiélago le pide la dedicatoria de su libro, es delicioso.
Mientras que Pedro del Poder, vive en la elegante Avenue Foch, otros exiliados como Eduardo tratan de sobrevivir a la presión que es ejercida sobre ellos por los códigos culturales y el status de exiliados. Eduardo llega hasta detestar a Francia y preferir el regreso al Archipiélago, aunque ésto lo lleve a la cárcel en cuanto que baje del avión.
“No hay gran poesía sin gran exilio”, escribió Dominique de Roux. Creo que es una gran verdad.
Christophe Mory le da las gracias al célebre escritor Eduardo Manet, ya que durante el Salón del Libro le abrió los ojos sobre la pena que provoca el exilio. Agrega: “El personaje de Eduardo Barlet no tiene nada que ver con él, así como El Archipiélago no es Cuba. Sin embargo, era en él en quien pensaba mientras trataba de ponerme en el lugar del exiliado”.
Le recomiendo esta interesantísima novela a todos aquellos que quieren conocer al otro París, el de los exiliados. Ella nos hace reflexionar sobre los límites del discurso político, la vanidad del militantismo y el fin de los lazos de solidaridad a pesar de las buenas intenciones. Nos describe a mi querida Francia por medio de las ilusiones y desilusiones de un refugiado político.
Este cuento trágico sobre el fin de un mundo, ése que todos los exiliados dejamos atrás al partir de nuestra tierra natal, nos lanza hacia la esperanza.
Christophe Mory, antes de Les exilés de l’Archipel, ya había publicado: Paris, 1788 (2003), La Passion de l’art (2003), Les Sauvages (2004), La Maladie des autres (2004), Charles de Foucauld (2005), Casta Diva (2005), Le Mystère Schubert (2006) y Molière (2007).
Te lo haré llegar a San Cristóbal de La Habana por la misma vía que suelo hacerlo, para que lo hagas circular entre los amigos y familiares que dominan la lengua de Molière.
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz con gran cariño,
Félix José Hernández.
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