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Un parto de los montes
Opinión/ Acerca de una conferencia baldía

Cubamatinal/ Tras ver los resultados de la recién concluida Primera Conferencia del Partido Comunista de Cuba (PCC), hay que reconocer que actuó con sabiduría el General de Ejército Raúl Castro cuando el 12 de enero, refiriéndose a ese encuentro, declaró a la prensa: “No hay que hacerse tantas ilusiones”.
Por René Gómez Manzano
La Habana, febrero/ Esas manifestaciones, aunque hayan representado el clásico jarro de agua fría lanzado a los que desde muy diversos sectores expresaban sus esperanzas de que el inédito evento comenzara los cambios profundos que Cuba necesita, sirvieron al menos para que la inevitable desilusión resultase menos sorpresiva.
En verdad, las intervenciones que han ido publicando los medios masivos de comunicación constituyen un ejemplo difícilmente superable de estancamiento y continuismo. Con el propósito declarado de sacar a Cuba del hoyo en que está, la dirigencia anuncia el empleo de viejas recetas: las mismas cuya aplicación la metieron en él.
Al analizar los documentos emanados de la flamante Conferencia, el colega Luis Manuel García Méndez, en un extenso trabajo fechado en Madrid, hace un resumen antológico de algunas de las frases hechas de los comunistas utilizadas ahora, las que, de manera harto sospechosa, se parecen demasiado a tantos mamotretos redactados y tantos discursos kilométricos pronunciados durante el último medio siglo.
Cedo a la tentación de citar algunas de esas perlas del saber: “impulsar la participación”, “perfeccionar la atención política”, “profundizar en la conciencia”, “enfrentar los prejuicios”, “incentivar la participación real y efectiva”, “desarrollar la labor política e ideológica”…
Igual que un ganso, cuyas plumas tienen la virtud de permanecer secas aunque el animal haya estado durante horas en el agua, así también el partido único cubano, tras haber obrado a su antojo durante medio siglo, parece sentirse exento de toda responsabilidad por la situación caótica en la que está sumido el país.
Sus más encumbrados líderes no tienen empacho en reconocer —como lo hizo el mismísimo Raúl Castro— que Cuba se encuentra “al borde del precipicio”, pero, en virtud de algún mecanismo psicológico cuyo secreto es una exclusividad suya, eximen de toda responsabilidad a esa misma organización dirigente, así como al hombre que rigió durante decenios los destinos de todos.
Al contrario: el señor Fidel Castro mereció una mención especial del actual Máximo Líder, quien lo caracterizó como “el único Comandante en Jefe de la Revolución Cubana” y aclaró que sólo el Partido es “el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo” en él.
Como es lógico, con esto el señor Raúl Modesto, haciendo honor a su segundo nombre, sale al paso de los apapipios que pretenden calzarlo en las botas —o, por mejor decir, en las actuales zapatillas deportivas— de su hermano mayor (quien, por cierto, no hizo en la Conferencia ni siquiera una aparición simbólica).
En contra de lo que pudiera pensar cualquier ser racional de otro país, los comunistas, tras haber conducido a Cuba al actual atolladero, siguen considerándose los únicos aptos para sacarla de él, y niegan la posibilidad de que el pueblo tenga alguna otra opción. Para ello, su actual Primer Secretario alega que “renunciar al principio de un solo partido equivaldría, sencillamente, a legalizar el partido o los partidos del imperialismo”.
Desde luego, quien atribuye esta última condición a las organizaciones políticas opositoras es la misma camarilla gobernante, la cual, al esgrimir ese pretexto, se libra de cualquier competencia indeseable que, en la desastrosa coyuntura de hoy, podría conducirla a resultados harto adversos a sus propósitos continuistas en el ejercicio del poder.
El monopartidismo, de paso, es justificado por el General de Ejército mediante invocaciones al Apóstol Martí, quien, en palabras del orador, concibió “la creación de un solo partido político: el Partido Revolucionario Cubano”.
El argumento es no sólo absurdo, sino también viejísimo, y ya en 1997, en el manifiesto La Patria es de todos, mis tres hermanos de causa y yo lo respondimos con una perogrullada necesaria: “No se conoce un dirigente político que haya creado simultáneamente varios partidos”. Por desgracia, el comentario conserva hoy su vigencia.
En resumen: Empleemos la conocida frase castellana: la Primera Conferencia del PCC ha resultado ser un verdadero parto de los montes.
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