Cuba/ Opinión

Cubamatinal/ El artículo “Una conspiración de bellas personas”, de Néstor Díaz de Villegas (Diario de Cuba, 25 de abril) me deja totalmente desconcertado: no sé si es en serio o una broma.
Por Luis Cino Álvarez
La Habana, 3 de mayo/ PD/ En caso de ser lo segundo – ojala no haya empezado a perder el sentido del humor-, me parece que el tema no da mucho para chistes, cuando ahora mismo hay decenas de compatriotas como José Daniel Ferrer no solo en peligro de podrirse en la cárcel, sino de muerte. Y no me refiero solo a los presos políticos. Hablo también de todos y cada uno de los disidentes que en Cuba somos rehenes de una dictadura proverbialmente tozuda y soberbia, que suele ser sumamente peligrosa cuando se asusta.
No quiero sonar dramático. Los que me conocen saben bien que no lo soy. Prefiero la chanza y la jodedera antes que la pompa, el almidón y los discursos grandilocuentes. Eso me ha traído algunos encontronazos con ciertas figuras de la oposición que no son tan razonables como Díaz de Villegas supone.
Tan dañino resultan para la disidencia el ninguneo, la desconfianza y los ataques paranoicos de los que debían ser sus amigos como ir al otro extremo para idealizarla y atribuirle virtudes en demasía, con tantos defectos como tenemos.
¿Quién le dijo a Néstor Díaz de Villegas que ahora mismo en la oposición pacífica en Cuba no hay bribones, timadores, antisociales y demagogos? No son mayoría, pero los hay. Los conocemos. ¿Para qué caernos a mentiras?
¿Y cómo no iba a haberlos? ¿Acaso no está llena de ellos la sociedad cubana actual? Después de todo, bastante buenos hemos salido los disidentes.
Somos pacíficos, razonables y para nada fanáticos, pero quién le dijo a Díaz de Villegas que muchas veces no hemos tenido que vencer la tentación de partirle la cabeza a algún chivato y ponerles un carnaval de piedras y botellazos a los porristas en un mitin de repudio.
¿Cuántas veces hemos advertido la tendencia de trasplantar al campo opositor los vicios y las taras del oficialismo, de donde provienen muchos de los líderes opositores?
Y lo peor de todo, la intolerancia con todo el que discrepe un milímetro de nuestras opiniones, el que enseguida es acusado de “trabajar para Seguridad del Estado”. Pero lo más triste es que muchas veces es verdad.
Las dictaduras son pródigas en crear, además de (a)seres sumisos y desmoralizados, personalidades sicóticas y paranoicas. Gente tan ninguneada que se muere por buscar protagonismo como sea.
Con esos bueyes hemos tenido que arar. Y hemos arado, aunque los surcos no sean un prodigio de rectitud.
Como todos los disidentes no son absolutamente virtuosos, tampoco sus actitudes redundan en la esterilidad. Qué va a ser improductiva la disidencia, si hasta los marabusales puestos en arriendo por el raulismo, producen. Poco y malo, pero producen…
Casi puedo aceptar la afirmación de Néstor Díaz de Villegas de que a pesar de sus abismales diferencias, el castrismo y su oposición juegan en el mismo bando: “operan en el mismo terreno, se emiten y se absorben en un mismo campo dinámico, y han llegado a una especie de equilibrio.”
Aceptación que hago con la salvedad de que el hecho de que los que solo tienen el cuerpo para recibir los golpes, logren empatar a cero el juego con una dictadura omnipotente que no se mide demasiado a la hora de ser cruel, es casi una proeza.
Necesitaría entender a qué se refiere Díaz de Villegas cuando afirma que “el castrismo tardío, el castrismo replicante, se presenta como el producto de la hibridación contrarrevolucionaria.”


