El meridiano y el mercado

Sociedad/ Literatura desconectada de la realidad

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Foto: Osmar Laffita

 

Cubamatinal/ Recientemente, el número 9 de Upsalón, la excelente revista literaria de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, publicó las respuestas de varios de sus lectores  a la pregunta: ¿Por dónde pasa el meridiano de la literatura contemporánea?

Por Luis Cino Álvarez
La Habana, 15 de junio/ PD/ Todas las respuestas eran de escritores.  Se quejaban de la desconexión cubana con lo que se escribe actualmente en el mundo, enumeraban los autores contemporáneos casi inaccesibles a los cubanos –Bolaño, Auster, Carver, Murakami-, o se referían a los conflictos del individuo frente al poder político y económico y su búsqueda de libertad.
Pero Susana Haug Morales, una joven escritora, traductora y profesora de Literatura Latinoamericana de la Universidad de La Habana, se puso pedante y en guardia tercermundista, más propia de hace cuatro décadas que de la segunda del siglo XXI  y se quejó de “la línea paradigmática virtual,  encajada por supuesto en el Viejo Mundo de rancia prosapia, en los Estados Unidos o en España para nosotros los latinoamericanos, a partir de la cual deba orientarse y regirse cualquier desarrollo y destino escriturario posible”.
Con acritud, Haug Morales señala: . “Listados de revistas voceras como Granta y catálogos de Alfaguara, Anagrama y Tusquets dictan y validan qué leer, a quién leer, generan tendencias, valores, grupos, promociones, hornadas y hasta inventan a los nuevos Rimbaud del futuro, a los imprescindibles nombres de mañana y de ahora mismo…”
Ante las dificultades para penetrar en el mercado editorial español,  algunos escritores cubanos, como el  bonaerense  Borges hace más de seis décadas – salvas sean las distancias- se quejan de que Madrid no los entiende…y Barcelona tampoco.

Pero por esas dos ciudades, que funcionan como los filtros de la literatura que se hace al sur del Río Grande,  pasan inexorablemente los meridianos editoriales para los escritores hispanoamericanos. Digan lo que digan,  no se puede negar que han dado excelentes frutos. Y algunos de ellos, residen en Cuba: Pedro Juan Gutiérrez, Ena Lucía Portela, Leonardo Padura, Senel Paz…

Sin embargo, un grupo de quejosos de la UNEAC adoptan poses de aldeanos acomplejados, paranoicos y resentidos. Pretenden que no les interesa el mercado editorial extranjero, que para ellos es la fuente de todas las perversiones ideológicas y estéticas. Acusan de prostituir su arte a los que logran triunfar “afuera”. Se proclaman creadores elevados e incorruptibles, “ajenos a los premios pactados y a los intereses comerciales y políticos” que, según ellos, priman en las editoriales extranjeras.

En la UNEAC y sus cenáculos adyacentes se suelen escuchar  críticas a “la alfaguarización”, al realismo sucio y a “las historias de Centro Habana” que se venden como pan caliente en el mercado español. Aseguran, con los ojos en blanco, que  no quieren caer en la tentación de complacer al mercado y dar la imagen de una ciudad en ruinas y un país en desbandada.

Entonces, más que por no dar el gusto al mercado, para ocultar su mediocridad y su inseguridad, se ponen expresamente anti-cartesianos, que es el mejor modo de aparentar mucha enjundia donde escasea. Recurren a  experimentos posmodernistas, descontextualizan sus historias. Los más conservadores, acuden  al banquete lezamiano, ahora que no entraña riesgos babosear sus migas. Luego, se proclaman, además de incorruptibles, incomprendidos.
Habría que ser aldeanamente testarudos para afirmar que Pedro Juan Gutiérrez o Leonardo Padura hacen concesiones para complacer al mercado. El lector en Cuba  apenas tiene  opciones dentro de la limitada oferta que le permiten. El mercado internacional tiene otras reglas de juego. El lector no es un cautivo, tiene derecho a elegir lo que lee.  Los editores no pueden ser ajenos a ello. Ciertas adaptaciones al español “de verdad” o las traducciones,  no son concesiones al mercado, como pretenden algunos perretosos en la UNEAC, sino a lectores  pertenecientes a  otra cultura.
Hace varios años,  en el Centro Cultural “Dulce María Loynaz”, en un panel sobre   el marketing editorial en Iberoamérica, el escritor Senel Paz  explicó: “El mercado no es bueno ni malo, sino algo que existe, con lo que hay que trabajar. La solución no es darle la espalda, sino escribir buenos libros”.
Por donde quiera que pase el dichoso meridiano, es un consejo que debían seguir muchos en los predios de la UNEAC.

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