Cartas a Ofelia/ Crónicas galas

Jardín del Museo Cognacq-Jay
Cubamatinal/ París, 16 de julio de 2012.
Querida Ofelia:
El museo lleva el nombre de Ernest Cognacq (1839-1928) y el de su mujer, Marie-Louise Jay (1838 – 1923). Empresarios audaces, poco antes de 1870 abrieron une modesta tienda de novedades a orillas del Sena, en París, que en unos años se convirtió en uno de los grandes almacenes de la capital: La Samaritaine.
Sin descendencia, la pareja Cognacq-Jay se dedicó a numerosas obras sociales (guarderías, pensionados, hospitales, hospicios, etc.). Marie-Louise Jay también fundó en 1906, un jardín botánico, La Jaysinia, en Samoeëns (Alta Saboya) de donde era oriunda, mientras que, el mismo año, su esposo financió un museo de historia local en Saint-Martin de Ré, su ciudad natal, el museo Ernest Cognacq.
Tras la muerte de su mujer, en 1925, Ernest Cognacq, decidió legar sus colecciones artísticas a la Ciudad de París. Un año después de su muerte, en 1929, se inauguró el Museo Cognacq-Jay.
Fue a finales del siglo XIX cuando Ernest Cognacq, que rondaba los sesenta años y ya disponía de una gran fortuna, cuando se convirtió en coleccionista. Además de las obras del siglo XVIII, la mayoría de las cuales se conservan actualmente en el museo parisino, su colección incluía también pinturas del siglo XIX, que no formaron parte del legado. La mayor parte de la colección estaba dedicada al siglo XVIII que, en aquella época, se había convertido en un valor seguro. De este modo, Cognacq se inscribió en la lista de los principales coleccionistas de su tiempo.
Aunque es muy probable que Cognacq no dispusiera del tiempo ni de todos los conocimientos necesarios para elegir cada objeto, la gran homogeneidad de la colección refleja su gusto. Para realizar sus adquisiciones, se rodeó de diversos consejeros, anticuarios e historiadores de arte. Por otra parte, sabemos que le gustaba participar personalmente en las subastas.
El arte del siglo XVIII tal como se presenta en el museo Cognacq-Jay no está completo: es un siglo XVIII visto según el gusto burgués del siglo XIX y de comienzos del XX, orientado hacia un arte amable e intimista. Se ha excluido, por ejemplo, la pintura religiosa o histórica -exceptuando a Rembrandt y Tiepolo.
El primer Museo Cognacq-Jay se abrió en el 1925, en el boulevard des Capucines, en un anexo de la Samaritaine denominado “La Samaritaine de luxe”. En 1981, cuando ésta última cesó su actividad, el museo tuvo que trasladarse. Reabrió sus puertas en 1990, en un palacete privado salvado de la ruina, en el barrio de Le Marais, el palacete Donon. Construido en el último cuarto del siglo XVI, entre patio y jardín, el palacete Donon es una residencia privada típica del Renacimiento clásico francés. Aunque las decoraciones interiores se han modificado en gran medida, la distribución general está prácticamente intacta. La escalera, con una baranda de hierro forjado, data del siglo XVII y el pavimento y la carpintería del Gran Salón de comienzos del siglo XVIII. Destaca la estructura original, visible desde la buhardilla.
La presentación en el boulevard des Capucines no pretendía crear la ilusión de una residencia habitada. No ocurre lo mismo en el palacete Donon, aunque la sensación de penetrar en una antigua residencia intacta es engañosa: excepto algunos vestigios conservados, todos los elementos decorativos (suelos, carpinterías, chimeneas, etc.) se renovaron y proceden del primer Museo Cognacq-Jay.
La sala I del primer piso propone una evocación de la pintura francesa de comienzos del siglo XVIII, en torno a la fiesta galante, especialmente con obras de Jean-Baptiste Pater, émulo de Watteau, y de su taller. En el gabinete contiguo, observamos un cuadro de juventud de Rembrandt, El profeta Balaam y su burra, firmado en 1626.

El Gran Salón
El Gran Salón presenta la única decoración que se ha conservado del palacete, que data de finales del siglo XVII. En él se puede admirar un hermoso mobiliario estampillado y un conjunto de retratos franceses e ingleses de los años 1770 (Vigée-Lebrun, Cotes). La sala siguiente está organizada en torno a un excepcional escritorio con marquetería “Boulle”.
En el segundo piso, la galería sur está dedicada a esos pequeños muebles auxiliares cuya invención revolucionó la idea de confort: mesillas de noche, escritorios o tocadores, etc. Cuadros intimistas, especialmente de Boilly, ilustran la vida doméstica.
El gabinete de porcelanas presenta un conjunto único de figuritas de porcelana de Meissen. En las paredes, se pueden admirar los retratos de los niños de Greuze.
Cabe destacar dos obras maestras en la sala VIII, un Bodegón de Chardin y el busto del Mariscal de Sajonia de Jean-Baptiste II Lemoyne.
La galería norte evoca a Italia y, en particular, Venecia, con Tiepolo, Canaletto y Guardi. En contrapunto, Boucher, el gran rival europeo de Tiepolo, se presenta en el apogeo de su arte con su La vuelta de la caza de Diana, que data de 1745.

Parte alta del lecho polaco.
El tercer piso era sin dudas el de los apartamentos privados del palacete Donon. Una suntuosa cama dicha “a la polaca” atribuida a Georges Jacob acoge al visitante. El gabinete contiguo está dedicado a Fragonard, especialmente con Perrette y el cántaro de leche, variación virtuosa de la famosa fábula de La Fontaine. El salón de los pasteles es bien conocido, en particular con el Retrato de la Presidenta de Rieux de Maurice Quentin de La Tour.
Cuando se abrió el museo, le galería inglesa constituyó une singularidad en Francia donde este arte estaba poco representado en aquella época (Reynolds, Lawrence, etc.).
El salón acoge un mobiliario estampillado de alta calidad: un par de cómodas de Martin Carlin, un pequeño escritorio oval de RVLC y dos mesas mecánicas atribuidas a Jean-François Oeben, de las cuales una, denominada “a la india”, es excepcional.
Una parte de la colección de objetos de orfebrería reunida por Ernest Cognacq se presenta en cuatro vitrinas del cuarto piso. Estos objetos son auténticas obras maestras de invención, de fantasía y de técnica: estuches de cera, de costura, cajas de tabaco, de lunares postizos, de fichas de juego, bomboneras, etc.
Estos objetos son de oro, plata, piedras duras, enriquecidos con piedras preciosas, recubiertos de nácar, porcelana o esmalte translúcido, a veces adornados con miniaturas. Las formes que adoptan también varían y a veces son incongruentes, reproduciendo un dromedario, un violín, una cabeza enmascarada o una pierna. Se trataba de objetos preciosos, de uso doméstico, a veces real, pero que generalmente se utilizaban como regalos cuyo valor comercial se calculaba. De esta forma, el rey y la reina honraban a muchos de sus cortesanos.
La gran buhardilla en el quinto piso era la de la servidumbre. Actualmente se presenta une parte de la colección de esculturas, como el conjunto de esculturas de terracota de Clodion.
Médéric de Donon, inspector de edificios de Henri III, hizo construir en este lugar una sencilla casa, de tamaño modesto, pero en el barrio de moda. En el entresuelo pueden verse las antiguas cocinas del palacete. El jardín ha conservado su perímetro original. Allí pasamos un buen rato descansando antes de ir a almorzar a un café aledaño y posteriormente dirigirnos a la Place des Vosges, a visitar la casa del gran Víctor Hugo. Pero sobre ello te contaré en otra carta.
Museo Cognacq-Jay, museo del siglo XVIII de la Ciudad de Paris. 8, rue Elzévir. 75003 Paris.
Un gran abrazo desde La Ciudad Luz,
Félix José Hernández.