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Dossier especial: Lo que el viento se llevó (II Parte)

 Documentos/ Presente, pasado y futuro de la Revolución cubana

 ochoa

Cubamatinal/ Por considerarlo de extremo interés para nuestros lectores, hoy continuamos con la segunda parte de un documento analítico -editado en tres partes- que a la firma de Eugenio Yáñez, Juan Benemelis y  Antonio Arencibia, se publicó en Cubanalisis, importante pagina de estudio y opinión sobre la realidad cubana.

                         
Por Eugenio Yáñez, Juan Benemelis y Antonio Arencibia

           
ENTRAR AL CORRAL SIN SALIR DE LA HEREJÍA

El gran fracaso

Los elementos de la crisis convergieron en 1967-68, años de extrema vulnerabilidad política y de violentos choques intestinos, donde se puso en tela de juicio el rumbo del castrismo. Fidel Castro enfrentó el descalabro de su estrategia del “foco guerrillero” al fracasar el Che en las selvas del Congo en 1965 y después ser capturado y asesinado en los altiplanos de Bolivia en 1967. Se produjo la escalada militar norteamericana en Vietnam, sin que el “campo socialista” organizara una respuesta adecuada. No le quedó mas remedio a Fidel Castro que apoyar la invasión del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia.     

El socialismo cubano fracasó en toda la línea; y la economía no salió de su grave crisis. Eran momentos de confusión teórica, desmoronamiento moral y gran corrupción administrativa; de oposición popular y extensas purgas de cuadros demasiado críticos, quienes presionaban por un rompimiento total con la vieja guardia marxista, y se oponían a la estrategia azucarera.

La crisis de poder que provocaron los sucesos de Praga en la Unión Soviética, Hungría, Alemania Oriental y Polonia tuvo sus efectos en Cuba. Fue el momento de una violenta pugna entre marxistas pro-soviéticos y revolucionarios antisoviéticos en favor de la desestalinización, quienes parecían ganar la partida: figuras como José Llanusa (a la sazón el tercer hombre del país), Marcelo Fernández, Faustino Pérez, el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, los guevaristas, los viejos combatientes del clandestinaje urbano y grupúsculos de anarquistas y trotskistas. 

Estados Unidos no mostró interés en una reconciliación con Cuba tras el rechazo de Castro a las ofertas de Lyndon Johnson; la URSS patentizó su irritación ante el “socialismo cuartelero”, y China engavetó el caso cubano; se afectó el consumo alimenticio y la disponibilidad de petróleo. Entre 1967-68, el “anibalismo”, el trotskismo, las huelgas del presidio político, la disidencia intelectual, el “revisionismo” marxista, la “ofensiva revolucionaria”, la “moralización”, las movilizaciones agrícolas y la catástrofe del foco guerrillero, marcaron un corte radical y una crisis interna.

Moscú trató de arrinconar a Fidel Castro, restringiendo el petróleo y utilizando elementos de la vieja guardia comunista nucleados nuevamente alrededor de Aníbal Escalante, quien ya entonces había regresado de su “exilio” checoslovaco.

La “micro-fracción” como llamó Castro a esta corriente, manifestaba su inquietud por la fusión extrema del Partido y el Estado. La estratagema soviética con Aníbal Escalante fue descubierta por el jefe de los servicios de inteligencia Manuel Piñeiro, “Barbarroja”, impidiendo su transformación en una verdadera conspiración.

La guerra civil había pasado hacia tiempo ya, aunque las masas no respondían los enardecidos discursos del líder. Si bien al principio Castro temió que la micro-fracción realmente hallara eco en una población descontenta, ésta,  aislada en una querella por el poder, no aprovechó la crisis del sistema y el descontento popular, no conformó una política que la vinculase con las corrientes opositoras y las masas de descontentos; Castro llevó a la micro-fracción a su terreno real, la lucha de fracciones, donde su liquidación como grupo o corriente se realizo con facilidad.

Al ubicarse el castrismo en un vago trotskismo guevarista, desencadenó en la nueva generación de marxistas una inclinación antisoviética y hereje de la cual no podría sustraerse como generación. Muchos de estos elementos fueron excluidos del poder en los años siguientes, cuando la mano soviética hizo mayor acto de presencia.

El realineamiento con la URSS

Los gestos en la década sesenta alrededor de la nueva izquierda euro-americana y del maoísmo impactaron a los jóvenes revolucionarios en Cuba, que pensaron erróneamente que ambos movimientos iban a liquidar las raíces del estalinismo, sin percatarse que sólo implicaban un cuestionamiento sobre la naturaleza del poder soviético. Dentro de la joven generación que se incorporó a la revolución pululaba una miríada de corrientes, posiciones y  filosofías (todas anti-soviéticas), desde un virulento maoísmo a grupúsculos trotskistas, socialdemócratas y anarquistas.

A fines de la década sesenta hubo un amago de liberalismo marxista entre estos jóvenes revolucionarios, producto indirecto de los tímidos pasos de “deshielo” en el bloque soviético. Su maduración coincidió con el diferendo ideológico chino-soviético, la desvalorización universal provocada por la guerra de Vietnam, la ocupación soviética de Checoslovaquia, las crisis universitarias en Occidente, y la campaña de los derechos civiles en Estados Unidos.  

Dentro de Cuba alcanzó su punto culminante la discrepancia con los soviéticos, la herejía teórica de los jóvenes marxistas y la represión contra los elementos de la vieja guardia estalinista. Fue la época de la famosa “vía cubana” y su construcción simultánea de socialismo y comunismo (1966-1970); del Hombre Nuevo guevarista; de las ediciones de libros polémicos; del Congreso de Educación y Cultura de La Habana (1968); de la revista Pensamiento Crítico (1967-71). La posición de estos jóvenes pensadores adquirió influencia en toda su generación entre los intelectuales y escritores; el baluarte de esta posición era el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana. Parapetados en una mezcla del nuevo marxismo ecléctico europeo, castrismo, y un vago “trotskismo” guevarista, las posiciones de esta corriente desembocaron en un virulento anti-sovietismo y un utópico socialismo, más flexible y democrático.

La corriente a favor de una mayor democratización y apertura, constituida en esencia por la joven generación y por intelectuales, profesionales, científicos y funcionarios, recibió en todo el proceso poco poder político. Ambas se oponían al totalitarismo carismático y a la dependencia de la Unión Soviética. En las décadas ochenta y noventa una parte de ellos conformaría posiciones contestatarias en la cinematografía, los intelectuales, y los grupos internos de disidencia y de defensa de los derechos humanos.

La crisis de poder en todo el bloque soviético provocada por los sucesos de Praga tuvo también efectos en Castro, temeroso de los ecos internos que pudieran provocar las reformas checas. La Habana rindió su política exterior a los soviéticos, a la vez que intentaba neutralizar la densa atmósfera antisoviética y anti-ortodoxa en muchas esferas del estado y de la economía cubana.

Fidel Castro compartía la posición de los “internacionalistas” del politburó soviético (con Mijail Suslov a la cabeza) de asumir una ofensiva y un cometido mas estrecho con los países “aliados” del tercer mundo. En Cuba se siguió con detenimiento esta pugna en la dirección soviética, cuya solución posterior tendría consecuencias para Cuba, que costó los cargos a Nikolai Yegorichev y, lamentablemente para Castro, a Alexander Shelepin.

La división del politburó soviético a raíz de la crisis en Checoslovaquia mantuvo a la dirección cubana en una posición de cautela. Tras la conferencia en Ciena, en julio de 1968, entre el politburó soviético y el checo, Moscú planteó la disyuntiva entre paralizar la reforma o la invasión militar. El régimen cubano fue consultado simultáneamente a la celebración en Bratislava de la reunión del Pacto de Varsovia donde se presentó el ultimátum a los checos, lo que devolvió la confianza a Castro acerca de la fiabilidad de la sombrilla militar soviética. A todo esto no fue ajeno un viejo aliado de Castro, el Mariscal Andrei Grechko, entonces ministro de defensa y motor de la invasión.

Por su parte, el ejemplo checo estaba influyendo en intelectuales y jóvenes marxistas cubanos, y Castro temía que hallara eco en el grueso de su dirigencia, de tendencia antisoviética. Mas que ceder a presiones soviéticas, Castro actuó, en el caso checo, por rechazar la proyección política de ese proceso. Los soviéticos, además, habían iniciado un cometido militar mayor en el Medio Oriente, y la coalición anti-Brezhnev del ejército, Shelepin y Piotr Shelest se habían impuesto en el Kremlin. 

Los viejos “bonzos” marxistas cubanos no se equivocarían; la primera forma coherente de oposición de los intelectuales provino de la crítica a los métodos centralizados del poder castrista como “contradicción” al marxismo. Los marxistas ortodoxos cubanos proclamaban que debía implementarse un modelo siguiendo los moldes políticos y económicos soviéticos, mientras los “liberales” consideraban que era necesario evadir la “desigualdad” social y el apoliticismo de las masas que se observaba en el bloque soviético. Esta polémica marxista cobró forma en la serie de publicaciones editadas por la colección Ediciones Polémicas, que dirigió el joven marxista Rolando Rodríguez García.

Con olfato político, Castro decidió coquetear en política exterior con los soviéticos mientras introducía un tinte “achinado” a su política interna: para ello, enalteció los estímulos morales y la ideologización educacional de las masas como elementos cruciales en la construcción socialista. 

Si en el orden externo la búsqueda de un “camino propio” hizo crisis con el descalabro boliviano de 1967, en el interno las discrepancias con la URSS, los ataques políticos, la herejía teórica, la experimentación de nuevas vías y la represión contra elementos de la vieja guardia estalinista alcanzó su punto culminante entre los anos 1968-69.  

La estrategia residía en no provocar dificultades con la URSS en política exterior, para disponer de tiempo y espacio con vistas a cristalizar la estrategia azucarera y la etapa del “esfuerzo decisivo” en la economía.  Pero, a fin de cuentas, al sucumbir la estrategia de la “revolución agrícola” en 1970, Castro pasaría la cuenta a este “desviacionismo” marxista, simbolizado en la joven generación nucleada alrededor de la publicación Pensamiento Critico.

A fines de la década de los sesenta, al calor de las herejías cubanas del momento, de la corriente desestalinizadora que tenía lugar en el bloque soviético, y la revisión teórica que que se hacia de Marx en varios centros intelectuales europeos, se propugnó en la Universidad de la Habana la conformación teórica de un marxismo que diese vida a una “vía cubana”. Este Departamento se conformó con jóvenes talentos que volcaron sus criterios en los claustros universitarios y en obras polémicas como la revista Pensamiento Crítico, y en el Instituto del Libro.

A instancias del propio Fidel Castro se publicaron ediciones restringidas para el Comité Central de las biografías escritas por Isaac Deutscher sobre Stalin y Trotsky, así como textos del economista trotskista belga Ernest Mandel, quien visitó Cuba en varias ocasiones entre 1966-70, invitado por el propio Castro, para impartir seminarios en la Universidad. En esa época eran comunes en La Habana textos de la llamada “nueva izquierda” norteamericana (Baran, Swezzy) de Leo Huberman, Herbert Marcusse, André Gunder Frank, y muchos otros autores contestatarios desde posiciones antisoviéticas.

El grupo sostuvo intensas polémicas con “teóricos” del viejo partido comunista (PSP), y su marxismo de jóvenes pensadores adquirió gran influencia en la generación del sesenta y entre los intelectuales y escritores. Parapetados en una mezcla de guevarismo, cierto trotskismo, gramcismo, el joven Marx, las obras del marxista francés Louis Althusser (foto) y otros, sus posiciones delinearon un virulento antisovietismo marxista que tenia preocupado a los viejos bonzos del partido, al grupo Raúl y a los militares.

Este “coqueteo” de Fidel Castro con esta corriente, en la medida de sus intereses políticos, llegó hasta poco después de 1970, cuando tras el fracaso de la zafra de los diez millones y  la “recurva” hacia la URSS, Raúl Castro, Antonio Pérez Herrero, Osvaldo Dorticós y Humberto Pérez intervinieron personalmente, clausurando el Departamento de Filosofía.

Los soviéticos ofrecieron a Castro ayuda económica para remontar la terrible crisis del fracaso de la zafra los diez millones, dejaron oficialmente sin efecto las hipotéticas deudas por armamento, que a partir de entonces entregarían gratuitamente a Cuba, y dieron quince años de gracia y sin intereses a la enorme deuda cubana. A cambio de ello, exigieron el abandono de las herejías y la vuelta al redil, institucionalizar el país en el modelo “socialista” europeo, la celebración de congresos y plenos del comité central al estilo moscovita, y la “separación” de poderes (en el estilo soviético, no occidental), así como alejar del poder a elementos marcadamente antisoviéticos, lo que se tradujo posteriormente, en el caso más significativo, en la sustitución de Raúl Roa, el carismático Ministro de Relaciones Exteriores, por el gris Isidoro Malmierca, de la vieja guardia comunista y uno de los fundadores del aparato de seguridad cubano.

El gobierno cerró Pensamiento Crítico en junio de 1971: su pecado era su apoyo a un marxismo “independiente” que estaba en boga cuando la revista fue creada en febrero de 1967, pero que  estaba en completo conflicto con el estalinismo que logró imponerse.

Tras el “saneamiento” ideológico, las fuerzas armadas ocuparon paulatinamente toda la dirección ideológica del país, dirigida por un eminente pro-soviético y protegido de Raúl Castro, Antonio Pérez Herrero. A la vez, el ejército comenzaría a proveer al partido y el estado cuadros “fieles”. En universidades y preuniversitarios se reintrodujo el estudio del marxismo-leninismo y se eliminaron las materias de filosofía y sociología.

En la esfera doméstica la estructuración del aparato totalitario represivo del sistema se iría entramando a la vertiente teórica: la dependencia a la URSS, la inconsistencia práctica de la utopía marxista, la brutal restricción del consumo interno y el irracional aislamiento en que se vio sometido el país.

El ejército soviético comenzó a prestar especial cuidado en fortalecer y modernizar al ejército cubano. En abril de 1970 tuvo lugar una visita oficial del entonces ministro de las FAR, Raúl Castro a la Unión Soviética, con vistas a reestructurar las fuerzas armadas cubanas, con arreglo al esquema del Pacto de Varsovia. Moscú recomendó la implantación del modelo económico y la transformación del ejército cubano en una fuerza mas especializada, móvil y con mayor volumen de fuego. La política exterior de Castro se hizo más selectiva, colaborando militarmente con la URSS en ciertas áreas de conflicto (Vietnam, Siria, Yemen del Sur, Somalia).

La Institucionalización

El período que comprende los años de 1971-75 engloba los primeros intentos de reorganizar el país tras el desastre de la zafra de los 10 millones, el caos financiero, las tensiones sociales y la necesidad de la ayuda soviética. La élite castrista apoyó más abiertamente la expansión soviética y mostró sus últimos alientos optimistas respecto al destino de la economía bajo un esquema soviético de funcionamiento.

Los soviéticos enviaron a Cuba a Nikolai Baibakov (foto), presidente del GOSPLAN y antiguo comisario del petróleo en tiempos de Stalin, para tratar de poner un mínimo orden en la economía. Se comenzó tímidamente a rescatar controles económico-financieros y dio comienzo una profunda reorganización y revitalización del movimiento sindical, que culminó con el XIII Congreso de la CTC en 1973 y la entronización, una vez más, del veterano comunista Lázaro Peña al frente de los sindicatos, de donde Castro lo había separado a finales de los sesenta por pro-soviético.

Raúl Castro tuvo a su cargo la recomposición del país tras el desastre fidelista, y fueron poco a poco separados de sus cargos y del poder real un grupo de personajes que entonces brillaban, defensores de un sistema económico utópico y disfuncional, llamado financiamiento presupuestario, que fundamentaban en una supuesta combinación de directivas fidelistas y “enseñanzas” del Che. José Ramón Machado Ventura comenzó una silenciosa y extensa reorganización del partido y sustitución de los cuadros más “liberales” por “ortodoxos”, aunque limitando la participación de la vieja guardia. Comenzaron a la vez los estudios para la reorganización de la administración central del estado, que venía a la deriva desde los años sesenta con las decisiones caóticas de Castro, así como una nueva división político-administrativa del país y el diseño de un nuevo sistema de dirección y planificación de la economía, tareas en las que sobresalió Humberto Pérez González, un comisario de Raúl Castro que ya había tenido un papel importante en la desaparición del departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana.

La dualidad Partido-Estado

En ocasiones Castro solventó el conflicto de dualidad de poder entre el partido comunista y el estado-economía fundiendo ambas instancias en los niveles de base (como el período 1966-71) o separándolos en la base y fundiéndolos en la cúspide (como en los períodos de 1964-67 y 1978-88).

A principios de la década del setenta Castro trató de especializar las funciones partidistas y estatales para revivir el maltrecho aparato partidista. Este proceso de amalgamamiento había tenido lugar de forma inconsciente y gradual, propulsado por el estilo de Castro, la presión del militarismo y la ausencia de calificación administrativa.

Conjuntamente a la remodelación del partido se produjeron variaciones organizativas y funcionales en las organizaciones de masas y la administración estatal. Entre las nuevas tareas concedidas a los núcleos del partido comunista estaba la de apoyar y controlar los planes administrativos y de producción, por los cuales responderían ante los organismos superiores del partido, los únicos facultados para imponer sanciones y orientar los materiales ideológicos.

Se buscó conceder cierta autoridad a los sindicatos, aunque siempre subordinados a las instancias del partido. La Federación de Mujeres Cubanas se remodeló en forma territorial, extendiéndose a las cuadras, mientras los comités de defensa de los centros de trabajo se disolvían para facilitar la labor al partido.

La mayoría de la población se movería en lo adelante encuadrada y vigilada por el partido comunista, las administraciones autoritarias, los sindicatos como extensión de la administración, la seguridad del estado y los comités de defensa, evadiendo los conflictos con cada una de ellas y confusa ante a cuál de ellas debía responder en definitiva. 

Las fuerzas armadas, tras el choque contra los marxistas liberales, y armadas con la ortodoxia de los viejos marxistas cubanos, ocuparon paulatinamente la dirección política del país con “Tony” Pérez Herrero, y comenzó a desbordarse con militares el partido y el Estado. Se desmilitarizaría la economía, pero sin perder las fuerzas armadas la preeminencia ideo-política interna, encajando en la reorientación de las prioridades de política exterior de la Unión Soviética.

La estructura militar cubana, reorganizada a partir de 1971 en el esquema soviético de divisiones y brigadas, descansaba en un ejército profesional y organizaciones paramilitares, con equipamiento convencional. El desarrollo de este ejército, justificado con el “enfrentamiento” y las crisis con Estados Unidos, serviría en ocasiones como palanca productiva y para la extensión de la política exterior. 

En la política de reajuste a partir de finales del año 1970, el grupo de nuevos cuadros que ocuparía altos cargos en la maquina administrativa provenía del ejército amancebado por Raúl Castro, como los comandantes Belarmino Castilla, Antonio Enrique Lussón, José Ramón Fernández, Rogelio Acevedo, Joel Chaveco, Serafín Fernández, “Tony” Pérez Herrero, José Ramón Balaguer y Lino Carreras. La militarización de la sociedad cubana no resultó un mal endémico a la estructura de la revolución cubana, sino que respondía a una alternativa de Castro, que mezclaba sus intereses personales y los de su grupo.

 El Nuevo Sistema de Dirección de la Economía

El alto estrato burocrático y la pequeña burocracia profesional y técnica pugnaban por descentralizar de manos de Castro la toma de decisiones del Estado y la economía, tratando de institucionalizar el impulso carismático y suplantar los funcionarios incapaces leales a Castro, en una tendencia de reformar el sistema desde abajo, considerando que el Estado y la economía, en un modelo económico soviético, podrían actuar como camisa de fuerza al caudillismo.

En ningún momento estos grupos, donde el cerebro conceptual era Humberto Pérez González, con el apoyo de Raúl Castro, y donde se nuclearon jóvenes y no tan jóvenes economistas con criterios frescos, pretendieron posiciones anticastristas, “liberales” o contrarrevolucionarias, pero defendían silenciosamente el establecimiento de un sistema en que los “mecanismos económicos” funcionaran dentro de determinada institucionalidad, que atara las manos a Fidel Castro ante sus exabruptos o desvaríos, como la zafra de los diez millones o la “reinvención” de la ganadería.  Esta atmósfera nunca se transformó en lucha abierta, pues la burocracia disponía de un poder subalterno a la “élite” castrista, y al no trascender la pugna abiertamente a la población, no pudo nunca actuar como maquinaria efectiva de presión sobre Castro.

A finales de 1975 se celebró el largamente esperado primer congreso del partido (foto), con la asistencia de Maijail Suslov (el “número dos” soviético), los primeros secretarios de los partidos europeos en el poder, raquíticas delegaciones comunistas lationoamericanas y “movimientos de liberación nacional”, mientras los chinos y sus acólitos ni se dieron por enterados.

El congreso aprobó las propuestas de una nueva Administración Central del Estado (ACE) la nueva División Político-Administrativa (DPA), que creaba 14 provincias y 169 municipios, incluyendo la Isla de Pinos como “municipio especial” subordinado al gobierno central y no a la provincia habanera, y el Nuevo Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (NSDPE).

Castro abrió el congreso con una feroz crítica en el informe central de todos los errores y fracasos del estilo anterior, que achacó, naturalmente, a todos menos él, cuya única falta habría sido un “romanticismo” revolucionario, y pidió a los delegados la aprobación de las propuestas, no sin antes manifestar crípticamente su oposición a todas las reformas, dejando la ventana abierta para el cuestionamiento de todos los proyectos que vendría posteriormente.

Sin embargo, en la clausura del congreso, solamente cinco días después, hizo público el compromiso del régimen con una participación militar en gran escala en Angola, inventó el concepto de “latino-africanos” como definición de los cubanos, y comenzó el envío de miles de combatientes a la nación africana, que en determinados momentos de la campaña pasaron de sesenta mil. Con esta decisión, aquellos supuestos “mecanismos económicos” que deberían mantener a Fidel Castro dentro de ciertos márgenes previstos, habían nacido con impedimentos genéticos que les impedirían desarrollarse y funcionar como correspondía y se había planificado.

Los nuevos teóricos de la reforma económica, atrincherados en la Junta Central de Planificación (JUCEPLAN), que ahora dirigiría Humberto Pérez con personas de su confianza, pero sin poderse desembarazar completamente de antiguos defensores del sistema anterior, habían realizado una crítica a fondo, donde se vio que la diferencia de criterios no era una mera cuestión de táctica o estilo. Los órganos centrales dictaban las pautas, reflejando la extrema centralización económica y política del país. El intento de reforma tuvo que enfrentar aguda escasez de profesionales y trabajadores calificados, recrudecida por la sangría de combatientes “internacionalistas” hacia Angola, sobre todo en las ramas agropecuarias, la construcción, y las industrias básica, ligera y de alimentación.

Las consecuencias que en la estructura del poder podría tener el nuevo sistema de dirección económica, a través de la autonomía empresarial y la medición de resultados económicos por sobre los “políticos”, asustaron a la élite fidelista, que poco a poco paralizó la reforma y bloqueó la institucionalización, la construcción de un verdadero partido comunista, y la eficiencia en la administración y la gestión económica.

El quinquenio 1976-80 -donde se trataba infructuosamente de aplicar una  reforma económica calcada del modelo soviético, pero con ajustes “tropicales” para poder lograr que Castro la dejara pasar-, conoció el primer intento de la burocracia por legalizar su estatus por sobre el estilo totalitario y unipersonal del Comandante. Estas reformas chocarían con el estilo de dirección del jefe de la revolución. La contradicción entre el líder y la camisa de fuerza reformista se expresaba en las constantes alteraciones y dilaciones que éste introducía en el cronograma de medidas del NSDPE. Humberto Pérez, cabeza visible de la reforma, y encarnando el sentir de la tecnocracia, sabía que la decisión de participar militarmente de forma masiva en África castraba el proyecto de reformas y el primer plan quinquenal, pero era imposible alegar necesidades de la economía como contrapunto a una “gloriosa misión internacionalista” dirigida personalmente, desde La Habana, por el Comandante en Jefe.

El segundo congreso, en 1980, sería fotocopia del primero en cuanto a las dificultades para establecer el sistema de dirección económica que se pretendía, mientras el Comandante en Jefe “dirigía” desde La Habana dos guerras africanas ahora, en Angola y Etiopía, y tras haberse dedicado cuidadosamente a controlarlo, dirigía también el Movimiento de Países No Alineados, cuya cumbre se había celebrado en La Habana en 1979.

Sin oponerse abiertamente a las reformas, Castro colocaría el tema como secundario en sus objetivos y sus referencias permanentes, consumidas casi en su totalidad por las campañas africanas teledirigidas y el movimiento No Alineado. En la etapa entre el segundo congreso y el tercero, en 1986, añadiría a sus temas de interés permanente el de la deuda externa del tercer mundo, y su absurda campaña sobre la imposibilidad de pagarla y, por lo tanto, la necesidad de dejarla sin efecto.

La élite castrista, reluctante a toda reforma que implicara responsabilidad, compromisos de trabajo, eficiencia, y desechar el estilo improvisador y “carismático” que le caracterizaba por imitación del líder, comprendía perfectamente el mensaje de Castro hablando de guerras africanas, no alineados, deuda externa, y “trabajo político”, y adivinaba que las directivas del nuevo sistema de dirección de la economía eran parte de un paisaje que dibujaba la burocracia ilustrada, pero que no estaba en consonancia con el reiterado mensaje del “Jefe”. Consecuentemente, hacía como que le interesaba aplicar esas directivas, pero en la vida cotidiana mantenía los estilos y métodos de trabajo a los que se habían acostumbrado durante un cuarto de siglo.

El modelo soviético

El quinquenio 1976-80, donde se pretendió infructuosamente aplicar una tímida reforma económica caricatura del modelo soviético, fue un intento de la burocracia por legalizar su estatus por sobre el estilo unipersonal. La falta de ascendiente político y las campañas africanas impidieron que cristalizara a su favor la estrategia económica, y Castro se reafirmó nuevamente como astro solar del firmamento cubano.

Los mecanismos democráticos estaban ausentes en todas las instancias; desde el inicio el aparato del partido había sometido a la masa de militantes, al estado y la economía. En 1975, con el primer congreso, las regulaciones y mecanismos aprobados impedían la crítica abierta y publica a las medidas y políticas del buró político.  

El centralismo burocrático había baldado al partido desde su fundación, y el monolitismo y la ultra centralización garantizaban la preeminencia de los castristas en el pináculo. El militante de base estaba incapacitado e implícitamente desautorizado para mostrar desacuerdos ante la línea del partido: debía aceptar como un evangelio todas las orientaciones y consignas.

Ya el terror no solo se había establecido contra obreros y campesinos, sino también contra la propia burocracia. A medida que la tecno-burocracia se fue asentando y moviendo en favor de la institucionalización totalitaria, entró en conflicto con el estilo caudillista del régimen. Por ello, Castro la mantuvo en volumen y poder mínimos, con purgas sistemáticas, evitando su consolidación definitiva como estrato social. Pero tanto el anterior modelo castrista como el nuevo, impostado de la Unión Soviética, resultaban totalmente ajenos a los resultados prácticos. La relación vanguardia-masa nunca se había logrado; las consignas nada concretaban.

La presencia soviética en Cuba era evidente en extremo, concentrándose verticalmente en áreas de lo militar, política exterior y la sociedad. Era profunda la preeminencia soviética en las fuerzas armadas, los órganos de planificación, la industria minero-metalúrgica, la petroquímica, así como la ideología y educación, mientras que en la industria azucarera, el transporte automotor, la cultura, salud publica y la construcción, era menor. Sin embargo, incluso en el área militar, los soviéticos eran escuchados, pero no siempre se aplicaban sus recomendaciones si se consideraban que chocaban con la “línea” del Comandante en Jefe.

El decaimiento de la oposición en los sesenta y parte del setenta se debió a la pérdida de esperanzas por parte de las masas defraudadas por la revolución. Hundidas en la frustración y la supervivencia no lograron  reaccionar contra el castrismo. La juventud terminó por no desarrollar criterios políticos. Esto también se reflejó en la falta de agresividad de los grupúsculos de la nueva clase ante Castro. A finales de los años sesenta la atmósfera de lasitud y conformismo generalizado comenzó a dar paso al resentimiento y critica ante el evidente fracaso del sistema y su líder máximo.   

El primer cisma de importancia se había producido con la disidencia intelectual en 1968-72, considerada como la conciencia política dentro de la burocracia del sistema. Desde 1975 hasta 1980 tuvo lugar la lucha entre la tendencia en favor de la reforma económica-descentralización política y la de los castristas anti-institucionales; entre la burocracia pro-soviética y el caudillismo castrista; entre los defensores de la impronta militar en Angola, Etiopía, Yemen del Sur y Nicaragua y los que favorecían una mayor focalización en la problemática interna. Se esperaba, ingenuamente, que el sistema económico fuese devorando, automáticamente, desde abajo, a funcionarios incapaces (leales castristas) llegando al punto de imponer una camisa de fuerza al máximo líder.

El mantenimiento de cuerpos expedicionarios en el exterior y la erosión de personal calificado que ello significaba, así como la desorganización del plan quinquenal 1976-80 afectaron la marcha económica del país y causaron mayor desaliento en la población.

Comenzaron los choques de organismos y empresas estatales con los órganos del partido comunista, simbolizados en la pugna entre la Junta Central de Planificación y el Comité Central. Pero los enfrentamientos entre los abanderados de la nueva gestión económica y los cuadros afiliados al tradicional estilo operativo de Castro no llegaron a una verdadera crisis política: así se escenificaba la flagrante contradicción del socialismo cubano entre líder e institución, impidiendo a la vez tanto la reforma económica como la pretendida revitalización del partido y los sindicatos. 

En todos esos años del primer plan quinquenal, la Unión Soviética resultó garante internacional de las deudas que el castrismo no podría afrontar, implicando concesiones en la arena internacional, y muy especialmente en los planes de proyección militar. Entre 1977-80 la presión soviética en favor de reformas domésticas en Cuba declinó ante el mayor interés de ambos regímenes en objetivos de política exterior. 

La implicación abierta del régimen cubano en África y su cometido en puntos exteriores especialmente sensibles a las administraciones norteamericanas, propiciaron la atmósfera de tensión que favoreció que Castro dilatara tensiones políticas internas y el malestar popular y amortiguara la reacción general ante el escaso avance o descensos en niveles de consumo. A mediados del setenta existieron tres momentos y corrientes que se entrecruzaron en el orden interno: el internacionalismo y el ascenso de los militares; la burocracia ilustrada y su reforma; y el diálogo con el exilio.

La conformación dentro de la nueva clase de una corriente de oposición resultaba un proceso dilatado. Atrás quedaron el proceso del sectarismo, los comisarios del “caso Padilla”, los roces con jóvenes intelectuales, y el primer intento de la tecno-burocracia por conformar un modelo económico viable. La existencia de una vasta corriente de oposición popular al castrismo dejó de ser una suposición para trasformarse en realidad durante los sucesos de la embajada del Perú y el éxodo por el puerto de El Mariel, a principios de 1980: mostraron desarmado el famoso heroísmo revolucionario.

 EL “PROCESO DE RECTIFICACIÓN”

La regresión en la década de los ochenta

La situación del país en la década del ochenta entró en una regresión que era imposible revertir. A inicios de los ochenta se inició el descenso simultáneo de casi todas las actividades económicas: la agricultura cayó en barrena, la salud y educación se resentían del enorme gasto, y la deuda exterior se elevó a siete billones de dólares, cerrándose los créditos de Occidente.

Las múltiples dificultades financieras propiciaron priorizar producciones para la exportación, impidiendo reducir la dependencia a los mercados exteriores. La economía dependía de las distantes fuentes de suministros del CAME, que con frecuencia no podían servir en el tiempo previsto los suministros acordados, afectando los de por sí poco realistas planes en Cuba.

Como una de las medidas para enfrentar al mercado negro, lograr mayor control sobre los productos agrícolas privados y llenar el vacío entre productor y consumidor, en el año 1980 se estableció el llamado mercado libre campesino, mala copia del “rila” soviético. Salvo carne de res, tabaco, café y cacao, la ley permitía comercializar la sobreproducción agraria directamente a la población, bajo precios de oferta y demanda, gravándose el beneficio en un 20%.

Simultáneamente, se estableció un mercado estatal, a precios más elevados que los subsidiados, en un intento por competir con el mercado negro y el libre campesino, y recoger circulante. Así, en los años 1981-83 se elevó el volumen de productos alimenticios provenientes del agro.

Como entonces se habían reducido drásticamente las posibilidades de encontrar créditos en el exterior, se desplomaron  las importaciones y la confianza de la banca internacional: La situación con ésta hizo crisis en 1982.

En la década de los ochenta, tras el aviso secreto de Brezhnev de que la URSS no podría defender a Cuba en un enfrentamiento con EEUU, se incorporó medio millón de personas a una nueva organización, las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), llamadas a figurar como defensa de los perímetros territoriales ante una agresión militar. El gobierno solicitó armamentos a la Unión Soviética, a la vez que modernizaba e incrementaba el existente y desarrollaba aceleradamente una rústica industria militar. Se requirieron enormes esfuerzos constructivos a la ya débil economía: cientos de naves, campos de tiro, armerías. Las FAR prepararían, de emergencia, cuarenta mil oficiales para tropas territoriales. Por otro lado, a pesar del supuesto peligro en territorio nacional, se reforzaron las agrupaciones destacadas en África, elevando sus efectivos a más de cincuenta mil combatientes.

Castro comenzó a moverse en dirección totalmente opuesta a Mijail Gorbachev desde 1985, y en abril de 1986, solo cuatro meses después del tercer congreso del partido, en una premonición anti-perestroika, lanzó el “proceso de rectificación de errores y tendencias negativas”, cercenando las tímidas reformas aplicadas a medias, restaurando su control personal absoluto en la economía, resucitando “el espíritu del Che”, clausurando el mercado libre campesino, y urgiendo a los trabajadores a renovar compromisos revolucionarios a través del trabajo voluntario.

Castro bautizó peyorativamente a los burócratas vinculados con las reformas como “tecnócratas”, y a los intentos reformistas como “tecnocracia”, envolviendo con ambos términos todo lo que tuviera que ver con lo que él percibía como un asalto contra su poder absoluto. En un momento diría en una entrevista: “Los tecnócratas hicieron una suerte de guerra contra mi muy sutil. Se opusieron a las microbrigadas, a los programas médicos, a muchas de las cosas que yo defendía. Una guerra sutil de toda una generación de tecnócratas educados por allá. Porque incluso el papel del Partido empezó a disminuir; si los mecanismos iban a promover el desarrollo ¿qué papel van a jugar los cuadros del partido?”.

En ese proceso se reestructuró la legislación laboral y los órganos de arbitraje de los consejos de trabajo para asegurar la disciplina laboral y eliminar los escalafones aprobados en el XIII Congreso obrero. Se enfatizó otra vez en las guardias obreras, bajo la orientación del Ministerio del Interior, y se establecieron como lemas sindicales “por el camino correcto” y “trabajando para el futuro socialista de la patria”.

En el año 1989 el gobierno abordó en forma pública la carencia de fuentes de empleo, el desempleo y los miles de técnicos sin ubicación laboral. La política de pleno empleo, la seguridad social y la incorporación de la mujer al trabajo estaba haciendo crisis. Las provincias orientales mostraban el desempleo oculto y abierto más elevado del país: con una población activa laboral que superaba el millón de personas, sólo disponía de fuentes de trabajo para unos 650,000-700,000 obreros.

Castro impulsó el movimiento de contingentes obreros, partiendo del “Blas Roca”, buscando desmembrar el sistema de vinculación de los ingresos con la cantidad y la calidad de trabajo realizado, y para encuadrar a los trabajadores en una organización económica de mando lineal, con un régimen de trabajo de doce horas diarias, donde se permanecía movilizado de forma permanente. Así se organizaron en Matanzas los contingentes para la agricultura, y muchas otras actividades en todo el país.

 La “rectificación”

Desde 1973 a 1985 Castró permitió ciertos elementos del mecanismo de mercado, ante la gravedad de la crisis provocada por el desastre del experimento que culminó con el fracaso de la zafra de los diez millones. En 1985 Cuba recibía un estimado anual de $5,000 millones en ayuda económica y militar, equivalente a casi el ochenta por ciento de su comercio total. Con los nuevos rumbos implantados por Castro en 1986, mediante su proceso de rectificación y de rechazo a la reforma del bloque soviético, este dilema quedó sellado.

En 1987 se inauguran las “vacas flacas” con el anuncio de veinte medidas económicas que reducen cuotas de consumo de leche y carne, y eliminan la merienda de los trabajadores; asimismo, aumentó la tarifa del transporte urbano, energía eléctrica, los precios en el mercado paralelo, y la gasolina. Tuvo lugar una contracción del consumo y un ascenso paulatino en las exportaciones de alimentos y bebidas por la falta de divisas, mientras las importaciones de bienes de consumo y comestibles descendían. Uno de los paliativos para enfrentar la tensa situación interna fue el incremento de la militarización y encuadramiento de la población a las nuevas organizaciones castrenses. Curiosamente, no se mencionaba entonces al “criminal bloqueo imperialista” como causante de los males del país, sino a la tecnocracia que había desviado el camino hacia el futuro luminoso.

Castro se equivocó desde el inicio de su régimen al pensar que la Unión Soviética podía sustituir a Estados Unidos y al mundo occidental como abastecedor de las mercancías indispensables para sostener los viejos niveles de la producción de bienes y servicios, y acrecentarlos dentro de las modernas concepciones del desarrollo.

Convencido de que el bloque soviético existiría eternamente, nada hizo para desarrollar una economía capaz de resolver las necesidades básicas del consumo de la población y mantener funcionando su industria y agricultura. En Cuba se unieron dos factores negativos: la incapacidad del modelo económico estalinista para hacer funcionar debidamente la sociedad y economía de cualquier país, y la abulia de la élite cubana por buscar soluciones a los problemas internos, ya que el maná caería constantemente de la Unión Soviética, y no había por qué preocuparse.

Ya en los primeros años de la década de los ochenta, durante los breves períodos de Yuri Andropov y Konstantin Chernenko (foto), la burocracia soviética no cedió a la presión cubana por comenzar nuevas construcciones, puesto que ya entonces el bloque comunista estaba arruinado. Castro había pensado que la Unión Soviética del inmovilismo era eterna, que el río de la ayuda jamás disminuiría su nivel, que los militares soviéticos seguirían en posesión de la bahía de Cienfuegos para sus submarinos, que la KGB mantendría la base de espionaje de Lourdes, y que los “aparatchik” seguirían viniendo a tomar “Havana Club” en Varadero y en las lujosas casas del Partido a lo largo del país.

La contradicción Castro-Gorbachov se inició mucho antes de que este último ascendiera al poder del Kremlin, al favorecer el cubano al candidato perdedor, Romanov, más a tono con la vieja tradición filo-estalinista. Con la desaparición de la “era Brezhnev”, la perestroika y el gladsnost enterraron la estrategia global en la que Cuba había estado encajada, haciendo que Castro y el castrismo perdieran oxígeno.

A principios de la década ochenta, con la elección de Ronald Reagan (foto) como presidente de Estados Unidos, la presión norteamericana sobre el bloque comunista se acrecentó, en especial ante la focalización soviética sobre Polonia y Afganistán. Fidel y Raúl Castro supieron que no podían contar con la Unión Soviética en caso de confrontación con Estados Unidos, pero  decidieron mantener en secreto para el resto de la dirigencia y la población esta advertencia soviética. La iniciativa norteamericana y la parálisis soviética se confirmaron con la invasión a Granada en 1983, donde Castro pretendió un holocausto de cubanos que no se materializó, al negarse los colaboradores civiles de la construcción a enfrentarse a las tropas norteamericanas

El desarrollo del gladnost y la perestroika comenzó a deslegitimar el estilo autocrático de Castro. Si bien la población mostraba avidez y deseo por recorrer el camino de la reforma, el mensaje del Comandante era contrario. En todas las esferas se manifestaban criterios a favor de cambios, que cada segmento concebía acorde con sus intereses y situación política, mientras Castro no estaba en condiciones de enfrentar de forma abierta la política de reformas de Gorbachov: la introducción de reformas le haría más difícil mantener un control absoluto sobre el firmamento de poder y opinión, especialmente seguir arrostrando fracasos en todos los frentes de la sociedad.

Ante la omisión de Gorbachov de apoyar los movimientos de liberación nacional, en su discurso inaugural al congreso del PCUS en febrero de 1986,  Castro desató una campaña política sobre el cometido de los países socialistas para con tales movimientos. Advirtió que los cambios en el mundo comunista podían conducir a la desestabilización de la economía del país. Al criticar duramente la apertura soviética y los cambios en la Europa Oriental expresó que tal ventana democrática carecía de bases económicas, y que nadie podría predecir hacia donde desembocaría el destino.

Mientras los bonzos partidistas en Europa oriental estaban desconcertados ante la perestroika, Castro se lanzó decididamente en su contra y trató de reorganizar su cuadro doméstico para evitar el impacto total de la debacle comunista. De visita en Cuba, en su discurso ante la Asamblea Nacional, Gorbachov planteo abiertamente su oposición a cualquier teoría o doctrina que justificase la exportación de la revolución o la contra revolución. Los resultados de esta visita, en la primavera de 1989, defraudaron a la población, que esperaba que el soviético forzara a Castro hacia la apertura.
El general Ochoa, Angola y la perestroika

A finales de los setenta, bajo la influencia de Jimmy Carter, se inició en todo el mundo el cuestionamiento a las violaciones de los derechos humanos, y posteriormente las tendencias favorables a reformas, al calor de los cambios en la Europa oriental. En medio de la apertura soviética de Gorbachov se generaron en Cuba criterios y posiciones comunes en favor del gladnost, la apertura política del sistema, la estabilización de las relaciones con Estados Unidos, y una política exterior más acorde con los intereses y recursos del país: esta corriente aspiraba a una institucionalización del sistema sobre bases más flexibles, que pudiera preservar sus posiciones tras la desaparición de Castro.

En el comité central y la dirección militar del país existían fuerzas que expresaban con cautela deseos de reforma del régimen bajo las líneas de la perestroika. Esta disensión de elementos de las estructuras más poderosas del país, las fuerzas armadas y el Ministerio del Interior, llevaría al inevitable cuestionamiento de la dirección estalinista de Fidel Castro durante el caso Ochoa-La Guardia, en 1989. Este proceso, y las extensas purgas en los servicios secretos y la administración, apoyado en los elementos militares fieles a Raúl Castro, fueron  el signo más visible de una fisura en la élite del poder.

Es muy borroso precisar hasta qué punto la élite castrista pudo sobrevivir incólume a la crisis política y de credibilidad que significó el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa; su ejecución fue vista dentro del país como un aviso para aquellos que desearan hacer política sin Castro. No hay evidencias de intenciones conspirativas por parte del general Ochoa y los demás acusados en 1989. La crisis Ochoa-La Guardia degeneró en una vendetta de grupos y purga de grandes figuras, donde cayeron también el general José Abrantes y la cúpula del Ministerio del Interior, y el poderoso Vicepresidente del Consejo de Ministros, el general Diocles Torralbas. El “caso Ochoa” dejó la percepción general de que su verdadero crimen había sido su deseo de reformar al sistema, de resultar una alternativa a las políticas de Fidel y Raúl Castro, y no vínculos por su cuenta con el narcotráfico, como se le acusó. Esta acción drástica, y la pasividad de muchas autoridades frente a la oposición, sugieren una disolución de la doctrina unitaria, aun dentro de las fuerzas represivas.

La retirada obligada del ejército cubano en Angola y la crisis con Ochoa, unido a los diversos grupos internos que abrazaron la consigna de los derechos humanos y políticos, impusieron al régimen el dilema del suicidio o la transformación de la Isla en un vasto campo de concentración..

Castro y el fin de la Guerra Fría

Después del choque de Granada, y las medidas de austeridad obligadas por las nuevas políticas en Europa del Este, los eventos se precipitaron. Primero, las revelaciones de la conexión con el narcotráfico en Panamá, a lo que siguieron los acuerdos de las grandes potencias sobre Angola que impusieron la retirada de la legión extranjera cubana. El “caso Ochoa” dejó entrever fermentos en el equipo dirigente y la amplitud de la corrupción que gangrenaba el aparato estatal.

A pesar del alegado puritanismo castrista se hicieron patentes extensos tratos de la cúpula cubana con el cartel de la droga de Colombia, a través de los buenos oficios del general Manuel A. Noriega de Panamá. Con posterioridad al fusilamiento del general Ochoa, siguió el colapso de los aliados comunistas en Europa, la aceleración de los cambios en la Unión Soviética, la huida de Mengistu H. Mariam de Etiopía, la legalización de UNITA en Angola, y la parodia de “último Mohicano” de Saddam Hussein. Castro no asistió en 1989 a la cumbre de los No Alineados en Belgrado, envíando en su lugar a su hermano Raúl.

Durante los años que Cuba vivía de los subsidios soviéticos a cambio de enviar jóvenes cubanos a matar y ser matados en Etiopía y Angola, no era aparente el pantano en que Castro había llevado al país. El desplome del bloque comunista simbolizó para Cuba la desaparición de su única opción, la integración económica al bloque soviético. Mientras que la derrota electoral de los sandinistas significó la clausura de la revolución latinoamericana castrista.

El fin de la Guerra Fría no solo significó un recio golpe a la Europa Oriental: el colapso del comunismo y la restitución obligada del comercio con moneda dura probaría ser más desestabilizador para Cuba que los cambios en la Unión Soviética. Con la reevaluación de las prioridades en política exterior de las grandes potencias, y la contracción de la Unión Soviética, la Cuba de Castro dejó de ser el Israel del bloque soviético, y se encogió a sus reales dimensiones geográficas y políticas. El régimen castrista quedó en toda su desnudez, y se transformó en una infortunada subcategoría del folclore político caribeño. Sin tropas en África ni guerrillas en América Latina, la posición de Castro como líder tercermundista se esfumó como por arte de magia, y se hizo patente su debilidad como el último bastión de una utopía que fracasó en lo económico y sólo supo reprimir en lo político.

Las reacciones negativas de Castro para con la reforma soviética se transformaron en parte del debate doméstico entre las facciones del Kremlin. La plataforma ortodoxa manipulaba los pronunciamientos del cubano para minar la perestroika de Mijail Gorbachov. La prensa soviética guardó silencio sepulcral sobre el fusilamiento del general Ochoa. El gobierno cubano fue también objeto de ataques públicos por parlamentarios soviéticos. La revista Novedades de Moscú atacó los métodos autoritarios y dictatoriales, el culto a la personalidad, la cruel supresión de la oposición y la corrupción del régimen cubano. Igualmente, acreditó el estimulado aventurerismo exterior de Castro a la histórica ayuda militar soviética .

A partir de ese momento, la “indestructible amistad cubano-soviética”, incluso codificada en la constitución socialista cubana de 1976, quedó en el terreno de la ficción, y las naciones ex soviéticas, surgidas a partir del “desmerengamiento” de la URSS, comenzaron a ver a Fidel Castro como un belicoso asociado político sin poder militar ni recursos, muy lejano territorialmente, y aficionado a no pagar las deudas. 

El marxismo-leninismo ya no sería jamás la “nueva era en la historia de la humanidad”. Fidel Castro quedaba aislado con su “revolución” y ante el dilema de implementar aperturas reales o someter al país a una terrible prueba, comparable con la reconcentración establecida por Valeriano Weyler durante la guerra de independencia. Y sus raíces españolas primaron.

(continuará)

Reglamento de la Agenda para la Transición Cubana (APTC)

Documentos/ Reglamento

 

Cubamatinal/ A continuación publicamos el  Reglamento de la APTC por considerarlo de sumo interés para nuestros lectores.

Reglamento

1. La Agenda para la Transición Cubana (en lo adelante, “la Agenda”), es una entidad abierta a la participación de todas las organizaciones que se opongan pacíficamente al régimen totalitario. En su funcionamiento, la Agenda adoptará métodos de carácter parlamentario, y las personas que integren sus diferentes órganos lo harán en concepto de representantes de distintos conjuntos de opositores.

2. La Agenda reconoce la unidad esencial de todos los cubanos, residan dentro o fuera del territorio nacional. Teniendo en cuenta la separación impuesta por el actual régimen entre unos cubanos y otros, la Agenda proclama su propósito de trabajar con vistas a que, tan pronto surjan las condiciones necesarias para ello, los hermanos del Exilio puedan constituir un órgano representativo propio. A partir de ese momento la Agenda funcionará en forma bicameral.

3. La Agenda persigue el objetivo de lograr la democratización de Cuba, y como primer paso en ese sentido luchará en pro de la liberación incondicional de todos los presos políticos y el cese de la represión contra los opositores pacíficos y toda la sociedad. También batallará por el respeto de los derechos humanos en general y por mejorar la situación de penuria que sufre la ciudadanía.

4. La Agenda estará estructurada a nivel nacional, provincial y municipal.

El órgano supremo de la Agenda es la Junta Nacional, la cual estará compuesta por:

• Representantes nacionales, que serán aquellas personas que, por su antigüedad en la lucha pro democracia, el tiempo de prisión política padecido y/o el papel destacado que desempeñen, sean reconocidas como representantes de un sector de opinión significativo dentro de la oposición, a nivel nacional.

• Representantes provinciales, que serán los compatriotas elegidos con ese fin en las distintas provincias en que se lleve a cabo el proceso correspondiente, a razón de un representante por cada una de ellas. A estos efectos, el Municipio Especial de Isla de la Juventud será considerado como una provincia.

• Representantes grupales, que serán las personas designadas al efecto por las distintas organizaciones o grupos que, con la aprobación de no menos de los dos tercios de los  miembros presentes de la Junta Nacional, sean admitidos en la Agenda a nivel nacional.

En el caso de los representantes provinciales y grupales, la Junta Nacional hará las verificaciones que considere pertinentes a fin de comprobar que las credenciales presentadas por ellos son válidas. Una vez analizada la validez de una credencial, se someterá a votación secreta la admisión del representante correspondiente, la que se considerará aprobada si obtiene dos tercios de los votos de los miembros presentes.

Cada uno de los que al momento de ser adoptado el presente Reglamento ostente la condición de miembro de la Junta Nacional, continuará desempeñando esas funciones hasta que sea elegido como representante, ya sea nacional, provincial o grupal.

5. Los representantes serán electos del modo siguiente:

• Los nacionales: por aprobación de dos tercios de los miembros de la Junta Nacional presentes en la reunión, siempre que ese número equivalga a más de la mitad del total de miembros de la propia Junta Nacional.
 
• Los provinciales: por mayoría de votos de la respectiva Junta Provincial. En tanto no se constituya ese órgano en la provincia de que se trate, se reconocerá que ostenta la condición de representante de la misma, el miembro de la Junta Nacional residente en ella que sea seleccionado como tal por mayoría de votos de la propia Junta Nacional.

• Los grupales: por decisión del órgano supremo de la organización o grupo correspondiente, conforme a sus disposiciones internas. La Junta Nacional, con la aprobación de no menos de dos tercios de los miembros presentes, puede invitar a quien reconocidamente ostente la jefatura de un grupo a integrar la Agenda como representante grupal.

6. Toda agrupación tiene derecho a solicitar su ingreso a la Agenda aspirando al nivel que considere le corresponde por su importancia, su reconocida actividad, el número de sus miembros o su trayectoria en la lucha por la democracia. En consecuencia de ese interés, presentará la solicitud correspondiente al Secretariado Pro Tempore nacional provincial o municipal, según el nivel a que aspire estar representado el solicitante. Si el Secretariado Pro Tempore considera que la solicitud no corresponde hacerla a ese nivel, o si acepta someter la decisión a la junta correspondiente y ésta la rechaza, dicha solicitud podrá ser trasladada (con las recomendaciones que se estimen pertinentes, en su caso) al Secretariado Pro Tempore del nivel inmediato inferior, a fin de que éste la tramite.
 
En caso de que a un nivel determinado sea rechazada una solicitud de ingreso, la misma no podrá ser presentada nuevamente a ese mismo nivel antes de que decurse un año.

7. Las reuniones ordinarias de la Junta Nacional serán convocadas por decisión de la propia Junta, adoptada en la reunión inmediata anterior. Cualquier representante podrá proponer por escrito al Secretariado Pro Tempore Nacional la celebración de una reunión extraordinaria, explicando los motivos que tenga para hacerlo. En ese caso, el Secretariado Pro Tempore deberá circular esta proposición en forma operativa entre los miembros de la Junta Nacional, a fin de que ésta adopte la decisión que estime procedente. No obstante, en casos urgentes y excepcionales en que lo considere necesario, el propio Secretariado Pro Tempore podrá tomar la decisión de convocar a una reunión extraordinaria de la Junta Nacional.

8. El quórum para la celebración de las reuniones de la Junta Nacional es de más de la mitad de los representantes con derecho a voto. En su caso, a estos efectos no se tomará en cuenta a los representantes que sean detenidos o retenidos para impedir su participación. El mismo principio se aplicará en los casos en que este Reglamento establece que los votos favorables a una propuesta determinada deban alcanzar determinado porcentaje del total de miembros de la Junta Nacional.

No obstante, para que un acuerdo de la Junta Nacional sea válido, será necesario que reciba el voto favorable de más de la mitad del total de miembros de dicho órgano. En caso de que una propuesta determinada sea aprobada por mayoría simple o cualificada de los presentes en una reunión de la Junta, pero alcance un número de votos igual o menor que el total de miembros de dicho órgano, el Secretariado Pro Tempore Nacional procederá a solicitar en forma operativa la opinión de los miembros de la Junta que no hubiesen podido participar en la votación, y con vistas al resultado que se obtenga en ese proceso de consultas, determinará si el acuerdo adoptado en principio es válido o no, en dependencia de que, en definitiva, dicho acuerdo reciba o no la aprobación de más de la mitad de los miembros de la Junta Nacional.

9. Las sesiones de la Junta Nacional serán abiertas y públicas. A ellas el Secretariado Pro Tempore podrá invitar a personalidades, representantes de grupos y periodistas, a fin de que puedan conocer e informar acerca del desarrollo de las reuniones. Sólo se tratarán a puertas cerradas los asuntos que exijan reserva, 1o cual deberá ser acordado por la mayoría de los presentes.

10. Para cada reunión de la Junta Nacional se designará a un moderador y un secretario. El moderador no podrá ser miembro del Secretariado Pro Tempore; presidirá la reunión y dirigirá los debates, cuidando de que en todo momento se guarde el debido respeto a las personas y a las opiniones que emitan los presentes, a cuyo efecto adoptará en el acto las medidas necesarias para impedir cualquier intento de agresión verbal o de otro tipo. También concederá o retirará la palabra. En caso de considerarlo necesario, podrá establecer, para la intervención de cada orador, un límite de tiempo que no podrá ser menor de tres minutos. Cuando considere que un tema ha sido debatido lo suficiente, el moderador podrá proponer a la Junta Nacional que se ponga fin al debate y se proceda a votar, en su caso. La decisión sobre la terminación del debate será tomada de inmediato en votación abierta. El moderador podrá intervenir en los debates que se susciten, pero cuidará de hacerlo con mesura. El secretario levantará acta del desarrollo de la reunión.

11. Las votaciones en la Junta Nacional podrán ser públicas o secretas. La votación será secreta siempre que así lo solicite alguno de los representantes presentes. El Secretariado Pro Tempore garantizará las condiciones materiales para que puedan realizarse las votaciones secretas que fueren necesarias.

12. La Junta Nacional elegirá por un período de hasta un año a un Secretariado Pro Tempore Nacional de cinco miembros, el cual estará subordinado a aquélla. La votación será directa y secreta, y el proceso se ajustará a las normas siguientes:

• El número de candidatos será necesariamente de no menos de seis.

• Cada miembro de la Junta Nacional podrá votar por hasta cinco candidatos. Las boletas marcadas a favor de seis o más se conceptuarán nulas.

• Se considerarán electos los cinco candidatos que reciban el mayor número de votos.
 
• En caso de producirse un empate que impida determinar total o parcialmente cuáles son los cinco elegidos, se procederá a realizar una nueva votación entre los empatados. En este caso, cada miembro de la Junta Nacional podrá votar hasta por un número de candidatos igual al de los puestos del Secretariado Pro Tempore que falten por cubrir. Si persistiere el empate, se considerará electos a los que primero hubieren sido propuestos como candidatos.

• En las elecciones del Secretariado Pro Tempore Nacional regirá el principio de su renovación. Por  ese motivo, en cada elección podrán aspirar a ser reelectos por una sola vez no más de tres de los miembros que se encuentren en funciones. En caso de que haya más de tres miembros que deseen aspirar a la reelección, se realizará una votación secreta previa, a fin de determinar cuáles serán los tres que podrán figurar como aspirantes. Nadie podrá ser miembro del Secretariado Pro Tempore Nacional por más de dos años consecutivos.

13. Todos los mandatos de la Agenda son esencialmente revocables. Cualquiera de los miembros de la Junta Nacional podrá proponer a ésta la revocación del mandato del Secretariado Pro Tempore Nacional en su conjunto, o de uno o varios de sus miembros. De presentarse una moción de este tipo, se realizará una votación secreta, y la moción se considerará aprobada si los sufragios a favor excedieren de la mitad del número total de miembros de la Junta Nacional. De alcanzarse esta mayoría absoluta, se procederá a elegir de inmediato, según el caso,  a un nuevo Secretariado Pro Tempore Nacional por el término de un año, o a un número de nuevos miembros de este órgano igual al de los que hubieren sido revocados; en este último caso, la elección será sólo por lo que reste del período. También se procederá a efectuar una nueva elección del Secretariado Pro Tempore Nacional si este propio órgano considera que resulta conveniente realizarla.
Con arreglo al mismo procedimiento, y por igual mayoría absoluta, podrá ser removido excepcionalmente cualquier miembro de la Junta Nacional. No obstante, en este caso cada moción presentada sólo podrá afectar a uno de los representantes, y en caso de ser ella aprobada, no se realizará una nueva elección en la propia reunión, sino que, si el afectado es un representante provincial o grupal, se dará traslado a la Junta Provincial o a la organización correspondiente, según el caso, para que resuelva lo procedente.

14. El Secretariado Pro Tempore Nacional estará subordinado a la Junta Nacional, y tendrá las funciones siguientes:

• Organizar y preparar las reuniones de la Junta Nacional. A ese fin elaborará los proyectos del orden del día y de los acuerdos que someterá a la consideración de la Junta Nacional. También podrá invitar a las personalidades, dirigentes y periodistas que estime pertinentes, en calidad de oyentes. Asimismo podrá invitar a especialistas en concepto de asesores, los que tendrán voz, pero no voto.

• Impulsar el trabajo de la Agenda en el período entre una y otra de las reuniones de la Junta Nacional. Para garantizar que el trabajo de la Agenda se realice con mayor fluidez, el Secretariado Pro Tempore Nacional utilizará, en cada tema en que lo considere necesario o conveniente, el modo operativo de trabajo. A estos efectos, dicho Secretariado Pro Tempore se comunicará con los distintos miembros de la Junta Nacional por teléfono u otra vía disponible, a fin de informarles acerca de los temas pendientes y conocer sus opiniones al respecto.

• Ocuparse de la recepción, custodia y administración de los recursos que reciba la Agenda, brindando informes al respecto a los miembros de la Junta Nacional, a cuyo efecto se guiará por el principio de la transparencia.

• Adoptar y publicar, cuando no esté reunida la Junta Nacional, declaraciones en nombre de la Agenda, siempre que a su juicio la urgencia y la importancia del caso lo ameriten.

• Adoptar, en caso de que se interrumpan las comunicaciones o de que los miembros de la Junta Nacional sean víctimas de detenciones o retenciones masivas, las medidas que fueren necesarias para garantizar que la Agenda continúe funcionando.
15. Los recursos monetarios de la Agenda incluirán los aportes mensuales que hará cada uno de los miembros de la Junta Nacional, en cuantía de entre uno y cinco pesos cubanos convertibles (CUC).

En dependencia de las posibilidades financieras con que cuente la Agenda, se le dará una modesta ayuda económica a quienes trabajen sistemáticamente dentro de ella y a los asesores, y se abonarán viáticos a los representantes que se vean obligados a realizar viajes interprovinciales. También, en la medida en que sea posible hacerlo sin afectar los trabajos propios de la Agenda, se procurará apoyar económicamente las actividades de las distintas organizaciones miembros.

16. El Secretariado Pro Tempore Nacional propondrá a uno de sus miembros para el cargo de Portavoz de la Agenda. El seleccionado para ese cargo por los miembros del Secretariado Pro Tempore será objeto de una votación secreta de la Junta Nacional. Si recibiere más votos a favor que en contra, se le considerará elegido para el cargo; en caso contrario, el Secretariado Pro Tempore deberá proponer a un nuevo candidato. En su caso, la distribución de las restantes funciones en el seno del Secretariado Pro Tempore Nacional será decidida internamente por éste, el que podrá optar entre dar a conocer o no dicha distribución.

17. Los miembros de la Agenda estarán en el deber de acatar y cumplir en lo que les conciernan los acuerdos tomados en forma reglamentaria por la Junta Nacional y el Secretariado Pro Tempore Nacional. Su incumplimiento se considerará una indisciplina.

18. Para la constitución de la Agenda en una provincia cualquiera o en el Municipio Especial de la Isla de la Juventud, la Junta Nacional podrá comisionar a uno o más activistas. Ese activista individual o grupo tendrá la misión de realizar las labores preparatorias que considere necesarias y de organizar en definitiva una reunión de constitución, a la que invitará a los dirigentes opositores de ese territorio a quienes consideren más representativos, siempre que se trate de personas que estén de acuerdo con los fines de la Agenda.
En la reunión de constitución de la Junta Provincial se elegirá a un Secretariado Pro Tempore de tres miembros por el término de un año, y se categorizará a los delegados en provinciales, municipales y grupales, de manera análoga a lo que el presente Reglamento establece para los representantes nacionales, provinciales y grupales, respectivamente, de la Junta Nacional. Asimismo se procederá a elegir al correspondiente representante provincial por el término de un año. En su actividad, los órganos provinciales se regirán por los principios que este Reglamento establece para los órganos nacionales de la Agenda.
 
19. La organización de la Agenda en los municipios, exceptuando el de la Isla de la Juventud, corresponderá a los órganos provinciales, que se regirán en lo pertinente por lo preceptuado para la organización de la Agenda en las provincias. En cada municipio en que se organice la Agenda existirá una Junta Municipal y un Secretariado Pro Tempore Municipal de tres miembros. En el trabajo de estos órganos se aplicarán los mismos principios vigentes para los de nivel provincial, con la excepción de que a la Junta Municipal pertenecerán delegados de todas las organizaciones disidentes radicadas en el municipio que sean aceptadas en la Agenda.
20. En casos excepcionales, la Junta Nacional podrá disponer la reorganización de la Agenda en una provincia, a cuyo efecto podrá comisionar a una o más personas. Estos comisionados estarán facultados para convocar y dirigir una reunión especial de la Junta Provincial que se encargue de reestructurar la Agenda en ese nivel. En caso de que la Junta Nacional considere que el proceso para la integración de la Junta Provincial y la elección del Secretariado Pro Tempore y el representante provincial ha sido antidemocrático o gravemente injusto, podrá otorgar a los comisionados facultades adicionales a fin de que éstos puedan determinar las personas que asistirán a la reunión de reorganización de la Agenda y adoptar otras medidas extraordinarias. La Junta Nacional tendrá la misma potestad con respecto al Municipio Especial de la Isla de la Juventud. Por su parte, las juntas provinciales gozarán de iguales facultades en lo concerniente al funcionamiento de la Agenda en los municipios de su provincia.

21. La permanencia en cualquier órgano de la Agenda es voluntaria, y cada miembro puede salir de él cuando lo estime pertinente. No obstante, la asistencia a las distintas reuniones de cada órgano de la Agenda es obligatoria para sus miembros, y todo el que por cualquier motivo falte a alguna de ellas, deberá explicar las causas de su inasistencia.

  22. Todos los que conozcan del desarrollo de las reuniones de alguna de las juntas de la Agenda, estará en entera libertad de pronunciarse al respecto. No obstante, sólo podrá hacer pronunciamientos oficiales en nombre la Agenda quien haya sido comisionado con ese fin por la Junta Nacional o, si ésta no estuviese reunida, por el Secretariado Pro Tempore.

23. Todos los miembros de la Agenda mantienen su derecho a continuar desempeñando libremente sus actividades como dirigentes o integrantes de las distintas organizaciones independientes a las que pertenezcan.

24. En casos excepcionalísimos, los distintos órganos de la Agenda podrán acordar la expulsión de aquellos de sus miembros que de modo evidente colaboren con la policía política del régimen o cometan otros actos graves dirigidos contra la propia Agenda o contra la oposición en su conjunto. Igual decisión podrá adoptarse contra los que, sin causa justificada, dejen de asistir repetidamente a las reuniones a las que corresponda. En todos los casos antes mencionados, podrá ser creada una comisión ad hoc encargada de estudiar el asunto y emitir su dictamen. En esos supuestos, la decisión correspondiente sólo se considerará aprobada si el número de votos favorables equivale a no menos de dos tercios de los miembros presentes, así como a más de la mitad del total de integrantes del órgano de que se trate. En ningún caso podrá invocarse, como causal de separación, la expresión de opiniones que discrepen de las de la mayoría.

25. La Agenda adopta, como principio de su actuar, el respeto por las opiniones de todos sus integrantes. Los miembros de la Agenda se abstendrán de realizar ataques personales contra sus colegas o contra otros opositores en general.

26. Este Reglamento podrá ser modificado por la Junta Nacional, siempre que el número de votos favorable a la propuesta de cambio equivalga a no menos de las dos terceras partes de los representantes que estén presentes en la reunión de dicho órgano y a más de la mitad del total de sus integrantes.

Dossier especial: Lo que el viento se llevó (I Parte)

Documentos/ Presente, pasado y futuro de la Revolución cubana

Cubamatinal/ Por considerarlo de extremo interés para nuestros lectores, hoy iniciamos la reproducción de un documento analítico -editado en tres partes- que a la firma de Eugenio Yáñez, Juan Benemelis y  Antonio Arencibia, se publicó en Cubanalisis, importante pagina de estudio y opinión sobre la realidad cubana.
 

I.- ESTABLECIMIENTO Y CONSOLIDACIÓN DEL TOTALITARISMO

La victoria revolucionaria contra Fulgencio Batista en enero de 1959, instauró en el poder a los guerrilleros del Movimiento 26 de Julio bajo la dirección de Fidel Castro y rebasó ampliamente los límites de Cuba, no solo traumatizando al continente latinoamericano y su viejo diferendo con Washington, sino entronizando un catalítico de extremismo revolucionario en las relaciones globales. Castro, cuidado celosamente por una pequeña columna guerrillera, se mantuvo en la Comandancia y raramente sostuvo una acción verdadera, pero al entrar en La Habana se vio ante una nación que se rendía al culto de un nuevo caudillo.

La revolución cubana irrumpe al escenario mundial precisamente en momentos en que se producen cambios trascendentales en su configuración debido al enfrentamiento Este-Oeste, influyendo decisivamente en algunos acontecimientos y empantanándose en otros. Nunca en la historia contemporánea un país tan pequeño y magro en recursos  ha ejercido tal influencia internacional.

El castrismo no sólo es hijo del totalitarismo comunista, sino que tiene hondas raíces en el pasado republicano y colonial de la Isla. De no haber existido el marxismo y el bloque comunista, Castro hubiese impuesto un esquema de poder y de control económico muy semejante al hoy existente. El anti-norteamericanismo de Castro se origina en el rencor transmitido por su padre, soldado que sufrió la derrota militar de España a manos de Estados Unidos en la guerra hispanoamericana. Ese sentimiento se incubó en los miles de  inmigrantes españoles llegados a Cuba a principios del siglo XX y fue alimentado por las intervenciones e ingerencias norteamericanas en la joven república. Esos errores fueron sistemáticamente explotados desde los años 20 por la propaganda comunista para terminar bajo el castrismo como dogmas y razón de ser de la “Revolución.

Ya en el poder, Fidel Castro se sostuvo por sus jefes militares guerrilleros, mientras los miembros destacados en las actividades clandestinas urbanas fueron relegados a funciones subalternas. Estos, en su casi totalidad anticomunistas, pronto dejarían de considerar a Castro como su jefe, en especial tras el abrupto viraje en 1960.

Por su parte, el viejo Partido Comunista se había dedicado en la República a las luchas economicistas. Los viejos estalinistas cubanos, encabezados por Blas Roca, propugnaron un socialismo nacional y aislacionista que pudiera reducir al mínimo no sólo la colisión con Estados Unidos sino también la crisis económica interna. Estaban convencidos de que la clase obrera se impondría en el poder finalmente, y que resultaba absurda la impostación del nuevo orden social desde fuera con el foco guerrillero. De ahí la pugna entre los viejos comunistas, más bien pacifistas, y los guerrilleros castristas en el poder, agravada por el estigma de la efímera colaboración de los primeros con el dictador depuesto.

La Reforma Agraria

La rebelión anti-batistiana no fue un movimiento por reivindicaciones rurales y por eso, a pesar de sus promesas, a poco de iniciada, la Reforma Agraria empezó a afectar a muchos campesinos que abandonarían la revolución tan rápidamente como la habían apoyado. La revolución nunca se planteó un reparto de tierras a los jornaleros agrícolas, sino que abrazó la concepción estalinista de estatalización y proletarización rural.

La Reforma Agraria aprobada en mayo 1959 había expropiado todas las fincas superiores a 402 hectáreas y concedió a los arrendatarios y aparceros la propiedad de las parcelas en explotación hasta 26.8 hectáreas (2 caballerías). Al transformarse en 600 cooperativas muchos de los grandes latifundios cañeros, ganaderos y arroceros, el ejército de jornaleros rurales, el sector más pobre de la sociedad cubana, fue privado de adquirir tierras, aunque 150,000 de ellos fueron incorporados a las nuevas entidades, que demostraron cierta capacidad productiva. No obstante, en tres años, en octubre de 1963, Castro firmaba la 2ª. Ley de Reforma Agraria, que dejaba solo 66 hectáreas como tenencia máxima de tierra y marcaba el abandono de toda forma de propiedad privada o cooperativa en favor de la completa estatización del país. Con el INRA presidido por Carlos Rafael Rodriguez, en febrero de 1962 comenzó la disolución de las cooperativas cañeras, que definitivamente quedaronn convertidas en “granjas del pueblo” al terminar la zafra, y sus miembros pasaron a ser obreros agrícolas. 

Con las granjas estatales fracasó el intento de diversificar el agro al eliminarse producciones tradicionales de la ganadería y la caña de azúcar. Al lesionar al campesino medio, el mayor productor de alimentos del país, escasearon de inmediato renglones de primera necesidad: la merma en la producción agropecuaria y la afectación del consumo urbano llevarían a las finanzas, las inversiones, y el consumo a un punto muerto.

Los intermediarios fueron abolidos y los productores obligados a entregar volúmenes fijados por el estado, a precios muy inferiores. Los campesinos dejaron de entregar sus productos para venderlos en el mercado negro de las ciudades o a intermediarios ilegales. Para 1962, cuando los efectos negativos de la reforma agraria se hicieron sentir, se agotaron las reservas e inventarios financieros y materiales heredados de la República, los niveles de consumo se desplomaron y se impuso el racionamiento de víveres pocos meses después.

La transición hacia el nuevo sistema requería de una base agroindustrial muy fuerte y una infraestructura científico-técnica masiva que no existía, lo que precipitó el sistema hacia un bloqueo estructural de sus propios mecanismos, donde la simple estatizac­ión no aseguraba la irreversibilidad del socialismo.

El embargo norteamericano que se había iniciado en febrero de 1962 mediante Órdenes Ejecutivas del presidente Kennedy, comenzaba a desestabilizar una economía que dependía en su tecnología y comercio de los Estados Unidos, creándose un vacío que el campo socialista no pudo llenar con rapidez y calidad. Al evaporarse la disponibilidad de moneda convertible debido al despilfarro financiero, unido a la lentitud y distancias del nuevo mercado del bloque soviético, se impuso una restricción del consumo buscando recursos para sostener un plan de inversiones directas.

Castro apuntaló el monocultivo azucarero con los acuerdos soviéticos de 1963, el abandono de los intentos de industrialización, y los acuerdos  comerciales con el campo socialista: ahora el cultivo de la caña de azúcar financiaría el progreso. Necesitado de una gran disponibilidad de tierra, a causa de a baja productividad estatal, llevó a cabo el proceso de incautación rural de la 2da. Reforma Agraria que elevaría la propiedad de tierras estatales al 70% del total nacional.

La liquidación de la pequeña producción privada y la promoción del estatismo y el cooperativismo productor, con las medidas agrícolas de 1963, fue una política con el objetivo de quebrar los centros abastecedores de la oposición armada en las zonas rurales. Así, su estrategia por aniquilar toda base social y económica a una presunta oposición, asfixió a la pequeña producción privada. Castro jamás confiaría en los pequeños campesinos y no cejaría en ir reduciendo su número y áreas de producción.

La Habana versus Washington

El castrismo inaugura en este hemisferio la era del cuestionamiento a la vieja política injerencista de Estados Unidos, retomando frente a la URSS la “doctrina Monroe” que concedía la prerrogativa norteamericana a la intervención ante la intromisión de una potencia extra-continental. Una de las leyendas de la época es que Estados Unidos forzó a Castro a alinearse con los soviéticos, pero cuando triunfó la revolución en 1959 el Departamento de Estado  norteamericano se había  pronunciado a favor de Castro, quizás esperando por otro Batista. Castro, maniobrando hacia “el este”, buscó el apoyo soviético con el pretexto de liquidar al “imperialismo yanqui”.

El esquema del mensaje pro-castrista en Occidente era que la revolución cubana se había desarrollado debido a las dificultades de orden económico y social en la Isla, y la ficción de que Cuba era un país subdesarrollado sometido al saqueo del imperialismo norteamericano. Hubo una fría e implacable lógica en la estrategia de Castro: una estrecha relación con Estados Unidos hubiera requerido que se amoldara a nociones de legalidad y gobierno constitucional, o por lo menos lo hubiera sometido a las presiones de que Washington aplicaba a los dictadores cubanos en situaciones críticas. Evidentemente, nada por el estilo vendría del Kremlin.

A fines de Octubre de 1959, estalló la crisis más violenta dentro del sistema; el periódico Revolución arreció sus ataques contra la vieja guardia estalinista que perdía todas las elecciones sindicales. En Camagüey, el comandante guerrillero Huber Matos denuncia la tendencia comunista que va adquiriendo la Revolución. Ello desencadenó una colisión dentro del gobierno que terminó con la expulsión de elementos demócratas, sumándole la compulsión para formar las milicias y el control sobre la prensa.

Las elecciones sindicales en aquel mes marcaron el choque con las tendencias no comunistas, opuestas a las maniobras de Castro de conceder carta blanca a los viejos marxistas en el control del movimiento obrero. La dirigencia sindical anticomunista perdió la batalla (David Salvador, Conrado Bécquer, José María Aguilera, Jesús Soto, José Pellón, Octavio Luit Cabrera). En los finales del año, hubo un choque violento y una huelga desatada por los obreros y el sindicato del sector eléctrico contra la administración interventora castrista, por mejoras salariales y sociales.

Otra institución que tenía que ser neutralizada era la Universidad. A principios de 1959, los estudiantes y profesores formaron una Comisión de Reforma Universitaria que organizó tribunales revolucionarios para purgar profesores, estudiantes y empleados que habían colaborado con Batista. La elección del Comandante Rolando Cubelas como Presidente de la FEU dio a Castro control parcial de la Universidad, que aún gozaba de la autonomía tradicional. El fin de la autonomía vino en diciembre de 1960, cuando el gobierno creó un Consejo Superior de Universidades, encabezado por el Ministro de Educación, para dirigir a las tres universidades estatales.

La ofensiva contra la Iglesia comenzó con toda su fuerza cuando ésta se opuso a la transformación de Cuba en una sociedad marxista-leninista. En marzo de 1960, el redactor de la revista católica La Quincena escribió, “La doctrina y práctica comunistas… merecen el repudio de cada hombre que ame la libertad, y deben ser erradicadas”. Dos meses después, el Arzobispo de Santiago, Monseñor Pérez Serantes, divulgó una carta pastoral en la que declaraba que “No podemos seguir diciendo que el enemigo está a nuestras puertas, porque en realidad está adentro, hablando en alta voz, como si estuviera en su casa…El gran enemigo del cristianismo es el comunismo”. La denuncia más poderosa vino en una Circular Colectiva de los Obispos Católicos en agosto de 1960, diciendo que “El catolicismo y el comunismo corresponden a dos concepciones del hombre y del mundo que están totalmente opuestas, y que nunca pueden reconciliarse”. La reacción de Castro y sus aliados fue violenta.  Las turbas interrumpieron la lectura de la Circular en las iglesias.

El único programa de TV dirigido por las Organizaciones Nacionales Católicas, “Mensaje para Todos”, fue suspendido por las autoridades. El golpe decisivo contra la Iglesia Católica vino inmediatamente después de la invasión de Playa Girón en abril de 1961. Curas y monjas fueron puestos en arresto domiciliario, todas las asociaciones religiosas ocupadas militarmente y registradas, y fueron profanadas algunas iglesias. El Cardenal Arteaga pidió asilo en la Embajada de Argentina. El Primero de Mayo de 1961, Castro anunció la expulsión de todos los sacerdotes extranjeros y la nacionalización de todas las escuelas privadas, incluyendo las católicas.

Las Organizaciones de Masas.

La monopolización del poder por el grupo guerrillero y su transformación en partido marxista-leninista buscando la permanencia indefinida, se legitimarían mediante el narcisismo de su pasado de luchas elevado a mitología. Castro abrigaba dos propósitos: garantizar su poder unipersonal y consolidar el apoyo logístico soviético a través de los viejos bonzos estalinistas cubanos.

El totalitarismo tomaba cuerpo durante 1959 y se estructuraría después a partir de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR), los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) y las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI).

Los primeros esfuerzos de este tipo, de envergadura nacional, fueron la creación de las milicias y la Campaña de Alfabetización, que si bien conllevaba un objetivo altruista acarreaba todo un empeño de propaganda ideológica.

Las Milicias y el Ejército resultar­on el centro fundamental de adoctrinamiento político: se mantuvo por otras vías el papel tradicional de fuerza política que el ejército ha venido desempeñando en Latinoamérica.

 En este período inicial, casi todos los organismos estatales existentes se ven forzados a estatalizar la propiedad, motivando transgresiones a las leyes e injusticias, y transformándose cada órgano en instancia de gobierno y cada funcionario en intérpre­te de la aplicación de leyes y normas. El Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA), creado para implantar la reforma agraria se convirtió en un aparato de gobierno paralelo, una especie de Leviatán que controla­ba la agricultura, la producción azucarera, industrial e incluso amplias esferas de servicios.

Playa Girón y las ORI

Mucho se ha escrito del desembarco de una brigada de cubanos exiliados auspiciada por Estados Unidos en abril de 1961, después conocida como Bahía de Cochinos en Occidente y Playa Girón en Cuba. A raíz de la invasión se generalizó una de las olas represivas más gigantescas que recuerde la humanidad, la “Operación P”: en esas horas, alrededor de doscientas mil personas fueron detenidas en una redada acción donde cayeron muchos dirigentes sindicales, técnicos, profesionales.

En ese mismo año 1961 estalló en la ciudad matancera de Cárdenas la protesta popular más masiva que se registra contra el régimen. Sus calles fueron escenario de manifestaciones con calderas y ollas vacías ante las restricciones impuestas al consumo. La protesta fue ahogada violentamente y la ciudad inundada con tropas, tanques, artillería y aviación.

La “Operación P” tuvo de saldo un masivo presidio político con más de treinta mil reclusos, campos de trabajo forzado como la UMAP, persecución a homosexuales, intelectuales, santeros, testigos de Jehová, y un terror generalizado a toda la población, que sobrecogida vio que el régimen no tenía fronteras para la represión.

Esta primera parte del proceso esta muy ligada a la estrategia de acceso, consolidación y transformación de la guerrilla en una élite de poder burocrático-militar. Estos pasos se concretan en una lucha feroz alrededor de la alineación con la URSS. El periódico Revolución, dirigido por Carlos Franqui, enfrentaría una lucha virulenta contra la vieja guardia estalini­sta y su ortodoxia. En julio de 1961 Castro formó las ORI, que asumirá las funciones de dirección política en toda la Isla: ahí se agruparon lo que restaba del Movimiento 26 de Julio y sectores del Directorio Revolucionario alrededor de los núcleos del viejo Partido Comunista.

En un polémico discurso de diciembre de 1961, Castro culmina su espectacular giro, al desplazar a veteranos guerrilleros y hacer equipo con los viejos comunistas, enterrando la revolución agraria al manifestar que el proceso cubano había sido y era proletario. Así, contrario a otras revoluciones donde el grupo original se transfigura en el partido del poder, Castro liquida la organización política que le dio el triunfo, el Movimiento 26 de Julio, e impone su potestad auxiliada por una fracción minoritaria de sus guerrilleros y de los que conforman el clandestinaje urbano, a los que integra a las ORI.

Pero al mismo tiempo destruyó el Partido Comunista y creó su propio partido fidelista, al que llamó “comunista” para enfrentarse a los Estados Unidos y obtener respaldo y poder de la Unión Soviética. La confrontación entre estalinismo y desestalinización, que comenzaba a desgarrar el bloque soviético, halla de inmediato interlocut­ores en Cuba. La vieja guardia comunista atrincherada en las ORI, la revista Cuba Socialista, el periódico Hoy y las famosas Escuelas de Instrucción Revolucio­narias (EIR) simbolizaban la tendencia estalinista.

Esta tendencia perdería su predominio poco después de los primeros años, aunque algunos de sus elementos prominentes retornaron a los primeros planos en la década de los setenta. Los nuevos marxistas, los guevaristas y elementos procedentes de la lucha antibatistiana, teñidos con un vago socialismo, hallan su modo de expresión en el diario Revolución, la revista Nuestra Industria, los ministerios de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior.

La resistencia campesina

Como se ha señalado, en 1962 se empezó a aplicar una nueva estrategia en la agricultura encaminada a ampliar el sector estatal, presionando a los doscientos mil campesinos privados a unirse a las organizaciones económicas estatales. El gobierno comenzó a confiscar las tierras de aquellos que no vendían al estado, siendo  los casos más representativos en las provincias de Matanzas y Las Villas, cuyas producciones fundament­ales se enviaban a La Habana. Así, se fomentaría la oposición armada campesina o simplemente la contracción de la producción privada a niveles de autoconsumo familiar.

Los levantamientos anticastristas que se producirían en estos primeros tiempos, no exentos de injustificables excesos y crímenes, contaron con el beneplácito de las capas rurales más pobres, temerosas de un minotauro estatal que las iba regulando y controlando cada vez más. Puede decirse que los alzamientos anticastristas del Escambray sería el único movimiento político organizado de los campesinos cubanos en el siglo XX, pues la lucha contra Machado fue un movimiento urbano, y la revolución contra Fulgencio Batista resultó un movimiento de la clase media, con un tibio apoyo campesino fuera de la Sierra Maestra.

La guerra civil campesina, definida por el régimen como Lucha contra Bandidos (LCB),  en su etapa más aguda 1960‑1963, provocó la contracción de la producción agrícola y mantuvo en precario la alimentación de las ciudades. Los fusilamientos sin juicios, abusos, torturas e injusticias cometidas por el régimen en las provincias centrales, durante la “Limpia del Escambray” liquidó todo apoyo al gobierno de la población en la zona.

De no ser por la represión organizada y la ayuda bélica recibida de la Unión Soviética, el régimen hubiese naufragado en estos primeros años. Como expresaría acertadamente Franqui años más tarde: “el Escambray no fue organizado por la CIA. Fue un alzamiento interno, donde se confundían revolucionarios perseguidos, rebeldes y campesinos, perseguidos por comunistas y Seguridad, aventureros y gente afectada por la revolución”.

La crisis de los cohetes

En febrero de 1960 arriba a La Habana el vicepremier soviético Anastas Mikoyán, hecho que marcaría un corte en el desarrollo del proceso, al acelerar Castro su cometido con la Unión Soviética. La etapa siguiente de nacionalizaciones, se hallaba ya contenida en la proyección política anterior, de vocación anti norteamericana y totalitaria.

La declaración de Castro como marxista leninista a fines de 1961 coincide con  está presencia soviética, a partir de la cual la subversión exterior cobra interés político y estratégico. En 1961, agentes de la KGB arriban a Cuba, para supervisar y reorganizar la inteligencia. La victoria que logra Castro en Bahía de Cochinos le ayuda a estabilizar­se más firmemente y le provee de mayor valor a los ojos del bloque soviético. El castrismo se debate en su disenso con Estados Unidos, las marchas y contramarchas con respecto a la URSS, y la subversión general de la América Latina

El premier sovietico Nikita Jruschov  concibe la posibilidad de solventar la falta de bombarderos atómicos de largo alcance y “misiles” intercontinentales (ICBM) y decide instalar en Cuba sus cohetes nucleares tácticos. Jruschov pensaba que podía lograr una ventaja nuclear instantánea sobre los Estados Unidos, instalando los cohetes de largo alcance en Cuba. Sólo que los servicios secretos norteamericanos contaban con un elemento técnico que les posibilitó detectar la instalación de los cohetes y obtener superioridad de información en toda la crisis: el reconocimiento fotográfico aéreo utilizando los aviones espías U-2.

 En junio de 1962, Che Guevara y Raúl Castro firman en Moscu un tratado secreto con  para reforzar las fuerzas armadas cubanas y emplazar los cohetes nucleares de alcance medio en la Isla. Tras esta visita, alrededor de 21 buques soviéticos atracan secretamente en Cuba, entre julio y agosto, descargando equipos de guerra de enormes dimensiones, componentes electrónicos sofisticados y sistemas de radares. Por otro lado, se recibían evidencias desde dentro de la Isla del arribo de unidades de combate soviéticas que eran acantonadas en diversos puntos de la isla de forma secreta y aisladas de la población.

Para septiembre, los soviéticos se hallan envueltos en la construcción de los sitios donde serían emplazados los cohetes intercontinentales en las localidades de Guanajay y Remedios, y la de los cohetes de mediano alcance en San Cristóbal y Sagua la Grande. El día 13 de septiembre la CIA vuelve a alertar a la administración Kennedy de que las construcciones en proceso en Cuba eran el preludio para el emplazamiento de cohetes atómicos que luego de instalados resultaría muy difícil su remoción.

Los vuelos de espionaje del U-2 se efectuaron con éxito sobre Cuba entre el 26 de septiembre y el 7 de octubre. El 14 de octubre de 1962, los aviones U-2 de espionaje norteamericanos tomaron fotos de la instalación de cohetes de alcance medio, con ojivas nucleares, en territorio de Cuba. El día 13 de octubre, las baterías antiaéreas cubanas, cumpliendo órdenes directas de Castro, derriban el U-2 espía que pilotaba Rudolf Anderson a lo que siguieron horas de febril preparación norteamericana para un inminente asalto aéreo y terrestre.

El 22 de octubre, horas antes de que el presidente Kennedy hiciera una alocución pública denunciando la presencia de armas ofensivas en Cuba, el secretario de estado Rusk se entrevistaba con el embajador soviético. El presidente Kennedy anunció la imposición de una cuarentena naval a Cuba sobre todo de equipo militar ofensivo; la vigilancia aérea continua; la preparación de las fuerzas armadas para cualquier eventualidad.

Asimismo, el presidente Kennedy solicitó una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU. Finalmente el presidente Kennedy se dirigió al presidente del Consejo de Ministros soviético, Jruschov para que detuviese y eliminase la amenaza a la paz mundial. Al día siguiente, el embajador norteamericano ante la ONU, Adlai Stevenson presentó las pruebas de la instalación en Cuba de los cohetes ofensivos.

U Thant, secretario de la ONU, reclamó de el presidente Kennedy el cese del bloque y del premier Jruschov el cambio de rumbo de todos los barcos en ruta hacia Cuba. Jruschov respondió a U Thant proponiendo una reunión cumbre y anuncia que suspenderá el envío de armas a Cuba si los Estados Unidos levantaban su bloqueo naval. La Habana mantenía la posición pública de que las armas instaladas en Cuba eran defensivas.

Al día siguiente, un abatido Jruschov propone iniciar la negociación del retiro de los cohetes nucleares y los bombarderos Il-28 de la Isla a cambio de instalaciones norteamericanas cercanas a la Unión Soviética, en especial la remoción de los cohetes estratégicos nucleares Júpiter que en 1959 habían sido emplazados en Turquía, el flanco sur europeo, y que enfilaban hacia la profundidad de la masa contine­ntal de Eurásia.

Como resultado de la Crisis de los Cohetes, el prestigio de Castro sufre un rudo golpe, especialmente ante los No-alineados, al evidenciarse el papel de su régimen como dependencia militar de una superpotencia, y por la forma en que  manejó públicamente tal aprieto sin contar con Cuba. Países como Ghana, India e Indonesia demandan la inspección in situ del desmantelamiento nuclear, pero un Castro enfurecido les acusa de pro‑imperialistas; su larga y tirante negociación con el soviético Mikoyán termina con la aceptación del acuerdo secreto Jruschov-Kennedy, que prohibe las activida­des subversivas cubanas en América Latina.

Cultura y Revolución

Para producir más “literatura revolucionaria”, el gobierno cubano impulsó la creación de una red de casas editoriales: la Imprenta Nacional, inaugurada en 1959 con la publicación de 100,000 ejemplares de Don Quijote, pronto se dedicó a ediciones masivas del libro de John Reed, Diez días que estremecieron al mundo, y libros de Máximo Gorki, Aníbal Ponce, Bertold Brech y otros.

Los primeros funcionarios de cultura, algunos provenientes de la vieja guardia marxista, como Edith García Buchaca, Mirta Aguirre, Marta Arjona, Mariano Rodríguez, Alfredo Guevara, Julio García Espinosa, Raquel y Vicente Revuelta, Manuel Duchesne Cuzán, y Carlos Fariñas, trataron de conformar un arte populista, basándose en el cartel político, el muralismo y las vallas. El documental igualmente pasó a ocupar un papel central con Santiago Álvarez.

Se fundaron la Unión de Escritores y Artistas de Cuba y las brigadas de jóvenes creadores “Hermanos Saíz”, con el fin de adoctrinarles en la original ideología. De la misma forma, se estableció la cadena nacional de radio y televisión, y en 1961, se instituyeron el Consejo Nacional de Cultura y la Escuela Nacional de Arte.

Durante tres viernes consecutivos en junio de 1961 se reunieron unas 100 figuras de la cultura y la política en la Biblioteca Nacional. El gobierno estuvo representado por Fidel Castro, el entonces Presidente Osvaldo Dorticós, el Ministro de Educación Armando Hart y otras personalidades como el “viejo” comunista Carlos Rafael Rodríguez. Castro pronunció su famoso discurso “Palabras a los Intelectuales”. Dijo que las discusiones habían girado alrededor del “problema fundamental… de la libertad artística creadora”. Todo el mundo estuvo de acuerdo en que la forma debía ser respetada. El asunto esencial, dijo, era la libertad de contenido. Entonces estableció la norma usada para juzgar lo que se permitía y lo que se prohibía: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”.

En el subconsciente de la vanguardia guerrillera cubana yacía el complejo de su incultura, y Castro delineó las prioridades intelectuales al ubicar la gesta bélica por encima de la obra artística, cerrando el camino político a los intelectuales.

II.- EL SOCIALISMO HEREJE (A LO CUBANO)

La polémica de los modelos

Producto del desconocimiento de la mecánica económica del país, de su comercio internacional y escasez de recursos financi­eros, la dirigencia de la Revolución pensó alcanzar rápidamente la autosuficiencia económica.. Este error se pagaría con creces y llevó al país a una vorágine de crisis de la cual nunca ha podido substraerse. La dirigencia titubeaba ante el tipo de modelo económico a aplicar para la transición al socialismo.

Existían dos criterios en la alta burocracia castrista sobre el tema: el de los viejos estalinistas y el de los guevari­stas. Los viejos marxistas cubanos defendían que los estímulos materiales y la autogestión financiera lograrían la modernización de la agricultura y la industria. “Che” Guevara, secundado en silencio por Castro, promovía la formula del factor conciencia, los estímulos morales y el trabajo voluntario, esperando que la sociedad pudiera retribuir el trabajo excedente otorgado por el obrero.

Si bien Castro se salvó de una guerra de grupos al deshacerse del Che y suprimir la micro-fracción estalinista de Escalante, una seria turbonada se originaría desde la esfera intelectual. El debate sobre la desestalinización y su corriente de reforma y apertura se trasladó de la cúpula a los intelectuales y la nueva tecnocracia, dando lugar poco después a una disidencia de izquierda: trotskista, anarquista, o social demócrata.

El concepto guevarista del “hombre nuevo” tenía más en común con los desusados exordios escolásticos del medioevo monacal que con la energía atómica y los avances de la ciencia. Las restricciones del consumo, el sacrificio sin límites para construir el futuro luminoso de las siguientes generaciones y la distribución igualitaria, se circunscribían a los productores; con respecto a los dirigentes, seguirían en posesión de sus privile­gios manipulando la plusvalía social.

Al eliminarse el mercado de fuerza de trabajo sustituído por la asignación estatal, se implementó el trabajo compulsivo. Al subordinarse la gestión económica a objetiv­os políticos, se conformó un modelo económico no-rentable que frenó cualquier propósito de desarrollo.

La industrialización, que previó inversion­es para el período 1960‑1965 por mil millones de pesos, no trajo crecimiento. Ese proceso, preconizado por Che Guevara, no partía de un plan o una idea coherente, sino del concepto simplista de importar industrias que suplantaran importacion­es. Así se inició entonces el penoso camino hacia una descomunal acumulación primitiva de capital, que agotó las fuerzas esenciales y gestoras de la Revolución, en medio del caos social y de consumo, y de las limitantes en calificación técnica y económica de la élite.

A medida que el estado burocrático imponía metas y sacrificios descendía en flecha la productividad del trabajo. Pronto se abandonó el esquema  de lograr un país auto suficiente y económicamente dinámico por medio de la agroindust­ria moderna. Los intentos de industrialización chocaron con los deseos soviéticos de que Cuba se transformase en la azucarera del bloque socialista, lo que no sólo mantuvo el esquema agrícola, sino que lo profundizó en medio de la ineficiencia. El castro‑guevarismo se convirtió en una variante de la teoría de la “revolución permanente”, al considerar que el país no contaba con los medios para un desarrollo económico autosuficiente.

El sectarismo

Castro nunca se convirtió en comunista: encontró y adaptó una ideología, pero el comunismo cuartelario impuesto, sumado al totalitari­smo, resultó en el amargo fracaso de la década del sesenta. Mientras buscaba atenuar los conflictos y crisis internas a través de la expansión armada de su régimen, la lucha de grupos dentro de la maquinaria estatal se disfrazaría con la ideología marxista. Pese a que ya se había extendido el proceso conformista entre las masas populares y se había solidif­icado la hegemonía de Fidel Castro, la revolución había presentado más de un intérprete y matices. Hasta 1963‑1964, primero Aníbal Escalante (foto, de pie) y luego Che Guevara presentaron posiciones propias desde las filas del poder. 

En 1961‑1962 el proceso de estalinización institucional que llevó a cabo Aníbal Escalante, como secretario de organización de las ORI, se produjo con tal fuerza y rapidez, que al año siguiente Castro llevó a cabo un virulento ataque  contra él y sus seguidores acusándoles de “sectarismo”, temiendo que la consolidación de un grupo con fuertes vínculos con la Unión Soviética, se proyectase a largo plazo como alternativa e incluso pudiera suplantarle en su papel de líder. 

Tras propinar el golpe a Escalante y desmontar el aparato de las ORI, Castro creó el Partido Unido de la Revolución Socialista (PURS) e inició la etapa de los guerrilleros en el poder del Partido y el Estado. Hasta la constitución del Partido Comunista en 1965,  el estado asumiría funciones políticas. A partir de entonces, poco variaría la composición general de la nueva clase y del Partido.

El caso Marquitos

La creación del Partido Unido de la Revolución Socialista de Cuba (PURSC) no detuvo la ojeriza de los guerrilleros con los militantes del antiguo P.S.P, ni de estos con el poder personal bonapartista, y hubo una sucesión constante de calamidades, peligros y crisis que finalizaron cuando Castro quedó como árbitro absoluto entre las facciones.

Entre 1963‑1965 se produjo la brusca detención del impulso revolucionario y espontáneo en los estratos dirigidos y dirigentes. Las huelgas del presidio político y el agotamiento del régimen tras la sangrienta lucha contra la oposición armada interna incrementaron la represión. Tal crisis no fue definitiva para el régimen, puesto que los principales opositores se hallaban en el presido, las organizaciones anti-castristas del exilio se habían fraccionado, las masas se hundieron en la frustración y la supervivencia, y la juventu­d, estrechamente regimentada, fue incapaz de traspasar el comentario crítico al sistema.

Cuba apuntaló el monocultivo, el modelo de financiación presupuestada, y el abandono de los intentos de industrialización. El igualitarismo que generalizaba los bajos niveles de vida, era propuesto como “justiciero” por la vanguardia profesional, que se creía en posesión de una teoría perfecta, y trataría de identificar el destino de la nación con el suyo. El estado burocrático-militar castrista iría reproduciendo una aristocracia política guerrillera, distanciada de los productores e inmune a los preceptos coercitivos, aislada de la población y del exterior, para evitar la contaminación de ideas extrañas.

En 1963‑64 las corrientes marxistas cubanas en favor de la desestalinización habían servido a Castro para eliminar el peligro político del “anibalismo”. A comienzos de 1964 comenzó el juicio contra Marcos Rodríguez, un militante del Partido Socialista Popular acusado de delatar a un grupo de asaltantes al Palacio Presidencial en 1957, que fue cercado y asesinado (Joe Westbrook, uno de los asesinados, a la izquierda en esta foto junto a Faure Chomón). Durante el juicio se sugirió que el delator había recibido encubrimiento de altos jerarcas del antiguo partido, conocedores de su delito.

El 26 de marzo de 1964, Castro testificó en el juicio. El “affaire Marquitos” había desatado una vez más una profunda crisis y divergencias en el seno de la dirigencia, sobre todo entre antiguos integrantes del Directorio Revolucionario y el viejo partido comunista, acusado de colaboración conciente con el batistato.

El proceso demostró que las organizaciones antibatistianas aun funcionaban como grupos dentro de la revolución y mantenían rivalidades y vigilancia entre sí. Ante el peligro de división, Castro evita el choque entre estos dos grupos y, tras criticar a la vieja guardia estalinista ordena el fusilamiento del delator Marcos Rodríguez, complaciendo a los miembros del Directorio Revolucionario, aunque sin hundir al PSP. Pero a partir de entonces el Directorio sería apartado de los resortes más importantes del poder.

La élite

Sin oposición interna y tras haber debilitado a los viejos comunistas, Castro lanzó en octubre de 1965 la fundación de “su” Partido Comunista cubano, con una plataforma política que respondía más a su personalidad y acción, y a la hegemonía de su facción, que a las ordenanzas de la central moscovita. Ese nuevo Partido Comunista, ensayado en el PURSC, se abrogó el derecho de representar y regir el pensamiento marxista en Cuba, monopolizado hasta aquel momento por los estalinistas. La selección del comité central y sus órganos se realizó en base a “méritos históricos”, y como la escala de valores considera­ba la lucha guerrillera rural (especialmente en La Sierra Maestra y el Segundo Frente Oriental) más importante que el movimiento urbano clandes­tino, el núcleo rector lo integraron  los jefes guerrilleros del M-27-7, que comandara Fidel Castro. 

A partir de ahí se debilitaron las instituciones y los jefes del Partido, conjuntamente con los del Ejército, lograron sobrepasar a la administración. Aquel mismo año, se desactivaron los periódicos del Movimiento 26 de Julio, Revolución, que dirigía Carlos Franqui, y el diario de los viejos comunistas, Hoy, sustituídos por el rotativo Granma.  De 1965 a 1967 la élite del poder adquiere su razón de ser y estilo definitivo; se reclutan entre los viejos guerrilleros, los directivos del Estado , de las empresas, del partido y del ejército. Pero, más que la hegemonía de un solo partido (el Partido Comunista Cubano) este proceso produjo la hegemonía de una sola facción, la castrista, que tenía como propósito principal garantízar la preservación del poder personal de su líder y autoperpetuarse en el poder.

Los militantes de fila encuadrados en el partido y juventud comunista, según su lealtad al régimen, serían promovidos como cuadros ejecutivos  de la nación, el Estado y la economía hasta niveles intermedios; los simpatizantes fueron asimilados por las organizaciones de masas como los comités de defensa, la federación de mujeres, y los sindicatos como escalón para su posible membresía en las organizaciones políticas.

Una élite burocrática, masculina, blanca, insensible a la represión y las privaciones monopolizaría el poder a nombre de una supuesta profecía histórica. A veces Castro seleccionaba entre ellos chivos expiatorios de sus fracasos, como hizo con Orlando Borrego, Osvaldo Dorticós, Carlos Rafael Rodríguez, Humberto Pérez, y Arnaldo Ochoa. La figura del Comandante sería temida e idolatrada por el grupúsculo de la élite, mientras su poderoso dispositivo propagandístico alentaría una atmósfera de agradecimiento a su persona, de lealtad suprema, que podía ser recompensada con cargos y prebendas.

La lucha contra el burocratismo

El reflujo del movimiento revolucionario con respecto a las clases productoras era evidente en 1965‑1967, años en que se llega a la cima de la curva, tanto en política externa como en economía. Los elementos de esta crisis estallan entre  1967 y 1968, de extrema vulnerabilidad política y de violentos choques intestinos, donde estaba en tela de juicio el rumbo del castrismo. Como telón de fondo están la agudización del cisma sino-soviético, la guerra de Vietnam y el inicio del mito del “Guerrillero Heroico”.

El descenso estuvo condicionado por el enfrentamiento de los castristas, ahora imbuidos de “guevarismo”, y los estalinistas que conformarían una micro-fracción liderada por Aníbal Escalante.

Castro quebró el espinazo de la naciente tecno-burocracia, desmanteló la institucionalización al entronizar el criterio de construcción simultánea del socialismo y del comunismo, desencadenó la llamada ofensiva revolucionaria, la ética moralizante, y las movilizaciones agrícolas, dando un bandazo radical en medio de la crisis interna.

El aplastamiento de la “Primavera de Praga” marcó el fin de la desestalinización dentro de los países del bloque soviético y la fosilización del marxismo, cuyo rejuvenecimiento se intentaba desde las izquier­das independientes europeas.

El socialismo cubano había fracasado en toda la línea; la economía no salía de su grave crisis; la estrategia de la revolución permanente en el exterior y  el “foco” guerrillero guevarista habían fracasado estrepitosamente en el altiplano boliviano. Estados Unidos no mostraba interés en una reconciliación con el régimen. La Unión Soviética mostraba su irritación ante el socialismo cuartelario cubano, y China había engavetado a Fidel Castro al no lograr su alineación. Por otro lado, la débil respuesta del régimen ante la invasión norteamericana a Santo Domingo y su apoyo a la soviética en Checoslova­quia le había mermado la estima de las guerrillas latinoamericanas.

Para fines de los sesenta, la ofensiva antirreligiosa llegó hasta la prohibición de los permisos para las fiestas religiosas de santería y los plantes Abakuá. Se implantaron leyes y normas represivas contra la vagancia, los absentistas, la persecución a los homosexuales y su separación de actividades docentes, culturales y de dirección.  Se aplicaron medidas de un puritanismo ajeno a las costumbres de la población, como la clausura de los centros nocturnos, salones de baile, y venta y consumo de bebidas alcohólicas. La militancia del partido y la juventud comunista, siguiendo las consignas, fue compelida a dejar de fumar emulando la decisión personal del Comandante. Se vigilaba y cuidaba el adulterio entre los militantes, al punto que la policía efectuaría requisas en las “posadas” en busca de esposas infieles a miembros del partido, militares y miembros de la seguridad.

Esta doctrina castro-guevarista del Hombre Nuevo también se encuentra en las obras del “joven Marx” y en la propaganda del Nacional Socialismo. Los factores morales como palanca de estímulos abrazados por Castro, fueron además delineados por Mao Zedong que alababa a ese ejemplar perfecto como la piedra angular del despegue económico, sobre todo debido a que el “ethos” revolucionario y no la calificación técnica, es la condición suprema del cuadro dirigente. 

El régimen utilizaría el sistema de becas, los medios masivos de información, la música y prolongadas movilizaciones para el trabajo voluntario agrícola, para inculcar los  principios del “hombre nuevo”. Pero el resultado fue desalentador en extremo: el nuevo estilo de vida impuesto a lo que llevó fue al incremento de la delincuencia juvenil, y del mercado negro, al descenso de los rendimient­os escolares, la elevación del ausentismo laboral y el recrudecimiento de la inestabilidad familiar.

Salón de Mayo y Congreso Cultural de La Habana

Desde las universidades, y grupos teatrales, en obras literarias clandestinas, en lienzos y en poemas, una parte de la joven intelectualidad se rebelaría ante una revolución petrificada en el populismo y secuestrada por la burocracia militar castrista. Ante la disidencia latente, el estado estableció entre 1965 y 1972 un riguroso control en la cultura, desconociendo los derechos de autor, liquidando las individualidades rebeldes, y las tendencias culturales sospechosas.

En 1965 se desata la campaña contra la dolce vita, supuestamente para moralizar el aparato de dirección, en realidad para acallar las críticas ante la vida de escándalos de altos funcionarios del régimen. Al mismo tiempo tiene lugar la primera gran cacería oficial de intelectuales y homosexuales que van a parar a los campamentos de trabajo forzado, las Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP). La publicación de la UNEAC, La Gaceta de Cuba, le declaraba la guerra a la editorial El Puente, que por esa época reunía a un grupo de poetas mirados como tibios ante la revolución.

El escritor Jesús Díaz, laureado con el premio Casa de las Américas y entonces profesor de filosofía, fundador del semanario El Caimán Barbudo junto a Víctor Casáus, promovió el debate matriz acerca de cómo enfocar la misión del escritor y el artista en el proceso de transformaciones revolucionarias. En su polémica con el versador Jesús Orta Ruiz (El Indio Naborí), al cual tildó de populista, Díaz abogó por la pureza de la literatura revolucionaria, concepto que explicó en la revista Bohemia, un su artículo Para una cultura militante, estableciendo que en Cuba, el arte con perspectivas era sólo el de la Revolución, y haciendo uso de la interpretación marxista del fenómeno de la cultura, precisaba que las obras de arte eran sólo una género particular de producción, un trabajo concreto.

De forma aparentemente contradictoria, la represión y los intentos de proletarizar a la intelectualidad, coincidían con un “boom” de libros y películas no convencionales. Por ejemplo, Memorias del subdesarrollo (Edmundo Desnoes, 1965)  fue más una novela existencialista que de realismo socialista. Más notable aún fue la abundancia de películas contestatarias en La Habana de 1966 a 1968, como la británica ¡Morgan! que hacía burla de Karl Marx y el Partido Comunista de Gran Bretaña y describía la perforación con una pica del cráneo de Trotski por un asesino explícitamente identificado como un agente que actuaba por órdenes de Stalin.

La oposición a la ortodoxia cultural al estilo soviético culminó en una exhibición de arte vanguardista llamada Salón de Mayo (Salon de Mai), trasladada de París a La Habana bajo la dirección de Carlos Franqui en junio de 1967, y el Congreso Cultural de La Habana en enero de 1968. Esta fue la época en que Cuba y la Unión Soviética estaban en desacuerdo sobre temas como la estrategia revolucionaria en América Latina y la herejía del Comandante de querer construir el socialismo y el comunismo al mismo tiempo. Por eso Castro eligió hacer alarde de su desafío a Moscú para incrementar su prestigio entre la Nueva Izquierda en los países occidentales. En este sentido, tanto el Salón de Mayo como el Congreso Cultural de La Habana fueron espectáculos propagandísticos para consumo en el extranjero.

Incluso el Congreso Cultural de La Habana, que se suponía representara el punto más elevado de “tolerancia” a mediados de los 60, produjo una Declaración General que llamaba a los escritores a luchar contra el “colonialismo cultural” a través de la “lucha armada” (si era necesario) y a emprender “una revolución real en la cultura” que diera lugar al nacimiento del Hombre Nuevo. Literatura, arte, ciencia, cada una se convertiría en un “arma de lucha” en manos de la “vanguardia cultural”.  El Congreso concluyó nada más y nada menos que el trabajo intelectual no podía existir separado y opuesto al trabajo físico, ni como una categoría privilegiada y que el progreso de la conciencia comunista impedía la mercantilización de la creación artística.

La construcción simultánea del socialismo y el comunismo

El castrismo estimaba que la sociedad cubana podía marchar y crecer aislada de la comunidad económica internacional, y que el tránsito al socialismo se aceleraba mediante la aplicación del comunismo de guerra, a través de una acumulación originaria agraria, descans­ando en el impulso supremo de la industria azucarera y en la militarización de todo el aparato del estado.

En la estrategia disparatada de la construcción simultánea del socialismo y el comunismo, el castrismo consideraba que tras la estatización de toda la economía tal salto era factible, mediante la combinación de la supuesta elevada productividad del Hombre Nuevo socialista (estímulos morales), y el estilo de dirección militar. Por eso, era la conciencia y no la técnica lo que había que desarrollar primero. Las administraciones desconocerían los resultados individuales en el trabajo, regulados entonces por el factor conciencia; importaba el número de horas laboradas y el volumen de producción, no así la productividad o la rentabilidad.

El período de la construcción simultánea impuso la congelación salarial extendiendo la jornada extra-laboral voluntaria por encima de las diez horas diarias, aunque tal norma sólo pudo lograrse ejerciendo una coerción extraeconómica sobre los producto­res mediante la compulsión política, la obligatoriedad del trabajo, el empleo forzado de la extensa población penal en proyectos económicos, y el ineludible plan estudio-trabajo para los estudiantes.

En medio de una economía de guerra y una extrema dependencia tecnológica, militar, financiera y comercial a la Unión Soviética, se desató la lucha contra el burocratismo, que en esencia era la eliminación de los aparatos económicos y contables, y la “ofensiva revoluciona­ria” de 1968 contra los pequeños productores y comerciantes privados, liquidándose las relaciones comerciales y contractuales entre el estado y los productor­es privados, tanto agrícolas como urbanos.

En julio de 1968 Castro expresó que el dinero paulatinamente iría perdiendo su utilidad a medida que se ofrecieran gratis los servicios y demás funciones sociales y públicas (medicinas, libros, asistencia médica, educación, espectáculos deportivos y culturales), a lo que seguirían los productos alimenticios, el calzado y la vestimenta, liberándose la libreta de racionamiento hasta que la “distribución comunista” fuese total. El dinero comenzó a perder su valor de cambio provocando la regresión de una economía de mercado a una producción de subsist­encia, especialmente en el medio rural.

La construcción simultánea, además de un terrible experimento social fue un paliativo para camuflar la catástrofe productiva, de consumo y la inflación que sufría el país. Los estímulos morales nunca lograron los resultados esperados. La proclamación de una esfera gratuita de distribución, no se produjo por incremento económico, sino por desvío de recursos de otros sectores financiados por el trabajo voluntario, los altos precios a un grupo selecto de productos y actividades de recreación.

La militarización de la sociedad

Como consecuencia de las leyes sobre la vagancia, el ausentismo y las llegadas tardes, los organis­mos creados para dirimir los litigios laborales y las direcciones sindicales, se convirtieron en meros apéndices de las administraciones. La Ley contra la Vagancia, que rememoraba legislaciones isabelinas sobre los vagabundos, puesta en función en abril de 1971, consideraba hasta prisión de cinco años a elementos antisociales reincidentes en no trabajar.

Al establecer la prioridad del desarrollo económico hacia las zonas rurales, el castrismo afectó las concentraciones urbanas, especialmente los focos obreros. El trabajo voluntari­o y las granjas de trabajo forzado se transformaron en un elemento de producción necesario. La fuerza de trabajo bajo el régimen voluntario y en muchos aspectos de la economía, estaría encuadrada a la disciplina cuartelaria, mientras las fuerzas armadas y las becas escolares proveerían también fuerza laboral a la economía.

El servicio militar obligatorio y el sistema de becas tecnológicas se transformaron en reclutamiento de mano de obra con vistas a enfrentar labores agrícolas y de construcción. Su versión más extrema fueron las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), campos de trabajo forzado. Pero quedaría demostrado en toda su extensión que el trabajo compulsivo no resulta económicamente productivo.

La militarización del trabajo, junto al trabajo forzado, serían modalidades encubiertas aplicadas extensivamente. La maquinaria creada para las movilizaciones políticas y las militares fue usada también para movilizar fuerza de trabajo civil, especialmente en las recogidas y siembras agrícolas y la construcción.  En la agricultura se generalizaría la terminología militar: “puesto de mando, brigada, batallón, columna”. Se organizó la fuerza de trabajo no calificada en columnas formaciones que eran trasladadas a las áreas y ramas económicas jerarquizada¬s. Así nació la Columna Juvenil del Centenario para las labores agrícolas; la Columna Ferroviaria, que asumiría la construcción de vías férreas; la Columna Juvenil del Mar, que prepararía futuros marinos. Según un estudio inédito del Ministerio de la Agricultura de 1978, los  reclusos y presos políticos se utilizaron en la agricultura y la construcción, supliendo en algunas provincias hasta el 15% de la fuerza de trabajo agrícola. (MINAG. Estudio. 1978, Inédito).

La constante fue la restricción del estudio de carreras universitarias de humanidades, gran parte de cuya matrícula se reservó a militantes del Partido, funcionarios, miembros del Ministerio del Interior y de las fuerzas armadas. Por mucho tiempo muchas carreras como filosofía, sociología, economía, y contabilidad, fueron abolidas. Hubo momentos, a finales de la década sesenta, que se manejó la intención de discutió integrar todo el estudio preuniversitario a las Fuerzas Armadas, como se había hecho con los estudios tecnológicos, dirigidos desde un viceministerio de educación técnico-militar. Castro llegó a plantear la disolución de los estudios universitarios regulares, para dejar solo los centros tecnológicos medios, cuyos graduados perfeccionarían su especialidad en su trabajo; así, toda la actividad productiva del país se convertiría en la universidad perfecta de la colectividad. Al efecto, proclamó en uno de sus discursos:

[…] y a propósito de esa desaparición de las universidades ¿que significa eso? El día en que sean cientos de miles de jóvenes los que arribaran ya a un nivel de conocimiento de preuniversitarios, graduados en los institutos tecnológicos; cuando sean cientos de miles, entonces, todos esos jóvenes, con una capacitación técnica, pasarán a las actividades productivas. (Granma. Diciembre 18 de 1966).

El castrismo

Con los años va a ir surgiendo una hornada de “jóvenes marxistas” que se forma en el antisovietismo resultante de la crisis de los Cohetes en 1962 y el diferendo chino-soviético, la utopía de una nueva ética individual y un “hombre nuevo”. Son jóvenes que maduran con el descalabro del “Quijote guerrillero” y la ocupación soviética de Checoslovaquia. Para muchos en la nueva generación de izquierdistas cubanos, el prototipo de “revolucionario” será una amalgama de Daniel Cohn Bendit, León Trotsky, Sigmund Freud  y Alexander Solshenitzin: una especie de “anti-Castro”  

Fidel Castro, al igual que Lenin, era un fiel seguidor de los postulados maximalistas, que chocaban con las concepciones de una revolución democrática, liquidando el pluripartidismo e ilegalizando cualquier otra organización revolucionaria. Castro rechazó con brutalidad las corrientes internas antisoviéticas, trotskistas y anarquistas que pululaban en los centros universitarios e intelectuales. Su nueva estrategia agrarista no hizo caminar la maquina económica. El fracaso le precipitó a echar mano de otros elementos: definió su estrategia de despegue económico aprovechando la ventaja internacional que ofrece la especialización azucarera cubana, contando con utilizar el campo socialista para los aspectos básicos en sectores estratégicos, y complementar al mismo con tecnología de la Europa occidental.

La ofensiva revolucionaria

El año 1968 marcó el punto más represivo dentro del modelo de “construcción simultanea” del socialismo-comunismo, que recibió el nombre de “ofensiva revolucionaria”, con la incautación forzada de toda actividad privada urbana, por pequeña que fuese. Con el objeto de liquidar el capitalismo, se incautaron más de 50,000 negocios, propinándose un golpe mortal a la pequeña producción y al comercio minorista gestado por el pueblo, paralelo al estado, y ubicando a Cuba como el país comunista de más elevada estatización. Solamente en La Habana se cerraron 6,500 de estos comercios privados.

La campaña descansó en la falacia de que los individuos dedicados a estos negocios eran “elementos antisociales”, al igual que su “clientela”, que explotaban al pueblo trabajador como parásitos. La paradoja era que aproximadamente la mitad de estos pequeños negocios privados había surgido en pleno socialismo, ante la deficiencia de la economía estatal, los servicios y la falta de flexibilidad e imaginación para resolver los pequeños problemas de la vida cotidiana.

La progresiva eliminación del dinero nunca quebró las relaciones mercantiles que el propio pueblo creó a través del enorme mercado negro y la vasta red de producción artesan­al clandestina, que redistribuía y reelaboraba, recupera­ndo los deshechos industriales.  El país vive hasta hoy con dos economías paralela­s, regidas cada una con sus leyes propias: la central planificada, regulada y racionada, y una economía de mercado solapada, generada por el propio pueblo -el mercado negro-, donde la oferta y demanda se auto-regulan perfectamente.

El Líder Máximo esperaba dar un salto económico con una zafra azucarera gigante de diez millones de toneladas de azúcar. El llamado “esfuerzo decisivo” consideraba consolidar al país como el primer exportador azucarero del mundo. Por una parte se trataba de competir con los principales productores cafetaleros del planeta, mediante el plan Cordón de La Habana;  y desbancar a Israel y África Norte con el cítrico de la otra isla cubana, la Isla de Pinos, y del sur de Matanzas.

La Unión Soviética había neutralizado la factibilidad de una alianza Castro‑Mao, y Cuba dependía cada vez más del trigo, el petróleo, el mercado azucarero, la información de inteligencia y el armamento soviético. Los años de la política industrialista, finalizaron con la estrategia agro-azucarera y la zafra gigante para 1970, y conformaron el momento de consolidación de la élite guerrillera castrista.

El Caso Padilla

A pesar de las presiones en contra, el 22 de octubre de 1968,  el jurado del premio de la Unión de Escritores y Artistas decidió por unanimidad otorgarle el premio de poesía a Heberto Padilla por el poemario Fuera del Juego. Días después, el comité ejecutivo de la UNEAC se reunía para debatir si publicaban el libro. También tenían que decidir qué hacer con la obra de Antón Arrufat Los siete contra Tebas, que había ganado el premio en teatro. Por órdenes de Fidel Castro, Fuera del Juego y Los siete contra Tebas fueron publicados por la UNEAC en noviembre de 1968, con un prefacio de la UNEAC, que señalaba que Padilla era un “reaccionario” cuyas actitudes eran “típicas del pensamiento más derechista”.

El asesinato moral público del poeta Padilla en 1968 inauguró un nivel de terror desconocido hasta entonces para los intelectuales.   Durante estos años, algunos de ellos  fueron obligados a hacer “confesiones” humillantes o fueron simplemente enviados a prisión. La cultura cubana fue politizada e incluso militarizada hasta un punto improcedente. Se exigió conformidad total; la única alternativa segura era mantenerse tranquilo y no hacer nada que pudiera llamar la atención.

Mientras tanto, el escritor Lisandro Otero decía en una reunión en octubre de 1968 que se le debía dar “una buena paliza a los contrarrevolucionarios que tratan de enarbolar los problemas checoslovacos”. La Primavera de Praga había sido aplastada poco antes por los tanques soviéticos. Otero dijo que el escritor debía ser “un soldado en la lucha ideológica”. La intolerancia de Castro se puso de manifiesto completamente y los intelectuales de la Nueva Izquierda que lo habían adulado descubrieron que habían estado rindiéndole culto a un tirano en vez de a un nuevo Mesías. Fue el Fin de un Romance.

Padilla seguía trabajando en una novela titulada En mi jardín pastan los héroes. El título solo era una referencia al culto de los héroes revolucionarios, incluido el propio Castro, a quien a sus espaldas le llamaban “El Caballo”. A las 7 AM del 20 de marzo de 1971, la Seguridad del Estado fue a casa de Padilla y lo arrestaron a él y a su esposa, la poetisa Belkis Cuza Malé. Registraron la casa y la policía encontró copias de la novela.

Cuando encarcelaron a Padilla en 1971 Cuba se sumió más profundamente en una “era de tinieblas” de la represión intelectual. A los escritores en la “lista negra” se les negó la publicación de sus textos o fueron acusados del nuevo delito de “propaganda enemiga” y recibieron duras sentencias de prisión. Después que fue creado el Ministerio de Cultura en 1976, muchos escritores fueron sacados de la “lista negra” pero no cambió la política cultural cubana. El gobierno continuó arrestando y condenando a prisión a periodistas, narradores, historiadores e incluso caricaturistas que fueron tildados de estar “contra la Revolución”.

En el gran circo preparado por la UNEAC en la noche del 27 de abril, pocas horas después de la liberación de Padilla, éste hizo una patética autocrítica en la cual llamó a sus argumentos “enfermos y negativos” y se llamó a sí mismo “estúpido… completamente venenoso… corrosivamente contrarrevolucionario”. Internacionalmente, el Caso Padilla fue una tremenda derrota para Castro, y el propio Padilla fue el máximo responsable por crearla.

El Congreso de Educación y Cultura

En abril de 1972 tuvo lugar el Primer Congreso de Educación y Cultura, donde hizo crisis el choque del gobierno con el malestar y la disidencia de los intelectuales que discrepaban de la política económica y el totalitarismo imperante. El Congreso sería la culminación del proceso desatado contra el grupo de intelectuales extranjeros solidarios con Padilla, como K. S. Karol, Dumont, Mario Vargas Llosa, Jorge Luís Borges, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar. De este grupo, sólo García Márquez restablecerá las paces con Castro.

El Congreso abrazó la ortodoxia estalin­ista respecto a la cultura, al punto que en su discurso de clausura Castro expresó que “por cuestión de principios, había algunos libros de los cuales no se debía publicar ni un ejemplar, ni un capítulo, ni una página, ni una letra”.

Castro aclaró ante la reunión con los intelectuales el derecho que asistía al gobierno a regular, revisar y fiscalizar las manifestaciones de tipo intelectual o artístico, por su importancia en cuanto a la educación del pueblo o a la formación ideológica. Impugnar este derecho de censura, plantearía Castro “sería incurrir en un problema de principios, porque negar esa facultad al gobierno revolucionario sería negarle al gobierno su función y su responsabilidad”.

Castro amplió el término de creador intelectual para los hombres políticos, los técnicos y profesionales, ahogando en esta masividad el peso de los creadores de la cultura cubana, adelantando además el criterio de que la creación tendría que ser obra de equipos de hombres más que de nombres individuales, y que los creadores individuales no debían firmar sus obras:prefiguraba el triste papel de Saturno que desempeñaría el Consejo Nacional de Cultura y luego el Ministerio de Cultura, sellando de esta forma la suerte del poderoso movimiento creador que subyacía en el trasfondo de la propia revolución.

(continuará)

Periodista independiente, envía carta a reconocido exiliado

Documentos/ Debate sobre la unidad

 

Cubamatinal/ La Habana, 10 de agosto/Ana Aguililla Saladrigas/ El conocido periodista independiente Guillermo Fariñas Hernández, envió una carta al compatriota del exilio cubano Ángel De Fana Serrano a quien reconoce su prestigiosa labor en la organización que  dirige.  En el documento, – motivado por un artículo del comunicador social alternativo Lucas Garve – se explican algunas cuestiones de la Agenda para la Transición Cubana. A continuación el texto íntegro de la misiva:

                                      
Por las coordenadas de la Patria                              

Santa Clara, 29 de julio del 2009.

Respetado amigo, colega y compatriota Ángel De Fana Serrano, director ejecutivo de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba:

En una larga e interesante conversación que sostuvimos por vía telefónica a raíz de una carta pública escrita por usted (la cual se refería a otra misiva que un grupo de opositores pacíficos residentes en el interior de la isla dirigimos al presidente de los Estados Unidos de América, el señor Barack Hussein Obama hace unos pocos meses), le di mi palabra de hacerle estas letras, y como buen cubano lo cumplo con estas líneas.
Este documento que hoy le dirijo sólo debió tener un carácter de reconocimiento a la labor valiosa de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, cosa que, por supuesto, haré. Pero la publicación de un artículo periodístico titulado “La jugada perfecta” —donde el comunicador social independiente Lucas Garve (Luís García Vega) ha abordado y opinado sobre los problemas suscitados dentro de la Agenda para la Transición Cubana, sin entrevistarse con todas las partes involucradas—, ha puesto ante los lectores un trabajo periodístico parcializado y desequilibrado. Por ello me siento personalmente obligado a abordar esa cuestión y refutarlo por mí mismo.
 
Debo aclarar que ese trabajo periodístico no ha sido incluido en ninguna página-web de Internet, hasta donde sé. Pero indefectiblemente, todas las mañanas, de lunes a viernes, un señor desconocido, con la ropa bastante raída y aliento etílico, reparte cien de estos artículos entre los cubanos que asisten por cualquier trámite ante la Oficina de Intereses de los Estados Unidos de América en La Habana. Al principio se creyó que era una jugarreta de la Seguridad del Estado, y no se hizo nada al respecto; pero mis hermanos de luchas e ideas Gisela Delgado Sablón y Félix Antonio Bonne Carcassés le preguntaron al propio Lucas Garve, y éste les confirmó ser el autor del trabajo.
 
Primero quiero hacer un público reconocimiento a Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba por ocuparse bajo cualquier circunstancia de la ayuda a los prisioneros políticos y de conciencia cubanos. Y en mi caso personal puedo dar fe de ello, porque esta organización nunca me ha condicionado la ayuda a mí otorgada y ha respetado mis opiniones, a pesar de ser yo unos de los firmantes de la carta al presidente Obama que versaba sobre el mal uso que se le da a los fondos otorgados para la democracia en Cuba, y con la que usted, hermano Ángel, no está de acuerdo, cosa que  hizo saber en su réplica. El que usted no haya tomado ningún tipo de represalia contra mi persona por las divergencias entre nuestras opiniones al respecto, muestra que es un auténtico demócrata; también demuestra que para usted y su equipo de trabajo primero está la causa de la democracia en nuestra Patria y que relegan a un segundo plano las discrepancias personales.              

Todavía no comprendo cómo un periodista independiente de tan larga experiencia en los quehaceres de los grupos pro-democráticos de la isla —como es el caso de Lucas Garve— se involucró en un tema donde sólo escuchó las opiniones de los renunciantes ex secretarios pro tempore Vladimiro Roca Antúnez y Martha Beatriz Roque Cabello, y no buscó los puntos de vista de otros miembros de la Junta de Coordinadores de la Agenda para la Transición Cubana.
 
Él mejor que nadie debe saber que el periodismo es una práctica donde la verdad se debe decir por encima de las amistades o enemistades que se tengan con los implicados. Por eso la explicación que el propio Lucas Garve ha dado sobre la redacción del artículo de marras (“porque soy amigo de Martha Beatriz”), suena algo inmaduro y poco serio; pues para lograr la libertad y democracia de la Patria es esencial que nos sobrepongamos a las preferencias o sospechas personales. Planteo esto, hermano Ángel,  porque sé que también usted ejerció el periodismo antes de la creación de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba.

Entrando en materia, para mí es un verdadero honor ser unos de los tres gestores de la idea original de lo que después resultó ser la Agenda para la Transición Cubana, junto a los ex presos políticos Francisco Chaviano González y Jorge Luís García Pérez (Antúnez); los tres nos sentamos un día en casa del primero y, por encima de protagonismos innecesarios, conversamos respecto a la necesidad de lograr la cohesión en la oposición pacífica y pública al gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz. Nos motivó el pensamiento de que en esta hora crucial que atraviesa Cuba, la disidencia debía estar lo más unida posible en una especie de parlamento, ante la inminencia de los cambios que ocurrirán en nuestra sufrida tierra.

Entendimos que a las siete primeras personas que nos correspondía invitar a formar parte de esa coalición debían ser Félix Bonne Carcassés, René Gómez Manzano, Héctor Palacios Ruiz, Oswaldo Payá Sardiñas, Vladimiro Roca Antúnez, Martha Beatriz Roque Cabello y Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco. En el caso de Palacios Ruiz, se encontraba ingresado en un hospital de España, pero dio su consentimiento a través del correo electrónico. De los primeros invitados sólo Payá Sardiñas se negó desde un principio, y planteó que observaría cómo avanzaba esta iniciativa unitaria para después decidir si se unía o no.

Ninguno del trío de gestores aspiró a ocupar alguno de los cargos en el Secretariado Pro Tempore y esto demuestra que el objetivo, tanto de Chaviano como de Antúnez y mío, era —sobre todo— alcanzar la unidad, y nunca malsanas ansias de aumentar nuestros currículos políticos. Por eso, sin pensarlo dos veces, cabildeamos para que fuera electa la persona que demostró más deseos de ocupar esa responsabilidad: la señora Martha Beatriz Roque Cabello, quien, a pesar de su mal carácter, su elitismo, su autosuficiencia y sus exabruptos verbales, posee una gran capacidad de trabajo y es muy organizada.

Pero debemos ser totalmente sinceros: nosotros, como gestores, permitimos desde un inicio el chantaje de los señores Roque Cabello y Roca Antúnez, consistente en que ellos condicionaron su presencia en el nuevo proyecto a que no fueran invitados otros prominentes disidentes democráticos. En el caso de Martha Beatriz, planteó que no aceptaba la presencia de Juan Carlos González Leiva y Darsi Ferrer García. Por su parte, Vladimiro asumió igual actitud respecto a Manuel Cuesta Morúa, cosa que también le permitimos. En resumen: en nuestro desmedido deseo de lograr por fin el inicio de un proceso unitario, aceptamos condiciones que debimos haber rechazado. Por eso el proyecto nació con problemas de aceptación de pautas ajenas a la democracia.

Las dificultades de la Agenda para la Transición Cubana fueron varias. La primera de ellas resultó la manera irrespetuosa que los hoy ex secretarios pro tempore empleaban al interactuar con los otros integrantes de la Junta de Coordinadores, lo que incluía una agresividad y una prepotencia verbal inusitadas; llegaron a emitir ofensas contra reconocidos opositores pacíficos como es el caso de Néstor Rodríguez Lobaina, Ana Margarita Perdigón Brito, Francisco Chaviano González, Margarito Broche Espinosa y Jorge Luís García Pérez (Antúnez). Estas faltas a la dignidad de los hermanos por parte de Martha Beatriz o Vladimiro eran aceptadas de mala gana por todos nosotros allí, en aras de mantener la unidad.

El primer conflicto vino pronto, y tuvo que ver con su persona, hermano Ángel. Surgió cuando se buscaba un representante de la Agenda para la Transición Cubana en el exterior, y Ana Margarita Perdigón Brito lo propuso a usted. La idea fue acogida con agrado por la mayoría de los allí presentes; sin embargo, Martha Beatriz se opuso, y esto suscitó una agria polémica entre ella y la Perdigón Brito. La licenciada Roque Cabello argumentaba que esa elección le acarrearía problemas a usted en el exilio, y finalmente arguyó con prepotencia: “De los aquí presentes soy a quien único Ángel de Fana llama por teléfono hasta cinco veces al día, por lo que es una falta de respeto no tener en cuenta lo que planteo”.

La hermana Ana Margarita sólo solicitaba que usted fuera consultado sobre la propuesta y en la próxima reunión se trajera una respuesta suya. Lo mismo ocurrió con la proposición de destacar en los documentos la labor de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, a lo que Roque Cabello se volvió a oponer con los mismos argumentos. Le recuerdo que en la conversación telefónica suscitada por su rechazo a la carta dirigida por nosotros a Barack Obama, usted me argumentó que la había redactado debido a que en ella no se reconocía el trabajo abnegado de Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba. Aquí tiene usted la respuesta de por qué no se registró el trabajo de ustedes, a pesar de haberlo propuesto formalmente la misma hermana Ana Margarita Perdigón: Porque a ello se opuso su auto publicitada amiga Martha Beatriz.

Otro sucedido en el que igualmente se puso de manifiesto la hostilidad real de la licenciada Roque Cabello hacia el prestigioso movimiento de los Plantados y hacia usted en particular (y esto a pesar de cualesquiera protestas verbales en contrario que ella pueda haber hecho) tuvo lugar en 2007, al realizarse en la residencia de un diplomático alemán el acto en el que se anunció el otorgamiento a mí del Premio de Derechos Humanos de la ciudad de Weimar. En esa ocasión expresé que donaba la suma con que estaba dotado el galardón a esa organización que usted encabeza, para que ésta contara con esos medios adicionales a la hora de enviar ayuda a los presos políticos. En esa oportunidad, en presencia de testigos, Martha Beatriz me criticó acremente por haber dado ese paso, y más concretamente expresó su inconformidad con que la destinataria de ese apoyo económico fuese la organización de los Plantados.

Después vino el serio enfrentamiento por el boicot hecho al Departamento de Noticias de Radio Martí por parte de los miembros de la Agenda para la Transición Cubana. En esa ocasión, los hermanos Jorge Luís García Pérez (Antúnez), Néstor Rodríguez Lobaina y Ana Margarita Perdigón Brito plantearon quejas válidas respecto a algunos maltratos e irresponsabilidades por parte de ciertas personas que aún laboran o laboraban allí. Esto fue catalizado inmediatamente por Martha Beatriz, y en menor medida por Vladimiro Roca Antúnez, para implementar un boicot radial. La licenciada Roque Cabello dio a entender a los presentes que era una cuestión esperada en el exterior para hacer cambios necesarios en esa emisora.

Con el alargamiento de este conflicto en el tiempo, varios de los miembros de la Junta de Coordinadores nos pudimos dar cuenta de que no existía tal acuerdo tácito entre personas influyentes en el gobierno de Estados Unidos de América y Martha Beatriz (como ella dijo que sí tenía, con la frase: “Es cuestión de sólo unos días y todo se va arreglar”). Anecdóticamente le informo, Ángel, que en reunión celebrada conmigo, se me amenazó por parte del dúo de secretarios pro tempore con sancionarme en el seno de la Agenda, porque los  periodistas de la Agencia Independiente Cubanacán Press continuaron reportando para Radio Martí. Yo les argumenté que eso era debido a que los otros periodistas no eran miembros de la Agenda para la Transición Cubana y hacían lo que sus conciencias les dictaban. Finalmente el asunto no trascendió a la Junta de Coordinadores, aunque poseo cinco testigos de esta amenazante conversación.

El otro problema serio que hubo en la Agenda se derivó del planteamiento formulado originalmente por Martha Beatriz y Vladimiro en el sentido de renunciar a los Fondos para la Democracia que otorga el gobierno de los Estados Unidos de América, porque en el exilio existían organizaciones que tomaban esos recursos para dar viajes a países tan insignificantes para la causa cubana como Nepal, o los tomaban para promover agendas personales de opositores que se subordinaran sólo a ellos, mientras la mayoría de los prisioneros políticos, sus familiares y los disidentes en libertad pasaban precariedades económicas. Le recuerdo, hermano Ángel, que en ese momento Héctor Palacios Ruiz no había arribado siquiera a los Estados Unidos de América y —por tanto— todavía no existía una polémica con ciertos hermanos del exilio cubano-americano. Tampoco él pudo ponerse de acuerdo sobre el tema con la Roque Cabello y Roca Antúnez, porque en las actas constan las críticas realizadas por ellos dos a Palacios Ruiz, debido a que éste no se comunicaba con ambos mientras estuvo en el exterior, pero sí con Elizardo, Chaviano y Antúnez, o conmigo.

Le planteo esto, hermano, porque he escuchado que los ex secretarios pro tempore de la Agenda para la Transición Cubana plantean ahora que esto es un asunto que trajo Héctor Palacios Ruiz al regresar del extranjero. Según se puede constatar en las actas de la Agenda, desde nueve meses antes de arribar a Cuba Palacios Ruiz y su esposa Gisela Delgado Sablón, ya este asunto había sido planteado por Martha Beatriz y Vladimiro. Además de los testigos con que cuento, están las actas de cada reunión.
 
Puedo incluso comentarle mucho más al respecto, porque el hermano Francisco Chaviano González fue citado en tres ocasiones a la vivienda de la licenciada Roque Cabello para que ésta le argumentara sobre la necesidad de renunciar a los Fondos para la Democracia. En mi caso, Vladimiro Roca Antúnez estuvo toda una madrugada para al final convencerme de firmar la carta que tanta querella ha causado. Incluso Martha Beatriz y Vladimiro formaron parte de una comisión ad hoc para redactar la misiva al presidente Obama; y la que finalmente se le envió al mandatario estadounidense no sufrió otra modificación que quitarle los nombres de los dos secretarios pro tempore; o sea, que ellos participaron en todos los arreglos de su redacción.

Dos reuniones antes de ser lanzado públicamente el documento, los compatriotas Roque Cabello y Roca Antúnez comenzaron de manera obvia a intentar frenar su publicación, pero sin hablar claro con sus iguales de la Junta de Coordinadores de la Agenda para la Transición Cubana. No quiero en estas líneas emitir mis argumentos, sino ser objetivo, y para eso, hermano Ángel, paso a exponer un fragmento de un intercambio que tuvo lugar entre Juan Carlos Acosta, de Acción Democrática Cubana (ADC) y residente en Miami, y Vladimiro Roca Antúnez; el texto de este cruce de mensajes fue distribuido por los propios Martha Beatriz y Vladimiro a todos los integrantes de la Junta de Coordinadores de la Agenda; el mismo dice textualmente:
 “VRA: Como te decía por teléfono, la decisión de renunciar a los fondos es irreversible.

JCA: Me parece que es una decisión histórica y muy bien pensada políticamente, dentro del contexto de todas las gestiones realizadas y las experiencias padecidas.
VRA: A menos que, como dice Martha Beatriz, los dólares nos los pongan en la mano y se le entreguen a aquellos proyectos que nosotros entendamos.”

Todo parece indicar que, para los ex secretarios pro tempore, las necesidades de la Patria pasan por el dinero que logren tener en sus bolsillos, sin tomar en cuenta los sacrificios que tantos buenos cubanos hacen, hicieron y harán aún hasta alcanzar la democracia representativa en Cuba. Creo que nosotros, como Junta de Coordinadores de la Agenda, fuimos utilizados por estos reconocidos opositores para chantajear a grupos con un alto poder financiero en el exilio; y cuando lograron las sumas de dinero importantes para sus propósitos personales, entonces trataron de dar marcha atrás, por lo que chocaron con la dignidad de otro grupo, también de reconocidos disidentes, que no tenemos precio cuando de la Patria se trata.

Es importante que el colega Lucas Garve sepa, a través de este documento dirigido a usted, que la publicación definitiva de la carta a Barack H. Obama fue el resultado de un acuerdo tomado en el seno de la Junta de Coordinadores, y los primeros en incumplirlo fueron Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez, los cuales, a pesar de no estar ya de acuerdo con el documento, se comprometieron ante todos a convocar una conferencia de prensa y hacerlo público.
 
Para evitar su divulgación, alguien (y no tengo pruebas de que en esto estuvieran las manos de Marta Beatriz y Vladimiro) filtró el documento a la prensa extranjera acreditada en La Habana; entonces ambos dijeron que por esa razón la misiva no podía ser dada a la publicidad por nosotros. A mí personalmente Vladimiro Roca Antúnez me engañó, al asegurarme por teléfono que los comunicadores foráneos habían publicado lo filtrado. Cuando un grupo de opositores fuimos a distintas agencias de prensa extranjeras, nos corroboraron que sí les había llegado la información, pero al nadie confirmarla, decidieron no divulgarla.

También es necesario que el comunicador social que es Lucas Garve tenga conocimiento del Reglamento de la Agenda, donde se plantea que la máxima autoridad en las decisiones de esta entidad es la Junta de Coordinadores reunida en asamblea. Por tanto, el antiguo Secretariado Pro Tempore no tenía potestad alguna para cambiar lo decidido, y si ellos no deseaban convocar y presidir la conferencia de prensa, debían haberlo planteado francamente para que otras personas cumpliesen lo acordado.

Considero que Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez actuaron de manera alevosa con el fin de sabotear la decisión soberana de un grupo de patriotas cubanos, que sólo deseaban —y desean— acelerar la caída del totalitarismo en Cuba. Con esto no estoy afirmando si tenemos o no la razón, pero el tiempo dirá quién la tiene.

Una tercera cuestión de querella que debe tenerse en cuenta fue el ataque que sufrió por parte de los ex secretarios pro tempore un miembro fundador de la Agenda para la Transición Cubana, quien, por no aceptar las ofensas verbales de Vladimiro Roca, se había retirado de la misma. Nos referimos a Jorge Luís García Pérez (Antúnez), el que realizaba una huelga de hambre en el municipio de Placetas, Villa Clara.

Martha Beatriz y Vladimiro, desde su posición al frente de la Agenda, evitaron emitir un documento de apoyo a la protesta llevada a cabo por Antúnez junto a otros cuatro disidentes no violentos. Con ese fin utilizaron distintos pretextos y argumentos; entre ellos, que ya Antúnez no formaba parte de esa entidad; mientras tanto, quienes dentro de la Agenda abogábamos por darle sostén público a los ayunantes de Placetas, argumentábamos que, estuvieran ellos en nuestras filas o no, eran ante todo adversarios del castrismo, al igual que nosotros.
 
Ese ex prisionero político villaclareño fue difamado, y Martha Beatriz y Vladimiro trataron de desacreditarlo ante varias sedes diplomáticas europeas con sede en La Habana, cuestión que nos consta a varios opositores pacíficos que estamos dispuestos a testificar al respecto. En mi caso personal, Vladimiro Roca me pidió, en su nombre y en el de Martha Beatriz, que abandonara a Antúnez a su suerte. Él afirmaba que cuando yo hiciese eso, todos los opositores de la región central también lo harían, y el líder villaclareño tendría que rendirse. Me negué de plano a hacer tal cosa. Todo lo anterior era con la argumentación de que Antúnez había comenzado su huelga por motivos personales; o sea, para conseguirle una casa a su hermana y para apoyar a Mario Alberto Pérez Aguilera, su cuñado preso, que según ellos no lo merecía por ser sólo un delincuente común.
 
Muchos no estábamos de acuerdo con la protesta que realizaba Antúnez, por lo precario de su salud después de haber permanecido más de 17 años de prisión, con varias complicaciones cardiacas y pulmonares que pueden costarle la vida en cualquier momento; y, además, por su dinámica labor de enfrentamiento al régimen en las calles, cosa que lo hace muy  útil en esta etapa de la lucha contra el castrismo. Pero eso es una cosa, y otra es atacar su protesta, difamarlo o incitar a otros opositores pacíficos a rechazarlo.

Entiendo que lo que existe es un problema de celos respecto a Antúnez, ya que éste y sus seguidores han desplazado el centro del enfrentamiento al régimen hacía el interior del país, pues se caracterizan por hacer actos de protesta en la vía pública a costa de sufrir brutales golpizas. Quien desee tener mayor protagonismo que Antúnez, Idania Yánez Contreras, Iris Tamara Pérez Aguilera o Martha Díaz Rondón —entre muchos otros—, ahí tienen las calles para tomarlas y los invito a que —por favor— salgan a hacerlo mejor que ellos.

Es muy fácil criticar la entrega de Antúnez y sus seguidores; lo realmente difícil es superarlos. Porque de los disidentes famosos que aún permanecen en Cuba, como Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco —quien resultó en su momento el primer gran protagonista— y después les tocó ejercer ese papel primordial sucesivamente al fallecido Gustavo Arcos Bergnes, Héctor Palacios, Vladimiro Roca, Oswaldo Payá, Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano, Francisco Chaviano y Félix Bonne entre  otros, ahora le ha correspondido la pertenencia a este liderazgo también a Antúnez.  Pero como Martha Beatriz y Vladimiro no pueden controlarlo, en este momento optan por atacarlo y tratan de desacreditarlo a cualquier costo, como le han hecho a otros, con lo que perjudican la causa de la democracia.
 
Considero que Antúnez no es una persona perfecta, como tampoco lo somos ninguno de nosotros; precisamente por eso somos seres humanos. Eso sí: él es un indiscutible luchador que hace uso de los métodos de resistencia cívica, y el día que surja alguien con mayor protagonismo, creo que él sería el primero en apoyarlo. De no hacerlo así, perdería la grandeza, modestia y humildad que siempre lo han caracterizado.

Algunos líderes históricos de la oposición pacífica, como Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez, tienen ínfulas y pretensiones de ser los jefes de toda la disidencia no violenta; pero todavía no acaban de comprender que para ese cargo no se han hecho aún las elecciones. En cuanto a mí, por supuesto que resultó toda una ofensa que unos “compañeros de luchas” me invitaran a dejar al pairo, en medio de una huelga de hambre, a un hermano de ideas, cuando ni los más altos oficiales de la Seguridad del Estado cubana se han atrevido ni siquiera a proponérmelo.
 
Sería bueno que usted supiera —y así lo sabrá el colega Lucas Garve— que tras su renuncia al Secretariado Pro Tempore de la Agenda para la Transición Cubana, Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez han caído en actos de extorsión política, que sólo ayudan  al gobierno en el poder.
 
Creo que el de mayor gravedad es que se dedicaron a tratar de desmembrar la Agenda mediante chantajes afectivos o financieros dirigidos a muchos de los integrantes de la Junta de Coordinadores. Pongo dos ejemplos totalmente contrarios: El primero, el del ex prisionero de conciencia —en dos ocasiones— René Gómez Manzano, un hermano que se retiró de la Agenda por voluntad propia al tener serias discrepancias con la Roque Cabello; él, como prestigioso disidente, nunca trató de dividir este proyecto opositor. Lo mismo ocurrió con Antúnez, quien jamás pretendió atomizarlo al alejarse por discrepancias con el otro secretario pro tempore. El quid del asunto es que Martha Beatriz y Vladimiro consideran que ellos son el ombligo de la oposición pacífica en Cuba, mientras que Gómez Manzano y Antúnez ponen la causa libertaria antes que sus preferencias personales.
    
Le pongo otro ejemplo diferente: el del hoy prisionero político José Díaz Silva. Éste nos confesó —a Héctor Palacios, Francisco Chaviano, Pablo Silva, José Vélez y a mí— que Martha Beatriz le había exigido que renunciara a la Agenda y a la Unidad Liberal de la República de Cuba, o de lo contrario dejaría sin trabajo a su esposa (quien realiza labores domésticas en casa de la propia Martha Beatriz). De haberse materializado esa amenaza, la familia de este valiente opositor habría dejado de percibir 200 pesos convertibles cubanos, el sueldo que la Roque Cabello le paga mensualmente a la hermana Lourdes Bieito, cónyuge de Díaz Silva.

A pesar de que habían renunciado ya a sus cargos como secretarios pro tempore, Martha Beatriz y Vladimiro les mandaron a pedir a los ex prisioneros de conciencia Félix Bonne Carcassés y Francisco Chaviano González los teléfonos móviles que les había otorgado la Junta de Coordinadores de la Agenda, actuando como si todavía ellos tuvieran algún tipo de potestad sobre los medios asignados por esta entidad, y con la amenaza de invalidarlos técnicamente de no serles entregados.

También está la apropiación de doce computadoras de mesa ya usadas marca Dell, cedidas por una embajada acreditada en La Habana a la Agenda para la Transición Cubana, y que porque estaban en la antigua sede —o sea, en la vivienda de Vladimiro Roca Antúnez— éste y Martha Beatriz se las apropiaron y no se las entregaron al nuevo Secretariado Pro Tempore recién elegido. Ahora, para asombro nuestro, las están subastando por Internet, a través de la dirección electrónica d\e Vladimiro.

Por último (aunque no menos importante), está la apropiación de la suma de 600 pesos cubanos convertibles, que, según declararon ambos ante la Junta de Coordinadores, ya tenían en su poder, separados de los restantes recursos monetarios de la Agenda, a fin de pagar los premios de un concurso convocado por esta coalición. Pese a las reiteradas peticiones de que entregaran esa suma, la dejaron en sus bolsillos.

Se pudieran decir otra gran cantidad de arbitrariedades y desmanes cometidos por Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez, pero como buen presidiario voy a guardarme algunas cartas bajo la manga, para poder refutar, en su caso, sus réplicas y las de sus acólitos. Con lo que sí yo cuento es con que usted y su equipo de trabajo sepan poner —como siempre lo han hecho— a la Patria y su verdadera libertad por encima de diferendos personales.
   
Hermano Ángel de Fana, en el plano individual, considero que le debíamos a usted una explicación sobre algunas de estas cuestiones, que considero personalmente son las de mayor nivel de polémica en el asunto tratado. Y esto porque usted y muchos de los que lo acompañan en esa organización tan emblemática que es Plantados hasta la Libertad y la Democracia en Cuba, son ex presos políticos con largas condenas cumplidas y siempre en un estado de total rebeldía dentro de las ergástulas, pero que —además— son personas que interactúan con todos los opositores cubanos y gozan de gran prestigio en las filas de los luchadores pro democracia que estamos dentro de la Isla. También teníamos que hacerlo para que usted, ya con la mente más calmada y fría, escuche los argumentos que esta otra parte de la porfía, en la que me incluyo por derecho propio, quiere hacerle saber, a fin de que cuente con más elementos para interpretar este doloroso asunto.

Yo sí sé quien soy, y mi vida y mi muerte lo demostrarán; pero antes que cualquier otra cosa, soy un auténtico patriota por la democracia de mi Patria. También espero que la vida aclare quiénes son realmente Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez.
 
En lo personal, compartí prisión con Marta Beatriz, y estuvimos cerca de 8 meses, reja de por medio, en la Sala de Penados por Delitos Contra la Seguridad del Estado del Hospital Militar Dr. Carlos J. Finlay; por eso en un tiempo la consideré una amiga más que solamente una hermana de luchas e ideas. La admiré y la seguí en tareas de democratización de nuestra patria común, pero bajo ningún concepto puedo ni debo anteponer los afectos positivos que sentí otrora hacia ella a los sentimientos que estoy obligado a profesar por Cuba. No le puedo permitir a nadie una proposición de dejar abandonado a su suerte a un hermano de lucha e ideas y por ello mi sentimiento para con la Patria pesó y pesará más que cualquier otra cuestión sentimental.
 
De lo que sí estoy seguro ahora mismo es que ambos no son unos buenos patriotas, pues tienen demasiadas ambiciones personales que anteponen a la causa común, que es la liberación de Cuba del totalitarismo. Por eso, a través de estas letras, le comunico que ningún proyecto encabezado por alguno de ellos dos contará en el futuro con mi apoyo o el de mis seguidores. Y en el plano personal decidí hace meses no dirigirles nunca más la palabra; ésa es mi única forma de castigo a su propuesta irrespetuosa y bochornosa para mí, que tengo un historial de 21 huelgas de hambre y tres condenas carcelarias.
 
He arribado a la dura conclusión de que para esos dos compatriotas, la Patria es un pedestal para subir en lo personal, y no un ara para sufrir por ella. De todas maneras, si vamos a la historia de Cuba, veremos que los generales Antonio Maceo y Flor Crombet eran enemigos irreconciliables, e incluso tenían pactado un duelo a muerte, que habían pospuesto para cuando se lograra la independencia.
 
Con este último párrafo le comunico que es mi pretensión hacer pública esta carta, porque si al señor Vladimiro Roca Antúnez le preocupa quedar bien ante la historia como hizo saber en su renuncia, a mí también eso me ocupa. Creo que es hora de explicarles a mis compatriotas y a la opinión pública internacional mi punto de vista personal respecto a lo que hacen con el futuro de la Patria, Martha Beatriz Roque Cabello y Vladimiro Roca Antúnez.
Porque mis líneas para luchar por Cuba son las mismas que las de usted, hermano Ángel De Fana Serrano. Ellas son únicas e imperecederas, pues me guío sólo por las coordenadas de la Patria.

Guillermo Fariñas Hernández.
Preso Político en Status de Licencia Extrapenal con otras dos condenas políticas cumplidas.
Periodista Independiente.
Licenciado en Psicología.

Declaración de Agenda para la Transición Cubana

Documentos/ Secretariado Pro Tempore

Cubamatinal/ “Los miembros de la Agenda para la Transición Cubana hemos conocido con alarma e indignación el arbitrario cierre de más de treinta estaciones de radio independientes por parte del gobierno del teniente coronel Hugo Chávez en la República de Venezuela”.

A este alarmante suceso se suma la cobarde agresión perpetrada por un grupo de elementos pro gobiernistas, encabezada por una conocida figura de los medios chavistas, contra Globovisión, que es virtualmente la única planta de televisión independiente de alcance nacional que continúa funcionando en ese hermano país.

La Agenda para la Transición Cubana levanta su más enérgica voz de protesta contra esos actos arbitrarios y vandálicos, y denuncia que ellos no constituyen más que otro eslabón en la cadena de pasos que el régimen de Chávez viene dando desde hace años con el propósito de imponer en Venezuela un régimen totalitario como el que desde hace medio siglo ha venido padeciendo Cuba.

Reclamamos para los demócratas venezolanos la solidaridad de todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo.

La Habana, 5 de agosto de 2009.

En nombre de la Agenda para la Transición:

Los miembros del Secretariado Pro Tempore:

Félix Antonio Bonne Carcassés
Francisco Chaviano González
Gisela Delgado Sablón
René Gómez Manzano

Declaración de la Asociación Jurídica Cubana a la Sociedad Civil

 Documentos/ Asociación Jurídica Cubana

 “Lo que unge grande al hombre es el desamor de sí por el
beneficio ajeno…un hombre es el instrumento del deber:
así se es hombre”
José Martí


Con profundo estupor y pesadumbre, la Asociación Jurídica Cubana ha venido siguiendo, desde hace unas semanas, una serie de acusaciones que conocidas personas de la oposición política nacional han hecho contra otras también conocidas figuras de la disidencia interna. Estas acusaciones levantan interrogantes sobre la probidad, lealtad y decoro de cubanos que hasta hace poco eran referentes a los que muchos acudieron a por consejo, protección o ayuda.

Este problema se agudiza por el momento en que tiene lugar. Nunca antes en su historia la nación se había visto en una situación tan extremadamente peligrosa para su futuro: aquellos valores que caracterizaron al pueblo cubano se desvanecen a ojos vistas.

El buscar dinero a como de lugar, parece ser el imperativo por excelencia. El carácter solidario para con nosotros mismos, la palabra empeñada, el respeto a las mujeres y a nuestros mayores, el acatamiento de la Ley por la ley misma, la honestidad, la hospitalidad…todo eso parece haber desaparecido dentro del país, en tanto crecen y proliferan sus antípodas.

En ese entorno sombrío, cientos de miles (ya millones) de personas han adoptado una, para ellos, única alternativa: marcharse por cualquier vía, a cualquier precio, aún a riesgo de la vida.

Acudir a los responsables del desastre no tiene sentido. No poseen la capacidad real ni la voluntad para subvertir el orden de cosas. De ellos sólo podemos esperar lo de siempre: su insistencia en descalificar, vilipendiar y acusar, poniendo así un cordón “sanitario” entre los disconformes declarados, y el resto de la población para que no se contaminen los que todavía vacilan o temen. Queda a la sociedad civil cubana buscar los asideros para salir del profundo pozo en que nos encontramos todos.

Es pues ineludible para los que quieren o dicen representar a personas, grupos o a la sociedad civil toda, ser ejemplos reales (no teóricos o demagógicos) de transparencia, lealtad a los valores tradicionales de la cultura nacional e intransigencia en la defensa de esos principios. Hacer otra cosa es contribuir aun más a la pérdida de la fe del pueblo y, como nos enseñó el más grande de todos los cubanos, “los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses” y “¿Para qué es la fe, sino para enardecer a los que no la tienen?”.

De ser ciertas las acusaciones de marras (y ciertas quiere decir en derecho presentación de pruebas irrebatibles), los responsables quedarían manchados para siempre con los tristes sellos de la corrupción, de la traición y de la ignominia.

De la corrupción, porque habrían caído en lo mismos hechos que lo que dijeron combatir: es sencillamente de demagogos condenar lo que nosotros mismos somos.

De la traición, porque cuando hay cientos de compatriotas en las prisiones sufriendo penurias sin cuento, de decenas de miles sin vivienda y en albergues, de millones con serios problemas de alimentación etc., lucrar con los pocos recursos de que disponen para la causa y embolsillárselos miserablemente, sólo puede tener un calificativo: traición.

De la ignominia, porque a partir de ahora, y por la eternidad, padecerán de la afrenta pública que su actuar les ha ganado.

Por otra parte, pensar que dada la situación actual es posible estafar campantemente a la sociedad civil y escamotearle los escasos recursos para su defensa, ya que nadie pudiera ser acusado legalmente ante las actuales autoridades por actos semejantes, es un pensar, en el mejor de los casos, temerario.

Los que así razonan olvidan que no existen situaciones eternas. Dentro de un año (o de diez), las cosas cambiarán y los que no olvidan (que siempre existen), pudieran entonces reclamar ante la ley por los hechos de hoy… y la Ley escucharlos.

La Asociación Jurídica Cubana, que no se ha subordinado nunca ni jerárquica ni metodológicamente a personalidad u organización política alguna dentro o fuera del país, y cuyas decisiones son tomadas y asumidas por su Junta Directiva integrada por letrados y estudiantes actuales de derecho que radican todos en Cuba, no ignora la desesperanza en que el país está sumido. Sin embargo, para los juristas, los pasos lentos pero ascendentes que el Derecho Internacional Público da para convertir cada vez más firmemente al individuo en sujeto de ese Derecho frente al poder, hasta hace muy poco, omnímodo del Estado, representa una luz cada vez más brillante al final del túnel.

Por todo lo anterior, los hombres (en sentido genérico) podemos perder muchas cosas: la propiedad, el derecho de opinión, la libertad de viajar y otras, incluyendo la vida. Pero lo que no podemos perder en ninguna circunstancia es la dignidad, aunque otros la pierdan.
Que finalice el Maestro: “Cuanto no sea compatible con la dignidad humana, caerá”.

Dado en la Ciudad de La Habana, el 25 de junio de 2009.

Junta Directiva
Asociación jurídica Cubana

Información pública de la Agenda para la Transición

 Documentos/ Agenda para la Transición

 

 

Cubamatinal/ Los abajo firmantes emitimos el presente documento en nuestra condición de actuales integrantes del Secretariado Pro Tempore de la Agenda para la Transición Cubana.

 

Como ha sido divulgado oportunamente, el proceso de renovación democrática que tuvo lugar en el seno de nuestra coalición, en definitiva culminó a principios del pasado mes de mayo con la sustitución de los dos anteriores secretarios pro tempore por los abajo firmantes.

 

A raíz de ese cambio, hubimos de dirigimos por escrito a los Secretarios salientes, planteándoles la necesidad de viabilizar la entrega al nuevo Secretariado Pro Tempore de determinados medios que conocidamente habían sido recibidos en la Agenda, pero que no habían sido utilizados en nuestra agrupación.

 

Esto incluía seiscientos pesos cubanos convertibles (CUC) que -según informaron ambos a la Junta de Coordinadores de nuestra agrupación- se encontraban ya en poder del Secretariado Pro Tempore y los cuales estaban reservados para el pago de los premios en metálico prometidos a los ganadores del concurso convocado por la Agenda. También había una docena de computadoras de mesa, las que son de uso y carecen de sus discos duros; se trata de equipos fabricados en los Estados Unidos, de la marca Del!. Por último, había ocho teléfonos celulares, de los cuales se desconocía el destino de cuatro. La entrega de lo consignado en el presente párrafo fue lo que concretamente solicitamos a los anteriores secretarios pro tempore.

 

A pesar de que les hicimos llegar el referido documento mediante un propio y por correo electrónico y de que se les realizaron numerosas llamadas telefónicas (amén de solicitar en definitiva a prestigiosas figuras del Exilio que intercedieran para viabilizar la realización de la entrevista y la posterior entrega de esos recursos), no lo logramos.

Debemos reconocer que hubimos de analizar seriamente si debíamos darle o no publicidad a esta situación, pero hemos llegado unánimemente a la conclusión de que no nos queda otra alternativa que hacerlo; y ello porque en verdad les debemos una explicación a los participantes en el concurso, a los que no podremos entregarles los premios que en su caso alcancen, así como a los colaboradores de la Agenda para la Transición Cubana, entre los que no podremos distribuir los equipos arriba mencionados.

 

Hay otro asunto al que nos vemos obligados a aludir: Hemos recibido informaciones parciales sobre un sucedido que -de resultar cierto- tendría características de un montaje hecho por la Seguridad del Estado. Al mismo tiempo que reiteramos nuestra posición de principio de condenar enérgicamente toda provocación que la policía política del régimen totalitario realice contra un opositor, deseamos destacar el hecho de que esas informaciones parciales que hemos recibido aluden a una compraventa de varias computadoras nuevas de fabricación china.

 

Recalcamos estas características de esos equipos porque -como queda dicho- las que fueron donadas a la Agenda son de uso, así como de fabricación norteamericana. Por consiguiente, si llegara a confirmarse la información referente a la compraventa de computadoras chinas nuevas, sería evidente que se trataría de otros equipos totalmente distintos, con los que nada tienen que ver la Agenda para la Transición Cubana ni los abajo firmantes.

La Habana, 15 de junio de 2009.

 

Félix  Antonio Bonne Carcassés
Francisco Chaviano González
Gisela Delgado Sablón
René Gómez Manzano

                                                                                                    

Proyecto de Reglamento para la Agenda para la Transición Cubana

Documentos/ Proyecto 

 

 

Cubamatinal/ Enviado desde Cuba reproducimos el Proyecto de Reglamente de la Agenda para la Transición Cubana. Según texto de presentación del documento enviado a este diario “…Debe destacarse que este documento fue aprobado en principio en la reunión celebrada ayer, pero está sujeto a que los miembros de la Junta de Coordinadores, en su caso, propongan en el transcurso del presente mes las modificaciones al mismo que consideren necesarias y convenientes…”

 

 

Texto del Proyecto de Reglamento:

 

1. La Agenda para la Transición Cubana (en lo adelante, “la Agenda”), es una entidad abierta a la participación de todas las organizaciones que se opongan pacíficamente al régimen totalitario. En su funcionamiento, la Agenda adoptará métodos de carácter parlamentario, y las personas que integren sus diferentes órganos lo harán en concepto de representantes de distintos conjuntos de opositores.

 

2. La Agenda reconoce la unidad esencial de todos los cubanos, residan dentro o fuera del territorio nacional. Teniendo en cuenta la separación impuesta por el actual régimen entre unos cubanos y otros, la Agenda proclama su propósito de trabajar con vistas a que, tan pronto surjan las condiciones necesarias para ello, los hermanos del Exilio puedan constituir un órgano representativo propio. A partir de ese momento la Agenda funcionará en forma bicameral.

 

3. La Agenda persigue el objetivo de lograr la democratización de Cuba, y como primer paso en ese sentido luchará en pro de la liberación incondicional de todos los presos políticos y el cese de la represión contra los opositores pacíficos y toda la sociedad. También batallará por el respeto de los derechos humanos en general y por mejorar la situación de penuria que sufre la ciudadanía.

 

4. La Agenda estará estructurada a nivel nacional, provincial y municipal.

 

El órgano supremo de la Agenda es la Junta de Coordinadores, la cual estará compuesta por:

 

  • Representantes nacionales, que serán aquellas personas que, por su antigüedad en la lucha pro democracia, el tiempo de prisión política padecido y/o el papel destacado que desempeñen, sean reconocidas como representantes de la oposición en su conjunto.

  • Representantes provinciales, que serán los compatriotas elegidos con ese fin en las distintas provincias en que se lleve a cabo el proceso correspondiente, a razón de un representante por cada una de ellas. A estos efectos, el Municipio Especial de Isla de la Juventud será considerado como una provincia.

  • Representantes grupales, que serán las personas designadas al efecto por las distintas organizaciones o grupos que, con la aprobación de no menos de los dos tercios de los miembros presentes de la Junta de Coordinadores, sean admitidos con ese fin en la Agenda.

 

Cada uno de los que al momento de ser adoptado el presente Reglamento ostente la condición de miembros de la Junta de Coordinadores, continuará desempeñando esas funciones hasta que sea elegido como representante, ya sea nacional, provincial o grupal.

 

5. Los representantes serán electos del modo siguiente:

 

  • Los nacionales: por aprobación de dos tercios de los miembros de la Junta de Coordinadores.

  • Los provinciales: por mayoría de votos de la respectiva Junta Provincial. En tanto no se constituya ese órgano en la provincia de que se trate, se reconocerá que ostenta la condición de representante de la misma, el residente en ella que sea seleccionado como tal por mayoría de votos de la Junta de Coordinadores.

  • Los grupales: por decisión del órgano supremo de la organización o grupo correspondiente, conforme a sus disposiciones internas. En caso de que la Junta de Coordinadores, con la aprobación de no menos de dos tercios de los miembros presentes, invite personalmente, en concepto de representante de un grupo determinado, a quien reconocidamente ostente la jefatura del mismo, esa invitación equivaldrá a su elección como representante grupal.

6. Toda agrupación que considere que por su importancia, su reconocida actividad, el número de sus miembros o su trayectoria en la lucha por la democracia, posee condiciones para estar representada en la Junta de Coordinadores, estará en completa libertad para hacer la solicitud correspondiente al Secretariado Pro Tempore, el cual la evaluará y hará las recomendaciones que considere pertinentes a la Junta de Coordinadores, a fin de que ésta adopte la decisión correspondiente.

 

7. Las reuniones ordinarias de la Junta de Coordinadores serán convocadas por decisión de la propia Junta, adoptada en la reunión inmediata anterior. Cualquier representante podrá proponer por escrito al Secretariado Pro Tempore la celebración de una reunión extraordinaria, explicando los motivos que tenga para hacerlo. En ese caso, el Secretariado Pro Tempore deberá circular esta proposición en forma operativa entre los miembros de la Junta de Coordinadores, a fin de que ésta adopte la decisión que estime procedente. No obstante, en casos urgentes y excepcionales en que lo considere necesario, el propio Secretariado Pro Tempore podrá tomar la decisión de convocar a una reunión extraordinaria de la Junta de Coordinadores.

 

El quórum para la celebración de las reuniones de la Junta de Coordinadores es de más de la mitad de los representantes con derecho a voto. En su caso, a estos efectos no se tomará en cuenta a los representantes que caigan en prisión. El mismo principio se aplicará en los casos en que este Reglamento establece que los votos favorables a una propuesta determinada deban alcanzar determinado porcentaje del total de miembros de la Junta de Coordinadores.

 

Las sesiones de la Junta de Coordinadores serán abiertas y públicas. A ellas se invitará a representantes de la prensa, a fin de que puedan informar acerca del desarrollo de las reuniones. Sólo se tratarán a puertas cerradas los asuntos que exijan reserva, lo cual deberá ser acordado por la mayoría de los presentes.

 

Para cada reunión de la Junta de Coordinadores se designará a un moderador y un secretario. El moderador no podrá ser miembro del Secretariado Pro Tempore; presidirá la reunión y dirigirá los debates, cuidando de que en todo momento se guarde el debido respeto a las personas y a las opiniones que emitan los presentes, a cuyo efecto adoptará en el acto las medidas necesarias para impedir cualquier intento de agresión verbal o de otro tipo.

 

También concederá o retirará la palabra. En caso de considerarlo necesario, podrá establecer, para la intervención de cada orador, un límite de tiempo que no podrá ser menor de tres minutos. Cuando considere que un tema ha sido debatido lo suficiente, el moderador podrá proponer a la Junta de Coordinadores que se ponga fin al debate y se proceda a votar, en su caso. La decisión correspondiente será tomada de inmediato en votación abierta. El moderador podrá intervenir en los debates que se susciten, pero cuidará de hacerlo con mesura. El secretario levantará acta del desarrollo de la reunión.

 

8. Las votaciones en la Junta de Coordinadores podrán ser públicas o secretas. La votación será secreta siempre que así lo solicite alguno de los representantes presentes. El Secretariado Pro Tempore garantizará las condiciones materiales para que puedan realizarse las votaciones secretas que fueren necesarias.

 

9. La Junta de Coordinadores elegirá por un período de hasta un año a un Secretariado Pro Tempore de cinco miembros, el cual estará subordinado a aquélla. La votación será directa y secreta, y el proceso se ajustará a las normas siguientes:

 

  • El número de candidatos será necesariamente de no menos de seis.

  • Cada miembro de la Junta de Coordinadores podrá votar por hasta cinco candidatos. Las boletas marcadas a favor de seis o más, se conceptuarán nulas.

  • Se considerarán electos los cinco candidatos que reciban el mayor número de votos.

  • En caso de producirse un empate que impida determinar total o parcialmente cuáles son los cinco elegidos, se procederá a realizar una nueva votación entre los empatados. En este caso, cada miembro de la Junta de Coordinadores podrá votar hasta por un número de candidatos igual al de los puestos del Secretariado Pro Tempore que falten por cubrir. Si persistiere el empate, se considerará electos a los que primero hayan sido propuestos como candidatos.

  • En las elecciones del Secretariado Pro Tempore regirá el principio de su renovación; por ese motivo, en cada elección podrán aspirar a ser reelectos no más de tres de los miembros que se encuentren en funciones. En caso de que haya más de tres miembros que deseen aspirar a la reelección, se realizará una votación secreta previa, a fin de determinar cuáles serán los tres que podrán figurar como aspirantes.

 

10. Toda reunión de la Junta de Coordinadores que se celebre antes de haber decursado el año de mandato del Secretariado Pro Tempore, comenzará por la realización de una encuesta secreta, en la que cada uno de los miembros de la Junta de Coordinadores podrá expresar si considera necesario o no realizar en esa propia reunión una nueva elección del Secretariado Pro Tempore. Si la mayoría de los miembros presentes de la Junta de Coordinadores responde afirmativamente, se procederá de inmediato a efectuar la votación. Se actuará del mismo modo cuando el propio Secretariado Pro Tempore considere que resulta conveniente realizar una nueva elección.

 

11. El Secretariado Pro Tempore estará subordinado a la Junta de Coordinadores, y tendrá las funciones siguientes:

 

  • Organizar las reuniones de la Junta de Coordinadores. A ese fin elaborará los proyectos del orden del día y de los acuerdos que someterá a la consideración de la Junta de Coordinadores.

  • Impulsar el trabajo de la Agenda en el período entre una y otra de las reuniones de la Junta de Coordinadores. Para garantizar que el trabajo de la Agenda se realice con mayor fluidez, el Secretariado Pro Tempore utilizará, en cada tema en que lo considere necesario o conveniente, el modo operativo de trabajo. A estos efectos, dicho Secretariado se comunicará con los distintos miembros de la Junta de Coordinadores por teléfono u otra vía disponible, a fin de informarles acerca de los temas pendientes y conocer sus opiniones al respecto.

  • Ocuparse de la recepción, custodia y administración de los recursos que reciba la Agenda, brindando informes al respecto a los miembros de la Junta de Coordinadores, a cuyo efecto se guiará por el principio de la transparencia.

  • Los recursos monetarios de la Agenda incluirán los aportes mensuales que hará cada uno de los miembros de la Junta de Coordinadores, en cuantía de entre uno y cinco pesos cubanos convertibles (CUC).

  • Adoptar y publicar, cuando no esté reunida la Junta de Coordinadores, declaraciones en nombre de la Agenda, siempre que a su juicio la urgencia y la importancia del caso lo ameriten.

  • Adoptar, en caso de que se interrumpan las comunicaciones o de que los miembros de la Junta de Coordinadores sean víctimas de detenciones o retenciones masivas, las medidas que fueren necesarias para garantizar que la Agenda continúe funcionando.

El Secretariado Pro Tempore elegirá a un portavoz. En su caso, la distribución de las restantes funciones en el seno de dicho órgano será decidida internamente por el propio Secretariado Pro Tempore, el que podrá optar entre dar a conocer o no dicha distribución.

 

Los miembros de la Agenda estarán en el deber de acatar y cumplir en lo que les concierna los acuerdos tomados en forma reglamentaria por la Junta de Coordinadores y el Secretariado Pro Tempore. Su incumplimiento se considerará una indisciplina.

 

12. Para la constitución de la Agenda en una provincia cualquiera o en el Municipio Especial de la Isla de la Juventud, la Junta de Coordinadores podrá comisionar a uno o más activistas pertenecientes al territorio de que se trate. Ese grupo de activistas tendrá la misión de realizar las labores preparatorias que considere necesarias y de organizar en definitiva una reunión de constitución, a la que invitará a los dirigentes opositores de ese territorio a quienes consideren más representativos, siempre que se trate de personas que estén de acuerdo con los fines de la Agenda.

 

En la reunión de constitución de la Junta Provincial se elegirá a un Secretariado Provincial de tres miembros, y se categorizará a los delegados en provinciales, municipales y grupales, de manera análoga a lo que el presente Reglamento establece para los representantes nacionales, provinciales y grupales, respectivamente, de la Junta de Coordinadores. Asimismo se procederá a elegir al correspondiente representante provincial por el término de un año. En su actividad, los órganos provinciales se regirán por los principios que este Reglamento establece para los órganos nacionales de la Agenda.

 

13. La organización de la Agenda en los municipios de una provincia corresponderá a los órganos provinciales, que se regirán en lo pertinente por lo preceptuado para la organización de la Agenda en las provincias. En cada municipio en que se organice la Agenda existirá una Junta Municipal y un Secretariado Municipal de tres miembros. En el trabajo de estos órganos se aplicarán los mismos principios vigentes para los de nivel provincial, con la excepción de que a la Junta Municipal pertenecerán delegados de todas las organizaciones disidentes radicadas en el municipio y que acepten incorporarse a la Agenda.

 

14. La permanencia en cualquier órgano de la Agenda es voluntaria, y cada miembro puede salir de él cuando lo estime pertinente. No obstante, la asistencia a las distintas reuniones de cada órgano de la Agenda es obligatoria para sus miembros, y todo el que por cualquier motivo falte a alguna de ellas, deberá explicar las causas de su inasistencia.

 

15. Todos los que conozcan del desarrollo de las reuniones de alguna de las juntas de la Agenda, estará en entera libertad de pronunciarse al respecto. No obstante, sólo podrá hacer pronunciamientos oficiales en nombre la Agenda quien haya sido comisionado con ese fin por la Junta de Coordinadores o, si ésta no estuviese reunida, por el Secretariado Pro Tempore.

 

16. Todos los miembros de la Agenda mantienen su derecho a continuar desempeñando libremente sus actividades como dirigentes o integrantes de las distintas organizaciones opositoras a las que pertenezcan.

 

17. En casos excepcionalísimos, los distintos órganos de la Agenda podrán acordar la expulsión de aquellos de sus miembros que de modo evidente colaboren con la policía política del régimen o cometan otros actos graves dirigidos contra la propia Agenda o contra la oposición en su conjunto. Igual decisión podrá adoptarse contra los que, sin causa justificada, dejen de asistir repetidamente a las reuniones a las que corresponda.

 

En todos los casos antes mencionados, podrá ser creada una comisión ad hoc encargada de estudiar el asunto y emitir su dictamen. En esos supuestos, la decisión correspondiente sólo se considerará aprobada si el número de votos favorables equivale a no menos de dos tercios de los miembros presentes, así como a más de la mitad del total de integrantes del órgano de que se trate. En ningún caso podrá invocarse, como causal de separación, la expresión de opiniones que discrepen de las de la mayoría.

 

18. La Agenda adopta, como principio de su actuar, el respeto por las opiniones de todos sus integrantes. Los miembros de la Agenda se abstendrán de realizar ataques personales contra sus colegas o contra otros opositores en general.

 

19. Este Reglamento podrá ser modificado por la Junta de Coordinadores, siempre que el número de votos favorable a la propuesta de cambio equivalga a no menos de las dos terceras partes de los representantes que estén presentes en la reunión de dicho órgano y a más de la mitad del total de sus integrantes.

Análisis de la Memoria Detallada del estado de la nación argentina 2008

Documentos/ Documentos CADAL

 Documentos CADAL Cubamatinal/ La idea de este Documento consiste en hacer más accesibles los contenidos (u omisiones) de la Memoria correspondiente al año 2008.

Por Adrián Lucardi y Florencia Gómez Stoppello 

Entre los datos surgidos de este análisis, se incluyen los siguientes: “Siguen los contactos para obtener financiamiento por parte de los organismos internacionales”; “Los avances hacia el voto electrónico siguen siendo mínimos”; “Los fondos del INTI se usan para realizar ‘estudios técnicos’ sobre la bandera”; “Para el Ministerio de Defensa, los temas de género parecen tener prioridad por sobre el robo de armas”; “La Secretaría de Agricultura reconoce que no jugó ningún papel en el conflicto con el campo”; “El Ministerio de Justicia no puede mostrar avances en la lucha contra la delincuencia”; “El Ministerio de Salud sobreestimó sus capacidades de prevención del dengue”; y “Pese a que su función principal consiste en realizar auditorías, la SIGEN se permite exhibir obras de arte”.

Esperamos que este Documento ayude a los argentinos a conocer mejor lo hecho por el Poder Ejecutivo Nacional a lo largo de 2008, afianzando el control ciudadano sobre los poderes públicos, y contribuyendo a sostener el Estado de Derecho.
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Carta de la Corriente Agramontista al Secretario General de la OEA

Documentos/ Corriente Agramontista de Abogados Independientes de Cuba

 

DE: Organización de abogados cubanos “Corriente Agramontista” (en el exilio)

A: José Miguel Insulza. 

Secretario General de la OEA

Señor secretario:


Al amparo de las atribuciones que le otorga la Carta de la Organización de Estados Americanos usted pedirá a la

Asamblea General, que se reunirá próximamente en su trigésimo novena sesión en San Pedro Sula, Honduras ,que se derogue la Resolución de 1962 contra Cuba, en esa Resolución se decía que el Régimen Marxista-Leninista era incompatible con el sistema Interamericano.
 

Señor secretario, efectivamente han decursado casi 50 años de esa Resolución, pero por ello no es obsoleta, lo único que ha cambiado es, que el régimen de la Habana institucionalizo entonces el sistema Marxista-Leninista, como así puede apreciarse en el Preámbulo y articulado de la Carta de 1976 y de sus modificaciones de 1992.

Algunas Organizaciones Internacionales le han pedido que no lleve a cabo ese empeño, hoy cientos de opositores cubanos piden lo mismo, como lo pide el grupo de abogados que suscriben la presente, por considerar que la Constitución vigente en Cuba y sus leyes internas continúan siendo incompatibles ya no sólo con el Tratado de 1948, sino con la Carta Democrática Interamericana del 2001, y demás instrumentos jurídicos interamericanos promulgados después de 1962.

Señor secretario, verdaderamente resulta admirable, la indiferencia con que usted escucha las constantes ofensas proferidas contra la organización que usted representa, por las principales autoridades cubanas. Lejos de   defender usted a su organización lo que hace es justificar a los que la ofenden y la desprecian.

Señor secretario: No comprendemos como puede ser congruente a los fines y propósitos de la organización apoyar a gobiernos que evidentemente conculcan y vulneran las principales libertades y derechos fundamentales de forma institucional.

El artículo 5 de la constitución de Cuba, reconoce la exclusividad del Partido comunista como fuerza dirigente de la sociedad encaminada a lograr la construcción del Socialismo y el comunismo. El artículo 3 coarta el derecho a cambiar el régimen político actual. El articulo 62 es explícito en restringir los derechos fundamentales y en hacerlos punibles si su ejercicio no está dirigido hacia los fines del Socialismo;

Asimismo Sr. Secretario, encontrará usted en el articulo 121 el principal obstáculo a la garantía de la gobernabilidad, a la que usted se refirió en Paraguay en marzo pasado cuando dijo: “Justicia independiente garantía de gobernabilidad”.
O cuando reiteró usted la idea expresando que: Todos los Poderes del Estado son relevantes pero el que refleja mas fielmente si se vive o no en un estado de derecho es el Poder Judicial”. Señor secretario, el actual régimen cubano, por definición rechaza la clásica separación de poderes y enarbola en su lugar la concepción monista de un poder único, de ahí que el artículo 121 dice: “Los Tribunales constituyen un sistema de Órganos estatales, estructurado con independencia funcional de cualquier otro y subordinado jerárquicamente a la Asamblea Nacional del Poder Popular y al Consejo de Estado”. 

Señor secretario, es cierto que nuestra América ha ganado en democracia en los últimos años. Es mas, este tema junto a otros constituyen los nuevos desafíos de la organización, pero desafortunadamente, de Cuba no puede decirse lo mismo, el gobierno actual no ha sido democráticamente elegido ni gobierna con democracia desde hace ya medio siglo, dedicarle a Cuba, el tiempo y los recursos para derogar la Resolución de 1962, sería solo dar un espaldarazo a ese gobierno en descrédito de la propia organización.

Sería más provechoso, consideramos los abogados que suscriben esta carta, que se emplearan esos recursos y tiempo en analizar las necesarias modificaciones que debe realizarse en las estructuras jurídicas de la OEA, para atemperarlas a los nuevos tiempos, retos y propósitos de la Institución y hacerlas más efectivas.

Por último, consideramos muy pertinente, que los Estados partes de la OEA antes de hacer algún pronunciamiento con relación a la Resolución de condena sobre Cuba de 1962, soliciten un dictamen a la Comisión Jurídica Interamericana sobre si la incompatibilidad que motivó la mencionada Resolución aun están presentes o han sido enmendadas por el gobierno cubano.

A la Asamblea General cabe recordarle, el legado que nos dejara, el primer secretario de la organización, Alberto Lleras Camargo, un gran americano:
 

 “La OEA no es ni buena ni mala en si misma, como no lo es ninguna organización Internacional. Es lo que los gobiernos quieren que sea y no otra cosa”.

Firmado en Miami a 18 de mayo de 2009:

Juan Escandell Ramírez,

Luis. F. Fernández,

Alberto Luzárraga,

Pedro Fuentes Cid,

Ofelia Nardo,

Santiago Gómez,

Leonel Morejon Almagro,

Eduardo Agramonte,

Antonio Pavoni,

Jadir Hernández,

Alexandra Salazar, 
 Ángel Cuadra,

Adolfo Rivero Caro, 
 Félix Fleitas Posada,

Alfredo García Menocal,
 Luis Gómez Domínguez, Luis Rodríguez Cepero.PD: Se acompañan con la presente sendos documentos que hacen una valoración jurídica de la incompatibilidad del sistema jurídico cubano con los fines y propósitos del sistema Interamericano, del abogado Alberto Luzárraga.
Consulte los documentos anexos a la carta:

Listado de reos comunes fallecidos en las cárceles cubanas durante 2009

Documentos/ Situación de las cárceles cubanas

Cubamatinal/ Según la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional ( CCDHRN) el incremento de la mortalidad entre reclusos comunes va en aumento a lo largo del presente año 2009. A continuación el listado de los casos de mortalidad confirmados y sus causas. Nótese el alto índice de suicidios.

1.  Jorge Estrada Torres, de 35 años, infarto tras un mes de dolores abdominales sin atención médica. Prisión provincial de Ariza, Cienfuegos, el 20 de diciembre, aunque se conoció el 9 de enero.
2.  Omar Ortega, de 33 años, suicidio por ahorcamiento. Prisión provincial de Holguín, 6 de enero.
3.  Angel Fernández de la Rosa, de 48 años, suicidio por ahorcamiento. Prisión Provincial de Las Tunas, 15 de enero.
4.  Yoel Faet Hernández, de 39 años, infarto por sobredosis de sicofármacos. Prisión de Quivicán, La Habana, 20 de enero.
5.  Maikel Pacheco, de 26 años, suicidio por sobredosis de fármacos. Prisión La Pendiente, Santa Clara, Villaclara, 23 de enero.
6.  Juan Jiménez Reyes, de 53 años, infarto.  Prisión provincial de Ariza, Cienfuegos, 25 de enero.
7.  Benito Ramírez García, suicidio por ahorcamiento. Prisión Kilo 8, Camaguey, 28 de enero.
8.  Guillermol Collazo, infarto.  Prisión de Boniatico, Santiago de Cuba, 31 de enero.
9.  Yunieski Garrido, paro cardíaco, enfermo de sida.  Prisión territorial del sida (Guamajal), en Santa Clara, Villaclara, 2 de febrero.
10. Joel Basulto, suicidio por ahorcamiento. Prisión de Boniatico, Santiago de Cuba, 6 de febrero.
11. Ariel Salazar Acosta, ataque cardíaco.  Prisión La Pendiente, Santa Clara, Villaclara, 6 de febrero.
12. Alexis Pupo, de 36 años, apuñalamiento en una riña carcelaria. Prisión municipal de Las Tunas (Cárcel Vieja), 9 de febrero.
13. Hugo Morales, de 35 años, presunto infarto tras dolor en el pecho. Prisión terrritorial del sida, Santa Clara, Villaclara, 9 de febrero.
14. Ezequiel Rodríguez, de 28 años, ahorcamiento, suicidio no confirmado. Prisión de Aguacate, Quivicán, La Habana, 20 de febrero.
15. Arístides Martínez Zamora, de 43 años, suicidio por ahorcamiento. Prisión de Aguadores, Santiago de Cuba, 28 de febrero.
16. Miguel Chaviano Rodríguez, aparente suicidio por ahorcamiento.  Prisión de Canaleta. Ciego de Avila, 19 de marzo.
17. Eduardo Luna Báez, suicidio por sobredosis de fármacos. Prisión de Canaleta, Ciego de Avila, 23 de marzo.
18. Jesús Gabriel Pérez, de 35 años, asfixia tras tragarse un alambre (recluso bajo tratamiento siquiátrico). Prisión de Guanajay, La Habana, 26 de marzo.
Fuentes: CCDHRN, Consejo de Relatores de Derechos Humanos de Cuba, testimonios familiares y reportes de la prensa independiente.

Premio Libertad de la Asociación Internacional “Cuba-Europa en Progreso”

Documentos/ Texto del premio a la CCDHRN 

 

Cubamatinal/ La asociación internacional “Cuba-Europa en Progreso”, que agrupa a socialdemócratas de distintos países de Europa así como de Cuba, ha concedido su primer galardón anual del Premio Libertad, coincidiendo con el Día de Europa, a la Comisión Cubana de Derechos Humanos y de Reconciliación Nacional, que preside Elizardo Sánchez Santa Cruz.

Bruselas, 8 de mayo/ El premio consiste en una placa de plata con la inscripción de unas palabras que Miguel de Cervantes puso en boca de Don Quijote:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar. Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.
La asociación Cuba-Europa en Progreso, que co-presiden el diputado socialista al Parlamento Europeo Luis Yáñez y el portavoz del partido socialdemócrata cubano Arco Progresista, Manuel Cuesta Morúa, reconoce “el valor de los miembros de la Comisión Cubana de Derechos Humanos en su denuncia de las violaciones de los derechos fundamentales que se producen en Cuba así como su apuesta decidida por un futuro basado en la reconciliación y en la justicia, en una patria de todos los cubanos”.

La asociación internacional destaca el prestigio que la Comisión de Derechos Humanos se ha labrado tanto en Cuba como en el extranjero desde su creación en 1987. En 1990 obtuvo el Premio por la Libertad de Expresión, por parte de la Sociedad Interamericana de Prensa. La organización “Human Rights Watch” le concedió en 1991 su Premio Internacional. También recibió, en 1996, el Premio de Derechos Humanos de la República Francesa.

Para Cuba-Europa en Progreso, la Comisión Cubana de Derechos Humanos se ha ganado la credibilidad internacional por el rigor de sus informes así como por la ayuda efectiva que ofrece a los presos de conciencia y a quienes sufren el acoso por parte de las autoridades.

www.cuba-europa.org, info@cubaeuropa.org, Tel. +32-(0)495 38 07 19, +34 626 25 48 4, Rue de Laeken, 137 /13, B-1000 Bruselas

Carta de la Corriente Agramontista de Abogados cubanos al Secretario General de la OEA

Documentos/ Corriente Agramontista

 

Cubamatinal/ La Corriente Agramontista de Abogados Independientes cubanos, envió al Secretario general de la OEA, un documento donde fundamenta la invalidez jurídica del gobierno de La Habana.DE: Organización de abogados cubanos “Corriente Agramontista” (en el exilio)

A: Jose Miguel Insulza.

Secretario General de la OEA.

Señor secretario: Al amparo de las atribuciones que le otorga la Carta de la OEA, usted pedirá a la Asamblea General, que se reunirá próximamente en su trigésimo novena sesión en San Pedro Sula, Honduras ,que se derogue la Resolución de 1962 contra Cuba, en esa Resolución se decía que el Régimen Marxista-Leninista era incompatible con el sistema Interamericano.

Señor secretario, efectivamente han decursado casi 50 anos de esa Resolución, pero por ello no es obsoleta, lo único que ha cambiado es, que el régimen de la Habana institucionalizo entonces el sistema Marxista-Leninista, como así puede apreciarse en el Preámbulo y articulado de la Carta de 1976 y de sus modificaciones de 1992.

Algunas Organizaciones Internacionales le han pedido que no lleve a cabo ese empeño, hoy cientos de opositores cubanos piden lo mismo, como lo pide el grupo de abogados que suscriben la presente, por considerar que la Constitución vigente en Cuba y sus leyes internas continúan siendo  incompatibles ya no solo con el Tratado de 1948, sino con la Carta Democrática Interamericana del 2001, y demás instrumentos jurídicos interamericanos promulgados después de 1962.

Señor secretario, verdaderamente resulta admirable, la indiferencia con que usted escucha las constantes ofensas proferidas contra la organización que usted representa, por las principales autoridades cubanas. Lejos  de   defender usted a su organización lo que hace es  justificar a los que la ofenden y la desprecian.

Señor secretario : No comprendemos como puede ser congruente a los fines y propósitos de la organización apoyar a gobiernos que evidentemente conculcan y vulneran las principales libertades y derechos fundamentales de forma institucional. El articulo 5 de la constitución de Cuba, reconoce la exclusividad del Partido comunista como fuerza dirigente de la sociedad encaminada a lograr la construcción del Socialismo y el comunismo. El articulo 3 coarta el derecho a cambiar el régimen político actual. El articulo 62 es explícito en restringir los derechos fundamentales y en hacerlos punibles si su ejercicio no esta dirigido hacia los fines del Socialismo; Asimismo Sr.Secretario, encontrara usted en el articulo 121 el principal obstáculo a la garantía de la gobernabilidad, a la que usted se refirió en Paraguay en marzo pasado cuando dijo : “Justicia independiente garantía de gobernabilidad”. O cuando reitero usted la idea expresando que : Todos los Poderes del Estado son relevantes pero el que refleja mas fielmente si se vive o no en un estado de derecho es el Poder Judicial”.

Señor secretario, el actual régimen cubano, por definición rechaza la clásica separación de poderes y enarbola en su lugar la concepción monista de un poder único, de ahí que el articulo 121 dice: “Los Tribunales constituyen un sistema de Órganos estatales, estructurado con independencia funcional de cualquier otro y subordinado jerárquicamente a la Asamblea Nacional del Poder Popular y al Consejo de Estado”. 

Señor secretario, es cierto que nuestra América ha ganado en democracia en los últimos anos. Es  mas, este tema junto a otros constituyen los nuevos desafíos de la organización, pero desafortunadamente, de Cuba no puede decirse lo mismo, el gobierno actual no ha sido democráticamente elegido ni gobierna con democracia desde hace ya medio siglo, dedicarle a Cuba, el tiempo y los recursos para derogar la Resolución de 1962, seria solo dar un espaldarazo a ese gobierno en descrédito de la propia organización.

Esos recursos y tiempo, consideramos los abogados que suscriben esta carta, seria mas provechoso si se empleara en analizar las necesarias modificaciones que debe realizarse en las estructuras jurídicas de la OEA, para atemperarlas a los nuevos tiempos, retos  y propósitos de la Institución y hacerlas mas efectivas.

Por ultimo, consideramos muy pertinente, que los Estados partes de la OEA, ante de hacer algún pronunciamiento con relación a la  Resolución de condena sobre Cuba de 1962, soliciten  un dictamen a la Comisión Jurídica Interamericana sobre si la incompatibilidad que motivo la mencionada Resolución aun están presentes o han sido enmendadas por el gobierno cubano.

A la Asamblea General solo recordarle, el legado que nos dejara, el primer secretario de la organización, Alberto Lleras Camargo. Un gran americano.

“La OEA no es ni buena ni mala en si misma, como no lo es ninguna organización Internacional. Es lo que los gobiernos quieren que sea y no otra cosa”.

PD: Se acompañan con la presente sendos documentos que hacen una valoración jurídica de la incompatibilidad del sistema jurídico cubano con los fines y propósitos del sistema Interamericano, del abogado Alberto Luzarraga. 

Firmado en Miami 18 de mayo de 2009.

Juan Escandell Ramírez, Luis.F. Fernández, Alberto Luzarraga, Pedro Fuentes Cid, Ofelia Nardo ,Santiago Gómez, Leonel Morejon Almagro, Eduardo Agramonte, Antonio Pavoni, Jadir Hernández, Alexandra Salazar, Ángel Cuadra, Adolfo Rivero Caro, Félix Fleitas Posada,  Alfredo García Menocal, Luis Gómez Domínguez, Luis Rodríguez Cepero.

Llamado de Agenda para la Transición Cubana

 Documentos/ Agenda para la Transición                                     

Cubamatinal/ La Agenda para la Transición Cubana, llama a toda la oposición democrática, ya sean grupos políticos o sociales, para constituir el “parlamento de los opositores”. Estará conformado por Juntas de Coordinadores, que en calidad de iguales discutirán y acendrarán los puntos comunes del abanico opositor.

La Habana, 14 de mayo de 2009/ Las Secretarías Pro Témpore de las juntas estarán compuestas de hasta 5 miembros elegidos democráticamente por un año, al cabo del cual será renovada. El mandato corresponderá a cada plenario y la función de la secretaría será cumplir lo que este dispone.  Habrán tres tipos de juntas: nacional, provincial y municipal. En ella se reunirán los representantes elegidos por cada uno de los grupos correspondientes a cada nivel. 

La Patria nos necesita reunidos para defenderla. Juntarse es la palabra de orden. Presenta tu candidatura.

Por la Secretaría Pro Témpore de la Junta Nacional de Coordinadores:

 

 

Félix Antonio Bonne Carcassés               

Francisco Chaviano González.                          

Gisela Delgado Sablón                             

René Gómez Manzano   

Apaga la luz y enciende tu libertad

 Documentos/Cubanos en España

Manifestacion frente a embajada cubana de Madrid

Cubamatinal/Carta pública de ¡Cuba Democracia Ya!: ¿Por qué exigir menos a los cubanos que a la Unión Europea? El próximo 15 de junio, los cancilleres europeos evaluarán la situación del respeto de los derechos humanos en la Isla y no se excluye la idea de que retiren o modifiquen la Posición Común de 1996.

Madrid, 14 de mayo/ Cuba Democracia Ya se comprometió desde el verano de 2008 con una necesaria iniciativa de participación ciudadana y de carácter nacional dentro de Cuba, que pretendía dejar muy claro a sus verdugos y a la opinión pública internacional la deseada vida en libertad y democracia que demanda toda la nación cubana y a la cual no renunciara. El ejercicio nacional pacifico garantizaba estratégicamente la integridad física de todos sus participantes, no necesitaba subvenciones extranjeras de las que pudieran acusarnos al trabajar con el apoyo de potencia extranjera, de fácil ejecución ya que era muy probable que la misma dictadura nos facilitara el trabajo apagando las cuatro bombillas que quedan encendidas, etc.

Soy testigo de que al menos nosotros hemos enviado muchas cartas con la intención de motivar a la oposición interna obteniendo un escaso resultado, esa oposición que necesita ejercer un liderazgo que conecte con su pueblo que demanda cambios hacia la prosperidad y la democracia, esa que en los últimos tiempos erróneamente quiere prescindir de los interlocutores del exilio argumentando que son muy caros y que en ocasiones presentan cuentas no muy claras.

Según noticias de hoy leemos (si bien nuestra postura sobre los derechos humanos no coincidió” durante la reunión con Rodríguez, el “diálogo fue abierto”, declaró el canciller checo, Jan Kohout, cuyo país preside este semestre la UE). Esto me hace recordar los costosos esfuerzos de nuestro exilio por tierras Checas y parece que el Ministro confundió cinismo con dialogo abierto. También son noticias las siguientes “Sin duda alguna, acabaremos poniendo fin o modificando esa Posición Común”, aseguró el comisario europeo de Desarrollo, Louis Michel, quien se entrevistó bilateralmente con el canciller cubano; “¡Ojalá se pudieran anular ya la resolución de 1962 que excluyó a Cuba del sistema interamericano!”, declaró el chileno José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), en una entrevista publicada este lunes por el diario español El País. Si a todo esto añadimos la iniciativa de los Estados Unidos de suavizar las medidas de presión en favor de la transición, pensamos que una clara y duradera posición común entre cubanos dejaría ser necesaria para convertirse en vital.

Señores y Señoras responsables de la frágil transición cubana, Cuba no transitara hacia la democracia promovida por un iluminado libertador, nuestra historia es el mejor testigo, cincuenta años de miseria y falta de libertad para nuestro pueblo son más que un eterno flagelo, es hora de que abandonemos el espejo de cenicienta y pasemos a una contundente posición común, consenso común, o como le queramos llamar, pero eso sí, urgente, nuestra nación está harta de vivir bajo los cuentos de las sirenas.

Cuba Democracia Ya ratifica y extiende su mano una vez más para apoyar cualquier proyecto sostenible de carácter nacional, no debemos tener miedo para hablar claro, tenemos derecho a nuestras demandas, vivimos honradamente de nuestro trabajo y entregamos a nuestra causa todo nuestro ser, bebemos señalar claramente nuestras dificultades y trabajar sobre ellas pues no llegaremos lejos con paños tibios, la tiranía nos está ganando tiempo y se acomoda dentro del nuevo escenario internacional. Por último añadimos que debemos tener en cuenta que España será durante el primer semestre del año próximo la presidenta de la Unión Europea.

El 20 de Mayo, apaga la luz y enciende tu libertad, la solución está solo en nosotros.

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